REVISANDO EL NACIONAL-CATOLICISMO: LOS VÍNCULOS ENTRE LA RELIGIÓN Y LA NACIÓN


Desde los inicios de la antropología científica en el siglo XIX, se ha podido constatar que todos los pueblos del Planeta cuentan con una serie de elementos comunes que son compartidos por todos ellos. Uno de esos universales, y ciertamente no el menor, es la religión: Hasta en la tribu del punto más recóndito del mundo, poseen creencias religiosas.
Es evidente, además, que la religión y todo lo que la rodea, ha sido fundamental en el
desarrollo de la Historia del hombre.
Ha ido aumentando su complejidad paulatinamente, de manera paralela a las comunidades humanas en las que se encontraba: Según  los sistemas de organización política y económica fueron desarrollándose, también lo hizo la religión, pasando de estar encarnada únicamente en el chamán de turno, para llegar a constituirse un clero institucionalizado, erigirse enormes templos y desarrollar complejas administraciones.
Siendo esto así, y dado el esfuerzo hecho desde esta página en explicar qué es la Nación y en qué momento surge ésta en el caso español, conviene detenerse en la influencia que tiene la religión en los procesos de formación y consolidación de las naciones. Hecho esto, nos centraremos como es lógico en el caso español, ya que es el que nos atañe.
Esta tarea de clarificación es especialmente necesaria en un país como España,
donde durante décadas ha sido el Nacional-Catolicismo el paradigma explicativo imperante sobre gran parte de los temas relacionados con España como sujeto histórico (Leer más sobre el marco teórico de la nación y el Nacional-catolicismo
Resumiendo de manera grosera, podemos decir que el Nacional-Catolicismo se estructuraba en base a dos ideas: España es España mientras sea católica y, en extensión, España nace cuando ésta se hace católica, es decir, con la Conversión de Recaredo (589 d.c.)
Lo resumió Menéndez Pelayo, uno de los principales exponentes de este pensamiento, en su famosa cita: 
>> España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas. A este término vamos caminando más o menos apresuradamente, y ciego será quien no lo vea. <<

Tras el Concilio Vaticano II y el consiguiente rechazo de la propia Iglesia católica a
la confesionalidad de los estados, el paradigma nacional-católico se vino abajo. Recordar que desde ese momento la derecha española ha carecido de una concepción general de España, hecho perfectamente perceptible hoy.
Por todo lo dicho, es importante ir repasando estas concepciones heredadas del pasado siglo, de cara a ir desarrollando una nueva teoría general de España en la que la religión en general y el Catolicismo en particular, tengan un lugar adecuado acordes a su importancia histórica real, superando algunos de los excesos del Nacional-catolicismo.
Esta tarea de clarificación no puede ni debe abordarse únicamente en un solo artículo dada la extensión e importancia del tema, por lo cual este texto no pretende ser más que una mera introducción a lo que podemos llamar la cuestión religiosa dentro del desarrollo de España como Nación.

Antes de comenzar conviene aclarar que este artículo versa sobre la religión como fenómeno socio-cultural y no pretendo ni mucho menos realizar un ejercicio de reflexión teológica o tratar cuestiones metafísicas. Nos centraremos, por tanto, en lo mundano de la religión, en su influencia inmediata sobre las comunidades humanas, y no en aspectos espirituales o trascendentes.
Veamos, por tanto, hasta qué punto la religión juega un papel determinante en la configuración de las naciones, analicemos el caso español y comprobemos que principios del Nacional-catolicismo pueden recuperarse o sostenerse hoy día.

1)     Notas iniciales sobre la importancia de la Religión en las comunidades humanas
Antes de comenzar, debo recalcar que sobre este tema podrían escribirse infinidad de ensayos. De hecho, la historia de las religiones es una disciplina en auge. En nuestro caso, sin embargo, vamos a señalar simplemente unos pocos puntos sobre el modo en que la religión ha influido en las comunidades europeas (El caso islámico es independiente, aunque asimilable en gran medida)
Normalmente se suele pensar que la Religión no es más que la mera combinación entre el rito y el mito: El rito sería la liturgia y la ritualística, y el mito las historias que articulan esa religión. En el caso cristiano, el rito sería por ejemplo la misa o las procesiones, y el mito las historias recogidas en los Textos bíblicos.
Sin embargo, es evidente que la Religión va mucho más allá y que influye sobre los seres humanos a muchos más niveles, incluso de manera inconsciente. Siendo esto así, conviene tener en cuenta los aspectos en los que la religión es determinante. Los elementos aquí recogidos son comunes entre el Cristianismo y el amplio abanico de religiones paganas previas, de tal modo que se pueden aplicar de manera genérica a los pueblos de Europa desde tiempos pre-romanos.
La religión, además del mito y el rito,…

·        Genera una cultura y una cosmovisión propia: En torno a la religión se desarrollan toda una serie de disciplinas paralelas que van ligadas a ella. Imaginemos, por ejemplo, toda la filosofía cristiana existente en Europa, la literatura, todas las representaciones artísticas con motivos religiosos, arquitectura … Solo con este punto ya podemos comprobar como el mito y el rito no son más que la base de sistemas culturales completos y que pueden alcanzar una notable complejidad.

·        Articula el territorio: la articulación del territorio en base a la religión se produce a diversos niveles. A gran escala, podemos hablar de los grandes
puntos de peregrinación, que llevaron a la creación de vías de transporte y nudos de comunicaciones desde tiempos ancestrales. El ejemplo de Santiago en España seguramente sea el más conocido, pero no olvidemos tampoco la importancia a escala ''nacional'' que tenían puntos como el Oráculo de Delfos en Grecia o el monumento megalítico de Stonehenge, al que acudían diversas tribus locales.
A pequeña escala también podemos hablar de la articulación en base a iglesias y parroquias, típica de todo el continente europeo. Durante siglos la gente ha habitado mayoritariamente en comunidades rurales en las que la iglesia era el punto de encuentro y de reunión de todos los pobladores.
En este punto podríamos hablar nuevamente de construcciones megalíticas que, a pesar de que el debate sigue abierto, está ya aceptado que en algunos casos los monumentos servían para delimitar territorios y marcar el control de una determinada comunidad sobre un área. Muchas de las estructuras se levantaban en lugares elevados, tanto naturales como artificiales, para que fuesen perfectamente visibles. Además, para su construcción era necesario el trabajo conjunto de diversas tribus, con lo cual las creencias de aquellos pueblos prehistóricos motivaban la unión y acercamiento momentáneo de diversas comunidades independientes.

·        Estructuras para-políticas: Relacionado con lo que comentábamos antes, en base a la religión pueden crearse una serie de estructuras administrativas y organizativas paralelas a las estatales que, como éstas, ligan a diferentes comunidades a escala nacional. Posee, en definitiva, una administración propia en la que la población se engloba y articula.
En el caso español existen a día de hoy catorce provincias eclesiásticas.

·        Dota de destinos universales y metafísicos que son vitales para orientar la vida de las comunidades. La creencia en una vida más allá de la muerte compartida con los que en su día cohabitaron contigo, también puede considerarse un fortísimo lazo de unión para las comunidades que comparten esta creencia en cuestión.

·        Además, la religión normalmente está ligada a un sistema moral y ético que
articula la vida de los grupos humanos. Estos modelos de actuación permiten, en definitiva, vivir en comunidad de acuerdo a unas normas fijas y aceptadas por todos. El peso de estos modelos morales es tal, que muchas veces llega a insertarse en la cultura y rigen también la vida de aquellos que no se adhieren a la religión en cuestión: Nuevamente, tenemos un elemento de base religiosa pero que trasciende las simples creencias.

·        Recoge tradiciones anteriores que en muchos casos se pierden en la noche de los tiempos. Este principio está perfectamente claro en el caso
católico, donde podemos rastrear tradiciones antiquísimas previas a su implantación. Por poner unos ejemplos, se puede citar la fijación del día de la Natividad en el Solsticio de invierno, fecha en que las tribus paganas celebraban el renacimiento del Sol, al ser a partir de entonces cuando los días se hacen más largos; o la cristianización de espacios paganos tales como templos, grutas consideradas sagradas, sacralización del agua, conversión de los dólmenes neolíticos en ermitas, … Los ejemplos son numerosos y bien conocidos.

·        Marca ritmos, modos de vida y el calendario: En tanto que las religiones muchas veces se dotaban de estructuras administrativas propias paralelas a las del Estado, también podían desarrollar diferentes iniciativas para coordinar y organizar las vidas de las gentes. Sin ir más lejos, nuestro calendario es el Gregoriano, instaurado por Gregorio XIII en el siglo XVI.
Del mismo modo, actividades fundamentales para las poblaciones rurales del pasado como por ejemplo la siembra, la recogida, la matanza, … coincidían con diferentes festividades religiosas que no solo marcaban el calendario, sino que fortalecían la identidad de la comunidad al participar en ellas todos sus integrantes.
Nuevamente podemos rastrear este tipo de celebraciones en épocas pre-cristianas, donde los sacrificios rituales de animales seguidos de banquetes y festividades, eran muy comunes en todo el continente europeo, y poseían un fuerte componente religioso y comunitario.

·        Como en el caso de la Nación, una seria de instituciones religiosas pueden llegar a reclamar un territorio como propio y excluyente: No debe extrañarnos que los integrantes de una religión reclamen un determinado territorio como propio. En ese sentido, coinciden con el sentimiento nacional de posesión de un determinado lugar.
La Reconquista, por ejemplo, es la combinación entre la expansión política
la religiosa. Por un lado, se establece la necesidad de recuperar el Reino perdido de los godos, pero también el devolver a aquellos territorios a la fe cristiana. Lo mismo puede plantearse con la religión griega y el carácter sacro que se daba al territorio de la Hélade o incluso en los ritos religiosos a la hora de fundar las ciudades o las colonias de la Magna Grecia.

A grandes rasgos estos serías los principales puntos asociados a la religión que son vitales para entender la influencia de ésta sobre las comunidades humanas. Vuelvo a recordar que como hemos visto, todos ellos podrían aplicarse tanto al Cristianismo como a las religiones anteriores, con lo cual en este caso no debemos hablar de ruptura sino de continuidad a pesar de los cambios.
La principal conclusión que podemos extraer de estos puntos, es que la religión, lejos de ser la mera combinación entre un mito y un rito, es la base de todo un sistema cultural y cosmovisión completos, que determina y articula la vida de las comunidades humanas a muchos niveles.

No deja de ser curioso como en el caso español, se puede observar una fuerte conexión entre la evolución de los sistemas religiosos y la paulatina conformación de una Nación: La unificación religiosa, fue unida a la unificación étnica y a la definitiva configuración de una Nación española propiamente dicha.
1.     Con las tribus pre-romanas, a pesar de la existencia de un tronco religioso común, cada comunidad practicaba sus propios ritos particulares que eran claves para el mantenimiento de su cohesión y demarcación como tribus independientes. Existía, por ende, un enorme mosaico de comunidades tribales independientes cada una de las cuales poseía ritos y estructuras religiosas propias, a pesar de que es posible rastrear numerosos elementos comunes.
2.     La llegada y posterior expansión del Cristianismo, fue unida a la paulatina cohesión de los habitantes de la Península ibérica al calor de la Romanización. Los futuros españoles empezaron a estar ligados por diferentes lazos tales como la lengua o la cultura latina, pero también por la nueva y pujante religión llegada de Oriente que se expandió rápidamente por la Piel del toro.
3.     Por última, la conversión de Recaredo supone el fin de la fragmentación entre arrianos y católicos, siendo además el colofón a la unión hispano-goda que venía fraguándose desde décadas atrás. La paulatina adopción por parte de los visigodos de la cultura hispano-romana tiene como su hito definitivo la conversión a la fe de Roma.
Habiendo aportado ya los elementos más importantes que se encuentran en torno a una religión y que van más allá del simple mito y del rito, vamos a analizar por separado diferentes casos históricos en los que comprobaremos como algunas veces la religión puede funcionar como un factor unificador y en otros, como disolvente, de estructuras o comunidades de tipo nacional.

2) Religión como factor aglutinador: el caso griego y la Reconquista
Para acabar de aclarar que los puntos recogidos son aplicables a las religiones paganas pre-cristianas y destacar el papel potenciador que puede jugar la religión en favor de la conformación de una Nación, vamos a profundizar brevemente en el caso de la religión griega, por ser ésta especialmente conocida y, además, por haber sido la civilización helenística la semilla de Occidente.
El hablar de la Grecia antigua, si bien es una expresión correcta, puede llevar a equívocos, en tanto que nunca hubo unidad en el sentido político hasta que fueron conquistados por Filipo II, rey de Macedonia y padre del célebre Alejandro Magno.
La tan aclamada (Y con razón) civilización helenística, se componía, políticamente,
de diversas ciudades-estado que, aun a pesar de compartir numerosos elementos comunes, eran independientes y pugnaban constantemente entre sí por la primacía tanto en tierra como en los mares.
Los conatos de unidad que se produjeron fueron impulsados por el puro instinto de supervivencia ante el empuje del Imperio persa que por dos veces invadió Grecia. En aquella ocasión es cuando más claramente pudimos ver una ‘unidad griega’.
Sin embargo, a pesar de esta fragmentación, poseían importantes elementos comunes de los que eran plenamente conscientes todos ellos, lo que, para mí, nos permite hablar de una nación griega en época antigua, o, al menos, de una proto-nación.
Recuperemos la definición de Nación de Identidad española para acabar de aclarar ésto:
>> Idea de pertenencia a un grupo, compartida por una comunidad de personas unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al control de manera excluyente de un territorio, tratando de dotarse de estructuras estatales propias y tienen, normalmente, referentes histórico-míticos en los que se legitiman. << (Más sobre la teoría en torno a la Nación

De esta definición que usualmente utilizamos, el único punto con el que no cumplía la Antigua Grecia, era en el intento de constituir un estado propio, ya que cada ciudad era bastante celosa de mantener su independencia. Existirían algunas excepciones como por ejemplos la de los sofistas, que planteaban la unión de la Hélade en un único estado (Panhelenismo)
Todos los habitantes de la península griega se consideraban a sí mismos griegos e
identificaban a los demás como tal, se percibían como diferentes a los bárbaros del norte y a los orientales del este, eran conscientes de los numerosos lazos que unían a las diferentes estructuras políticas y, además los reivindicaban. Consideraban el territorio griego como propio, y lo defendieron unidos varias veces; y, desde luego, estaban dotados de una base religiosa común que, a pesar de que los ritos de una ciudad a otra variasen, eran compartidos en lo fundamental por todos los griegos. Además de en posibles agresiones externas, los griegos también estaban unidos en diferentes ocasiones que permitían fortalecer esa identidad helena que superaba las diferencias políticas. 
Cabría destacar algunos ritos religiosos y/o deportivos comunes, como las Olimpiadas:
Así, existían peregrinaciones desde todos los puntos de Grecia hacia ciertos enclaves
considerados sagrados por todos ellos, como el ya citado Oráculo de Delfos, donde se realizaban adivinaciones, o el templo de Asclepio, donde viajaban enfermos en busca de una cura milagrosa (¿No nos recuerda a lugares actuales como Lourdes?) Las propias Olimpiadas tenían un importante componente religioso, celebrándose ceremonias en el templo de Zeus en Olimpia.
A pesar de que cada ciudad tenía su propio clero y sus propios ritos, que además eran de obligado cumplimiento para toda la ciudadanía, la base religiosa común fue uno de los elementos de unión más importantes de toda la Grecia clásica que, de hecho, nos permiten hablar de aquella civilización como una ‘’unidad’’ a pesar de la fragmentación política.

Por hacer una comparativa tal vez más cercana, el caso griego es similar al español durante la Reconquista: Existían diferentes reinos, pero todos ellos eran conscientes
de su unidad, sus elementos comunes, sus lazos de unión, poseían el objetivo político-religioso común de combatir a los poderes islámicos, y poseían una religión y unos referentes histórico-míticos (Reino perdido godo y cristiano) compartidos.
Sin esa base fundamental, habría sido imposible que, contra todo pronóstico, las fuerzas centrípetas adquiriesen preeminencia y se produjese la unión política de aquellos reinos españoles diversos al final de la Edad media.
La principal diferencia radicaría en que, a pesar de que los reinos y las élites aristocráticas hispanas también eran bastante celosas en lo que a su independencia se refería, la concepción de un Estado unitario siempre estuvo presente en los proyectos reconquistadores, cosa que no sucedía con tanta fuerza en la Grecia clásica.

3) Religión como factor disolvente: El precario equilibrio entre política y religión.
Hasta ahora hemos visto como la religión es un factor de cohesión y de ‘’apoyo’’ en lo que respecta a una estructura o comunidad nacional. Sin embargo, la enorme importancia que ha tenido y tiene la religión para los grupos humanos, también puede hacer que se convierta en un factor de disolución, que impida la formación de naciones o que disuelva las ya existentes. En ese sentido, puede convertirse en un arma de doble filo.
Se estudiamos mínimamente la Historia de Europa podemos encontrar numerosos conflictos y pleitos entre los poderes estatales y los religiosos, lo que llevó a la
proclamación de los anti-papas o directamente a los cismas. Estos fenómenos se dieron especialmente en Occidente, donde el poder religioso y político gozaban de igualdad teórica
En Bizancio, al contrario, el Emperador (Basileus) gozaban de superioridad sobre los patriarcas ortodoxos, y en el mundo islámico, ni siquiera existía la diferencia entre ambos poderes, encarnados ambos en la figura del Califa.
Tal vez el ejemplo más claro que tengamos del poder disolutorio de la religión dentro de las naciones, sean las guerras de religión que siguieron a la Revolución
protestante en época moderna: Naciones históricas como Alemania, se desangraron en un conflicto que amenazó en sus momento con disolver la gigantesca estructura del Sacro Imperio Romano Germánico.
Hay que puntualizar que la religión no fue el único detonante: Existía ya una larguísima tradición medieval previa de enfrentamiento entre el Imperio y el Papado por cuestiones más políticas que religiosas. Básicamente, la larga pugna venía provocada por ver quién poseía más autoridad, en tanto que ambas figuras, el emperador y el Papa, se consideraban ambos herederos del poder imperial de la extinta Roma. En este punto conviene aclarar que una cosa es el enfrentamiento estrictamente político entre las instituciones religiosas y las políticas por cuestiones de poder y soberanía, y otra la propagación de religiones diferentes que es lo realmente peligroso para una Nación.
La extensión de las nuevas corrientes religiosas no llevó a la fragmentación de Alemania, lo que nos demuestra la existencia de una fuerte base nacional previa, pero sí lo hizo en los Países Bajos que a día de hoy continúan conformando dos naciones independientes (Holanda y Bélgica). Lo mismo puede decirse de lo ocurrido
.
en las Islas británicas, donde las diferencias entre anglicanos y católicos ha sido uno de los principales elementos que explican los durísimos enfrentamientos entre irlandeses de los que luego diremos dos palabras.
Como ya hemos aclarado, la religión va mucho más allá de una mera combinación entre un mito y un rito: Sobre ella se sostiene todo un sistema cultural completo, lo que puede provocar que dos pueblos puedan acabar conformando dos naciones independientes, al estar cada uno de ellos ligado a un sistema cultural independiente.
En los ejemplos europeos citados, los efectos de los cismas religiosos fueron limitados, debido a que existía una fuerte tradición de unidad desde antes de la época medieval y al establecerse las diferencias entre corrientes que permanecieron, en definitiva, en el seno del Cristianismo. Por otro lado, los procesos de secularización a partir del siglo XVIII permitieron mitigar aún más las tensiones por cuestiones religiosas, aunque no siempre tal como podemos ver en el caso citado de Irlanda, donde ‘’lo anglicano’’ se identifica normalmente con un espíritu de ‘’colaboración con el invasor inglés’’.
Si nos traslados a zonas fuera de Europa podemos observar como es la religión el elemento determinante a la hora de diferenciar a las comunidades humanas, llegando a existir naciones diversas dentro de un mismo Estado: Éste fenómeno es evidente en
Oriente medio, donde cristianos, musulmanes y judíos constituyen, realmente, comunidades independientes, a pesar de estar bajo una misma administración estatal. Lo mismo podría decirse de las comunidades hindúes o islámicas del Indostán.
Para cerrar este punto me gustaría recalcar la idea fundamental: La religión sostiene sobre sí un sistema cultural completo, lo que puede provocar que, si dos comunidades humanas se adhieren a diferentes religiones, acaben conformando naciones o al menos comunidades diversas e independientes, fruto de que poseen ese sistema cultural diferente.
Evidentemente, este fenómeno es más potente cuanto más difieran las religiones entre sí y cuanto más se perpetúen en el tiempo las diferencias.

Parece ser que los monarcas de la dinastía de los Austrias sabían perfectamente lo que hacían cuando combatieron sin cuartel cualquier tipo de introducción del Protestantismo en suelo español, acciones que no pueden explicarse simplemente aludiendo al fanatismo tan explotado por la Leyenda Negra: Es una constante en épocas medieval y moderna la búsqueda por parte de los estados de la homogeneidad religiosa en sus territorios. De hecho, la cuestión religiosa en Alemania se solucionó con el famoso Cuius regio, ius religio (Cada Rey, con su religión)

4) Catolicismo como elemento cohesionador de España y la cuestión de la Conversión de Recaredo
Teniendo claros todos los puntos anteriores, llegamos al caso español. En nuestro país, se puede hablar de una preeminencia casi indiscutible del Catolicismo desde prácticamente la propia Cristianización de la Península Ibérica: Las creencias paganas y las diversas herejías apenas tuvieron calado en el país en comparación con los tremendos pleitos que se produjeron sobre todo en el Oriente durante la Tardoantigüedad. Las principales excepciones las tendríamos con el Priscilianismo, condenado ya en el siglo V y de corta vida; y el Arrianismo, cuya importancia radicaba especialmente en que era la fe de las élites visigodas que gobernaban el país, pero que, realmente, nunca influyó de manera notable sobre la mayoría de la población, hispana y católica. (Leogivildo trató de convertir a toda la población de la Península al Arrianismo, sin éxito)
Dicho esto, conviene detenerse en la tan citada conversión de Recaredo (589 d.c.),
considerada por los nacional-católicos el ''nacimiento de España''. Es imposible negar que, evidentemente, tuvo relevancia y es un hito clave, sin embargo, creo que debe ser ostensiblemente minimizado: Los visigodos desde su llegada al sur de Francia habían comenzado un proceso de aculturación en las formas y modos romanos, evolución que continuó después con aun más fuerza tras la proclamación del Reino de Toledo (Leer más sobre la importancia de los visigodos en el nacimiento de España)
La permisión del matrimonio mixto, la unificación de los sistemas legales o de los procesos judiciales, fueron otros hitos que en mi opinión pueden ponerse a la altura de la conversión de Recaredo y de los nobles visigodos al Catolicismo. De hecho, fueron los lazos matrimoniales mixtos los que a la larga permitirían hablar de una única comunidad con una cultura más o menos homogénea ¿Puede haber una mayor fuerza
de unión que el traer al mundo a una nueva generación de individuos cuyos progenitores fuesen representantes de ambas poblaciones? 
Esa fue la vía mas potente y más rápida en la conformación de una comunidad española, y, en definitiva, de una Nación.
Finalmente, la Conversión, de enorme relevancia cosa que nadie duda, puede situarse como el último gran hito en el largo proceso de unión hispano-godo, relevante además porque los Concilios celebrados comenzaron a legislar la vida de ambos pueblos.

Tras la invasión mahometana y la conquista de España, conviene escribir unas líneas sobre la ReconquistaAquel prolongado proyecto, puede explicarse como un proceso doble: Por un lado, político-militar, de recuperación del Reino godo perdido; y por otro, religioso, buscando devolver a aquellas tierras al seno de la Cristiandad. Ambos pilares no deben entender como procesos independientes, sino complementarios.
En ese sentido, la religión cristiana jugaría un papel fundamental durante los siglos de constante batallar contra las fuerzas mahometanas, inspirados por el mismo ideal de Cruzada que en el resto de Europa impulsaría los ataques sobre lo que hoy es el Próximo oriente.
Como ya he adelantado, los monarcas españoles de los siglos medievales pusieron especial atención en mantener la ortodoxia religiosa en sus territorios. Tanto es así,
que la tan aludida convivencia entre judíos, cristianos y musulmanes jamás fue tal: Cada comunidad vivía en espacios cerrados y sin apenas filtraciones del exterior, situación impuesta por la ley y por la costumbre. En lo fundamental, la España de las Tres culturas es un mito ya desmontado hace décadas por la historiografía, pero recuperado en épocas recientes como referente histórico del actual multiculturalismo.
En esa misma línea actuarían, por ejemplo, Felipe II y Felipe III con sus guerras en el continente, con la persecución del protestantismo dentro de las fronteras españolas o con la expulsión de los moriscos. Lo mismo podría decirse de los Reyes Católicos, con medidas como la expulsión de los judíos y musulmanes no conversos: 
Ya en aquella época eran conscientes de que la religión no era simplemente la unión entre el mito y el rito, sino que sobre ella se sostenían sistemas culturales y cosmovisiones independientes y que, como en los casos citados, podían llegar a ser antagónicas, pudiendo provocar problemas internos graves. Más si cabe cuando el pujante Imperio otomano, amenazaba con valerse de los moriscos como quinta columna.
Independientemente de las creencias de cada uno, es innegable, como hemos podido
ver, el enorme peso del Catolicismo en la Historia de España: Desde su implantación, apenas sufrió el embate inicial de las herejías del Priscilianismo y del Arrianismo, fue uno de los vínculos de unión entre visigodos e hispanos, importante motor de la Reconquista y, tras la culminación de ésta, la Monarquía tuvo especial celo de mantener la ortodoxia, objetivo que en lo fundamental se logró, evitando las enormes convulsiones que se produjeron en época moderna al otro lado de los Pirineos.
Con lo cual, podemos decir que, en el caso español, el Cristianismo funcionó como un factor cohesionador de la comunidad nacional española. La situación religiosa, por darle un nombre, fue mucho menos convulsa que en el continente, azotado por conflictos como los ya explicados de Irlanda o Alemania, donde las diferencias religiosas, con los diferentes sistemas culturales ligados a ellas, amenazaron con fragmentar las naciones existentes.

5) Conclusiones y reflexiones finales
A lo largo de este texto hemos llegado a establecer una serie de principios básicos que deben ser tenidos muy en cuenta a lo hora de analizar la influencia de la religión sobre la nación, y al aplicar la teoría al caso patrio:
-         La religión trasciende la simple unión del mito y el rito, llegando a constituirse sobre ella sistemas culturales complejos.
-         Dada la enorme importancia de la que ha gozado la Religión a lo largo de la Historia, ésta influye notablemente sobre las comunidades humanas en las que se desarrolla, pudiendo funcionar como potenciador de la unidad nacional de esas gentes o como disolvente.
-         En el caso español, se puede decir que el Catolicismo funcionó como potenciador de la unidad nacional, especialmente en momentos de fragmentación política como fue el caso de la Reconquista.
-         Relacionado con el punto anterior, la Conversión de Recaredo (589 d.c.), principal hito reivindicado por el Nacional-catolicismo, debe insertarse dentro del largo proceso de aculturación que experimentaron los visigodos desde prácticamente su entrada dentro de los límites imperiales y especialmente desde su definitiva instalación en el suelo peninsular.
En ese sentido, considero que el nacimiento de España como Nación se produce a lo largo de una evolución prolongada, y no tanto a partir de un hecho histórico concreto que no puede ni debe entenderse como independiente de otros logros conseguidos en las décadas precedentes.



  

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-Pero, ¿Qué es la nación?

-Serie Orígenes de España:

  o Las tribus pre-romanas
  o La Romanización
  o La España visigoda
  o La Reconquista 

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Comentarios

  1. Mucho se ha subestimado la religión en comparación con otros factores como la lengua. Ahí tenemos a los serbios y croatas que, hablando el mismo idioma prácticamente, no se pueden ni ver desde hace décadas, entre otras cosas, por diferencias religiosas.

    Gran artículo, como siempre.

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    1. Efectivamente, el caso de los Balcanes es otro paradigmático que se me olvidó mencionar pero que refleja perfectamente la cuestión: Sobre la religión se sostienen sistemas culturales completos, que en caso de diferir, puede llevar a fracturas irreconciliables.
      Además, en el ejemplo que cita se sumó, en el pasado, la injerencia de potencias externas: El católico Imperio austrohúngaro, el ortodoxo Imperio ruso y el musulmán Imperio otomano, para echar más leña al fuego.

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