EL EURO-PALETISMO


Uno de los problemas más graves, más curiosos y más extendidos entre los españoles de nuestro tiempo es sin duda el de la endofobia: El español es un pueblo que se odia a sí mismo. Este extraño fenómeno, que dudo que se de con semejante potencia en otros pueblos, se ha producido por la asimilación en nuestro fuero interno de la Leyenda negra: De lo español, nada puede sacarse ya que nuestra gente estaría afectada, según esta concepción, por una serie de taras que impiden nuestro normal desarrollo. Además, y en conexión con lo anterior, nuestra nación habría sido protagonista de lo que Ortega y Gasset definió como una Historia enferma.
Esta cosmovisión basada en el auto-odio es sobradamente conocida, y además le dedicamos un artículo específico hace unos meses (Leer artículo sobre la Leyenda negra) Es por ello que hoy me gustaría hablar de un fenómeno hermano de la Leyenda negra, pero que está bastante menos desarrollado y es menos conocido: El Euro-paletismo.
El propio Ortega también lo definió en su día: España es el problema, Europa la solución. Esta cita es posiblemente la que mejor refleje tanto la endofobia española como el euro-paletismo: España es presentada como un problema histórico, que tan solo puede resolverse a partir de la asimilación a Europa.

Y es que, sobre estos dos pilares, sigue sosteniéndose gran parte del pensamiento político de nuestro país: Aquellos que con tintes más negros reflejan la historia y naturaleza de España, son también los más fervientes defensores de la supuesta ‘’europeización’’.
Llegados a este punto, podemos ya decir que Euro-paletismo e hispanofobia son dos fenómenos que necesariamente están relacionados y que, de hecho, se retroalimentan: Si las formas de vida, tradiciones e historia de España son despreciables, es evidente que debemos buscar otras bases y referentes sobre los que sostener nuestra experiencia vital, y éstos solo pueden provenir de nuestros vecinos europeos.
Del mismo modo, si el resto de países europeos son superiores a nosotros, es porque nuestra cultura es inferior a la de éstos, y nuestros modos de vida ineficaces en comparación con los de los tan civilizados alemanes, británicos o franceses.
El combatir la Leyenda negra, por tanto, debe ir unido a la lucha contra el Euro-paletismo, dados los fuertes vínculos existentes entre ambos fenómenos que llegan a hacer difícil el distinguir uno de otro.
Para comprender enteramente la estructura y naturaleza del Euro-paletismo, pasemos a analizar los orígenes intelectuales del mismo, así como su rigurosa actualidad.

Orígenes intelectuales del Euro-paletismo
Como ya he adelantado, Hispanofobia y Euro-paletismo van de la mano, y esto se puede ver al analizar sus orígenes: Los integrantes del Regeneracionismo, además de ser los encargados de ‘’interiorizar la Leyenda negra’’- ésto es, introducir esas concepciones en el propio espíritu de nuestro pueblo- también son los iniciadores de esta corriente de pensamiento basada en la admiración beatífica por nuestros vecinos transpirenaicos: 
Para esta generación de intelectuales, la tan aclamada –y poca definida- ‘’regeneración’’, pasaba por el abandono de las formas de vida y tradiciones españolas, de las que nada bueno podía sacarse, sustituyéndolas por las vanguardias europeas del momento. Haciendo esto, España abandonaría su posición de potencia de segunda fila a la que había quedado relegada tras la invasión napoleónica de inicios del siglo XIX y aún más claramente tras el Desastre del 98.
Si bien es cierto que dentro del Regeneracionismo cada autor tenía su proyecto particular, imperó en casi todos ellos ese deseo de asimilación grosera y forzada a las formas europeas, despreciando por entero las bases sobre las que la historia de España se había desarrollado hasta ese momento.
No deja de ser curioso como aquellos autores, que supuestamente tanto debían conocer sobre la Europa del momento, fueron incapaces de prever ni siquiera mínimamente que
las naciones del continente avanzaban hacia una de las mayores conflagraciones bélicas de la historia, que posteriormente conoceríamos como la Gran Guerra. Eso sí, una vez estallado el conflicto, buscaron con ahínco que España participase en semejante carnicería.
Azaña, por ejemplo, defendía la alianza con Alemania debido a su Germanofilia. Otros, como Ortega, más cercano al modelo inglés, planteaban la alianza con el Imperio británico.
Las posturas de estos autores ante una guerra en la que a España nada se le había perdido, son el perfecto exponente de su pensamiento: El papel de España es el de país satélite que ha de ir detrás de las grandes potencias y a las que debe, en definitiva, asimilarse. La cuestión de la Primera Guerra mundial no es más que un simple ejemplo, pero sirve para reflejar la visión que estos autores tenían de España y del papel que debía jugar en la política internacional de aquellos años.
Como ya he adelantado, dentro del Regeneracionismo existían tantos proyectos como autores, si bien es cierto que en su mayoría fueron críticos virulentos de la Restauración: Finalmente, su ‘’triunfo político’’ sería, curiosamente, la proclamación de la II República, que habría de ser el régimen de asimilación con
Europa y de modernización. Aquel nuevo sistema era, al menos en sus inicios, considerado el régimen de los intelectuales. Su final nos es bien conocido, lo que no suele tenerse en cuenta es que acabaron diciendo del régimen republicano y de las fuerzas del Frente Popular aquellos autores: Los intelectuales que no acabaron militando en el Socialismo, terminaron echando pestes de la República y, por supuesto, también de las fuerzas izquierdistas revolucionarias del Frente popular.
La llegada del Franquismo puede considerarse el final del Regeneracionismo como movimiento político-intelectual: La escisión entre los que abrazaron el Socialismo y los que no, la ‘’reconciliación’’ de algunos intelectuales con el Régimen y el propio desarrollo económico vivido en España, marcaron el ocaso de la que fue llamada la Revolución de los intelectuales.

Sin embargo, el Euro-paletismo no desapareció junto con el movimiento regeneracionista, sino que reapareció con vigor en los años de la Transición: España había gozado de una independencia económica notable y se había mantenido al margen de numerosas corrientes culturales de la Europa del momento nacidas muchas de ellas del nocivo Mayo del 68.
La caída del Régimen y posterior instauración de la Democracia no trajo consigo únicamente cambios políticos, sino también culturales: Las vanguardias que en aquel
momento florecían en Europa, semilla de la actual Posmodernidad, entraron en el país como una riada, contenida hasta entonces por los diques del régimen que acababa de fenecer. Una gran parte de la nueva clase política (Aunque muchos de sus integrantes proviniesen del Franquismo) comenzó a proclamar las bondades de la europeización, concepto no solo político sino también cultural como acabo de explicar, objetivo que había de lograrse a través de una asimilación con nuestros vecinos. El famoso Spain is different, reclamo turístico durante los 60 y los 70, se entendía ya con claras connotaciones negativas.
Desde esos primeros años en democracia ya se puede percibir claramente la deriva euro-paleta de todos nuestros políticos, situación que se ha mantenido hasta hoy día, y que inspiró acciones políticas como poco cuestionable tales como la entrada en la CEE o en la OTAN, decisiones que, personalmente, considerado que se tomaron más por cuestiones propagandísticas y de tipo cultural –tratando de trasladar la impresión de que España era ya ‘’uno más’’ dentro de Europa- que por necesidades reales del país.
El señor Alfonso Guerra, miembro del PSOE, sintetizó perfectamente las políticas euro-paletas de aquellos años en una cita célebre más actual que las de Ortega, pero que viene a reflejar una misma idea: Vamos a dejar a España que no la va a reconocer ni la madre que la parió.
Así es como el euro-paletismo llega a nuestros días, así que pasemos a analizar su actualidad con mayor profundidad.

Actualidad del Euro-paletismo: Entre las élites y las bases populares
-Euro-paletismo como base del pensamiento político actual
Lo interesante de analizar los orígenes de toda esta corriente de pensamiento, no radica únicamente en su importancia histórica, sino que también es destacable por estar plenamente vigente: El rechazo a lo español y la absoluta exaltación de lo europeo, es la base del pensamiento político de todas las élites que actualmente ocupan las butacas del Congreso, desde los separatistas, hasta la derecha de Ciudadanos y el Partido popular.
Ahí tenemos a los independentistas catalanes que vienen dibujando desde hace casi un siglo con tintas totalmente negras a España, mientras que mantienen la admiración
paleta por lo europeo: Buscan la secesión, pero permaneciendo en la Unión europea. El peso de este fenómeno es tal, que incluso veneran a la vecina Francia, el país "centralista" por excelencia. Entienden la ruptura como el paso previo y necesario para la asimilación a Europa, siendo España un lastre para alcanzar tal meta.
En ese sentido no debemos hablar y estudiar este movimiento como propio de un grupo de intelectuales del pasado siglo, sino como la base doctrinal de toda la actual política nacional e incluso regional.
Otro ejemplo evidente es el de Podemos, un partido que por su naturaleza debería ser
crítico con la Unión europea pero que, paradójicamente, algunos de sus altos cargos lamentaron de manera oficial el Brexit o incluso sostienen que su modelo es el de las democracias nórdicas, dónde gozan de un capitalismo mucho más liberal que el nuestro.
Estas contradicciones apenas tienen importancia en el seno de las fuerzas afectadas por el euro-paletismo: La europeización adquiere tanto peso y llega a ser considerada tan beneficiosa, hasta puntos cuasi religiosos, que hace que las contradicciones pasen a segundo o a un tercer plano, bien por detrás de la admiración paleta por este auténtico becerro de oro.

-¿Europa o la Unión europea?
Por profundizar más en el euro-paletismo actual, conviene aclarar que posee una característica que le diferencia del de los inicios del pasado siglo: 
Los regeneracionistas sostenían, dependiendo del autor, que debíamos imitar a tal o cual potencia; pero los actuales euro-paletos sostienen que lo que debemos hacer es disolvernos en la Unión europea
Esta institución supranacional es la pieza clave del vigente euro-paletismo, y el destino político a alcanzar, la creación de un Estado europeo que fagocite a las naciones históricas.
Nuestros políticos actuales, sin embargo, sí que están afectados por una de las mismas taras que los regeneracionistas del siglo XX: Apelan constantemente a la Europeidad, pero no tienen ni la menor idea de lo que es Europa.
Existen terribles dificultades para diferenciar a Europa, como concepto cultural,
histórico y como civilización; con la Unión europea, una suerte de imperio de burócratas que, a costa de dinamitar la soberanía de las naciones históricas, está socavando las bases mismas de Europa.
Con la entrada de España en la CEE (1985) muchos celebraban ¡España ya está en Europa!, como si hasta ese momento nos hubiésemos mantenido en una especie de limbo ajeno a todo lo que ocurría a nuestro alrededor. Nada más lejos de la realidad: España ha estado en Europa desde la misma conformación de dicha civilización, y de hecho fue España la que la exportó más allá de los océanos conocidos.
He aquí el porqué del término paletismo: Se exalta continuamente la europeidad, cuando ni siquiera se tiene claro que significa el palabro, y que lleva a la simple identificación entre Europa y la Unión europea, términos que podemos establecer como contrarios y antagónicos.
La admiración es por tanto paleta, en tanto que muchos se dejan deslumbrar por las luces, sin entender las bases y desarrollo de los modelos que se pretenden imitar.
Este desconocimiento no es ni muchos menos inocente, sino tremendamente peligroso, tal como podemos comprobar al analizar las políticas que están llevando a cabo inspirados por él y que ya han sido explicadas más arriba.

-Euro-paletismo dentro de la cultura popular
Lo verdaderamente grave del euro-paletismo, tal como como ocurre con la Leyenda negra, es que ha sido asimilado por la población: No es un pensamiento que inspire a
unas élites políticas desconectadas del Pueblo, sino que ha calado entre las bases mismas de la población. Es parte ya, desgraciadamente, de la cultura popular.
Es muy habitual utilizar como argumento de autoridad intelectual expresiones tales como Es que yo he estado en París y Londres y; ¡Pero qué vergüenza que nuestro presidente no hable inglés! o ¡Esto solo pasa en España!
Estos ejemplos, bastantes simples, no buscan más que reflejar que esta cosmovisión de España como país satélite que más rápido o más despacio debe asimilarse a las potencias externas está totalmente normalizada e interiorizada, siendo incluso difícil el mostrar a alguien su existencia y naturaleza.
Otro ejemplo claro es como España fue uno de los países que más fervientemente
.
apoyaron el 'Si' en el Referéndum sobre la instauración de una Constitución europea que, de haberse llevado a término, habría hecho que la Unión europea fuese ya, de iure, prácticamente un estado supranacional.
Es por todo ello que como ya he comentado otras veces, nuestros esfuerzos deben encaminarse no tanto a la política, sino a la cultura: Es imprescindible diluir tanto el auto-odio español como la admiración, un tanto grotesca, de lo foráneo.
Ojo, conviene puntualizar aquí que no afirmo en estas líneas que no haya elementos de admiración en nuestros vecinos y que, de hecho, formamos parte de una civilización común. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los avances de, por ejemplo, alemanes o británicos desde el siglo XVIII, no se realizaron previa renuncia a sus tradiciones y formas de vida. Más bien al contrario: A partir de éstas y reivindicándolas.
Si bien es deseable la inclusión de mejoras y novedades llegadas desde otros puntos del Occidente, fenómeno que además se ha venido produciendo desde siempre históricamente y de manera natural, éstas deben adaptarse al contexto patrio y no debe bajo ningún concepto hacerse tábula rasa de nuestra historia, como pretendían los regeneracionistas o como están tratando de hacer nuestros políticos actuales.

Euro-paletismo entre los patriotas
La popularización del Euro-paletismo, esto es la asimilación a nivel popular del fenómeno ya explicado, ha hecho que el problema alcance incluso a individuos que, paradójicamente, se autodenominan como patriotas.
En esta gente, la aparente defensa de España esconde en realidad no pocas dosis de pensamiento Negrolegendario junto con su correspondiente admiración paleta por otros países que harán las veces de Mesías. Ello lleva al desarrollo de proyectos políticos para ‘’salvar a España’’ que pasan básicamente por la búsqueda de una nueva potencia a la que rendir la nación, previa idealización de dicho país para justificar la sumisión.
Así, viene desarrollándose publicaciones y artículos que buscan en definitiva la
proclamación de auténticos santos laicos a los que debemos seguir para salvar España. En definitiva, tal pensamiento no sería más que la enésima muestra de euro-paletismo, ya que en España no pueden hallarse las fuerzas necesarias para su salvación, con lo cual es necesario mirar ''hacia fuera''.
Este pensamiento también sirve para condenar hechos de la historia de España en los que, según esta visión, debíamos haber apoyado a enemigos históricos ''por nuestro bien'': Esto es perfectamente visible con la Guerra de la Independencia, donde no son pocos los que sostienen que nos teníamos que haber entregado a Napoleón para 
lograr una supuesta modernización. El que España se hubiese convertido en un satélite de Francia, la pérdida de todos los territorios al norte del Ebro, el expolio de patrimonio cultural, las hazañas de los guerrilleros o la posterior derrota de los ejércitos franceses en el continente, parecen no importar en esta cuestión. ¡Toda sea por la modernización!
En fin, cuesta hallar diferencias entre los que sostienen que la solución a nuestros problemas es la disolución de España en la estructura burocrática de la Unión europea y los que, creyéndose una alternativa, plantean la sumisión a no sé qué potencia salvadora.
Hay que ir dándose cuenta que España, como el resto de naciones occidentales, debe salvarse a partir de sus propias fuerzas, y la creencia en un Mesías que va a sacarnos las castañas del fuego no solo es utópico, sino además también tremendamente perjudicial, ya que lleva a la inacción más letal. ¿Para qué movilizarse, esforzarse, crear contenido, tratar de despertar a la gente, … si nos va a salvar no sé qué paladín de las naciones?

Conclusiones y reflexiones finales
Sin querer extenderme más, ya que creo que el fenómeno es bien conocido por todos, recalcar nuevamente que el Euro-paletismo se encuentra fuertemente ligado a la Leyenda negra y son, en definitiva, diferentes caras de una misma moneda. La disolución de uno debe llevar, irremediablemente, a la del otro.
Conviene puntualizar que, mi rechazo al Euro-paletismo no implica que no deban adaptarse y aplicarse métodos y formas foráneas, del mismo modo que mi crítica a la Leyenda negra no implica que debamos abandonar toda auto-crítica como pueblo.
Ambas tareas, adaptación de formas externas y auto-crítica, son deseables e imprescindibles para el avance y mejora del país, pero deben llevarse a cabo de manera razonada y razonable, sin los excesos de los que presentan la europeización como la panacea que nos llevará a convertirnos en una suerte de Paraíso terrenal o los que aún siguen sosteniendo que la historia de España es anormal o enferma.
El Coloso de Goya representaba al Imperio español del siglo XVIII: Viejo, cansado, pero aun poderoso y con capacidad de resurgir

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