EL SIONISMO MÁS ALLÁ DE SUS MITOS


Uno de los temas que más se trata dentro de ciertos ambientes patriotas es, paradójicamente, el del Sionismo, movimiento "maldito" para muchos. Lo cierto es que me he preguntado muchas veces el por qué de tanto interés sobre el tema. ¿Cómo se justifica que una corriente de corte nacionalista no-
europea, despierte tanto interés entre algunos círculos patriotas en nuestro país?
Lo cierto es que se produce un fenómeno de auténtica obsesión con el judío. Si tuviese que explicarlo en unas pocas líneas, diría que existe la creencia de que los judíos son una especie de pueblo conspirador por naturaleza. Como si llevasen el maquinar oscuras tramas en la sangre. Y no queda ahí la cosa: El que sea la conspiración algo consustancial al Judío, hace que llegue a plantearse que llevan desarrollando esas actividades ocultas prácticamente ¡desde el origen de los tiempos!
Al margen de comentarios irónicos, es evidente que estos tópicos y mitos no resisten la más mínima crítica. El problema es que ésta no se ha realizado durante décadas y aquellos que han tratado de emprender la tarea, han sido tachados de mil y una etiquetas que tan solo escoden una realidad palpable: El 90% de lo que se cuenta sobre la historia del pueblo judío, tanto antes como después de la proclamación del Estado de Israel, es falso.
Si queremos construir un patriotismo serio conviene revisar todos estos tópicos para ver qué hay de cierto y de falso en ellos, porque lo cierto es que a pesar de que el movimiento sionista ha inspirado infinidad de publicaciones (ya sean de corte
patriota o no), sigue siendo un tremendo desconocido. Y digo más, a cada publicación sobre el tema no le ha siguido una clarificación de la cuestión ni un mayor acercamiento a la verdad, sino más bien todo lo contrario: Ha aumenta el desconcierto, los mitos y la confusión al respecto.
Para tratar de zanjar y aclarar no pocos puntos sobre este tema, escribo estas líneas. Soy perfectamente consciente de que me pueden llegar críticas dada la absoluta obsesión que existe en torno a los temas hebreos y la obstinación en mantener sus mitos.
Sin embargo, considero fundamental el tratar esta cuestión ya que puede evitar que muchas personas caigan en mitificaciones simples y en explicaciones de la realidad basadas en mitos que no solo nos sumergen en el error, sino que nos llevan a no comprender la realidad, al observar y analizar ésta desde un enfoque falso de origen: El creer que todos los problemas de Occidente tienen un origen judaico provoca, en definitiva, la incapacidad de resolverlos, al partir de un diagnóstico erróneo de dichos males.
En vez de ir desmontando uno por uno los mitos en torno al judío, he optado por realizar una breve síntesis de lo que ha sido la historia del Sionismo, en tanto que su comprensión es absolutamente fundamental para ir separando el grano de la paja. Tal vez en un futuro artículo recoja dichos mitos, pero por ahora analizaremos la evolución de las poblaciones judías en Europa y el posterior desarrollo del Sionismo como movimiento político e intelectual.

Unas cuestiones previas
Lo primero que tendríamos que hacer es acotar nuestro objeto de estudio, es decir, definir que es el Sionismo. En pocas palabras se puede definir como el movimiento político de corte nacionalista judío que defiende la posesión de una serie de territorios en la zona del Oriente medio. Hasta aquí todo normal: Como todo movimiento nacionalista, se plantea el control de un territorio particular. (Enlace al artículo Pero, ¿Qué es una nación?) Sin embargo, simplemente con definir el término, ya permite disolver uno de los grandes mitos: El Sionismo no es un movimiento secreto de élites judías tratando de dominar el Mundo.
Explicado ésto, profundicemos ahora en sus características principales y su evolución.
No deja de ser curioso, como vamos a ir viendo a lo largo del artículo, que se puedan establecer poderosos paralelismos entre el Sionismo y numerosos movimientos culturales y políticos de la Europa de los siglos XIX y XX con los que convivió. En definitiva, absorbió gran cantidad de elementos del entorno en el que se desarrolló, que no fue otro que el europeo.

Los judíos en Europa y el Proto-sionismo
El origen de la dispersión de los judíos por el mundo mediterráneo, y posteriormente por toda Europa, se remonta a épocas anteriores a la destrucción de Judea y del templo por parte de las legiones romanas (70 d.c.) Las sucesivas invasiones de los territorios
hebreos por parte de diferentes imperios (Egipto, Babilonia, el Imperio asirio, Persia, el Imperio alejandrino, Roma, …) había provocado la paulatina dispersión de este pueblo por los principales núcleos del Mare Nostrum. Esa idea romántica de los judíos embarcando masivamente tras la destrucción del templo en los inicios de la Era cristiana es en lo fundamental un mito, habiéndose desarrollado la Diáspora de manera más paulatina a lo largo de siglos y no de manera repentina.
Para cuando Roma cae, ya hay importantes núcleos de judíos esparcidos por el territorio del ya desmoronado Imperio. En aquel contexto de dispersión geográfica y convivencia con muy diferentes pueblos, los judíos tan solo mantienen una identidad común a partir de la conservación de su religión:
Las diferentes comunidades, aunque unidas en la fe y en la tradición, desarrollaron importantes particularismos regionales y nacionales, en especial en lo referente a la lengua hablada por cada una de ellas. En este punto conviene señalar que la religión judía es de corte nacional, es decir, trata de circunscribirse únicamente al pueblo judío, y no posee la dosis de universalismo que tienen por ejemplo el Cristianismo o el Islam.
Es en esta época cuando comienzan las tan famosas expulsiones y persecuciones por todo el Viejo mundo. Tal como ya he explicado en otros textos, estos enfrentamientos se desarrollaron debido a los naturales roces y tiranteces que surgen entre dos poblaciones diferentes compartiendo un mismo territorio, fenómeno que continúa produciéndose a día de hoy y del que hay numerosísimos ejemplos (Comentario del documental Farmlands)
Es importante reseñar que las persecuciones podían llegar a debilitar a las comunidades judías, pero no su identidad. De hecho, era justamente, al contrario: El
sentirse rechazados por los diferentes pueblos europeos provocaba el fortalecimiento y mantenimiento de su propia cosmovisión y ethos particular.
Ya desde tiempos medievales se pueden rastrear dos principios fundamentales que determinarían al pueblo judío en época contemporánea: Una identidad hebrea de carácter trasnacional que unía a todas las comunidades asentadas en Europa independientemente del país concreto y el deseo de regresar a la Tierra prometida en gran medida basada en sus Textos sagrados.
Estos dos elementos deben ser tenidos muy en cuenta: En el siglo XIX no se crea una identidad judía perdida en la Diáspora, sino que simplemente esa identidad, que era pre-existente, se articula en base a preceptos de la época como eran el Nacionalismo o el Liberalismo.
En ese sentido, los judíos siguen el mismo camino que el resto de pueblos europeos: Las naciones europeas tradicionales existían antes de la llegada del Liberalismo pero, tras el triunfo de éste, pasan a ser el elemento clave sobre el que recae la soberanía y la filosofía política de los Estados.
Del primer elemento, identidad judía trasnacional, tenemos un claro referente en
España con Benjamín de Tudela, un importante viajero medieval que realizó un periplo por el mundo conocido para registrar las diferentes comunidades judías que existían y sus condiciones de vida.
El contexto generalizado de rechazo por parte de los europeos, identidad judía trasnacional basada en la religión y el deseo de regresar a Palestina se mantiene durante toda la Edad media y moderna, y es la base fundamental para el desarrollo del Sionismo durante época contemporánea.
Podemos concluir este apartado diciendo que el Sionismo no es un movimiento que surja de la nada, sino que posee profundas raíces históricas que llegan hasta los orígenes mismos de la Diáspora en Europa.

Siglo XIX: Los judíos ante la llegada de la Modernidad y el origen del Sionismo
La difusión de los principios ilustrados y liberales inspirados por la Ilustración, así como la creciente secularización de las sociedades occidentales durante el siglo XIX tuvieron una importante influencia sobre la situación de los judíos en el Viejo Mundo: Al perder cierto peso la religión, mitos tradicionalmente asociados al judío, como el de ser un pueblo deicida o simplemente su carácter de infieles, perdieron cierto peso.
Este cambio se produjo sobre todo en Europa occidental, donde más profundidad tuvieron las reformas liberales, siendo aquí donde surgió por primera vez la idea de la asimilación: Los judíos debían ser absorbidos por cada una de las naciones en las que se encontrasen, acabándose así con el problema del antisemitismo. Esta tesis fue defendida tanto por judíos como por no judíos.
En la zona oriental, por el contrario, el antisemitismo continúo gozando de una gran popularidad y las persecuciones se perpetuaron. El principal exponente serían los famosos progromos.
Así, Europa quedó divida entre la zona occidental donde triunfó momentáneamente la idea de la asimilación; y la oriental, donde nadie creía realmente en que fuese posible la asimilación además de que, aun en caso de serlo, ésta no sería recomendable.
Esta ruptura tuvo su influencia también sobre las propias comunidades judías debido a un fenómeno ya explicado: Se mantuvo una fuerte identidad judía como resultado de las propias persecuciones y de la manifiesta imposibilidad de llevar a cabo ningún tipo de asimilación. Es por ésto que fue precisamente en los países de Europa oriental donde comenzaron a surgir las primeras organizaciones sionistas que planteaban por primera vez el regreso a la Tierra Prometida.
Como hemos visto ese deseo se remonta a épocas anteriores a la Edad contemporánea, pero ahora los proyectos están inspirados por el ‘Espíritu del siglo’, es decir, las ideas de carácter liberal y nacionalista (El Nacionalismo aquí citado hace referencia a la doctrina política que sostiene que la soberanía recae sobre la Nación, y no a la simple defensa o reivindicación de la Nación) que se habían expandido por Europa. 
Estos primeros sionistas se inspiraron indudablemente en las ideas que en ese momento estaban en circulación por Europa. Además, estos primeros grupos sionistas poseían un importante componente utópico, muy relacionado también con otros movimientos similares de la época, como por ejemplo el naciente movimiento obrero.
En estos primeros momentos destacan autores como Moses Hess (1812-1875), que es
de los primeros en plantear la creación de un Estado judío en Israel; o el clérigo Yehudá Hai Alkalai, que defiende la compatibilidad entre el proyecto nacionalista judío y la religión (Recordemos que, según la religión judía, solo el Mesías podía proclamar el Estado de Israel y devolver a los judíos a la Tierra Prometida)
En estos momentos el movimiento sionista se articula en base a pequeñas agrupaciones y grupos juveniles de carácter muy minoritario que se desarrollan sobre todo en Europa Oriental. Sus logros fueron realmente escasos, pero van creando un caldo de cultivo que permitirá el desarrollo y crecimiento del movimiento a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX.
Todo cambiará a partir de la aparición en escena del gran teórico del Sionismo, Theodor Herzl.

La consolidación del Sionismo y El Estado Judío
Theodor Herzl (1860-1904) era un periodista perteneciente a una relativamente acaudalada familia de clase media residente en la actual Budapest. Curiosamente en su juventud participó en actividades políticas en favor de la unidad alemana, cosa que le influenciaría en el futuro ya que su modelo del Sionismo incluiría importantes elementos del nacionalismo alemán de la época: Un nuevo ejemplo de que los judíos, aunque rechazados mayoritariamente en Europa, estaban influidos por los cambios culturales, políticos, económicos y sociales de su tiempo como ya hemos visto antes.
En un primer momento, dado su origen acomodado y sus años viviendo en Francia (Zona de menor antisemitismo en comparación con el Este europeo) hizo que Herzl se sumase a las corrientes que planteaban la asimilación de los judíos dentro de las diferentes naciones europeas: Pensaba realmente que aquella era la auténtica solución al ‘’problema judío’’. Es curioso que llegase a esa conclusión teniendo en cuenta que en su juventud sufrió algunos problemas por su condición.
Desde la defensa de la asimilación, fue cambiando paulatinamente de parecer, sobre todo a raíz del famoso Caso Dreyfus en Francia, llegando a ser una de las principales cabezas visibles del Sionismo en la segunda del siglo XIX. Hay que tener en cuenta también que en las zonas occidentales de Europa se comenzó a desarrollar también un importante antisemitismo aunque nunca llegasen a alcanzar los niveles de Europa oriental.
Finalmente, Herzl, tras sufrir ese importante cambio de orientación política, escribe en alemán su célebre obra: Der Judenstaat, que se traduce como el Estado judío (1896), tratado que será uno de los principales pilares doctrinales del Sionismo en las décadas siguientes. Tras su publicación comienza una actividad frenética en busca de apoyos para el movimiento hasta su muerte en 1904.
Su gran aportación consistiría en tomar las riendas de un movimiento, por aquel entonces marginal, y convertirlo en un proyecto capaz de tener éxito. Esta labor la llevó a cabo abandonando el utopismo que había caracterizado al Sionismo hasta entonces, y diseñando un proyecto serio y realizable: Creía que debía crearse el Estado a través de la emigración colectiva y planificada por una serie de instituciones hebreas, que contarían con el respaldo de la comunidad internacional.
Este último punto, el apoyo internacional, es una idea absolutamente fundamental, ya
que hasta hoy día es lo que ha determinado gran parte de las políticas sionistas, tanto antes de la instauración del estado israelí como después.
Para cuando Herzl muere de neumonía en 1904 no se había producido ningún avance significado en los proyectos sionistas. Pero, sin saberlo, había sentado las bases del movimiento que permitirían alcanzar numerosos éxitos a lo largo del siglo XX que acababa de comenzar.

Un breve análisis de la obra de Herzl
Antes de profundizar en el desarrollo del Sionismo en el siglo XX conviene detenerse en la obra fundamental de T. Herzl: El Estado judío, ya referida antes, donde va a recoger su proyecto particular y que va a ser la base teórica fundamental para el Sionismo en los años siguientes.
>> El estado judío es una necesidad universal, y por consiguiente nacerá. <<

La primera parte del texto lo dedica a reflexionar en torno al problema del antisemitismo existente en Europa: Creía que éste se debía al rechazo natural que se
da entre dos comunidades diferentes, conviviendo en un mismo espacio (Algo que sigue produciéndose hoy, por cierto)
A partir de esta idea básica, plantea que la solución no puede pasar por la asimilación a los europeos, ya que ninguna de las dos comunidades lo desea. También resalta que no debe llamarse a la compasión ni debe hacerse gala de argumentos humanitarios o piadosos, ya que lo considera utópico, inútil e incluso indigno para su pueblo. Ya en las primeras líneas observamos como busca alejarse de argumentos de tipo utópico o en exceso idealistas, que habían caracterizado al movimiento en sus primeros años.
Es curioso como rechaza también los argumentos que buscaban explicar el antisemitismo dentro de círculos judíos, asociados sobre todo a la envidia al hebreo por parte de los cristianos. Nuevamente alude a un rechazo causi natural que surge por la convivencia de comunidades dispares.
>> Donde hay judíos, hay anti-semitismo <<
Llega a plantear incluso la existencia de un círculo vicioso de antisemitismo: La
presencia de judíos provoca antisemitismo, comienzan las persecuciones, los judíos emigran y se instalan en otra zona, su presencia provoca antisemitismo en la nueva población, … y así indefinidamente a lo largo de los siglos.
Solo hay, por tanto, una solución: La marcha de los judíos a una tierra propia, la última y definitiva emigración judía, que sacará a los hebreos de Occidente acabando así con el antisemitismo de facto.
Hecho esto, podrían acordarse alianzas con los países europeos, algo que se produciría de forma natural al haber salido todos beneficiados de la salida de los judíos de Occidente.
>> Para Europa formaríamos allí un baluarte contra el Asia; estaríamos al servicio de los puestos de avanzada de la cultura contra la barbarie. En tanto que Estado neutral, mantendríamos relación con toda Europa, que tendría que garantizar nuestra existencia. Respecto a los Santos Lugares de la cristiandad, se podría encontrar una forma de autonomía, aislarlos del territorio, de acuerdo al derecho internacional. Formaríamos la guardia de honor alrededor de los Santos Lugares, asegurando con nuestra existencia el cumplimiento de este deber. <<

La idea de que su inmigración colectiva favorecerá a los propios europeos, puede encuadrarse ya dentro del objetivo de Herzl de lograr el apoyo de las potencias europeas en sus proyectos.
Lo cierto es que el autor poseía una visión bastante clara y diáfana de la situación del judío en Europa, algo curioso teniendo en cuenta que también le afectaba a él mismo, y era consciente de que el anti-semitismo no favorecía la desaparición de los judíos, sino que, al contrario, fortalecía la identidad al sentirse perseguidos.
El texto refleja constantemente el Espíritu de la época que hemos citado más arriba aludiendo, por ejemplo, a una creencia en un progreso continuo a través de la ciencia y una fe absoluta en el desarrollo humano a través del uso de la Razón: El Estado judío, comenta Herzl, deberá implementar todas esas mejoras técnicas y científicas que estaban naciendo por aquel momento en Occidente. El Sionismo, en definitiva, estaba plenamente integrado dentro de la cultura europea de su tiempo, marcada principalmente por el Nacionalismo y el Liberalismo.
Planteado el problema, el antisemitismo; y también la solución, una última emigración judía con la consiguiente proclamación de un Estado propio; nos explica el plan para llevarlo a cabo:
En un primer lugar debían constituirse dos instituciones que deberían ser las encargadas de articular todo el proceso de emigración colectiva: La Society of Jews, órgano que sería el representativo de toda la Diáspora global; y la Jewish Company, que sería la encargada de organizar la emigración.
A partir de la mediación de estas organizaciones, especialmente la Society of Jews, les sería concedido un pedazo de tierra propio para que se asienten y constituyan su Estado. Es importante resaltar que el territorio debe ser concedido por las potencias, idea que busca acabar con el utopismo típico del primer sionismo, que planteaba soluciones francamente irrealizables.
El autor plantea en ese momento dos posibles destinos: Argentina, que era un territorio muy amplio y poco habitado en aquel momento; o Palestina,
el solar históricamente hebreo. Herzl no establece la necesidad imperiosa de ir a Palestina, ya que para él lo importante era la comunidad de personas judías y no tanto el destino concreto. Sin embargo, lo cierto es que cuando esta cuestión se sometió a votaciones prácticamente la totalidad de la militancia sionista apoyó el traslado a Palestina.
Profundicemos ahora en la Jewish Company ideada por Herzl ya que tiene un gran interés: Esta institución estaba basada en las compañías comerciales británicas que habían ocupado, por ejemplo, la India. De hecho, quería utilizar la legislación inglesa para crearla y debería tener su sede en Londres. Desde este momento, Herzl ya deja claro quién debe ser el principal aliado del Sionismo, que no sería otro que Inglaterra, algo que se mantendría hasta el final de la II Guerra mundial.
Hay quien ha querido ver en ésto una especie de conspiración internacional, pero nada más lejos de la realidad: En tanto que la estrategia fijada por Herzl era buscar el apoyo internacional, es perfectamente lógico que en la primera potencia en la que pensase fuese Inglaterra que por aquel entonces aún mantenía su primacía como primera potencia y poseía un gigantesco imperio ultramarino.
La Society debía tener una vida limitada, ya que su existencia no tendría sentido cuando la emigración se hubiese completado. Hasta ese momento debería ayudar a los judíos en el traslado, gestionando sus propiedades, facilitándoles la venta de sus bienes inmuebles en unas buenas condiciones para posteriormente financiar los asentamientos.
>> Para esta tarea, sencilla en principio, pero complicada en la realización,
se han de crear dos grandes órganos: la Society of Jews y la Jewish Company.
Lo que la Society of Jews ha preparado científica y políticamente, lo realiza la Jewish Company. La Jewish Company atiende a la liquidación de todos los intereses de los judíos emigrantes y organiza, en el nuevo país, las relaciones económicas. <<
También, con parte de los ingresos obtenidos, debían comprar tierras en el destino elegido, para que se iniciasen los asentamientos, además de dotar a los recién adquiridos territorios de infraestructuras básicas.
>> No son las extensiones de tierra las que constituyen el Estado, sino los hombres reunidos por una soberanía <<
Ampliado lo comentado antes sobre el Espíritu del siglo mostrado por Herzl, comentar que defendía que la emigración y posterior colonización debía efectuarse a través de preceptos científicos: Como si de expediciones científicas a las profundidades del África se tratase, los sionistas debían enviar al territorio ingenieros, geólogos, expertos políticos, exploradores,… que permitirían una instauración de las comunidades judías y la proclamación del Estado siguiendo procedimientos puramente racionales.
En cuanto al sistema de gobierno, nuevamente se percibe la imitación a Europa: Debía redactarse una constitución que sería de corte conversador y que permitiera la implantación de las reformas desde arriba. Habla, de hecho, de una república aristocrática.
También deja unas cuantas líneas en torno a la religión, que debe ser respetada y promocionada, ya que ha sido el elemento clave en la supervivencia del pueblo judío: las diferentes comunidades hebreas adoptaron las leyes, la lengua, las costumbres, … de los países en los que se encontraban, siendo la religión el único elemento identitario que les mantuvo unidos en esos casi 2.000 años. Sin embargo, de acuerdo nuevamente a los principales liberales en boga, habría libertad de cultos y la religión no intervendría en cuestiones políticas. El Estado sería de corte liberal.
La obra de Herzl me ha resultado bastante breve teniendo en cuenta el proyecto que pretendía inspirar, cosa francamente sorprendente. Además, el texto es bastante sencillo y fácil de seguir. Seguramente estas dos características se deban a que el autor no buscaba aportar más que unas líneas generales que orientasen la acción sionista
 y no tanto detallar un programa punto por punto en tanto que en aquel momento no era más que pura teoría.
También me ha resultado paradójico que, a pesar de la tremenda cantidad de contenidos inspirados por la cuestión judía que he citado más arriba, este es el primer análisis dentro de ambientes patriotas que veo sobre la obra de Herzl. Una prueba más del nulo análisis realizado hasta ahora y de la ausencia de interés por acudir a fuentes originales, siendo éstas clave para desmontar los mitos difundidos.

Tanto esta obra como las propias actividades de Herzl tuvieron poca influencia en su momento: No consiguió atraer el apoyo de los judíos más acaudalados (Conviene resaltar que esta diferenciación entre élite judía y militancia sionista continúa), en Europa occidental sufrió bastante descrédito debido al importante peso que tenían los judíos defensores de la asimilación, y también recibió críticas por parte de algunos religiosos, defensores del precepto recogido en sus Textos sagrados de que debía ser el Mesías el que devolviese a los judíos a la Tierra prometida.
Sin embargo, sentó las bases del movimiento sobre las cuales comenzó a desarrollarse el Sionismo a lo largo del siglo XX, teniendo como hitos clave las dos guerras mundiales tal como vamos a ver a continuación.

El desarrollo del Sionismo hasta la Gran Guerra (1882-1914)
Los judíos comenzaron a desplazarse hacia Palestina a través de una serie de oleadas migratorias conocidas como las aliás. Podemos decir que cada aliá fue superando en intensidad a
la anterior y consolidando la posición judía sobre el territorio. Normalmente estaban conformadas por población judía de Europa oriental, donde las persecuciones como ya hemos comentado eran más intensas.
La primera aliá se produjo entre 1882 y 1903, con un gran contenido simbólico al ser la que iniciaría el proceso, desplazando a unos 30.000 judíos, de los cuales muchos no se quedaron ante la dureza de la vida en la zona y regresaron a Europa al poco tiempo.
El territorio, que por aquel entonces estaba bajo control turco, tenía ya presencia de judíos desde tiempos ancestrales, aunque eran simples comunidades aisladas sin estructuras políticas o económicas propias. Decir que en el aquel momento los otomanos se encontraban en una fuerte crisis que les hacía prácticamente imposible intervenir sobre la llegada de los judíos. Las poblaciones locales de jordanos y palestinos, tampoco hicieron nada por impedirlo y se estableció una especie de calma tensa entre los pobladores y los recién llegados.
La segunda aliá se produjo entre 1904 y 1914, contándose ya unos 40.000 judíos de los
cuales, nuevamente, se quedaron muy pocos, en torno al 20%. Los que permanecieron estaban fuertemente motivados e instauraron importantes comunidades agrícolas en la zona, fuerzas paramilitares y un precario sistema educativo. Todo ello clave para el asentamiento de las siguientes oleadas.
Toda esta primera fase finaliza al comenzar la Primera guerra mundial, ya que se detienen las comunicaciones marítimas como resultado del conflicto. Los judíos europeos, además, son llamados a filas por sus respectivos países, lo que paraliza todo el proyecto sionista.
Sin embargo, se producen dos hechos trascendentales para la evolución posterior del Sionismo:
El Imperio otomano se alía con las Potencias centrales, en contra de Inglaterra, que por aquel entonces era ya la principal nación europea valedora del Sionismo. El imperio turco era considero desde hacía décadas el Hombre enfermo de Europa y los judíos eran perfectamente conscientes de que, si era derrotado, éste se desintegraría, facilitando la concesión de un territorio propiamente judío.
Por ello, gran parte del movimiento sionista en Europa se puso del lado de los
Aliados, y los judíos ya asentados en Palestina funcionaron como una Quinta columna en favor de Inglaterra y el resto de la coalición. Aquello fue el germen del futuro ejército judío.
Algunos grupos sionistas de Europa del este, sin embargo, apoyaron a los Imperios centrales debido al rechazo que les generaba el Zar Nicolás II por los progromos desarrollados en las décadas anteriores. Esto prueba que aquel movimiento no era ni mucho menos homogéneo, si bien es cierto que mayoritariamente apoyaron a Inglaterra y sus aliados.
Aquel respaldo y la necesidad de contar con apoyos en el escenario de operaciones de Oriente medio, llevó a la redacción de la declaración Balfour, que prometía la creación de un ‘’hogar nacional judío’’ cuando acabase el conflicto. Alemania, buscando también atraerse el apoyo del Sionismo, emitió una declaración similar.
Realmente aquel proyecto británico se puede insertar dentro de la búsqueda de apoyos de Inglaterra en la zona y es identificable con los acuerdos establecidos con las poblaciones árabes a las que, igual que en el caso judío, traicionarían al final de la guerra: Francia e Inglaterra, tras la victoria, se reparten Oriente próximo, sin tener en cuenta lo acordado con judíos y árabes.

El Sionismo de entreguerras (1918-1945)
En los años de Entreguerras se produce una fuerte diferenciación entre las acciones  diplomáticas llevadas a cabo por judíos y árabes: Los primeros, optaron por colaborar con los británicos en el Protectorado de Palestina adoptando una vía posibilista, mientras que los árabes comenzaron unas políticas del todo o nada que les impidió alcanzar el más mínimo éxito. 
Los sionistas acabarían por lograr dos éxitos clave:
La Sociedad de Naciones, que por aquel entonces representaba a la comunidad internacional, hace suya la Declaración Balfour tras la Conferencia de San Remo (1920). El compromiso de instaurar un "hogar nacional judío" deja de ser exclusivamente británico.
A su vez, los ingleses eligen como Alto comisario del Mandato británico de
Palestina al judío Herbert Samuel, primer hebreo en un cargo de gobierno en la zona desde los tiempos del Imperio romano, hecho que tuvo un importantísimo componente simbólico para el Sionismo de la época.
La recuperación de la paz y la elección de dicho comisario impulsó enormemente la llegada de más judíos: Se liberalizaron completamente la inmigración y la compra de tierras. Así, llegó la tercera aliá (1919-1923) con 37.000 judíos. Los años 20 también son importantes porque la Sociedad de Naciones les concede el apelativo de Comunidad nacional, otro hito diplomático sionista. Poco después, como refrendando dicha decisión, llegará la cuarta aliá.
La calma tensa entre las poblaciones locales y los recién llegados se había vuelto cada vez más inestable según las poblaciones hebreas y sus procesos de colonización se hacían más intensos. Para cuando llegamos al año 1929 la tensión se torna ya insoportable y estallan durísimos conflictos en Jerusalén, ciudad sagrada para
musulmanes y judíos. Hasta ese momento, no sin ciertas dosis de ingenuidad, no eran pocos los que creían en que podía establecerse una convivencia pacífica. 
Aquellos conflictos llevaron a la creación y expansión de diversas milicias hebreas como La Legión Judía o la Haganá.
En los años previos al estallido de la siguiente guerra mundial, llega la quinta aliá (1932-1939) espoleada por las políticas del III Reich, no solo las represivas, sino también las de colaboración con los sionistas (Tratados del Ha´avara)
Algunos sionistas creían incluso que el triunfo de Hitler llevaría a la proclamación definitiva del Estado judío, ante la expulsión masiva de judíos que podía propiciar a lo largo y ancho de Europa.
Los conflictos de los años anteriores a la II Guerra mundial hicieron que se enviase a la zona a la Comisión Peel, institución británica dirigida por Lord Peel, para llevar a cabo una partición del territorio y conceder zonas independientes a palestinos y judíos, evitando así la reedición de los enfrentamientos entre ambas poblaciones. Puede ser considerado como un nuevo éxito diplomático de los judíos ya que por primera vez se entiende que deben tener un territorio exclusivo, algo que no había propuesto hasta ese momento.

II Guerra mundial y la posguerra en Oriente próximo
Durante el desarrollo de la nueva contienda global, los sionistas vuelven a colocarse del lado del Imperio británico mientras que algunos grupos árabes hacen justamente lo contrario, hecho que les perjudicaría gravemente en el futuro.
Para cuando termina el conflicto, la ONU, organismo que habrá de sustituir a la extinta Sociedad de Naciones, retoma los proyectos de partición del territorio, aunque no se
tiene muy claro el modelo a seguir ni que territorios conceder. El acalorado debate vino acompañado por fortísimos enfrentamientos por todos los territorios del futuro Israel no solo entre judíos y poblaciones árabes, sino también con atentados terroristas contra las fuerzas británicas que mantenían un control cada vez más débil sobre la zona
Es en este contexto cuando el Sionismo, por primera vez desde la publicación de los postulados de Theodor Herzl deja de tener al Imperio Británico, ya en decadencia, como su principal aliado, y busca el apoyo de la principal superpotencia surgida de la conflagración mundial: Los Estados Unidos. Dicha alianza continúa hasta día de hoy.
Finalmente, el 29 de Noviembre de 1947 se aprueba la moción que concede ciertas zonas a los judíos. Sin embargo, aquella resolución no era más que un proyecto teórico que muy difícilmente iba poder llevarse a término en tanto que en la zona se vivía ya prácticamente una guerra civil: El propio Ben Gurión, líder de los hebreos en aquel momento, entendía el conflicto como inevitable. El tiempo le acabó dando la razón: En el año 1948 estallan las hostilidades.
Una gigantesca coalición de estados árabes descolonizados se alía para desintegrar al
recién creado Israel. Las posibilidades de éxito de los segundos eran realmente escasas dada su inferioridad numérica y material. Tan solo la llegada de armas desde Checoslovaquia en el último momento permitió organizar una resistencia eficaz que acabaría por dar la victoria a los judíos al año siguiente.
Muchos, nuevamente, han querido ver una suerte de conspiración entre judíos y soviéticos para justificar esa venta in extremis de armas a Israel. 
Lo cierto es que la URSS finalmente permitió la llegada de la ayuda porque consideraba que sería más fácil expandir el comunismo sobre poblaciones judías, con una fuerte aculturación occidental y donde existían además ya fuertes movimientos militantes de izquierda como la propia Haganá. Por el contrario, los árabes eran aún muy tradicionales, y eran por tanto pueblos mucho más resistentes a la adopción de postulados comunistoides.
El Estado de Israel, finalmente, había sido creado y había resistido la primera de una larga serie de guerras que continúan hasta hoy día, aunque esa es ya otra Historia que supera el tema del artículo.

Unas conclusiones y puntualizaciones finales
He recogido en estas líneas una breve síntesis de las bases y la evolución del Sionismo
desde sus inicios utópicos en el siglo XIX hasta el éxito de sus planes con la proclamación del Estado israelí. Sin embargo, no he tratado simplemente de narrar su historia, sino que cada idea aportada tenía también la intención de desmontar los mitos, tan populares, que existen en torno al Sionismo. Para facilitar su comprensión, recogeré a continuación las que creo que son las lecciones más importantes a extraer del artículo:

-El Sionismo no es un movimiento conspirador y oculto que, desde las sombras,
busca el control mundial a través del monopolio de los medios de comunicación, las industrias, los partidos políticos, la ingeniería social, ... 
Existen grupos de poder que operan al margen de los cauces ''visibles'', sí, pero ni muchos menos están compuestos únicamente por judíos, ni son sionistas, ni ostentan un control absoluto del poder.
El sionismo es, básicamente, nacionalismo judío. De hecho, se ajusta perfectamente a la definición de Nación aportada en Identidad española:

>> Idea de pertenencia a un grupo, compartida por una comunidad de personas unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al control de manera excluyente de un territorio, tratando de dotarse de estructuras estatales propias y tienen, normalmente, referentes histórico-míticos en los que se legitiman. <<
Apliquémosla al caso hebreo a lo largo de su historia: 

1.     Idea de pertenencia a un grupo compartida por una comunidad de personas: Esa idea de pertenencia a una comunidad judía existió mucho antes del nacimiento del Sionismo, pudiéndose rastrear hasta tiempos medievales e incluso antes. Las diferentes comunidades judías mantuvieron su identidad en ambientes hostiles y se percibían como iguales a pesar de las distancias geográficas y culturales, gracias principalmente al influjo de la religión, como nos dice el propio Herzl. En España tenemos el ejemplo de Benjamín de Tudela para refrendar esto.
2.     Apelando al control de manera excluyente de un territorio: Tras una serie de debates iniciales, las organizaciones sionistas reclamaron Palestina como la tierra a la que debían ir los judíos de la Diáspora. Efectivamente, reclaman un territorio como propio, lo que les llevó a rechazar otras localizaciones como por ejemplo Argentina en tanto que no entendían aquellos territorios como ‘’propios’’.
3.     Buscan dotarse de estructuras políticas propias: En el caso judío se puede hablar dos tipos de instituciones, las que organizarían la emigración colectiva y el asentamiento en Palestina y, hecho ésto, el Estado judío propiamente dicho. En definitiva, diseñaron instituciones que les representasen.
4.     Referentes histórico-míticos: Estos referentes en el caso judío aluden a los textos bíblicos en los que se narran las andanzas, muchas veces de manera mítica, de los judíos, sus monarcas, su reino, la Tierra prometida, … En definitiva, sus referentes estarían compuestos por las historias ancestrales del pueblo hebreo recogidas en el Antiguo Testamento, y también por elementos históricos.
En definitiva, a pesar de la Diáspora, los judíos estaban dotados de una conciencia nacional ancestral que cristalizó a partir del siglo XIX y tendría su culminación en el XX con la independencia y creación del Estado.

-         El Sionismo es un movimiento, doctrinal e intelectualmente hablando, de corte europeo: A pesar de que sus integrantes buscasen la emigración colectiva a un territorio extra-europeo, lo cierto es que estaban inspirados por los movimientos en boga en el continente en ese momento: Nacionalismo, liberalismo, fe en la Razón, modelo de estado liberal e incluso el naciente movimiento obrero.

-         El apoyo de potencias mundiales al Sionismo se debió a una intensa y bien coordinada labor diplomática por parte de los propios sionistas, y no a conspiraciones: Desde que Theodor Herzl señaló la necesidad de contar con el apoyo internacional, se siguió esa vía que fue la que realmente les llevó al éxito. Esa búsqueda de apoyo no solo se orientó al Imperio británico, sino que también hubo proposiciones al Kaiser alemán o al propio Hitler, entre otros.
Tradicionalmente se recuerda más el papel británico porque fue la potencia que más peso tuvo en los éxitos sionistas.

-Los éxitos diplomáticos sionistas se suceden cronológicamente en el tiempo, lo que nos revela una sucesión lógica de los acontecimientos y no tanto una conspiración en oscuros despachos: 
Se les permite emigrar a Palestina, se establece la necesidad de un ‘’hogar nacional judío’’ (Sin especificar la fórmula a seguir), se les confiere el apelativo de Comunidad nacional, se inician los planes de partición que conlleva tener un territorio propio y exclusivo, y finalmente se crea el Estado.

-         Tras el final de la I Guerra mundial los judíos son ‘’traicionados’’ por los británicos del mismo modo que les sucedió a otros pueblos, entre ellos los árabes o, incluso, los propios italianos con su Victoria mutilada. A pesar de ello, los judíos decidieron mantener su apoyo a los británicos, siguiendo una vía posibilista, lo que les permitió ir logrando paulatinos éxitos durante el periodo de Entreguerras, recogidos en el punto anterior.

-         No sería hasta el final de la II Guerra mundial cuando los sionistas ‘’abandonan’’ su tradicional alianza con los británicos, para orientar su diplomacia hacia la ONU y los Estados Unidos, perfectamente conscientes de la importancia que tendrían ambos elementos en la futura organización del mundo como realmente así fue. Estaremos de acuerdo en que tener visión de futuro y actuar con inteligencia no puede considerarse tramar conspiraciones.

-         Finalmente, el ‘’apoyo’’ soviético a Israel en los albores de la Guerra de la Independencia (1948-1949) se debió única y exclusivamente al interés de la Unión Soviética: La sociedad israelita estaba formada en la cultura occidental, era más urbana y estaba más industrializada; lo que hacía de ella el caldo de cultivo perfecto para la expansión del comunismo; en contraposición a los tradicionales musulmanes, donde el comunismo, al menos en ese momento, sería prácticamente imposible de expandir ante el peso de sus formas tradicionales de vida.
Esta alianza de facto terminaría a partir de la expansión del Panarabismo, aliado de la Unión soviética en Oriente medio, que recibiría importantísima financiación y apoyo desde Rusia; en detrimento de Israel que ya sería por aquel entonces un fiel aliado de los norteamericanos. 
Estas alianzas son las que se sostendrían a lo largo de toda la Guerra fría.

-         En definitiva, la conclusión más importante es que los orígenes, desarrollo y éxitos del Sionismo pueden explicarse en base a cuestiones lógicas y a simples razonamientos, sin necesidad ninguna a recurrir a mitos y teorías de la conspiración que, sinceramente, no tienen ni la más mínima base sobre la que sostenerse.

Como colofón a estas conclusiones, me gustaría aquí recalcar que este artículo habla única y exclusivamente del SIONISMO como movimiento político e intelectual, y no del Estado de Israel, que, de ser analizado, debería hacerse manera independiente en un estudio centrado en él.
Nuevamente recalco mi intención de aclarar ciertas cuestiones en torno al Sionismo y de ir desechando mitos bastante extendidos. No quiero tampoco sentar cátedra en torno al tema: Si algún lector desconfía de lo aquí dicho, le ruego que acuda a las fuentes originales redactadas por los propios sionistas y no a las publicaciones, ya muy manidas y de dudoso origen, que circulan por Internet sobre el tema. Tan solo acudiendo al material original y efectuando una crítica de las fuentes nos acercaremos en la medida de lo posible a la verdad sobre el tema.


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Comentarios

  1. Muy bien explicado todo. El artículo era muy necesario: conviene evitar la obsesión con los judíos y en general todas las obsesiones, pues implican un tipo de pensamiento patológico que nos impide la solución de los problemas, por no decir que nos crea unos cuantos problemas nuevos.

    En ciertos sectores del patriotismo domina una tendencia irracional a buscar chivos expiatorios y a explicar problemas complejos por medio de absurdas teorías de la conspiración que apuntan a una única causa (aunque, más que de "teoría", tienen la categoría de "dogma" para algunos). Así evitan pensar, que es muy cansado. La teoría de la conspiración que más hecho fortuna es la de los judíos, pero hay un sinfín de cuestiones en las que los patriotas adoptan un esquema de pensamiento similar. El complotismo se ha convertido en la norma para muchos patriotas e internet ha reforzado esa tendencia. Ojalá abordes esta cuestión más general en próximas entradas.

    En mi opinión, la obsesión con los judíos viene sobre todo del nacionalismo alemán y sus afines. Todos los que de alguna manera están influidos por esa corriente desarrollan una importante obsesión con los judíos, aunque fácilmente la transmutan en alguna obsesión sustitutiva. Por ejemplo, algunos pueden llegar a mostrarse filojudíos al trasvasar la obsesión a los musulmanes, pero en cuanto se despistan un poco aflora la obsesión primigenia. Otros se centran en un tal Soros que, paradójicamente, es antisionista. Cierto integrismo católico adopta también este esquema, aunque suele poner más énfasis en los masones. La irracionalidad es la misma.

    Muchas de estas teorías de la conspiración son propaganda de Estados y grupos de presión. La verdadera conspiración es la de quienes crean y difunden estas teorías para provocar cambios de opinión en las masas. Al difundir esas teorías los patriotas, sin saberlo, son utilizados por Estados e intereses ajenos. Alguno se llevaría una tremenda sorpresa si supiese quién ha puesto en circulación la teoría de la conspiración que defiende con tanto ahínco.

    Me interesa mucho el tema de la "conspiración judía" y de la tendencia moderna a explicarlo todo mediante conspiraciones. Si pudieses recomendar bibliografía te estaría muy agradecido. Espero con expectación lo que puedas escribir sobre otros mitos judíos o en general sobre mitos.

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    1. Yo creo que las claves ya las has comentado: Mejor utilizar un dogma, que pensar por uno mismo. Ha habido unos cuantos que me han criticado por el texto, pero si estuviese dispuesto a ''seguir la corriente'', sería progre. Intento tener opiniones propias en todo y el mito de la conspiración judía no debe durar ni un día más.

      Importante lo que señalas de Soros: Un potentado judío, financiando grupos anti-israelitas. Una cosa son las élites judías, que existen pero que ni mucho menos controlan TODO (hay infinidad de pequeños grupos de poder en disputa) y otra Israel. Esto sin tener en cuenta que el pueblo judío, claro, es el más heterogéneo del mundo debido a la Diáspora.

      Bibliografía entorno al mito judío no creo que exista ninguna, al fin y al cabo los que sostienen estos planteamientos son '' cuatro gatos '' y no se ha desarrollado ningún trabajo explícito del tema (Al margen de este artículo)

      En cuanto al Sionismo te recomiendo 'Breve historia del sionismo' de Joan Culla. El tío es un nacionalista catalán pero ese trabajo merece la pena.

      Un saludo.

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  2. Haces muy bien en no seguir la corriente. Algunos no se dan cuenta de que también se puede ser un borrego desde posiciones minoritarias o "alternativas".

    Gracias por la recomendación. Tomo nota del libro de Joan Culla. Sobre el mito judío, permíteme que te recomiende estos tres libros:

    - Gonzalo Álvarez Chillida, "El antisemitismo en España"
    - León Poliakov, "La causalidad diabólica"
    - Norman Cohn, "El mito de la conspiración judía mundial"

    Sobre todo creo que te interesará el de Norman Cohn. Hay que tener en cuenta que estos autores tienen una orientación projudía y algunos incluso son judíos. No obstante, se mueven dentro de cierta objetividad y, en cualquier caso, las personas inteligentes siempre saben separar el grano de la paja. Muchas veces son preferibles trabajos académicos que, pese a los sesgos que puedan tener, intentan mantener cierto rigor y seriedad, antes que los libros que publican algunos "camaradas".

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    1. Y que lo digas. El acceso a trabajos ''serios'' sobre el tema del Islam y de los judíos me ha abierto los ojos considerablemente, y eso teniendo en cuenta que la producción cultural española actualmente nefasta.
      En cualquiera de los casos, hay que ser críticos con lo que nos llega, venga de quien venga. Esa es una de las claves. Tomo nota de las obras.

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  3. Ya vi que el artículo ha levando sarpullidos en las redes sociales. Curiosamente, los que más te critican luego apoyan a partidos europeos claramente sionistas sin despeinarse. Se ve que su antisionismo es sólo una pose de las muchas que cultivan para parecer "revolucionarios".

    Simpatizo con los palestinos y creo que hay que reparar la injusticias cometidas por los israelíes, no sólo porque es de justicia sino porque así nos conviene a los europeos. Pero no veo en tu artículo nada que entre en conflicto con esta visión. Te has limitado a decir la verdad sobre el origen del sionismo.

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    1. Es que, de hecho, todas las fuerzas identitarias occidentales son pro-Israel.
      Aquí la cuestión es estar continuamente hablando de ''disidencia controlada'' para justificar el perpetuo fracaso del ''nacionalismo español'': Si el resto triunfa es que porque son disidencia controlada, no como nosotros que somos auténticos.
      Gracias a Dios creo que esa mala broma toca ya a su fin.

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