DE IRÁN, PALESTINA Y SUS MITOS


Desde unas cuantas semanas atrás hemos estado estudiando el mundo islámico para tratar de entender el cómo y el por qué se ha llegado a la situación en la que se encuentran actualmente los países que componen esta Civilización. Tras una breve introducción al tema, hemos analizado el auge y caída del Panarabismo y, también, hemos desentrañado los orígenes y la doctrina en la que se basa el Islamismo, fuerza hegemónica en gran parte de los ambientes musulmanes en la actualidad.
Antes de cerrar el tema es conveniente ahondar aún más en una serie de aspectos en torno a los cuales existe una especial confusión. Hoy, me gustaría tratar los mitos que existen en torno a Irán y Palestina dentro de lo que podemos denominar como ‘’ambientes patriotas’’.
No falta quien, afectado por una falta de referentes y de fuentes fiables considerables, ha querido ver en las fuerzas de Irán o de Hamás ‘’aliados’’ para los grupos identitarios europeos. Forzando y deformando la realidad hasta niveles cercanos a los que llegaron los marxistas en el pasado siglo, se ha querido ver en el mundo islámico no ya colaboradores, sino incluso referentes políticos. Conviene, por tanto, ir desmitificando un amplio abanico de cuestiones para no caer en el absurdo y evitar que semejantes referentes pervivan un día más.


-Mitos en torno a Irán

Los orígenes de la Revolución islámica
La Revolución iraní (1979) ha sido uno de los acontecimientos más increíbles de todo el siglo XX: Llevó a la proclamación de un estado teocrático en una sociedad en vías de desarrollo y considerablemente urbanizada e industrializada, algo que se creía imposible. Fue un hito sin precedentes.
Además, no fue llevada a cabo por militares que dieron un golpe de mano, como viene siendo habitual en zonas en vías de desarrollo de todo el mundo, sino por un conjunto
de fuerzas muy heterogéneas que compusieron un frente común contra el Sha de Persia, monarca del país por aquel entonces.
En estos acontecimientos hay quien ha querido ver una especie de ejemplo a seguir: Un ‘’pueblo’’ que se levanta triunfante contra un gobierno títere entregado a fuerzas externas. ¿Hasta qué punto es esto cierto?
Las fuerzas sociopolíticas que acabarían por derrocar a los Pahlevi comenzaron a ganar fuerza fruto de los desequilibrios generados por una incompleta ‘’modernización a la europea’’ que se trató de llevar a cabo en el país: Crecimiento demográfico, urbanización, industrialización, desequilibrios en el desarrollo económico, … Dentro de estos cambios habría que destacar la reforma agraria y la industrialización. A pesar de los cambios modernizadores, la economía persa dependía casi por entero de las exportaciones de petróleo y era tremendamente especulativa. Además, el Régimen, que controlaba casi por entero las explotaciones petrolíferas, tenía unas tasas de corrupción altísimas.
Así, para cuando llegó la desaceleración del ‘Boom’ del oro negro (1977-1978), una fortísima crisis afectó al país:
El descontento que venía fraguándose fruto de los cambios socioeconómicos ligados a una modernización incompleta, acabó por desbordarse cuando llegó la crisis económica y se hicieron palpables las grandes lagunas que presentaba el intento de modernización persa.
El clero, que acabaría encabezando la Revolución, fue el sector que más había salido perjudicado con los cambios implementados, especialmente en el plano cultural, ya que perdió su monopolio sobre la cultura, y en el económico, ante la pérdida de privilegios.
Conviene detenerse aquí para desmentir otro gran mito: No se debe entender aquellas revueltas como un levantamiento popular y causi espontáneo, en las que un clero piadoso guiaba a los desheredados hacia la emancipación. Nada más lejos de la realidad: Los cambios fueron forzados por la acción conjunta de muy diversos grupos sociales (Campesinos, clases medias, terratenientes, …) y políticos. Adentrarnos en la sociología de la revolución iraní haría necesario otra serie de artículos completa, así que nos detendremos especialmente en las diversas corrientes políticas que conformaron el frente que acabaría por derrocar al Sha.
-Nacionalistas modernizadores, en la línea de los panárabes y de Nasser, pero adaptados al caso persa. Planteaban una modernización a imitación de Occidente, algo que ya había intentado el Sha, pero acabando con la dependencia externa y con la corrupción endémica dentro del Régimen. Para ellos, el Islam era un elemento identitario más de los persas y debía ser respetado, pero no debía intervenir para nada en la política del Estado.
-Marxistas, integrados normalmente por jóvenes y universitarios. Trataban de ligar el Islam con la doctrina marxista, aludiendo a las instituciones islámicas de solidaridad tradicionales.
-Corrientes islamistas, que defendían que la religión debía ser la base doctrinal de la política. Jomeini, que acabaría por ser la cabeza visible de toda la revolución, partía desde esta corriente y recogía abundantes influencias de otros teóricos del Islamismo como Qotb o Mawdudi (Leer Islamismo)

Cada corriente divergía considerablemente de las demás: Cada una poseía sus propios métodos, bases sociológicas y objetivos finales.
De hecho, lo único que les unía era el rechazo al régimen y la referencia al Islam, aunque cada una de ellas con su propia interpretación como ya hemos señalado.
Además, dentro de cada una de estas tres corrientes existían sus propias divisiones internas que hacían aún más complejo todo el panorama.
Con este punto de partida, pocos podrían creer que semejante disparidad de fuerzas políticas y sociales podrían acabar derrocando a una de las grandes potencias regionales. Pero lo cierto es que así fue.


La construcción del primer Estado islamista
Ni que decir tiene que tras la expulsión del Sha, los problemas no habían hecho más que empezar. ¿Cómo institucionalizar el poder en semejante escenario? ¿Cómo llegar a acuerdos con tan diversos objetivos políticos?
Debemos tener en cuenta que no solo existía el problema de la tremenda disparidad de fuerzas políticas, sino que aquel iba a ser el primer Estado islamista: Nunca antes se habían intentado llevar a la práctica todas las teorías islamistas que venían desarrollándose desde los años 20 con los Hermanos musulmanes. No había ningún referente en el inspirarse.
Para intentar salir del atolladero, se acabó preparando una suerte de cóctel ideológico y político que acabaría por sumir al régimen iraní en una serie de contradicciones insalvables que duran hasta hoy. Veamos el por qué:

La Constitución y el sistema legal
La Ley máxima del nuevo Estado se elaboró a partir del derecho tradicional chií, el derecho occidental y algunos principios revolucionarios. Recoge, por tanto, principios ilustrados como la igualdad ciudadana entre todos los habitantes del país, pera a su vez plasma también diferencias entre cada individuo dependiendo del grupo étnico (Cultural y religioso) al que pertenezca. Existe una división entre la ciudadanía, que es común a todos; y la fe, que diferencia a unos de otros. Esta contradicción se percibe también en la inferioridad jurídica de la mujer.
Es habitual que en numerosos estados se produzcan contradicciones entre los planteamientos teóricos y las plasmaciones prácticas, pero en el caso iraní, las contradicciones estaban presentes ya en la misma constitución teórica del naciente Estado.
Otro gran problema que surgió fue el de la aplicación de la Sharia, uno de los
 principales objetivos del Islamismo: Jomeini lo resolvió a través de los faquih, es decir, expertos en jurisprudencia islámica que se encargarían de dirimir que leyes salidas del Parlamento eran aceptables y cuáles no.
Por tanto, no hay aplicación de legislación islámica: Una cúpula de juristas eran los que tendrían la última palabra, revisando toda Ley redactada por las Cámaras de representación. Esta fórmula ya generó en su momento muchos problemas porque amplios sectores islamistas defendían la aplicación de la Sharia directamente.
Así, la recién instaurada república estaría dotada de una doble legitimidad: La Islámica, encarnada en los faqih; y la democrática, a través de la Constitución y el Parlamento. Para evitar la quiebra del sistema se necesita un continuo diálogo y acuerdo entre estos dos cuerpos.
Estas bases legales, como vemos contradictorias, no son más que el resultado de la Revolución: Se ha tratado de conjugar nacionalismo modernizador, islamismo y marxismo en un mismo sistema. El producto final no podía ser otro que la continua contradicción entre elementos ideológicamente antagónicos e incompatibles.

Cambios socioeconómicos
Si a la hora de construir el nuevo Estado y redactar el sistema legal hubo problemas, en el terreno económico éstos se multiplicaron.
Los revolucionarios trataron de crear una tercera vía económica de corte islamista que superase al Liberalismo y al Comunismo, algo que llamó la atención internacional en aquella época, caracterizada por la división bipolar del mundo típica
de la Guerra Fría. A pesar de estas ''intenciones teóricas'', el modelo económico fue, nuevamente , el resultado de mezclar los diferentes proyectos políticos de las tres fuerzas que habían encabezado la Revolución: La contradicción se encuentra ya en la propia Constitución, donde se recoge una intención estatista y socializante, del gusto de los nacionalistas modernizadores y de los marxistas y, a la vez, una defensa de la propiedad privada, acorde a la tradición islámica. Desde la propia construcción de la República islámica, ha existido la contradicción entre las corrientes que apoyaban la nacionalización de la economía y sus contrarias, defensoras del control privado.
Para añadir más leña al fuego, los debates teóricos acabarían por pasar a un segundo plano ante los problemas que comenzaron a surgir en Irán: la propia revolución y la cruentísima guerra con Irak, habían sumido al país en una dura situación
económica, ante la salida masiva de capitales y la necesidad de desarrollar una industria de guerra. La crisis de los rehenes de la embajada de los Estados Unidos, además, llevó a que este país decretase el embargo comercial sobre Irán.
Esta situación de emergencia llevó a que los planteamientos socializantes y estatistas se impusieran ante la ineludible necesidad del Estado de controlar la economía en semejante escenario, cercano al colapso total.
Durante el conflicto militar contra el vecino iraquí, el Estado se vio obligado a repartir subvenciones entre la población para permitir su subsistencia, y se potenció un fortísimo mercado negro, que continua hoy día, junto con una economía especulativa.
Ya en la posguerra, para tratar de potenciar la recuperación económica, el Estado
privatizó parcialmente las explotaciones de petróleo, lo que acabó por generar dos economías paralelas: la pública y la privada. La pública, estatal, dirigida y socializante; la privada, libre, en muchos casos articulada por el mercado negro y fuertemente especulativa, formando muchas veces redes clientelares.
El clientelismo no se ha creado únicamente en la economía sumergida privada, sino que en los sectores públicos existen tratos de favor: Los funcionarios, muy numerosos al estar la economía en gran medida controlada por el Estado, son contratados atendiendo a criterios de fidelidad política al Régimen. Nuevamente podemos observar en Irán la convivencia entre dos posturas antagónicas e irreconciliables, que, sin embargo, perduran hasta hoy día.
Desde el final mismo de la guerra con Irak (1988), los diferentes gobiernos han tratado de potenciar las exportaciones de petróleo, como principal vía para sacar al país del estancamiento y obtener capitales para importar productos de primera necesidad.
En definitiva, podemos decir que, tras 39 años de República islámica, Irán sigue siendo tan dependiente del crudo como antes de la revolución y sigue precisando del exterior en la misma medida que bajo el régimen monárquico de los Pahlevi. 
Por otro lado, la corrupción sigue siendo un mal endémico, a pesar de que el rechazo a ésta fue una de las grandes motivaciones que impulsó a los revolucionarios a tumbar al régimen.
Otra situación curiosa es que asociaciones de beneficencia, tradicionales dentro del Mundo islámico, comenzaron a disfrutar de exenciones fiscales importantes por Ley.
Así, instituciones como las Fundaciones de los Desheredados y los Mártires, dejaron
 de pagar impuestos. La cuestión es que estas organizaciones, además de su labor social, gestionan cientos de fábricas y empresas: Industrias, negocios hoteleros, compañías de aviación, transportes,... llegando a controlar el 40% del PNB. Una gran parte de la población trabaja para dichos grupos en un régimen de clientelismo, a través del cual se puede ascender socialmente. Las exenciones fiscales de las que disfrutan han llevado a una total falta de transparencia en la contabilidad y la desarrollo de negocios opacos, potenciando el ya de por sí importante mercado negro iraní. Son, en definitiva, enormes monopolios económicos muy ligados a las élites del país. 
Para el año 2000, la crisis, no ya económica sino también social y política era palpable en Irán, y en los años siguientes no ha dejado de crecer como hemos podido ver en fechas recientes.
En estos casi 40 años de República islámica iraní, el régimen se ha movido en una
continua contradicción entre elementos que lo componen pero que son difícilmente conciliables e incluso antagónicos: Legitimidad religiosa y constitucional, igualdad ciudadana y diferencias étnico-religiosas, economía estatal y mercado libre (Y negro), ...
Hay quien quiere ver en el fracaso de este ‘’experimento islamista’’ la mano y la intervención de fuerzas americanas o el fruto de oscuras conspiraciones, pero lo cierto es que lo realmente extraño habría sido el triunfo de un proyecto semejante, en el que se trató de conjugar elementos nacionalistas, marxistas e islamistas en un solo sistema. Las contradicciones estaban presentes ya en la elaboración teórica, y fueron absolutamente evidentes a la hora de ser llevadas a la práctica.
Estos errores nefastos no han impedido que algunos hayan querido ver en la República iraní no solo un referente, sino también un aliado contra la Globalización ¡E incluso contra el Islamismo!
Pues bien, ni una cosa ni la otra: Si bien en la Revolución iraní, tal como hemos visto, se reunieron fuerzas dispares, lo cierto es que se inserta claramente dentro del auge islamista de los años 80. De hecho, el triunfo de Jomeini marca el inicio de la Era Islamista que durará hasta los años 90: Como ya he comentado antes, habían logrado llevar a la práctica los principios planteados por los grandes ideólogos del radicalismo islámico: Qotb y Mawdudi. Estos acontecimientos, junto con la victoria de los muyahidines en Afganistán contra la Unión Soviética, siguen siendo a día de hoy los dos grandes éxitos islamistas.
El triunfo de aquella revolución sigue siendo a día de hoy un referente para numerosos grupos islamistas que pretenden exactamente lo mismo que Jomeini en los años 70: Derrocar gobiernos y proclamar estados islámicos.
Pero es que Irán no ha sido únicamente un sujeto pasivo a la hora de expandir el Islamismo: Han financiado abiertamente a otros grupos de carácter islamista,
incluidos varios de tendencia suní como Hamás, del que hablaremos más adelante. 
En cuanto a ser un ‘’aliado patriota’’ contra la Globalización de corte anglosajón, nada más lejos de la realidad: El Islamismo es, a su vez, también un movimiento ‘’globalizador’’ que plantea la homogeneización total de la población bajo su control. Conversiones masivas y obligatorias, imposición de la sharia como único código legal, todos hablando el árabe coránico, fe musulmana como único vínculo al margen de diferencias raciales, nacionales, lingüísticas, … La destrucción de la herencia arqueológica de los tiempos pre-islámicos no es más que un somero ejemplo de los planteamientos iconoclastas y homogeneizadores del Islamismo.
En Irán, al ser un islamismo de corte chií, estos principios no están tan definidos como en el islamista sunita, ya que la población chií está mayoritariamente concentrada en el territorio iraní, lo que produce ese espejismo de 'movimiento patriota'.
El régimen iraní, en definitiva, no puede considerarse como patriota al uso por el simple hecho de ser islamista: El vínculo clave y único es la fe, en este caso la versión chíita del Islam, siendo la confesión religiosa lo único que interesa reivindicar. De ahí que traten de expandir sus influencias sobre otras poblaciones chiitas del mundo islámico que serían consideradas, literalmente, iguales a ellos, independientemente de características regionales, nacionales, lingüísticas o raciales.
No existe, por tanto, un aliado persa contra la Globalización. El enfrentamiento se produciría, en todo caso, entre dos modelos de Globalización diferentes.

 -Mitos en torno a Palestina

Qué es Hamas y orígenes del Islamismo en Palestina
Como hemos visto, los mitos en torno a Irán se centran especialmente en tratar de presentarlo como un aliado. En el caso palestino, es más el odio al Estado de Israel lo que ha venido impulsando los apoyos hacia los grupos palestinos de resistencia, los cuales van a ser objeto de nuestro análisis posterior.
Me gustaría empezar por lo más evidente e importante de todo: Hamas, principal organización palestina de combate contra Israel, es un grupo de orientación islamista.

Su conocido nombre no es más que el acrónimo de Harakat al-Muqawa al Islamiya, que se traduce como Movimiento de resistencia islámica. Nació en 1987 como una escisión en la región de Palestina de los Hermanos musulmanes, grupo creado en Egipto por Hassan al-Banna y primera organización islamista de la Historia de la que surgieron todos los demás.
Las primeras actividades islamistas en la zona de la actual Palestina se remontan a 1935, cuando el hermano del citado Hassan al-Banna, Abdel Rahman al-Banna, visitó al mufí de la zona. En este momento, este islamismo primigenio se oponía al momentáneo control británico de la zona. Para el año siguiente,1936, ya habían perpetrado ataques contra los ingleses y los judíos asentados en la zona del protectorado.
No sería hasta 1945 cuando se conformó oficialmente una rama de los Hermanos musulmanes en la zona de la mano de Said Ramadan, comenzando a combatir muy pronto con el recién creado Estado israelí.
Ante el auge del Panarabismo y la práctica aniquilación de los Hermanos musulmanes en Egipto, este grupo y todos los semejantes de corte islamista, perdieron bastante influencia en la zona y entraron en un periodo de marginalidad.
Como ya he comentado en otros textos (Panarabismo), todo cambió a partir de la Guerra de los seis Días que daría comienzo al auge del Islamismo en todo el mundo islámico. La coalición panárabe compuesta por Egipto, Siria y Jordania había prometido expulsar a los judíos al mar y disolver el Estado israelí. El resultado fue bien distinto: En tan solo seis días el ejército israelí había prácticamente aniquilado a las fuerzas árabes. Aquel acontecimiento hirió de muerte a todo el movimiento panárabe, que comenzaría su lenta agonía.

En la etapa anterior a la victoria hebrea, Israel toleró y apoyó las opciones islamistas no violentas, con el fin de restar apoyos a la OLP (Organización para la liberación de Palestina), mucho más activa y combativa en aquel momento, incluyendo secuestros de aviones. La OLP era la organización palestina que podemos encuadrar dentro del Nacionalismo árabe.
Es importante tener muy en cuenta que desde la Descolonización, Palestina sufrió una evolución paralela a la del resto de los países islámicos: De los gobiernos títere de Occidente dejados tras la Descolonización, pasando por el intento de modernización nacionalista encarnadas en la OLP (Organización para la liberación de palestina), hasta llegar a la actual preponderancia del Islamismo. Aun cuando la influencia de Israel ha sido especialmente importante en esta zona por razones lógicas, la evolución de esta región es perfectamente identificable con la del resto del mundo árabe.

El origen de Hamás
Como ya comenté, Hamás surge oficialmente en 1987 en el contexto del auge islamista que se produjo en todo el mundo islámico a raíz de la victoria en el conflicto de los 6 días ya explicado (1967) y de la Revolución iraní (1979).
Su objetivo desde ese momento y hasta nuestros días es destruir al estado de Israel para poner en su lugar un Estado islamista que ocuparía los territorios del propio Israel, Cisjordania y la franja de Gaza. Conviene tener en cuenta estos principios, ya que con solo tenerlos en mente se libra uno de caer en no pocos tópicos: La destrucción Israel es únicamente el primer paso en un plan de carácter internacional.
Este grupo está dotado de una estructura tripartita: Por un lado, poseen unos grupos centrados en la asistencia social (Dawa), clave para ganar apoyos masivos entre la población; por otro también desarrollan actividades políticas basadas en el Islamismo, y, finalmente tenemos al grupo armado, encargados de emprender una guerra de guerrillas y atentados terroristas.
Los ataques de este último no están dirigidos únicamente hacia militares y civiles
 israelíes, sino también a corrientes árabes que podemos encuadrar dentro del nacionalismo modernizador, como la propia OLP. 
Este principio nos indica también que la organización es de corte islamista: Su objetivo principal es destruir toda corriente occidentalizante y devolver el mundo islámico al Islam original, es decir, al predicado por Mahoma en el siglo VIII. Para ello, no basta con acabar con Israel, sino eliminar todas las formas políticas, económicas, sociales y culturales consideradas impías y enemigas de la religión ortodoxa y pura.
 Para terminar de aclarar esto, conviene repasar el artículo octavo de su carta fundacional recoge la necesidad de la Yihad: Alá es su objetivo, el Profeta su modelo, el Corán su constitución, el yihad es su camino y morir en nombre de Alá uno de sus más nobles deseos.
Esta realidad ineludible nos lleva necesariamente a otro principio básico de este movimiento y que se relaciona con lo que hemos hablado sobre Irán: No son ni pueden ser patriotas, ni tampoco son un movimiento de liberación nacional al estilo de los que se han desarrollado en Europa. La ‘’liberación de Palestina’’ es el paso inicial en un proceso internacional, tal como nos ha demostrado el Islamismo en estas décadas. Así nos lo explica Khaled Mishal, jefe del aparato político:
>> Hamás no es una organización local, sino la vanguardia de un proyecto político, cuya ambición se hace extensiva al mundo árabe, islámico e internacional. <<
Como todo movimiento islamista, su seña de identidad es el Panislamismo: La unión de todos los musulmanes bajo el criterio religioso, sin importar las diferencias nacionales, raciales, lingüísticas o culturales. Tal como ya comenté en el caso iraní, el Islamismo es un movimiento globalizador, y Hamás no es ninguna excepción a la norma.
Pasando ya a las instituciones que se ocupan de la labor social de Hamás (Dawa), decir que son, evidentemente, las caras visibles y amables del movimiento, en contraposición con el ala militar que se dedica a actividades encubiertas. El Dawa, realiza un amplio abanico de actividades caritativas y sociales, articuladas en torno a las mezquitas. Esto no solo ha permitido el desarrollo de una red de servicios, sino una fuerza atracción de la población hacia los líderes religiosos que las coordinan. Es una parte fundamental del activismo político de Hamás y su principal fuente de apoyos y militantes.
Por encima y supervisando a ambos, tendríamos la estructura política, el Majlis al-Shura que no es otra cosa que un consejo que se encarga de supervisar las acciones de la organización en su conjunto. Cada una de estas secciones se compone de organismos más pequeños que se encargan de tareas más concretas y se distribuyen por todos los territorios citados antes incluidos dentro del programa de Hamás.

Profundizando un poco más en las actividades terroristas, decir que comenzaron en 1987, mismo año de su fundación, tanto contra objetivos israelíes, como hacia colaboradores de éstos dentro de la población palestina. Muchos de los atentados fueron de carácter suicida, lo que nunca había ocurrido hasta entonces en el contexto israelí. Desde el mismo año 1987 hasta los 2000 los ataques fueron aumentando considerablemente, íntimamente ligados a las intifadas.
Pero Hamás no cuenta únicamente con fuerzas terroristas: En 2003 constituyeron por primera vez un ejército popular semi-profesional, que a día de hoy continúa operando en la zona a través de guerrillas
Hamás es a día de hoy el grupo militante anti-israelí más importante que existe, superando a organizaciones laicas y/o de corte marxista del pasado siglo como el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Comando general, el Frente democrático para la liberación de palestina o la Organización de Abu Nidal entre otros. Todas estas organizaciones fueron decayendo desde la derrota en la Guerra de los 6 días de la coalición panárabe contra Israel (1967) y no pudieron subsistir al tremendo empuje que ganaron las opciones islamistas con el comienzo de la Era islamista a partir de la revolución iraní (1979)
Junto a Hamás, también se crearon otras organizaciones islamistas como Yihad islámico o las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa, con los que han realizado ataques conjuntos, a pesar de existir cierta rivalidad por encabezar la lucha in situ contra el Estado israelí. En este contexto también tiene su importancia Irán, que viene financiando generosamente a estos grupos y posee fuerzas propias en la zona, Hezbolla, que también desarrollan ataques conjuntos con junto a las organizaciones locales ya explicadas.


Conclusiones y reflexiones finales
Este es buen momento para aclarar que con este artículo no se está entrando a analizar la legitimidad o falta de ella del Estado de Israel, tema complejo y que requerirá de otro artículo en el futuro. Con estas líneas me estoy centrando única y exclusivamente en desmentir la gran cantidad mitos que hay en torno a Irán y a las principales fuerzas pro-palestinas. Independientemente de la opinión que genere Israel, cosa que dejo a la libertad del lector, los datos aportados aquí sobre el régimen iraní y sobre Hamás son evidentes y están contrastados, aunque cada uno es libre de habitar en un mundo paralelo donde semejantes grupos y fuerzas políticas pueden llegar a ser ejemplo de algo.
No entiendo muy bien como Irán y Hamás han llegado a constituirse como auténticos becerros de oro en torno a los cuales no pocos patriotas se han colocado para adorarlos. ¿Acaso será que tendemos a creer, aquello que queremos creer? Debemos ser conscientes de que es la teoría la que debe adaptarse a la realidad, y no al revés.
Espero que esta sumaria explicación haya servido para ir rechazando estas mitificaciones y referentes que no son tales, e ir construyendo un Patriotismo sano alejado de semejantes lastres, cuya defensa lleva a caer en constantes contradicciones y a un descrédito más que justificado.

>> (…) Otro de los objetivos prioritarios es el de eliminar errores comunes y muy arraigados entre los actuales patriotas españoles lo que, muy posiblemente, provocará que sufra algunas críticas. << (Introducción a esta página)



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Fuentes y material de ampliación
Levitt, Matthew (2008) Hamás, Verticales de bolsillo, Barcelona
Merinero, María Jesús (2007) Diversos registros de la República Islámica de Irán, Universidad de Extremadura, Badajoz

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