"GUERREROS DE IBERIA", DE BENJAMÍN COLLADO HINAREJOS



La España prerromana y precristiana siempre ha despertado una gran fascinación desde que los primitivos arqueólogos comenzasen a desenterrar los restos materiales de las fascinantes culturas de las que hablaban los escritos griegos y romanos. En la actualidad el interés por estos antiguos pobladores de la Península no es menor, aunque muchas veces esté contaminado por un neopaganismo un tanto ridículo o por el interés de los gobiernos autonómicos en generar identidades paralelas a la hispánica. Estos ejemplos de prostitución historiográfica no deben generar en nosotros un rechazo a las culturas pre-romanas de la Península ibérica, siendo ese remoto pasado un tiempo que debe ser conocido y reivindicado. Veamos el por qué.


En primer lugar, estamos ante una cuestión puramente genealógica: Los importantes cambios en las mentalidades y en la cultura como resultado de la Romanización y de la Cristianización primero, y del surgimiento de una nación española primigenia en tiempos de los godos después (Todos estos procesos son analizados en mi libro Una nación llamada España), no contradice el hecho de que las tribus que habitaron el espacio peninsular de manera previa a todos estos procesos sean nuestros ancestros. Somos sus hijos, y en consecuencia, también sus herederos, por mucho que su legado se presente hoy difuso y semienterrado por las arenas del tiempo.

En segundo lugar, la reivindicación del mundo pre-romano es necesaria desde un punto de vista actual y casi me atrevería a decir que utilitario: Nos encontramos en los últimos estertores de la era cristiana y en una fase terminal de la Modernidad, en la que los últimos retazos de comunidades humanas orgánicas están avanzando hacia la desaparición y donde un gran número de preceptos y normas de vida otrora sagrados se extinguen en pos de la libertad individual total.
En este contexto nuestro de crisis civilizacional el mundo anterior a la era cristiana, ya sea éste el pagano clásico de Grecia y Roma o el tribal hispánico, puede y debe ser sujeto de estudio y un referente para nuestros días: En esa era olvidada podemos hallar aquellos rasgos imperecederos que están presentes siempre en el ser humano y que forman parte indisociable de su condición; además de todo un universo de criterios éticos y sistemas de comportamiento al margen de los construidos durante esa era cristiana que toca hoy a su fin.

¿Qué debemos tratar de salvar de las que parecen las últimas mareas de la Modernidad? ¿Qué debemos intentar rescatar del naufragio de Occidente y de sus naciones?

Las respuestas a estas cuestiones se encuentran quizá en los tiempos remotos donde las fuentes escritas apenas alcanzan a iluminar: Debemos intentar proteger aquello que ya nos convertía en seres humanos cuando nuestra civilización estaba en pañales, cuando la idea de España o de cualquier otra nación europea ni siquiera existía y cuando el hombre más importante de la historia aún no se había manifestado proclamando que era Dios hecho carne.


Como una primera introducción a esta Iberia prístina me gustaría recomendarles un libro que por sencillo y de fácil lectura no está exento de un gran trabajo de investigación y compilación de datos. La obra en cuestión, Guerreros de Iberia. La guerra antigua en la Península ibérica, puede ser una buena aproximación hacia el conocimiento del mundo protohistórico.
El autor, Benjamín Collado Hinarejos, centra su trabajo en la cuestión de la guerra: Las tribus prerromanas construyeron todo un enorme universo de ideas en torno a la
actividad guerrera que iba desde las representaciones iconográficas pasando por la propia jerarquización de sus sociedades hasta llegar a la religión.
Analizado ese amplio entramado cultural sostenido sobre el ideal del héroe-guerrero, la obra pasa a estudiar como toda esa cultura bélica se traducía a la hora de la verdad: En el ambiente nostálgico de quien ya sabe que la historia contada tiene final trágico y aun así espera que los protagonistas triunfen contra enemigos imbatibles, Guerreros de Iberia nos narra los combates entre David y Goliat que tuvieron lugar en la Península ibérica entre las diferentes comunidades que formaban el abanico tribal hispánico y lo que el autor denomina con gran acierto como “gigantes mediterráneos”: Los dos titanes del mundo antiguo, Roma y Cartago, batallaron en lo que hoy llamamos España durante varios siglos, participando los indígenas primero como figurantes y después como protagonistas principales en una obra que, sin ellos ser conscientes, era la del final de su mundo.
A través de este relato sobre el ocaso de las viejas tribus, Benjamín Collado nos hace comprender el cómo y el por qué los hispanos hacían la guerra, aproximándonos a la comprensión de sus sistemas sociales aristocráticos y a los modelos éticos heroicos que en un tiempo ya casi olvidado articularon la vida de nuestros ancestros.

En un tiempo como el actual de desconcierto generalizado y crisis de los sistemas morales y éticos desarrollados durante siglos por el pensamiento cristiano, y antes que
éste, por el pagano clásico, la búsqueda de referencias y de un asidero en el pasado se vuelve absolutamente imprescindible para evitar una mayor disgregación y degeneración de nuestras sociedades y, en definitiva, de la civilización occidental entera.
Esto sumado a la ya citada crisis de la cosmovisión cristiana, quién sabe si pasajera o terminal, nos obliga a remontarnos más allá del año cero, tanto para buscar alternativas en lo que a ética y moral se refiere, como para tratar de hallar aquellos rasgos imperecederos que se presentan siempre en el espíritu del hombre y que deben ser defendidos a toda costa en una época como la actual cuyo núcleo filosófico y fin último no es otro que la rebelión del hombre contra su propia naturaleza. 



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