HACIA UN NUEVO POLITEÍSMO


Que el estudio de la historia es una disciplina con utilidad para el presente resulta evidente si tenemos en cuenta que el ser humano es biológicamente el mismo hoy que hace diez mil años, con lo que es más que probable que ante una misma encrucijada tome el mismo camino (Siempre y cuando la deshumanización posmoderna no haya aniquilado hasta el más mínimo resquicio de instinto natural)
En ese sentido, merece la pena trazar una comparativa entre nuestra época y una que queda ya bastante lejana: El Bajo Imperio romano. No, no vengo hoy a recordar la tantas veces señalada semejanza entre la crisis de la civilización romana y la nuestra, o entre las invasiones germánicas y las actuales olas migratorias. Las similitudes que quiero señalar las encuentro en otro plano, concretamente en esa tierra de nadie que separa la religión y la filosofía.

El Panteón romano, ya poblado de por sí, creció con cada nueva expansión del Imperio, incluyendo a muchas divinidades de los pueblos sometidos. De la misma manera, la integración vía mediterránea del mundo antiguo facilitó la llegada de numerosos ritos y liturgias extrañas desde el Oriente. A la religión oficial, encarnada en auténticos funcionarios del Estado, se le fueron sumando muchas otras confesiones y sectas que se expandirían por la vieja Europa. En el plano más intelectual, existía una fragmentación no precisamente menor, ante el crecimiento y desarrollo de muy diversas escuelas filosóficas.
La sorprendente llegada y expansión del cristianismo cambió el panorama de manera radical: No solo se impuso una nueva religión que acabó por absorber o destruir a las demás, sino que la propia filosofía adquirió también un carácter cristiano, unificando dos ámbitos que hasta ese momento habían sido independientes. Ya en el nacimiento de la filosofía en Grecia, los pensadores primigenios rompieron con la religión oficial de sus correspondientes ciudades-estado, aunque mantuvieran un respeto formal a éstas por su obediencia a las leyes, como fue el caso de Sócrates sin ir más lejos. Lo cierto es que la mayoría de los filósofos clásicos apuntaron ya a la idea de un Dios único mucho antes de la aparición del Cristianismo. Tal como dijo Gómez Dávila en unos de sus escolios, El paganismo es el otro Antiguo testamento de la Iglesia. El paso del mito al logos supuso la primera piedra en la construcción del monoteísmo.

Pero, ¿Qué tiene que ver la proliferación de filosofías y religiones del viejo Imperio con nuestra propia época?
A mi parecer, la caída del paradigma cristiano primero y de las utopías modernas después, ha generado un ambiente similar al Bajo imperial: Las múltiples religiones son ahora las diversas ideologías, muchas de ellas hijas del paradigma del Mayo francés, llegando a componer también una religión funcionarial, pues es ejecutada por el propio Estado y sus representantes. No hay más que ver la auténtica devoción existente en torno a nuevos ídolos como el Progreso, el Feminismo, el Ecologismo, etcétera.
Alguno quizá apunte a que las ideologías no pueden identificarse con las religiones dado que las primeras son racionales. Nada más lejos de la realidad: Las Ideologías históricamente no han sido más que sistemas de pensamiento, ésto es, diversas ideas hilvanas mejor que peor para tratar de explicar el mundo y la realidad. Para creer en ellas, se precisa de una buena dosis de fe, y, además, todas ellas prometen un paraíso, aunque éste será construido en la tierra y no tendría carácter metafísico.
De la misma manera que en el pasado llegaron las religiones mistéricas y otras modas de oriente, tenemos ahora otras tantas vanguardias espirituales como el Islam, profesado no solo por inmigrantes sino también por europeos convertidos, así como ritos y prácticas asiáticas venidas de la India o del Extremo oriente que se han implantado firmemente en Occidente por puro esnobismo. Curioso como los mismos que desprecian y reniegan de las tradiciones y ritos propios, presumen de haber viajado a la India, Japón o lugares similares por su carácter espiritual.
Varias son por tanto las similitudes señaladas: Proliferación de sectas filosófico-espirituales, que en nuestro caso son las ideologías; religión de Estado ejecutada por funcionarios, ya que tenemos a unas élites políticas que están incluso legislando sobre la conciencia y los sentimientos; y numerosas modas venidas del Oriente que se propagan fácilmente ante el vacío espiritual de nuestro tiempo y por la atracción que generan dado su carácter exótico.

Ante los numerosos paralelismos señalados, creo que nuestra posición debe imitar a la de los grandes del mundo clásico, especímenes hoy en peligro de extinción: Los filósofos. Ante el triunfo del relativismo propiciado por la destrucción de los grandes paradigmas explicativos y el surgimiento de muy diversas corrientes
 político-filosóficas, debe imitarse la postura de los grandes pensadores clásicos, que ante semejante mosaico mal ensamblado, optaron por dedicar sus esfuerzos al pensamiento y a la reflexión, desarrollando la disciplina que puede ser considera la madre de la superioridad cultural europea, la filosofía, y buscando crear una base sólida a través de la racionalidad. Nosotros gozamos de una ventaja con respecto a Plotino o Boecio, que no es otra que el desarrollo de las ciencias que nos permite comprender mucho mejor el mundo. Sin ir más lejos, baste comprobar la utilidad de la aplicación de los estudios sobre el comportamiento animal (Etnología) de Konrad Lorenz a las comunidades humanas.

Vale la pena repetir la cita de Gómez Dávila: El paganismo es el otro antiguo testamento de la Iglesia. No venimos aquí a negar que la cristianización tuvo algo de ruptura, pero también consideramos que la nueva fe y la nueva religión funcionaron como un gigantesco aglutinador de ideas, filosofías, pensamiento y ritos religiosos de origen pagano. La cristianización no fue la revolución jacobina o la rusa, con sus intentos de iniciar desde cero la historia (Por mucho que Beda el venerable iniciase la tradición de datar los acontecimientos desde el nacimiento de Cristo) y emanciparse de todo acontecimiento pretérito.
Así, podemos decir, que el esfuerzo intelectual pagano no fue en balde con el triunfo cristiano, más bien al contrario: Crearon, aun sin saberlo, una base cultural y de pensamiento sobre la que se asentó la nueva civilización durante dos mil años, resistiendo la caída del mundo romano e integrando a los que en su día fueron llamados bárbaros.
Precisamente por ésto es necesario que imitemos a los filósofos que trabajaron en los años finales del Imperio romano: Como ellos, nos encontramos en el ocaso de nuestro mundo, en el final de una civilización entera, en la consumación de la decadencia de Occidente al más puro estilo spengleriano. Nuestro trabajo, como el de estos grandes hombres, no tiene por qué ser en balde por el simple hecho de desarrollarlo en un tiempo como el actual, sino más bien todo lo contrario: Puede y debe ser la base fundamental de un mañana que ha de llegar. 
Simplificando mucho y sin salirme de la comparación con las últimas décadas del Imperio romano, creo que el hombre occidental tiene tres opciones vitales ante sí: Una, es la de entregarse a la bacanal romana convirtiéndose en lo que Philipe
Murray llamó el Homo festivusy disfrutar de los placeres del mundo mientras los nuevos bárbaros asedian las civilización. Otra, es la de abrazar una de las muy diversas nuevas religiones que están a nuestra disposición, y entregar nuestro trabajo y nuestra fe en el enésimo intento de traer un falso Paraíso terrenal. Desde el feminismo, pasando por el ecologismo hasta la ideología de género, tienen ustedes donde elegir. Y finalmente, tenemos la tercera opción, que al ser la más sufrida y esforzada es la que tan solo elegirá una minoría, tanto mejor ya que sabemos que la historia avanza empujada por grupos pequeños pero activos. Esta opción no es sino la de entregarse al esfuerzo cultural, intelectual, filosófico y, en última instancia, también político, imitando, ahora sí, a los filósofos clásicos, para tratar de crear un edificio sólido en el que poder hallar refugio frente al relativismo total de nuestro tiempo.

En Identidad española ya hemos elegido. ¿Y usted?






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