RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA: ¿UNA VÍA HACIA LA "EMPRESA IDENTITARIA"?



El hundimiento soviético llevó al filósofo americano Fukuyama a anunciar que habíamos alcanzado el final de la historia: Este autor parece que no percibió que el final de la URSS no solo suponía el fallecimiento de un modelo político y filosófico, sino que también marcaba el ocaso de las grandes ideologías omnicomprensivas como la del marxismo en trance de desaparición o como la que el propio Fukuyama planteaba. El paso del tiempo, otra vez, pareció desmentir las predicciones de las grandes ideologías.
¿Debemos rechazar por completo las tesis de este autor? 
Mi personal opinión es la de que no, porque a pesar de que efectivamente no habíamos alcanzado el final de la historia, la teoría de Fukuyama representaba mejor que ninguna otra el espíritu de los años transcurridos desde la implosión soviética hasta los atentados de las Torres gemelas y la Crisis de 2008. Estos dos acontecimientos, determinantes para entender nuestro contexto actual, junto con otros fenómenos como el auge de movimientos identitarios o el islamismo, vinieron a dejar obsoleta la tesis de Fukuyama (Que él sigue manteniendo, aunque con revisiones) de la misma manera que la Caída del muro de Berlín marcaría el principio del fin del Telón de acero.
A pesar de todo, es cierto que el mundo se ha homogeneizado notablemente en estas décadas, y a pesar de la aparición en escena de nuevos actores que marcan el final del mundo unipolar y el desarrollo de nuevos movimientos hace pocos años impredecibles, el planeta continúa avanzando, aunque más lentamente, hacia la homogeneización. Dentro de ese proceso, destaca especialmente la “globalización económica”, que ha sido de hecho el principal motor igualador en las últimas décadas.
Y es en ese plano donde precisamente encontramos menos alternativas viables: Se han presentado desde ambientes identitarios alegatos convincentes contra la Unión europea, contra el modelo de globalización cultural, contra el igualitarismo, contra toda la herencia filosófica de la Ilustración, … pero no contra el Capitalismo, que ciertamente mantiene un liderazgo hoy por hoy indiscutido.
Ello no implica que todos los programas económicos propuestos por los partidos identitarios sean exactamente los mismos, pero lo cierto es que todos se mueven dentro del mundo capitalista, ya sea con más o menos influencia del Estado: Vox, Trump o el HPO austriaco, presentan un alegato contra el mundo Posmoderno desde posturas liberales en lo económico, mientras que Le Pen en la vecina Francia o Salvini en Italia, por el contrario, defienden modelos fuertemente estatistas. Desde ambos polos se proponen modelos alternativos a nuestro actual sistema-mundo, aunque sin romper con una visión capitalista de la economía.
Y es que desde círculos intelectuales de Nueva derecha no se ha propuesto una alternativa general al Capitalismo. Se han criticado algunos de sus peores efectos, como la mercantilización del mundo, el consumismo de masas, la posesión de bienes materiales como único determinante de la posición social o la creciente influencia de grandes corporaciones, capaces ya de poner en serios aprietos a estados soberanos. Al margen de esas críticas concretas y razonables, no se ha desarrollado un paradigma alternativo. No ha habido una enmienda a la totalidad. ¿No hay, entonces, alternativa al capitalismo?

La cuestión es inmensa, y quizá no exista en el mundo alguien capaz de responderla. Por tanto, mientras aparece o no ese “profeta” de un nuevo modelo viable, lo más inteligente y práctico es poner nuestra atención en esos problemas concretos generados por el actual modelo capitalista, ya señalados con suficiente energía por no pocos autores, y tratar de hallar soluciones viables para ellos, más que tratar de construir un modelo totalmente nuevo que, realmente, quizá ni exista.

Seamos justos: Con el capitalismo, Occidente alcanzó la primacía del mundo y nos proporcionó un nivel de bienestar inimaginable antes de su aparición. Y no solo eso,
sino que ha demostrado poseer una tremenda flexibilidad: El comunismo soviético se desmoronó en cuanto trataron de aplicarle unas pequeñas reformas, debido a la rigidez del aparato construido. Por el contrario, el capitalismo ha estado continuamente reformándose y adaptándose a tiempos cambiantes, corrigiendo sus excesos y admitiendo reformas sustanciales en su propia naturaleza. Prueba de ello es que desde el siglo XIX ha ido superando o absorbiendo uno a uno a todos los rivales que le han ido a apareciendo en el camino. En ese sentido, venir ahora a destruir de manera radical el modelo vigente durante más de dos siglos, para sustituirlo no por una doctrina nueva, sino por modelos que la historia ha demostrado como ineficaces y que hace tiempo que desaparecieron como doctrinas útiles, es absurdo. Por no hablar de que en una situación como la actual, en la que se vive una crisis civilizatoria radical en todo Occidente, ponerse a hacer “experimentos” económicos supone un riesgo inasumible.
La economía, y más en unos tiempos como los actuales, debe ser la disciplina de lo práctico. Y en lo que respecta al pragmatismo, el capitalismo (Siempre teniendo en cuenta las múltiples acepciones que tiene esa etiqueta) sigue siendo el rey.
Aprovechando esa elasticidad ya comentada de la que goza el capitalismo, quizá lo más conveniente en nuestro contexto sería practicar su enésima corrección, esta vez a través de una inspiración identitaria, soberanista y patriótica. ¿Es posible tal adaptación? Mi opinión es la de que sí, afirmación que queda refrendada por varias situaciones que se dan nuestro tiempo: Podemos observar como a día de hoy las empresas no tienen problema en dedicar parte de sus ganancias a reducir las emisiones
de CO2, para lo cual reforman gran parte de sus instalaciones invirtiendo millones de euros. Habrá quien desde una postura cercana al marxismo crea que ésto se debe únicamente a que los empresarios conforman una suerte de Eje del mal que, reuniéndose regularmente dos veces por mes, se organizan para determinar en qué malvados proyectos invierten su dinero y a través de que falsas campañas de altruismo los esconden. 
Ironías aparte, huelga decir que ese tópico maniqueo de que todos los ricos y empresarios son malos, y los obreros son la bondad encarna, es absurdo: El empeño de nuestros días en crear “empresas sostenibles” o reducir las emisiones de CO2 que con tanto fervor han abrazado empresas y particulares, se debe a que ese discurso impera en nuestro tiempo, y no a una hoja de ruta trazada por los que el marxismo catalogó de malvados por el simple hecho de poseer “medios de producción”, y que algunos aún consideran como tales por el nefasto eco de aquel movimiento.
En ese sentido, un cambio de discurso y de cultura, generará en consecuencia también un cambio sobre las empresas: Son la cultura y las ideas los cimientos de las épocas, y no los modelos empresariales o la manera en que se organiza la economía.


La Responsabilidad social corporativa: ¿Una vía abierta?
La Responsabilidad social corporativa es un concepto que nace y se desarrolla en los años que hacen de horquilla entre los siglos XX y XXI. Pero, como todo fenómeno, es difícil de comprender sus orígenes sin atender a los enormes cambios históricos que le precedieron. Por ello, analicemos brevemente sus orígenes profundos para contextualizar de qué se trata y comprobar si es una vía abierta a través de la cual reformar el capitalismo.
Superado ya el largo siglo XIX con las convulsiones propias de la industrialización y
tras los estragos (Políticos, materiales, morales y culturales) generados por las dos guerras mundiales, las ideas de Keynes se implantaron en Europa como solución para la traumática situación que vivía el continente. Si exceptuamos el mundo soviético, se vio en estos años un crecimiento del Estado nunca antes visto, llegando a ocupar éste más del 50% de la economía de muchos países. Parecía haberse alcanzado el punto de equilibrio perfecto entre Estado, trabajadores y empresas, ya que se había logrado combinar la economía estatal con la privada, y se estaba disfrutando de un bienestar nunca antes visto, con gran crecimiento económico y con unas instituciones públicas que cubrían un amplio radio de necesidades de los ciudadanos. Se había logrado construir el llamado Estado del bienestar.
Entre 1973 y 1989 se producen dos nuevos acontecimientos que van a determinar la evolución de los sistemas económicos: Primero, el modelo europeo de participación del Estado en la economía decae a partir de la Crisis del petróleo (1973) en la que
el embargo de los países árabes exportadores de crudo provoca una crisis inflacionista que destruye gran parte de los logros conseguidos en los años previos, con un fuerte endeudamiento y aumento exponencial del déficit público. Un par de décadas después llegaría la implosión de la Unión soviética: En cuestión de dos años una de las dos grandes superpotencias mundiales se desmorona ante sus propias incoherencias internas, quedando únicamente el liberalismo como modelo económico, filosófico y político viable, tal como comentábamos en la introducción. 

El nacimiento de la Responsabilidad social corporativa
No me parece una casualidad que la Responsabilidad social corporativa surja precisamente en un momento histórico en el que el modelo keynesiano entra en crisis y el sistema soviético se desmorona. Podría haberse producido en ese momento un retorno hacia las fórmulas del siglo XIX, ante el fuerte retroceso de la participación del Estado en la economía, y en parte así ocurrió pues apareció el Nuevo liberalismo de la Escuela austriaca que reivindicaba no pocos puntos del liberalismo primigenio. Sin embargo, también podemos fechar aquí el nacimiento de la Responsabilidad social corporativa. ¿Por qué no se produjo simplemente el regreso al “liberalismo puro”? ¿Qué había cambiado?
Al menos en teoría, las empresas podían haber rehabilitado un modelo mucho más beneficioso para ellas en el que, en virtud de la defensa del sacrosanto “libre mercado”, aumentarían de manera considerable su autonomía frente a un Estado regulador que se encontraba en declive.
Pero no ocurrió así: Existía ahora una ciudadanía consciente que reclamaba un comportamiento ético a las empresas. Y lo que quizá sea más importante, también las
empresas se dieron cuenta de que tratar de ignorar aquellas nuevas exigencias podía acarrear problemas no solo legales o éticos, sino también económicos a largo plazo. Esta idea de la ciudadanía consciente es clave para entender el nacimiento y desarrollo de la Responsabilidad social corporativa, y en nuestro caso, también para poder hablar de una adaptación de todas estas ideas a un prisma identitario. 
Esta corriente de pensamiento llega tardíamente a España: Nuestro país fue durante largo tiempo una excepción política en el escenario europeo, al ser la dictadura más longeva de Europa occidental junto con el vecino Portugal. Esta particularidad no era únicamente política sino también económica: El modelo económico, si bien estaba inserto dentro de los grandes circuitos mundiales de la economía desde los años del desarrollismo, mantuvo muchas particularidades hasta la muerte de Franco, a destacar el corporativismo estatalizado y el Sindicato vertical. Con la llegada de la democracia y la posterior entrada en la Comunidad económica europea, se produce la inclusión plena en el modelo capitalista occidental y pueden fecharse ahí los primeros ejemplos de Responsabilidad social corporativa en nuestro país, precisamente cuando la citada crisis del petróleo golpea también a España, donde se sufre una dura “reconversión” industrial.
Para entender la llegada tardía a nuestro país de esta corriente no podemos fijarnos únicamente en la dictadura y su particular modelo económico, sino que tendríamos que dotarnos de una perspectiva a más largo plazo, resaltando la tardía e incompleta incorporación del capitalismo a España y la práctica inexistencia de una cultura empresarial en la cual las corporaciones desempeñen un papel protagónico en el beneficio de la comunidad que la rodea. Tal vez provenga también de estos orígenes la idea de que alcanzar puestos en el funcionariado es el culmen del éxito laboral en nuestro país.

Responsabilidad social corporativa: ¿Ética o marketing?
A pesar de haber dicho tan solo dos palabras sobre el mundo de la Responsabilidad social corporativa, ya podemos plantearnos una primera cuestión clave: Si esta corriente es simplemente el resultado de una demanda por parte de los consumidores de ética a las empresas, ¿No serían acaso estas políticas mera propaganda? ¿O por el contrario existe una dimensión ética en los negocios? Posiblemente no pueda darse una respuesta general a esta pregunta ya que cada caso presenta particularidades propias que nos impiden generalizar, aunque a continuación a la hora estudiar algunos casos concretos podamos efectivamente encontrar ejemplos en los que el ser etiquetado como “Empresa responsable” o “Empresa ética” ha sido un objetivo únicamente impulsado por motivos propagandísticos.

Definiciones introductorias a la cuestión
Antes de comenzar a tratar algunos casos concretos que nos ilustren sobre la qué es ésto de la Responsabilidad social corporativa y cómo se ha implantado en España, vamos a recoger una de serie de definiciones de personas e instituciones muy autorizadas para encuadrar la cuestión.
Según la Organización Internacional del Trabajo, la Responsabilidad social corporativa es la manera en que las empresas toman en consideración las repercusiones que tienen sus actividades sobre la sociedad y en la que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario y que solo depende de la empresa, y se refiere a actividades que se consideran rebasan el mero cumplimiento de la ley.
El Libro Verde de la Unión Europea, documento que precisamente recoge las ideas y recomendaciones de la Unión sobre la cuestión, la define como un concepto con arreglo al cual las empresas deciden voluntariamente contribuir al logro de una sociedad mejor y un medio ambiente más limpio. En un momento en el que la Unión Europea intenta determinar sus valores comunes adoptando una Carta de los Derechos Fundamentales, un número creciente de empresas europeas reconoce cada vez más claramente su responsabilidad social y la considera parte de su identidad. Esta responsabilidad se expresa frente a los trabajadores y, en general, frente a todos los interlocutores de la empresa, que pueden a su vez influir en su éxito.
Finalmente, vayamos con Adela Cortina, presidenta de la fundación Etnor, y una de las protagonistas en la entrada y expansión de los conceptos de la Responsabilidad social corporativa en nuestro país. Esta autora clave, define el concepto como el Contar con empresas socialmente responsables es condición imprescindible para que existan buenas sociedades (…) No sólo las universidades y los estados sino también las empresas tienen que contribuir a crear buenas sociedades, ha señalado Cortina, quien ha calificado a una buena empresa de bien público en la medida en que el conjunto de la sociedad se beneficia de ella.

Alguno a lo mejor ha percibido la aparente hipocresía en el que suscribe estas palabras, ya que a pesar de ser un crítico de los organismos supranacionales que tratan de imponer la Globalización a marchar forzadas de espaldas a los pueblos, vengo a ilustrar la cuestión de la Responsabilidad social corporativa con definiciones que provienen de esos organismos. Pero es que nos encontramos en la misma situación que la que comentaba en la introducción acerca del ecologismo y las empresas: Que los organismos internacionales sean los que hayan monopolizado el universo de ideas de la Responsabilidad social corporativa, no significa que no se puedan orientar éstas hacia posturas afines a la identidad y al soberanismo.

Algunos ejemplos patrios para ilustrar la cuestión
Vista ya la evolución histórica al final de la cual surgió la responsabilidad social corporativa y unas definiciones para entender de qué estamos hablando, vayamos a comentar ya algunos casos de relieve que podemos encontrar en nuestro país.

Mercadona
Mercadona es una de las principales empresas españolas que pone practica políticas de Responsabilidad social corporativa, la mayoría de ellas centradas en las personas y en la minimización del impacto sobre el medio ambiente.
Esta empresa descarga sus productos por la noche con sistemas silenciosos para evitar perjudicar a los vecinos y perturbar lo menos posible el ambiente que rodea a sus centros. La práctica consiste en hacer las descargas en las horas donde se sabe que hay una menor circulación de vehículos.
También tienen un amplio programa de donaciones de productos a bancos de alimentos de toda España, incluyendo la Cruz Roja o Cáritas.
En lo que respecta al medio ambiente, buscan optimizar al máximo el consumo de energía en sus tiendas a través de diversos sistemas como la reducción de los techos, sistemas de recuperación de calor o control de luces a través de sensores de presencia. Todas estas medidas se encuadran dentro de la llamada Tienda Ecoeficiente.
Dentro de la optimización energética y la reducción del daño medioambiental también se puede citar la reutilización de todos los productos posibles empleados durante la producción o la distribución: Cuentan con un eficiente sistema de logística inversa que permite devolver y aprovechar gran parte de los residuos generados durante los procesos de producción y abastecimiento.

Inditex
Inditex, otras de las grandes empresas españolas, también posee un amplio programa de Responsabilidad social corporativa. Desarrollan acciones como la campaña de recogida de ropa usada (Incluyendo otras marcas que no sean la propia) o con la entrega de 320 millones de euros a las instituciones sanitarias españolas para permitirlas la renovación de sus equipos oncológicos. Relacionado también con el apoyo a proyectos médicos no altruistas, está la donación de casi 10 millones de euros a Cáritas, Médicos sin fronteras y otros organismos similares.
Según datos proporcionados por la propia Inditex, la compañía invirtió en 2015 más de 35 millones de euros, un 36% más que en 2014, colocándose como empresa líder del sector retail en la dimensión “filantropía y ciudadanía corporativa” del Dow Jones Sustainability Index.
Fue en el año 2001 cuando el grupo textil Inditex decidió poner en marcha su departamento de Responsabilidad Social Corporativa. El objetivo de esta decisión residía en abordar los cambios derivados de su crecimiento tanto dentro como fuera de España, es decir, encauzar los efectos de su expansión mundial buscando generar los menores perjuicios posibles, que es precisamente el objetivo básico que se trata de alcanzar con las políticas de Responsabilidad social corporativa.
Esta tarea, asumida desde el inicio de manera transversal, tomó como referencia tres principios estratégicos: La buena fe hacia los consumidores, clientes y la sociedad en general; el diálogo constante con sus grupos de interés y la transparencia informativa sobre su estrategia de sostenibilidad.
Para este grupo textil, la Responsabilidad Social Corporativa es un concepto que debe alimentarse de los apoyos del gobierno corporativo de la compañía, la acción social y la preservación de los recursos naturales. Se trata, por tanto, de una medida que articula aspectos de carácter económico, social y medioambiental. Posee, en definitiva, una dimensión total, englobando a toda la compañía que es precisamente un factor clave para poder implementar este tipo de políticas con éxito.
Tal como comentábamos antes, no se puede entender la Responsabilidad social sin un aprovechamiento publicitario posterior: En el caso de Inditex, sus políticas de responsabilidad corporativa les ha proporcionado un amplio prestigio tanto dentro como fuera de España, disfrutan de una alta fidelidad de clientes y proveedores, registran un continuo aumento de las ventas y de beneficios, poseen respaldos financieros sólidos y sus trabajadores gozan de una gran motivación.
Hace pocos días Inditex volvió a estar de actualidad ante una nueva donación de
equipos médicos, acción que se ganó de rechazo de amplios sectores de la Izquierda, aludiendo a que no pagaba “suficientes impuestos”. Huelga de decir que si esta compañía decide mejorar la sanidad española y a la vez no financia a un Estado que se dedica a sostener a los separatistas y a construir una educación pública destinada a corrupción de menores, bienvenida sea. 

BBVA
Esta compañía financiera lanzó en 2013 su Plan de Negocio Responsable siendo una de las pioneras españolas en el mundo de la Responsabilidad social corporativa, integrando de manera general y transversal la idea del Negocio responsable en todos los ámbitos de la compañía. Como en el caso anterior, podemos comprobar cómo estas políticas no se circunscriben a unos ámbitos concretos de la empresa sino que están presentas en toda ella.
La cuestión medioambiental ha sido uno de los principales campos donde se han planteado todas estas medidas, especialmente a partir de 2017 cuando el BBVA definió su plan integral de gestión de riesgos y oportunidades en relación con el Calentamiento global, y presentando sus Objetivos de Desarrollo sostenible (ODS)

BANKIA
Esta otra compañía financiera ha presentado su plan de Responsabilidad social corporativa con su Bankia Futuro Sostenible, un fondo con el que invierten en diversas iniciativas, principalmente en organizaciones que luchan contra la pobreza y la desigualdad, financiando a diversos organismos que combaten contra el hambre o por llevar la disponibilidad de agua limpia y medidas sanitarias a países desfavorecidos. También cuentan en su haber con diversos programas relacionados con la lucha contra el cambio climático y la defensa del medio ambiente, la promoción de los derechos humanos y laborales, etcétera.

ENDESA
Esta otra gran corporación española fue incluida por primera vez en 2017 en el Índice FTSE4Good: Un índice que registra a las empresas del IBEX 35 que cumplen con los requisitos del FTSE Spain All Cap, es decir, que cumplen con los criterios de buena práctica en responsabilidad social corporativa.
De hecho, ocupa también unas buenas posiciones en clasificaciones a nivel mundial: Dow Jones Sustainability Index, Euronext Vigeo (mundial, europeo y el de la Eurozona), Carbon Disclosure Project (Leadership y water), ECP Carbon Equity Index y Stoxx Global ESG Leader Index.

IBERDROLA
Iberdrola, por su parte, implementó en 2017 un nuevo modelo de relación con sus grupos de interés, buscando asegurar una interacción correcta con éstos, a través de la creación y promoción de canales de comunicación para dar respuesta a sus necesidades y expectativas.
Dentro de la defensa del medioambiente, que como estamos viendo es una de las grandes preocupaciones, han asumido el compromiso público de mantenerse entre las grandes empresas europeas con menores emisiones de CO2 por kWh producido.

SANTANDER
El Santander, uno de los bancos más grandes del mundo, también ha buscado reducir el impacto que la actividad de la compañía pueda tener sobre el medio, apostando por iniciativas que prevengan o mitiguen el impacto ambiental y promoviendo actuaciones y proyectos que apuestan por su protección.

EROSKI
En el año 2013, Eroski impulsó la Ecotienda para sus nuevos establecimientos, incluyendo medidas que pasan por la construcción sostenible, un uso eficiente de la
energía, gestión adecuada de los residuos y empleo de fuentes de energía renovables para todas las tiendas. En 2015 concluyó el diseño de una Eco-Tienda de cuarta generación, pionera en Europa, tras haber logrado reducir un 60% el consumo energético en el anterior modelo. En estos momentos tratan de dar un paso más, alcanzado el autoabastecimiento.


El Corte inglés
Esta gran cadena de centros comerciales organiza el llamado Mes de la Sostenibilidad, donde ofrecen al público más de 6.500 productos con certificaciones de sostenibilidad que aseguran su origen ecológico.
Además de esa medida concreta, cuentan con un Comité de Responsabilidad Social que permite dar a la empresa una orientación general hacia la idea de negocio responsable.

Telefónica
Otra de las empresas nacionales que ha comenzado a aplicar medidas de Responsabilidad Social corporativa es Telefónica. En este caso, se han centrado en apoyar como grupo prioritario a sus colaboradores, además de desarrollar también otros programas sociales por todo el Planeta.
Dentro de este segundo grupo, tenemos el programa Vacaciones solidarias a través de la cual Telefónica permite a parte de sus trabajadores viajar a otros países del mundo a ayudar en labores solidarias.

Agbar
El Grupo Agbar (Sociedad General de Aguas de Barcelona) es otra de las empresas españolas puntero en cuestiones de Responsabilidad social corporativa: Destaca un programa de voluntariado dedicado a la formación de los jóvenes en el uso correcto y eficiente del agua, además de desarrollar también el programa BiObserva.

Procter & Gamble España
La delegación española de esta compañía ha recibido el reconocimiento de la Fundación Alares por sus buenas prácticas Responsabilidad Social Corporativa en materia de conciliación familiar y laboral. En este caso, por tanto, el grupo de interés en el que han querido centrarse ha sido el de sus propios trabajadores, algo que, como veremos, puede resultar evidente pero no siempre se cumple.
En el caso de Procter y Gamble, los empleados pueden beneficiarse de diferentes medidas y herramientas para crear una cultura de conciliación en la organización.

Harineras Villamayor
Harinas Villamayor ha sido la primera empresa española en ser destacada por la Comisión europea como ejemplo de corporación que cumple con los preceptos de la
Responsabilidad social corporativa. Como vimos con Telefónica, ha buscado consolidar y fortalecer la relación con sus socios y proveedores, manteniendo su relación por espacio de más de treinta años. También han desarrollado políticas para beneficiar a sus propios trabajadores: Poseen una tasa de empleo estable que roza el 100%, un índice desde luego remarcable en tiempos como los actuales y en un país con bastante precariedad laboral como es España.

IKEA
Las medidas de Responsabilidad social corporativa de esta empresa se encuentran recogidas dentro de su programa Personas y Planetas Positivos, a través del cual buscan compatibilizar el crecimiento empresarial y el desarrollo sostenible, tratando de implantar modelos de vida responsable en los hogares, optimizando los recursos y la energía, y favoreciendo a las personas y comunidades de su entorno.
Algunas de las medidas concretas más destacables dentro de esta iniciativa tendríamos la instalación de cientos de miles de paneles solares en establecimientos de todo el mundo, la gestión de turbinas de viento, el ahorro de energía con sistemas de iluminación eficientes, …
Por otro parte, también colaboran con organizaciones como Save the Children, WWF o UNICEF.

Vistas ya las principales corporaciones españolas que implementan políticas de responsabilidad social corporativa en su estrategia empresarial, quizá convenga detenerse ahora en un par de ejemplos de empresas que, pese a su importancia, no han puesto en prácticas esas medidas, y de qué manera los problemas generados han provocado consecuencias negativas en los resultados puramente empresariales.
Estos ejemplos nos demuestran hasta qué punto las grandes corporaciones, pese a su poder e influencia, han tenido que plegarse ante las exigencias de una opinión pública que se ha vuelto más libre y poderosa desde el surgimiento de Internet, ya que se pueden articular movimientos muy amplios sin grandes instituciones o medios de comunicación.

Apple
La gran compañía Apple protagonizó numerosas portadas hace unos años ante las informaciones que denunciaban malas condiciones en sus centros de trabajo de Asia, en los cuales llegaron a registrarse incluso suicidios de trabajadores. Tal situación es de lo más curiosa teniendo en cuenta que teóricamente poseían un programa de Responsabilidad social corporativa, orientada tanto hacia los trabajadores como hacia los proveedores.
Ma Jun, director del Institute of Public Enverinomental Affairs y uno de los principales encargados de denunciar la situación que se estaba produciendo, sostiene que las iniciativas de responsabilidad social que en principio Apple estaba poniendo en marcha no pasaban de mera teoría, sin aplicación práctica.
La acusación principal no iba dirigida concretamente hacia Apple, sino a las compañías colaboradoras que les suministraban diversos productos y servicios, a los que se responsabilizaba de haber dañado gravemente las tierras que rodean sus instalaciones compañía, incluso con vertidos de metales pesados sobre los campos de cultivo aledaños.

Volkswagen
Volkswagen también causó mucho revuelo por la reconocida manipulación de su software de control de emisión de gases de sus motores. Este caso es uno de los más claros de una mala Responsabilidad social corporativa: Una manipulación consciente, conocida por la mayor parte de los integrantes de las altas esferas de la empresa y pensada para presentar una mayor competitividad. Además, el engañó se combinó con campañas publicitarias que presentaban a la compañía como ecológica. En definitiva: El engañó formó parte de un plan estructurado cuyo fin último era sencillamente el de superar rivales.
El resultado de todo esto fue un motor que contaminaba cuarenta veces más de lo reflejaba el software, además de la dimisión de buena parte de los directivos, pérdidas millonarias, retirada de accionistas, … Un buen ejemplo de por qué una mala gestión de los efectos provocados por una empresa en el medio puede provocar no ya problemas legales o éticos, sino pérdidas económicas notables.

Los ejemplos de mala Responsabilidad social corporativa no están presentes únicamente en empresas extranjeras, sino que también se pueden señalar a varias organizaciones españolas. Y lo que es más paradójico, algunas aparecen también en la lista presentada antes de “compañías éticas”. Entre algunas de las que combinan la etiqueta de “responsables” pero que a la vez han recibido bastantes críticas podríamos señalar el Corte inglés, Inditex y Mercadona.
En el caso del Corte inglés, son de sobra conocidos los malos horarios que sufren sus
trabajadores: Una rápida búsqueda en Internet nos puede ilustrar de las numerosas quejas y reivindicaciones, en su mayoría legítimas, que presentan trabajadores actuales y antiguos de estos centros con respecto a jornadas muy largas, sin apenas descansos y bajos sueldos.Críticas similares le llegaron también a Inditex a raíz de diversas denuncias de malas condiciones en sus talleres afincados en Asia y de empresas que tiene subcontratadas en este continente, muchas de los cuales son un absoluto misterio pues desconocemos sus nombres y sus características.
En el caso de Mercadona los supuestos abusos están menos claros, aunque algunos aluden a que en esta compañía, famosa por las supuestas buenas condiciones de las que disfrutan sus trabajadores, no es oro todo lo que reduce, ya que existen dificultades a la hora de acceder a las bajas, presiones para que los trabajadores abandonen los puestos y ahorrarse los despidos y en general bajos sueldos.

Contraponiendo estas informaciones con la supuesta actitud responsable de estas organizaciones, podemos ver una clara contradicción: Muchas compañías dedican tiempo, dinero y esfuerzo a, por ejemplo, mejorar el rendimiento enérgico o reducir las emisiones de CO2 mientras que los trabajadores, las auténticas células que componen el organismo empresarial, se encuentran sufriendo situaciones lamentables. Es aquí donde más claramente podemos comprobar como todo el ideario de la Responsabilidad social corporativa está en gran medida determinada por la opinión pública en boga: Grandes empresas están invirtiendo millones en reducir las emisiones de Carbono a la atmósfera para cumplir con esa doctrina política que llamamos calentamiento global. Esta situación, sin embargo, nos revela las posibilidades que hay detrás de una movilización ciudadana de hondo calado.
A pesar de que en los tres casos citados los supuestos abusos y malas prácticas no están del todo confirmados, podrían representar una realidad pocas veces tenida en cuenta a la hora de tratar este tema: La Responsabilidad social corporativa está de moda, y ello lleva a que muchas empresas quieran tratar de implementar medidas en ese sentido. Sin embargo, muchas veces ese deseo se queda en meras declaraciones o principios teóricos que no llegan a transformar la concepción empresarial de la organización. La intención de emular a grandes compañías puntero provoca numerosos intentos de presentar algunos negocios como “responsables” o “éticos”, cuando en realidad todo ello no pasa de ser una mera estrategia de marketing de cara a contentar a esa opinión pública de la que los consumidores forman parte y que puede provocar el éxito o el fracaso de un proyecto empresarial.

El caso de las Pymes: El tamaño sí importa
A la hora de recoger los casos de empresas que practican la responsabilidad social corporativa en España y también comprobando ejemplos de mala responsabilidad, nos damos cuenta fácilmente de que siempre estamos hablando de grandes compañías. Parece una norma que para poder desarrollar políticas en esta línea es necesario que la empresa tenga una cierta entidad. Es lógico, por otra parte, pensar que cuanto mayor sea la capacidad de una compañía, mayores ingresos podrá dedicar al desarrollo de políticas de Responsabilidad social corporativa.
El problema radica fundamentalmente en que en España solo un 0,7% de las empresas tienen más de 50 trabajadores. España es un país de pequeñas empresas: Las Pymes
son el auténtico pilar fundamental de nuestra economía. Siendo esto así, habría que preguntarse de qué manera las pequeñas empresas pueden comenzar a desarrollar su ámbito de responsabilidad. Hay que recordar que una de las premisas básicas de la responsabilidad social corporativa es su carácter voluntario y por ende el cambio de paradigma debe provenir de una decisión empresarial debidamente sopesada o bien de un cambio de mentalidad a nivel colectivo sobre la forma de hacer negocios, y no como resultado de una obligación ajena a la dirección y a los órganos de toma de decisión.
La idea de la mentalidad o la cultura empresarial es importante tenerla en cuenta debido a que en España tradicionalmente no se han desarrollado demasiadas iniciativas privadas a través de las cuales las empresas han actuado sobre la zona en la que estaban afincadas, tal como vimos en la introducción histórica. En los países anglosajones, por el contrario, sí que existe esa concepción: es muy típico que instituciones como museos, artistas, centros de enseñanza o de investigación, … estuviesen financiados por empresas y corporaciones privadas. En España y otros países de su entorno, como Francia sin ir más lejos, esas iniciativas han tendido a estar controladas por resortes públicos del poder político.
Estas diferencias, culturales más que políticas o económicas, determinan también el modo en que la idea de la Responsabilidad social corporativa se desarrolla en unas zonas u otras: No es casualidad que la idea de la empresa como agente benefactor de la zona en la que se encuentra haya surgido y tenga más predicamento en Estados unidos o Gran Bretaña, dado que respondía a una larga tradición de iniciativas privadas en el ámbito público, fenómeno que apenas existía en el ámbito mediterráneo.

Un índice sorprendente a tener en cuenta: La satisfacción laboral en España
Medir el éxito o el fracaso de la responsabilidad social corporativa a escala nacional es francamente complicado, al ser empresas privadas individuales las que emprenden este tipo de políticas. Pero un factor que puede servirnos para proporcionarnos una visión de conjunto del estado de la cuestión son los índices de satisfacción laboral.
Frente a la idea que creo más extendida, lo cierto es que en España se registran unas buenas tasas de satisfacción laboral: El 73% de los trabajadores se encuentra satisfecho con su puesto. Esta cifra es la mejor de la Europa mediterránea, supera el índice francés y se equipara a países como Alemania. Es cierto que la recepción y desarrollo de la Responsabilidad social corporativa en nuestro país no es el único factor a tener en cuenta para entender estos índices, pero sí que puede tomarse como un factor a tener muy en cuenta: Resulta que, en España, un país sin duda en clara decadencia, y que las Izquierdas presentan continuamente como repleto de explotadores que se dedican a aplastar a sus empleados, una gran parte de los trabajadores se encuentran satisfechos en su puesto de trabajo.
Esta estadística no implica necesariamente que nuestro país sea un “paraíso laboral”, que desde luego no lo es, pero sí que es buen indicativo de la hipocresía de las izquierdas con esta cuestión, que se relaciona también con otras noticias falsas como los datos de desnutrición infantil que utilizaron para atacar al gobierno del Partido Popular pero que han olvidado ya desde que Sánchez accedió a la presidencia. Por otro lado, los fríos números deben también llevar a muchos patriotas de los que pululan por las redes sociales a dejar de tratar de imitar a la Izquierda en sus falsas reivindicaciones, ya que como vemos son en gran medida exageradas, y además nunca se va a poder ganar al Progresismo en el terreno de la exageración, la demagogia y la mentira, ya que cuentan con la ventaja de jugar en casa.


Perspectivas de futuro de la Responsabilidad social corporativa y crisis del modelo de Globalización
Tras todo lo visto sobre la Responsabilidad social corporativa, podríamos cerrar este trabajo preguntándonos cuál podría ser el futuro de toda esta galaxia de principios y prácticas tan de moda en el mundo empresarial actual. Haciendo una simplificación un tanto brusca y asumiendo que siempre existen posturas intermedias entre las posibles tendencias a desarrollar, podemos afirmar que la evolución de la Responsabilidad social corporativa vendrá en gran medida determinada por los cambios que se produzcan en la escena política y económica internacional. Asumiendo este principio, creo como posible que se pueden abrir dos posibles alternativas (Como ya he dicho, con muchos puntos intermedios entre ellas):
Por un lado, existe la posibilidad de que la Globalización continúe su desarrollo siguiendo más o menos la vía por la que ha avanzado hasta este momento. Si esto es así, cada vez más empresas tendrán que asumir de manera responsable su creciente poder e influencia: Existen ya corporaciones capaces de influir sobre Estados enteros, por lo que de seguir en esta línea, es más que probable que se pueda observar un progresivo crecimiento de la influencia empresarial sobre la política, y en consecuencia, deberá potenciarse toda la cultura asociada a la responsabilidad corporativa, para encauzar ese poder en beneficio de la comunidad y evitar posibles abusos de poder. 
Lo dicho aquí no es más que una perspectiva idílica: Si no hay una reacción firme por parte de estados y pueblos, el número de empresas que tratarán de utilizar su posición preeminente aumentará. Basta comprobar el intento de sabotaje que están intentando llevar a cabo algunas grandes corporaciones en los estados de Estados Unidos que están comenzando a desembarazarse de muchos de los mandamientos del Progresismo, como el aborto entre otros. (Enlace a la noticia)
El crecimiento de algunas empresas superando ya a diversos estados puede resultar a su vez un arma de doble filo: Francia, sin ir más lejos, ha desarrollado una suerte de “Nuevo colonialismo” en sus antiguas posesiones de África a través de grandes empresas, cimentando así un imperio económico en sus antiguas colonias. Existe por tanto la posibilidad de una colaboración entre estados occidentales y empresas que permitan una recuperación, al menos en el ámbito económico, de hegemonía europea. Este mecanismo, además, sería una de las fórmulas a ejecutar para frenar la expansión de la influencia china sobre el continente africano.

Pero también debe tenerse en cuenta que estamos en una situación de freno o de revisión del concepto y bases de la Globalización: Quizá la prueba más evidente de esto es que Trump está aplicando medidas proteccionistas en el país que ha sido el
buque insignia de la Globalización durante los últimos cien años. China, por su parte, también representa la paradoja de ser uno de los últimos países formalmente comunistas pero que aplica políticas económicas capitalistas, en muchos casos de manera desenfrenada, y defiende el libre comercio a escala planetaria.
Esta aparente contradicción se suma a la crisis de la Unión europea ante el Brexit y el auge de los euroescépticos que abre la posibilidad de una ruptura o reformulación de lo que tradicionalmente ha sido el bloque geopolítico europeo. Estos cambios que se están produciendo en Occidente vienen acompañados también por el crecimiento de gobiernos fuertes en otras zonas del mundo, que invitan a pensar, como comentaba al principio, en una posible revisión de lo que venimos llamando Globalización.
Es con esta segunda posibilidad donde el papel de las empresas resulta más conflictivo, tal como estamos viendo también en éstos mismos momentos en Estados Unidos con la noticia citada, con la cuestión de Hauwei, las políticas arancelarias o la guerra comercial: Es posible que, dentro de no demasiado tiempo, la Responsabilidad social corporativa deba comenzar a plantearse qué respuesta deben dar las empresas ante una hipotética rivalidad económica entre Estados soberanos, situación hasta ahora poco frecuente ante la aparente hegemonía del proyecto incontestable de la Globalización. 
En tal tesitura, ¿Qué deben hacer las empresas? ¿Deben apartarse de esas luchas y admitir las legislaciones que se impongan, o deben actuar como un “tercer poder” que desequilibre la balanza en favor de uno u otro contendiente? Ante este cambio de paradigma se percibe ya un interesante debate futuro que creo que no ha sido planteado aun de manera clara, al menos por los pensadores de la responsabilidad empresarial que existen en España.
Hasta ahora se ha considerado que la Globalización “a la americana” era la única vía posible que el mundo podía seguir, creencia que llevó a Fukuyama a anunciar el Fin de la historia tras el hundimiento soviético. Sin embargo, ante el fracaso de las Primaveras árabes, el endémico islamismo, el triunfo de Trump, el auge de los euroescépticos, el regreso de las políticas arancelarias y los liderazgos fuertes en el mundo, parece que nos abrimos a un nuevo e indeterminado escenario en el que las empresas, y especialmente las grandes corporaciones, tendrán que posicionarse ante auténticas rivalidades estatales. Y en extensión, los teóricos de la Responsabilidad corporativa deberán determinar cuál es la posición ética de una empresa no ante la tradicional competencia económica contra otra compañía, sino en conflictos bilaterales entre dos Estados.

Y es aquí donde intervienen los Pueblos, o más bien la ciudadanía consciente de la que hablaba antes: Muchos autores señalan de que estamos en un contexto en el que los pueblos se rebelan contra sus élites, sin ir más lejos votando contra los candidatos patrocinados por éstas. Si esto es realmente así debe haber un “hermanamiento” entre los pueblos y los líderes identitarios y soberanistas a los que han erigido. Es decir, no basta con depositar el voto, sino que debe existir una movilización muchos más amplia.
Volvamos al ejemplo de los Estados unidos y el boicot de algunas grandes empresas a los estados que se rebelan contra el Progresismo: En tal caso, el pueblo debe reaccionar con su propio boicot a esa gran compañía. Recordemos que la Responsabilidad social corporativa nace como resultado de la aparición de una opinión pública que reclamaba un comportamiento ético a sus empresas. Si Volkswagen sufrió pérdidas millonarias como resultado de la manipulación de su software ante una reacción más o menos coordinada de los consumidores, ahora debe hacerse lo propio con las grandes entidades que traten de sabotear a estados soberanos cuando intenten recuperar su soberanía. Sin una movilización de ciudadanos que acompañen a los políticos soberanistas no habrá cambios con el suficiente calado como para revertir la actual deriva de los acontecimientos, por eso es tan importante la culturización de nuestros conciudadanos, así como el extender el patriotismo más allá de la mera introducción de una papeleta en una urna.

Conclusiones y reflexiones finales
Tras terminar de leer este texto, el lector puede haber llegado a dos posibles conclusiones propias: Por un lado, puede que tome por buenas las palabras aquí recogidas y crea que el capitalismo actual en general y las empresas en particular tienen un amplio margen de reforma que permita cambios sustanciales en nuestro actual paradigma. O, por el contrario, puede que crea que el autor del artículo es un iluso, y que la posibilidad de una reforma voluntaria por parte de los grandes beneficiados de la Globalización, las grandes corporaciones, es absurdo.
Lo más probable es que ni usted ni yo tengamos del todo razón. Como comentaba más arriba no se puede generalizar: Es evidente que hay grandes empresas multinacionales que van a tratar de sabotear a los estados que traten de recuperar soberanía. Esto es un hecho innegable, y tratar de creer lo contrario nos llevaría a una inocencia de lo más peligrosa.
Pero tal como hemos apuntado, las grandes corporaciones capaces de actuar de esa manera son muy pocas, por lo que catalogar a todas las empresas como potenciales enemigos, olvidando que detrás de ellas hay rostros tan humanos como los nuestros, es igualmente pernicioso.
En definitiva, creamos o no en esa posibilidad de reforma y de enmienda, el principio de que tan solo se puede lograr un cambio profundo y real a través de una ciudadanía consciente debe ser compartido tanto por los que me consideren un iluso como por los que vean un atisbo de posibilidad en las ideas reflejadas en este artículo. 



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