LA ERA DE LA ROBÓTICA, ¿DISTOPÍA U OPORTUNIDAD?


>>Si cada instrumento pudiera realizar su propio trabajo, obedeciendo o anticipándose a la voluntad de otros, como las estatuas de Dédalo, o los trípodes de Hefesto, que, dice el poeta, por su propio acuerdo entraron en la asamblea de los dioses; Si, de igual manera, el aparato tejiera y el plectro tocara la lira sin una mano que los guíe, los jefes de los obreros no querrían siervos, ni los amos esclavos<< Aristóteles en su obra Política.

A cualquiera que esté dotado de una mínima capacidad de atención le resultará evidente que estamos en el final de una etapa histórica. Los años iniciales del siglo XXI son la bisagra entre dos eras de la historia: La edad contemporánea, que se encuentra ya en esos últimos estertores que llamamos Posmodernidad, y su sucesora, cuyas características apenas acertamos a entrever, aunque parece evidente que su comienzo no estará exento de convulsiones sociales y políticas no vistas en nuestro continente desde hace décadas.
La crisis civilizatoria que estamos viviendo genera un clima de pesimismo y una suerte de “pensamiento reaccionario automático” que llega a considerar toda novedad, por el simple hecho de conducirnos hacia un futuro incierto, como negativa. Ante el paulatino derrumbamiento de las pocas instituciones naturales y respetables que quedan en pie, una gran parte de la gente adopta una posición reaccionaria para tratar de mantener a cualquier precio lo que aún no ha sido aniquilado.
Dentro del amplio abanico de novedades que parece que imperarán en esa nueva era de la historia de la que hablábamos y que genera un fortísimo rechazo destaca la robótica.

El aparente triunfo de esta innovación tecnológica parece hoy inevitable, e invita a pensar que viviremos para ver una serie de cambios radicales en la economía comparables a los de las revoluciones industriales del siglo XIX. El natural miedo al cambio, combinado con la recurrente imagen transmitida por Hollywood de los robots sometiendo a la Humanidad ha llevado a que mucha gente sienta auténtico pánico ante lo que parece un cambio de modelo económico irreversible.
Pero, ¿Qué hay de cierto en todo ésto? ¿Debemos celebrar ese cambio o sería mejor convertirnos en los luditas del siglo XXI?

1) Los temores en torno a la robótica
La automatización del trabajo destruirá miles, sino millones, de puestos de trabajo que hasta el momento han servido para asegurar el sustento de muchas familias. Esta es la principal querella que se presenta ante la robótica y, aventurándonos en el campo de la profecía, considero que esa teórica amenaza va a ser esgrimida no pocas veces por los sectores progresistas de la sociedad, haciendo gala de un falso obrerismo, para tratar de parar la implementación de este cambio.
El triunfo de la robótica se inserta dentro de ese gran abanico de situaciones y
fenómenos típicos de nuestro tiempo a los que se asocia un carácter eminentemente catastrófico y que debe ser detenido por todos los medios. Veáse, sin ir más lejos, la paranoia colectiva ante la idea del calentamiento global provocado por la acción humana que acabará por traer el apocalipsis (A pesar de haber sido pospuesto ya varias veces) o la propia histeria feminista que pretende que celebremos contratos para tener relaciones sexuales "legales".

A pesar de lo dicho y siendo realista, hay que reconocer que es innegable que este cambio de paradigma puede provocar profundas convulsiones y problemas sociales. Analicemos cuales pueden ser y veamos las posibles soluciones para minimizar sus daños colaterales.

-La destrucción de puestos de trabajo
El principal temor que existe, y que desde luego es real, es el de que la robótica destruirá puestos de trabajo. No venimos a negar la evidencia: Es evidente que la automatización del trabajo acabará con muchos de los oficios que actualmente existen. Y es que el desarrollo de las nuevas tecnologías no implica únicamente la llegada de robots al estilo cinematográfico, sino también el desarrollo de programas informáticos y algoritmos que ejecuten gran parte de las labores administrativas. Pensemos simplemente en los vertiginosos cambios que se han producido en el “trabajo de oficina” en los últimos cincuenta años con el desarrollo de la informática e imaginemos la situación dentro de otras cinco décadas.
Sin duda este un problema real, y, de hecho, es la única acusación vertida sobre el desarrollo de la robótica que encuentro legítima. Sin embargo, las mejoras que podemos señalar son infinitamente más numerosas que este problema concreto.
La solución pasa, en mi humilde opinión, por mitigar los efectos negativos del
desarrollo del nuevo modelo a través de una doble vía: Básicamente, la implantación paulatina de la automatización, combinada con una campaña informativa a conciencia para que la población conozca los cambios que se van a producir.
Esta tarea se presenta hoy como indispensable y desde luego es preocupante que no se esté llevando ya a cabo. Todo parece indicar que al menos en el Occidente europeo no interesa implementar la robótica.

-La deshumanización
Algunos van más allá, considerando que la robótica traerá el “fin del trabajo”, haciendo que el hombre quede liberado de sus tareas históricas para pasar a disfrutar de
un tiempo libre infinito que provocará que el Homo festivus descrito por Philipe Murray se desarrolle hasta sus últimas consecuencias. Esta cuestión está siendo desde luego exagerada, y luego veremos por qué.
A modo de introducción, merece la pena aportar una anécdota ilustrativa sobre los primeros estudios de antropología: Cuando los primeros investigadores modernos de esta
disciplina se desplazaron hacia las colonias europeas de África o hacia las junglas de América para investigar a las tribus que continuaban viviendo como en la Edad de piedra, se sorprendieron tremendamente de lo que vieron.
Estos estudiosos llegaban imbuidos del espíritu positivista o del marxista, y tenían una concepción lineal de la historia, considerándola una acumulación de etapas o fases que se sucedían de manera lineal y necesaria. Por ello, creían que aquellas tribus vivirían de manera miserable, dedicando todo su tiempo y esfuerzo a la supervivencia, ya que el origen del “tiempo libre” se hallaría históricamente con la llegada del neolítico y de la agricultura, es decir, con la superación de la etapa primitiva del hombre.
Pero no fue así: Aquellos cazadores y recolectores apenas trabajaban dos o tres horas al día, aunque ocasionalmente pudiesen emplear varias jornadas en una cacería. Aquella evidencia sorprendió a los investigadores, ya que tenían constancia de que otras comunidades que poseían una rudimentaria agricultura dedicaban más de diez horas de trabajo a sus labores, y tenían una vida mucho más esforzada que aquellos que continuaban viviendo como cavernícolas.

Con esto lo que quiero indicar es que el trabajar pocas horas al día no supone un factor de deshumanización, sino más bien al contrario: Originalmente el hombre en estado natural no se mataba a trabajar en jornadas interminables tal como ocurre en nuestros días. Y los datos que nos proporciona la historia en otras etapas más allá del Paleolítico parecen confirmárnoslo: La mayoría de las grandes mentes, protagonistas de la historia del pensamiento y la ciencia nunca trabajaron en labores ordinarias, tal como veremos con más profundidad después.
En este apartado, por tanto, conviene desmentir el temor: En primer lugar, la robótica no traerá el fin del trabajo, aunque sí enormes cambios en la concepción que rodea a éste; y aun admitiendo tal exageración por válida, el no trabajar no supone un factor deshumanizador. Más bien al contrario: El actual modelo laboral español, con sus jornadas interminables, sí que puede ser considerado como el principal factor deshumanizador, ya que impide compatibilizar esas obligaciones con lo que es la condición natural del hombre.

2) Oportunidades: La robótica como esperanza
Vayamos por fin con las oportunidades que se nos brindan ante este cambio de paradigma y que claramente superan con amplio margen los problemas que pueda generar. Todas esas mejoras y oportunidades pueden resumirse en una única consigna trascendental y tesis de este artículo: La implementación y desarrollo de la robótica puede resultar a la postre como uno de los principales cambios que permitan solucionar la crisis civilizatoria de Occidente a corto y medio plazo.
Veamos de qué manera.

-Crisis demográfica e inmigración: Desarrollo sin mano de obra
Uno de los principales factores que nos alerta de que nos hallamos en un punto agónico del mundo en que centenares de generaciones antes que nosotros han vivido es el absoluto derrumbe demográfico que vive todo Occidente. Este síntoma que revela una profunda enfermedad bajo la superficie de las sociedades modernas es especialmente palpable en España, uno de los países con las tasas de natalidad más bajas de toda Europa.
En ese contexto, algunos esgrimen de manera suicida la idea de que la inmigración
masiva permitirá ocupar los puestos de trabajo abandonados ante la falta de jóvenes, lo que de facto supone aceptar que la población indígena europea quedará compuesta por ancianos mientras que las masas juveniles serán inmigrantes venidos de África y Asia que acabarán por reemplazar a los autóctonos tras un par de generaciones.
Desde un punto de vista identitario, la solución pasa por recuperar las tasas de natalidad y así contar de nuevo con jóvenes que compongan la población activa de la sociedad. Pero debemos ser realistas: Nunca un pueblo había dejado caer sus tasas de natalidad hasta unos índices como los actuales y es que los europeos somos los primeros en alcanzar ese estadio que llamados Régimen demográfico moderno, en el que se presentan de manera conjunta bajas tasas de mortalidad y de natalidad.
En ese sentido, estamos en una situación única en la historia y por tanto no contamos con experiencias previas que nos permitan entrever las soluciones a aplicar. De hecho, ni siquiera sabemos si hay solución posible, al menos en este aspecto.
Por otro lado, recuperar las desorbitadas tasas de natalidad previas al invierno demográfico (Régimen demográfico de transición) no solo es complicado sino poco deseable, ya que ese crecimiento incontrolado de la población provocó también numerosos problemas en su día, entre los que destaca la edificación de las “ciudades hormiguero”, es decir, la ampliación de manera grotesca de las ciudades, generando zonas deprimidas y poco habitables en nuestras urbes.

Así, la robotización de la economía se presenta como una solución de emergencia imprescindible: La automatización de los trabajos permitirá mantener una economía
potente y a pleno rendimiento sin contar con las cifras de población joven de antaño. Esta es la solución ejecutada por Japón, uno de los países más envejecidos del mundo pero que ha sido refractario a recibir inmigración, y su economía no se ha resentido ni lo más mínimo, ya que continúa siendo una potencia.
Este fragmento no es una apología del invierno demográfico ni un intento de blanqueamiento de la crisis demográfica, simplemente pretendo reflejar con una buena dosis de realismo la que es la situación de occidente: No sabemos si habrá una recuperación de la natalidad, por tanto, el desarrollo de la robótica pude suponer la innovación tecnológica que mantenga cierta primacía occidental en la Economía mundo.

-Nuevas técnicas, nuevas oportunidades: NO se dejará de trabajar
La robotización de la economía no supondrá el final del “trabajo humano”. El ser humano tiene la necesidad ontológica de trabajar. Ojo, cuando digo trabajar no me refiero a pasar nueve horas diarias en una oficina haciendo fotocopias, sino más bien a desarrollar actividades con las que llenar y dar sentido a la existencia.
Así, la robotización no provocará que las sociedades se conviertan en una continua romería (recordar la idea del Homo festivus de Murray) en la que las personas se dedican únicamente al esparcimiento. Nada más lejos de la realidad: Permitirá el desarrollo de nuevos trabajos. Ante nuevas técnicas, nuevas oportunidades.
Sin ir más lejos, ya podemos observar en lugares como Estados unidos que el desarrollo del mundo digital ha llevado a que en torno al 30% de la población esté compuesta por trabajadores autónomos. Evidentemente no todos ellos están desarrollando trabajos “online” o digitales, pero sí que hay un alto porcentaje de nuevos oficios que están surgiendo al calor de Internet.
La robotización no hará sino potenciar aún más ese fenómeno que ya ha comenzado.

-Menos trabajo no supone deshumanizar
Tal como ya hemos comentado antes, la robotización no supondrá el fin del trabajo, simplemente traerá un cambio de paradigma con nuevos tipos de ocupaciones, además de una más que posible y beneficiosa reducción de las jornadas de trabajo.
A pesar de lo dicho, imaginemos por un segundo que la llegada de los robots permite a
algunos no trabajar. Aun admitiendo esa exageración, no podríamos hablar de peligro alguno de deshumanización.
Una rápida mirada sobre las diferentes épocas de la historia nos revela una realidad quizá peligrosa para los que nos quieren imponer una visión economicista de la vida y la existencia: Todas las grandes mentes y padres de la filosofía, ciencia madre de Occidente, han sido personas que, por diversas razones, no han tenido la
necesidad de trabaja
r. Ese selecto grupo de hombres que trasciende las épocas y que ha estado formado por los filósofos griegos, los autores clásicos, los escolásticos medievales y los filósofos modernos, ha estado siempre nutrido por personajes que han tenido la vida resuelta en lo económico, pudiendo dedicar todos sus esfuerzos y tiempo a la construcción de sistemas de pensamiento y a la reflexión. Y no creo que a estos personajes pueda achacárseles que estuviesen “deshumanizados” por no contar con lo que en su época se considerase “trabajos normales”.
Aun en nuestro tiempo, los pocos que aún continúan dedicándose a la olvidada tarea del pensamiento, no han dudado en alcanzar puestos del funcionariado o despachos en los organismos académicos para gozar de ese valioso tiempo libre. Quién sabe si sorpresivamente, el desarrollo de estas nuevas tecnologías permite contemplar la resurrección de las Humanidades, tan castigadas en el mundo moderno.

A pesar de estas líneas me reitero en lo afirmado antes: la llegada de los robots NO supondrá el final del trabajo, sino la necesaria evolución de la concepción que tenemos de éste hacia unas posiciones precisamente más humanas.
En ese sentido, sí que es posible y además positivo, que la robótica permita reducir las jornadas de trabajo, lo cual, desde luego, no provocará ningún tipo de convulsión: Países más ricos que España como Alemania u Holanda tienen jornadas de trabajo muchos más breves. Hay que ir desterrando ese principio marxista según la cual el precio de los bienes depende del tiempo que se dedica en su producción. Hoy sabemos que ésto es falso, y de hecho los países más ricos son los que tienen unas jornadas de trabajo más cortas.
La reducción de las jornadas de trabajo, mejora que puede venir con la robótica aun
no siendo el único factor a tener en cuenta, permitiría aplicar reformas y cambios en otros muchos ámbitos como en la mejora de la conciliación entre vida familiar y laboral, el desarrollo de la cultura del país al disponer de más horas de ocio que aprovechar, la reducción del estrés laboral y demás enfermedades sociales asociadas al trabajo, la minimización de los accidentes laborales y un largo etcétera.

-Fin del “trabajo robótico” para humanos
Ampliando lo dicho en el anterior punto, los robots desarrollarán trabajos propios de robots. Parece simple: los trabajos que se automatizarán serán aquellos que se puedan desarrollar de manera automática, o en otras palabras, aquellos menos deseables para
los seres humanos por su carácter repetitivo, que puede llegar a generar problemas psíquicos en los trabajadores a medio y largo plazo.
No es cuestión de ponerse cínicos con el tema: Hay mucha gente que depende de esos trabajos más propios de máquinas que de hombres para poder sobrevivir, y por poco gratificantes que puedan llegar a ser, es mejor eso que estar en la indigencia.
Por eso mismo es necesario tener en cuenta los dos principios comentados antes: La aplicación paulatina y consciente de la robotización para evitar convulsiones semejantes a las sufridas durante la Revolución industrial; e informar a la población a la menor brevedad posible para que sean conscientes de que trabajos tienen futuro a largo plazo y cuáles no.
Los planes de estudio y los programas de orientación académica o laboral deben empezar a incluir ya esta realidad para evitar que de manera inconsciente la gente siga dedicando tiempo, dinero y esfuerzo en alcanzar trabajos que van a esfumarse en pocas décadas. No quiero indicar con ésto que los trabajadores deban abandonar mañana mismo las fábricas ante la precariedad de su puesto de trabajo, pero sí que deberían ser conscientes de la posible volatilidad de su ocupación para que puedan actuar en consecuencia.

-Economías de propietarios: Crecimiento de los autónomos
La combinación entre el mundo digital y la robotización nos acercará, paradójicamente, al mundo soñado por no pocos tradicionalistas: Una economía de propietarios.
Volvamos con el ejemplo de Estados Unidos en el que debemos fijarnos no solamente porque continúa siendo la mayor potencia económica del Planeta, sino porque gran
parte de los fenómenos que allí se desarrollan tienen después su réplica por todo Occidente. Recordemos: Un 30% de la población activa son trabajadores autónomos. Esta estadística no se debe únicamente a la robotización, sino más bien al desarrollo de Internet y de numerosos nuevos negocios digitales, pero desde luego la automatización de numerosos procesos en la industria o en la administración permite potenciar ese cambio.
Y voy más allá en este aspecto: Considero que precisamente deben ser los negocios digitales en expansión los que absorban la “mano de obra sobrante” de las industrias, de la misma manera que las fábricas en su día absorbieron al campesinado que se quedó sin trabajo durante la mecanización del campo del siglo XIX.

Conviene también señalar que la situación estadounidense solo es posible gracias a una sólida base cultural que por el momento no existe en España: En nuestro país el arquetipo del éxito laboral es el del funcionario que consigue un puestito dentro de la administración que le permita “no trabajar”, mientras que en Norteamérica el éxito viene dado por cumplir el Sueño americano, hacerse a uno mismo y convertirse en empresario.
Siendo esto así, en España no solo se necesita aplicar la robotización de manera paulatina e informar a la población, tal como vimos, sino un auténtico cambio cultural que permita poner en valor el emprendimiento y el trabajo autónomo, además de no asfixiar por la vía fiscal a los pocos que se atreven a internarlo.

Como comenté antes, al hablar de automatización no me refería únicamente a las cadenas de montaje y a las industrias, sino también al desarrollo de programas informáticos y algoritmos que ejecuten labores administrativas de manera automática. En ese sentido, los cambios no solo llegarán a oficinas y despachos, sino que también permitirán la reducción del tamaño desproporcionado de los Estados y sus administraciones, con la consiguiente reducción de la presión fiscal sobre los ciudadanos, que a su vez redundará en una mayor libertad y capacidad de emprendimiento y ahorro.
Que cualquiera pueda acceder a través de un ordenador y una conexión a Internet a todas las sucursales del Estado, unido a la automatización de las labores administrativas, permitirá una revolución en las burocracias europeas. De hecho, sino se ha avanzado más en esta línea es simplemente porque hay una casta política que necesita mantener esa estructura superflua e innecesaria para seguir parasitando al pueblo.
Hay que tener en cuenta que a pesar de que el foco de la crítica identitaria se coloca normalmente sobre el fenómeno de la Globalización, los actuales “Estados policía” de Occidente son el principal vector y culpables de la agonía de nuestra civilización, y
desde luego, ejercen el poder opresor hegemónico en nuestro tiempo
Con esto no quiero caer en una suerte de anarco-capitalismo: El Estado debe existir, pero el actual Estado maternal que nos acompaña, queramos o no, de la cuna a la tumba, que está legislando incluso sobre los sentimientos humanos y que ha institucionalizado la propia corrupción moral, debe ser completamente reformado desde sus mismos cimientos.
En ese sentido, la aplicación de las nuevas tecnologías a este campo permitirá no solo reducir la hidra estatal sino hacer de esta institución un instrumento mucho más funcional al servicio de la población.

-Competir con el Tercer mundo y con Asia: Fin de la Deslocalización
En combinación con el primero de los puntos en el que hablaba de como la robotización puede suponer una solución para la falta de población joven, también hay que considerar la posibilidad de que Occidente recupere su hegemonía económica.
Hay quien dirá que Occidente conserva dicha hegemonía, y si atendemos a los índices macroeconómicos puede que así sea, pero lo cierto es que la riqueza de un país, y por ende la riqueza de su gente, depende de la industria, y ésta hace tiempo que hizo las maletas para marcharse hacia el Tercer mundo. España, sin ir más lejos, no puede ser rica mientras que la población dependa únicamente del inestable e inconstante sector turístico.
En ese sentido, la robotización puede ser la clave para reindustrializar Europa: La implantación de una economía basada en la tecnología y el desarrollo de las labores de manera automática supone fulminar de facto todos los factores que han llevado a la deslocalización industrial, a destacar la búsqueda de mano de obra barata.
No se trata ya de seguir produciendo sin la acuciante necesidad de mano de obra joven autóctona, sino también poder competir en términos de rentabilidad con todos esos países a los que se desplazan las redes industriales buscando unas mejores condiciones.
El sustituir la mano de obra barata por procesos automatizados es la clave a día de hoy para re-localizar la industria en Occidente, y por ende, para traer de vuelta el principal factor de creación de riqueza y bienestar.



Breve recapitulación y conclusiones
No hay obra humana que sea completamente positiva y la robotización no es una excepción: Su implantación acabará no ya con miles de puestos de trabajo, sino con
tipos de trabajo completos, con lo que existe la posibilidad de que muchos obreros se queden sin ocupación laboral. Es una situación similar a la del siglo XIX cuando la mecanización del campo dejó a muchos campesinos sin posibilidad de trabajar, teniendo que ser absorbidas las enormes masas de desempleados en la naciente industria. Ahora, estamos en la misma situación, pero siendo el proletariado el afectado por el cambio de paradigma.
Esa experiencia histórica debe servirnos para tener en cuenta los excesos que pueden venir provocados por profundos cambios en los modelos económicos, y así mitigar las posibles convulsiones de índole social.

Hecha ya esta primera y necesaria advertencia, no podemos mostrarnos sino a favor de la llegada del robot a nuestra industria y de los programas informáticos a nuestras oficinas y administraciones: Es la oportunidad que aparece ante nuestros ojos de recuperar la industria desperdigada por todo el Tercer mundo, de mantener la potencia económica sin enormes cantidades de población joven y sin importar inmigración de reemplazo, de reducir el asfixiante peso de las burocracias, de acortar las jornadas de trabajo y de desarrollar una economía de pequeños propietarios apoyados sobre el mundo digital en expansión.

Si no se ha avanzado más por esta vía es precisamente porque existen unas élites que no ven con buenos ojos la recuperación del poderío europeo que podría lograrse con los instrumentos que tenemos a nuestra disposición: La robotización fulminaría el discurso de que la inmigración es necesaria para obtener mano de obra, argumento que, aunque falso porque es bien sabido de donde obtienen los ingresos la mayor parte de los inmigrantes afincados en Occidente, es el principal justificante utilizado tanto por liberales como por social-demócratas para continuar por la vía del suicidio étnico europeo.
Y volvemos así a lo comentado en el inicio de este texto: La robotización de la economía se sumará a la larga lista de paranoias colectivas que se tratan de expandir desde los poderosos medios de comunicación progresistas. Aparecerá junto a esos etéreos males de nuestro tiempo como el calentamiento global o la violencia de género, generando de manera artificiosa un clima de hostilidad ante un cambio que puede suponer no solo una mejora de la rentabilidad económica de las industrias, sino una revolución que permita apuntalar, al menos en el terreno económico, un Occidente que se desmorona.




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