COMPENDIO DE VARIAS OBRAS DE MICHEL HOULLEBECQ



Diversos han sido los apelativos, por lo general poco cariñosos, que se han dedicado al autor del que vamos a hablar hoy: Reaccionario, intolerante, racista, machista, … incluso pornógrafo. Éste es el precio a pagar por escribir al margen del consenso liberal y socialdemócrata hegemónico y, por si ésto fuera poco, ser uno de los principales sepultureros del mundo moderno.
Michel Houllebecq es sin duda uno de los más controvertidos novelistas dentro del panorama literario europeo: Sus textos van más allá del banal entretenimiento que usualmente se asocia a la novela, presentándonos en sus historias una crítica feroz hacia las bases mismas de la vida moderna. Revolución sexual, individualismo y capitalismo feroz, junto a sus efectos, destrucción de la familia y la comunidad, soledad y miserias, son las líneas de continuidad a nivel filosófico que vertebran la mayoría de sus obras.
Más que un pornógrafo, faceta en la que, en mi humilde opinión, es cierto que cae a veces, Houllebecq es más bien un paisajista: Es el escritor que mejor ha sabido representar y transmitir las miserias de esa vida moderna marcada por los efectos sociales y humanos de la Revolución sexual que se vino planteando de manera larvada durante todo el siglo XX hasta estallar definitivamente en aquel célebre Mayo del 68.

El que este novelista ponga la lupa sobre los efectos de esta revolución y de la mal llamada relajación de las costumbres (Pues tiene todos los visos de una auténtica revolución y no de una simple relajación) es un factor fundamental por varias razones: El desarrollo de los criterios emancipatorios en torno a la sexualidad y, en extensión, a las relaciones humanas en general, llevados a la práctica a lo largo de la segunda mitad del siglo XX es un tema aún muy desconocido y que necesita de análisis exhaustivos. Dichos planteamientos fueron los principales inspiradores de la llamada Nueva izquierda, conjunto de facciones de izquierda heterodoxa que alejándose del marxismo clásico ortodoxo encarnado en la Unión soviética, centraron su atención en otros regímenes y experimentos socializantes como la China de Mao o la Cuba del Che, además de por supuesto en la sexualidad, eje vertebral de las nuevas doctrinas.
Por primera vez en la historia de las ideas políticas y de la filosofía, la sexualidad se convertía en el espacio donde desatar una Revolución, característica particular identificativa de estos movimientos que no se ha resaltado lo suficiente a pesar de su
importancia. 
Esta es la base teórica, filosófica y programática de nuestra actual izquierda hegemónica: La desaparición del Socialismo real tras el fracaso soviético y la conversión de China al capitalismo a partir de los años noventa llevaron a que aquella izquierda heterodoxa se erigiese como la ortodoxa y oficial. 
Tan poco analizado y conocido es el origen y doctrina de esta Nueva izquierda que la propia derecha, mientras condena de manera vehemente las acciones de Stallin o Lennin y las revoluciones de tipo económico-social del siglo XX, abraza todos los postulados izquierdistas en torno a la sexualidad, la familia, el género y las relaciones humanas con más fervor incluso que sus propios ideólogos. 
No sé si por desconocimiento, pues la derecha española abandonó hace tiempo las regiones de las ideas y el combate cultural, o simplemente porque es imposible responder a los postulados emancipatorios en torno a la sexualidad desde el liberalismo clásico, tesis sostenida por el propio Houllebecq todo sea dicho de paso, lo cierto es que la derecha acepta, cuando no promulga, las supuestas bondades de una revolución planteada por sus más furibundos adversarios.
En este contexto de desconocimiento letal por parte de la sociedad en general y de los
sectores de la derecha en particular en torno a los planteamientos que definen a la izquierda actual, la obra de Houllebecq adquiere una importancia manifiesta que le acerca a la categoría de autor imprescindible: En sus novelas nos transmite de manera descarnada los enfermizos modos de vida de quienes no han tenido más remedio que vivir en unas sociedades construidas sobre esos pilares. Nuestro autor llega a hablar de generación sacrificada

Dentro de su prolífica obra, tres textos merecen una mención especial a raíz de lo comentado hasta ahora: Ampliación del campo de batalla, Las partículas elementales y PlataformaEn todas ellas lo que podemos denominar como Cuestión sexual juega un papel preponderante, aunque matices particulares sirven para individualizar cada novela:
Ampliación del campo de batalla nos narra las vivencias de un depresivo oficinista que reflexiona en torno a los nuevos papeles que juegan el sexo y el amor en el mundo moderno, empujado en dicha reflexión por una relación con un compañero de trabajo incapaz de granjearse los favores de una mujer.
Las partículas elementales, por su parte, también analiza los efectos humanos de la revolución sexual de segunda mitad de siglo, presentándonos a dos personajes cuyos padres fueron militantes de ella en su juventud con su participación en movimientos de la cultura hippie. Desde esa premisa, el texto va adquiriendo paulatina complejidad hasta llegar a plantear un tema que aparece de manera sorpresiva en las páginas finales: La vía transhumanista como posible solución futura a las miserias del hombre moderno.
Finalmente llegamos a Plataforma, donde sin salirnos de la omnipresente cuestión sexual, Houllebecq nos presenta el tema del turismo sexual, negocio en auge en todo Occidente. De nuevo, la alianza entre liberalismo económico y sexualidad revolucionaria.

Quedan propuestos estos tres paisajes en los que la oscura acuarela de Houllebecq ofrece ante nuestros ojos un mundo lúgubre y, quizá lo más descorazonador, sin la menor señal en el horizonte de posible mejora. A pesar de la presencia de perlas filosóficas a lo largo de los textos no dejamos de estar ante novelas: No encontrará en estas obras tratados histórico-filósoficos sobre el cómo y el por qué Occidente ha avanzado hasta el actual punto de no-retorno, pero quizá sí uno de los mejores diagnósticos de la enfermedad civilizacional que nos aqueja.
Houllebecq forma parte del selecto grupo de los pesimistas de los que ya hablamos
en la reseña anterior sobre Gómez Dávila. La particularidad que lo define es que su condena del mundo moderno no toma la forma del aforismo, como en el célebre autor colombiano; ni la del ensayo, como suele ser costumbre en el pensador típico, sino que valiéndose de la literatura, logra dotar de vida a las ideas a través de sus personajes y transforma la fría crítica intelectualoide en una angustia vital que el lector siente como propia. 









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