ENTENDER EL MUNDO ISLÁMICO II: PANARABISMO


La caída del Imperio otomano y la colonización europea de territorios históricamente musulmanes provocaron un auténtico terremoto en el Mundo islámico. Algunas réplicas de este seísmo duran hasta hoy día.
Como ya hemos comentado en el artículo anterior, una de las reacciones a la situación de postración del mundo islámico en general y de los pueblos árabes en particular, fue el desarrollo del Panarabismo: Una serie de intelectuales locales, muchos de ellos formados en instituciones occidentales, comenzaron a plantear que la única forma de recuperar la grandeza de antaño y liberarse del yugo occidental, era imitando las formas y técnicas de sus colonizadores: Debían diseñarse modernas instituciones políticas, instalarse industrias, promover instituciones culturales modernas, limitar la acción del poder religioso sobre el político, … 
En definitiva, los países descolonizados debían reproducir los procesos que los europeos habían implementado en sus respectivos países a lo largo de los siglos XIX y XX, para superar su momentáneo subdesarrollo.
Esta corriente, que llamaremos ‘’modernizadora’’, tuvo una enorme importancia desde la misma Descolonización. Veamos como se desarrolló:

Gobiernos títere tras la Descolonización
Las potencias europeas comienzan a abandonar Oriente próximo y África desde el final de la II Guerra mundial. Estos territorios eran ya en ese momento un avispero muy peligroso, plagado de numerosos grupos, que, unidos por el objetivo común de expulsar a las fuerzas de la metrópoli, perpetran numerosos altercados, disturbios y atentados.
Los europeos, conscientes de la importancia estratégica y económica de los territorios que estaban abandonado, dejan en muchos casos gobiernos títere afines a ellos, a través de los cuales mantener algún tipo de control sobre la zona. Así surgen una serie de élites políticas que en algunos casos perduran hasta hoy y que podemos llamar los conservadores: Este el origen, por ejemplo, del poder de la Casa de Saud en Arabia Saudí.
Estos grupos van a caracterizarse normalmente por la búsqueda de unas buenas relaciones con Occidente y por la defensa del mantenimiento del statu quo en Oriente próximo, es decir, defendían la organización heredada de la Descolonización.
Frente a estos gobiernos, va a surgir el Panarabismo que no va a tener la más mínima intención de perpetuar el sistema de ordenación dejado de los europeos, y va a tratar de desarrollar políticas revolucionarias en todos los ámbitos.
Tal vez la primera muestra de grupos de carácter modernizador y revolucionario en el mundo islámico la tengamos en Turquía, con el ascenso de Kemal Ataturk y la proclamación de la República de Turquía (1923), primer caso de estado musulmán con
un alto componente laico. Fue el propio Ataturk el que disolvió el Califato en 1924, institución que por aquel entonces no tenía ya un poder real, pero si un altísimo componente simbólico y religioso para la Umma (Comunidad de creyentes musulmanes)
Como Ataturk, otros grupos, normalmente salidos del ejército, derrocaron algunos de los gobiernos títere dejados por los europeos: Tal es el caso de Gamal Abdel Nasser y los Oficiales libres, que derribaron la monarquía del Rey Faruq en Egipto (1952)
En estos primeros años, en los que aun el Islamismo no era más que una semilla que aun tardaría unos cuantos años en germinar, el conflicto clave del mundo islámico se basaba en el enfrentamiento entre unas élites conservadoras que pretendían mantener la situación heredada de la Descolonización, y unas fuerzas revolucionarias y modernizadoras que pretendían dar un giro de 180º. Profundicemos ahora, en qué pretendía concretamente el movimiento panárabe.
Representación de G. Abdel Nasser. Curiosamente, tras él aparecen representaciones de figuras del Egipto antiguo pertrechados con armas modernas, y no hay alusiones a elementos islámicos

Programa del Panarabismo
A pesar de la Descolonización, los integrantes del Panarabismo rechazaban una serie de situaciones que se habían mantenido tras la salida de los europeos del territorio, a destacar, el Estado de Israel, territorios que aún permanecían colonizados como Argelia, los gobiernos títere como la ya citada monarquía del Faruq, y la gran dependencia política y económica de los estados árabes a pesar de haber logrado una teórica independencia.
En definitiva, existía un rechazo generalizado a la tutela occidental, que, si bien no se traducía ya en un sistema colonial, permanecía con fórmulas más sutiles como los ya explicados ‘’gobiernos de paja’’.
Para poner remedio a todos estos males, debían ponerse en marcha políticas radicales que diesen un vuelco a la situación heredada. Dentro del programa modernizador, destacaría las siguientes propuestas:

-Cambio políticos y territoriales: El Estado-nación árabe
Los cambios en las instituciones y en la organización territorial que pretendían los panarabistas son posiblemente los más radicales de todo su programa. Tanto es así, que la teoría que planteaban estaba en gran medida enfrentada con la propia realidad existente en el mundo árabe.
Básicamente pretendían dinamitar todo el sistema regional creado tras la Descolonización, para crear un gigantesco estado-nación árabe que englobase gran parte de los pueblos que habitaban desde Marruecos hasta la frontera oeste de Irán.
Este planteamiento, si bien grandilocuente e ilusionante para una gran parte de musulmanes que aun añoraban el esplendor del ya extinto Imperio otomano, era prácticamente imposible de llevar a la práctica ya que, tal como nos demuestra la Historia, ningún Estado-nación puede sostenerse sobre una población que no conforma una Nación: Ahí están los ejemplos en África, en los que diversos grupos de tipo tribal se han enzarzado en durísimos enfrentamientos civiles, a pesar de encontrarse compartiendo un mismo territorio y estar sujetos a una misma administración estatal.
Si bien el caso árabe no es 100% identificable con la situación africana, sí que existen ciertos rasgos comunes: No podía crearse una Estado-nación árabe, porque la población árabe no constituía una Nación. De hecho, es complicado hablar incluso de ‘población árabe’, porque bajo ese término general, existían numerosísimas diferencias de tipo regional.
Aun así, este programa tuvo ciertos avances, como la proclamación de la
República Árabe Unida (1958) tras la unión entre Siria y Egipto, los dos estados modernizadores por excelencia. Sin embargo, como ya he adelantado, la realidad se impuso, y el experimento toca a su fin tan solo tres años después.
La democratización era también otro de los procesos políticos que querían implementar en el largo plazo: El panarabismo funcionó tradicionalmente a base de dictaduras que buscaban ‘’modernizar desde arriba’’ para, tiempo después, con los cambios ya implementados y consolidados, avanzar hacia una democratización paulatina y ordenada.
No sabemos si estas propuestas eran una pose o una intención real, pero lo cierto es que nunca se llevó término: Primero, las reformas no acabaron de tener los efectos esperados, y el posterior auge del Islamismo, especialmente entre las capas populares, impidió la posibilidad de hacer depender al gobierno de las urnas y el sufragio.
En el caso de la política internacional, decir que normalmente los países con gobiernos panárabes se integraron dentro del Grupo de los No Alineados en la Guerra Fría, si bien es cierto que tuvieron normalmente una mejor relación con la URSS tanto por el apoyo recibido desde la potencia soviética como por conexiones de tipo ideológico, a través del llamado Socialismo árabe.
Mapa con los países no alineados durante la Guerra fría. Normalmente tuvieron mejores relaciones con el Bloque soviético

-Cambios económicos: Industralización
Una de las grandes reivindicaciones por parte de los modernizadores panárabes era la superación de la dependencia económica de Occidente, que la interpretaban en clave de neo-colonialismo: No eran ya una colonia de una potencia europea, pero dependían
por entero de las relaciones comerciales y económicas con ellas.
Para superar esta situación pretendían desarrollar una potente industria, al modo europeo, que les permitiese no solo lograr esa autonomía sino también aprovechar los considerables recursos energéticos con los que cuentan las regiones árabes.
Dentro de este ámbito podemos señalar los intentos por parte de Nasser de construir la presa de Assuán, la nacionalización del canal de Suez y el desarrollo de la industria en
gran parte del mundo árabe.
Se puede hablar aquí de un éxito relativo, ya que si se logró cierto crecimiento económico, pero éste no se tradujo en un desarrollo notable: Las economías por lo general mejoraron con un crecimiento sostenido del PIB, pero dicha mejora no llevó a un aumento paralelo de los servicios y de la calidad de vida de la población. Así, años después, una gran parte de los más perjudicados por la pobreza y el subdesarrollo acabarían integrando las filas islamistas, atraídos por la idea de ‘’solidaridad musulmana’’ planteada por este movimiento.
El Socialismo árabe, promulgado por Nasser y que introducía bastantes elementos de
corte socialista, no tuvo todo el éxito pensado, a pesar de la consecución de ciertos logros.
A día de hoy, gran parte de los países que mantienen en cierto modo el ideario panárabe o que han tenido gobiernos de este tipo, se encuentran dentro del grupo de los países en vías de desarrollo.

-Cambios culturales: Modernización ‘’a la árabe’’
Los intentos de modernización y de imitar los modos europeos no se limitaron únicamente a crear estados-nación e industrializar las economías, sino que también se desarrolló una suerte de Cultura liberal árabe: La Nahda, que se traduce como El Renacimiento. Este movimiento estaba formado principalmente por intelectuales sirios y libaneses, siendo su máximo exponente Mohamed Abdo (1849-1905) el llamado Reformador del siglo. Las ideas de este autor decimonónico fueron recuperadas durante los años del Panarabismo.
Gran parte del ideario modernizador se puede resumir en esta cita de Abdo: 
>>La patria que construiremos mediante la libertad, el pensamiento y la fábrica<<
- Patria, lo que indica el carácter nacionalista del movimiento.
-Libertad, el valor por excelencia de la Ilustración y de la Modernidad europea que se pretende imitar.
-Pensamiento, desarrollo de la ciencia, otro de los exponentes de la Modernización europea
-Fábrica, como el gran símbolo de la superioridad técnica europea
Lo cierto es que en un primer momento el movimiento panárabe contó con no pocos intelectuales, muchos de ellos influenciados por la potencia de la cultura occidental y algunos incluso habían surgido de instituciones académicas coloniales.
Nuevamente, la imitación de la modernización europea quedó en una mera proposición de intenciones. Un ejemplo de ello sería lo limitada que estuvo libertad de prensa: Conscientes del apoyo popular al Islamismo, los gobiernos modernizadores controlaron estrechamente la prensa, convirtiéndose ésta en un arma política más para dirigir la opinión pública.

El papel del Islam en la política
El Islam era la religión que articulaba no ya los países árabes, sino toda el mundo islámico. El desmantelamiento del califato, que recordemos encarnaba tanto el poder político como el religioso, no hizo que el Islam perdiese su trascendental importancia en las sociedades musulmanes: Continuaba determinando la cosmovisión, las formas de vida y la cultura de los pueblos bajo su órbita.
Por ello, las tres fuerzas en liza de la segunda mitad del siglo XX (Conservadores, panárabes e islamistas) tenían la obligación de ‘’contar’’ con el Islam para sus correspondientes proyectos políticos si querían gozar de una mínima perspectiva de éxito.
Posiblemente fuese el Panarabismo el movimiento que menos importancia dio al
Islam, cosa lógica ante el importante componente laico que poseía su programa: Al hacer énfasis sobre la cuestión nacional, la religión se consideraba un elemento más dentro del amplio abanico cultural de los pueblos árabes. Era un elemento identitario importante, pero ni mucho menos el factor en el que había de basarse la doctrina política.
Para tratar de compatibilizar el Islam, reducto de tradiciones y formas arcaicas entre los musulmanes, con sus postulados modernizadores y socialistas, se trató de encontrar las similitudes entre ambos. Un buen reflejo es la siguiente cita de Nasser:
>> ¿El socialismo se opone en sus principios a la religión? Algunos así lo pretenden. Pero eso significaría que la religión justifica la explotación. La religión nunca ha dicho eso. La religión musulmana es una religión socialista al cien por cien (..) El socialismo no es, consecuentemente, más que la aplicación de justicia social mencionada en la religión. << (Discurso de Nasser en 1965)
Los conservadores, por su parte, buscaron instrumentalizar al Islam, para legitimar ideológicamente sus intereses: Para contestar a los proyectos revolucionarios y tratar de mantener la situación tal y como les había sido entregada durante la Descolonización, se fundamentaron en el Islam como elemento para evitar los movimientos modernizadores y las revueltas sociales.
Finalmente, cuando entra en juego el Islamismo, el Islam deja de ser un instrumento al
servicio de uno u otro proyecto político, para convertirse en la base doctrinal fundamental, que será analizada en futuros textos: La vuelva al Islam original, conversiones masivas y forzosas, reconstrucción de los califatos de antaño, árabe como lengua vehicular al estar el Corán escrito en dicha lengua, lectura literal de los Textos sagrados, …
La concepción que se tenía sobre la religión en cada corriente política, es representativa de lo que pretendía cada una de ellas. Queda explicado en el siguiente cuadro:

PAPEL DEL ISLAM EN CADA CORRIENTE POLÍTICA
CONSERVADORES
PANARABISTAS
ISLAMISTAS
·        Idea general: Debía mantenerse la situación heredada de la Descolonización
·        El Islam era un factor de estabilidad, y permitía reducir la conflictividad social y los movimientos revolucionarios
·        Idea general: Querían implementar cambios revolucionarios
·        El Islam era un factor identitario importante dentro de la ‘’Nación árabe’’, pero ni mucho menos el elemento clave, ni la piedra angular sobre la que construir el proyecto político modernizador.
Debía limitarse su importancia política y social

·        Idea general: Regreso al Islam original predicado por Mahoma y que inspiró los primeros Califatos
·        El Islam es la base sobre la que se construye el proyecto político: Proselitismo y conversiones masivas, vuelta a ‘’los orígenes’’, lectura literal de los textos sagrados, …


Auge del Panarabismo
En un primer momento, el Panarabismo y Nasser como su principal cabeza visible, gozaron de una popularidad notable, incluso fuera del mundo árabe, por los avances económicos y la modernización experimentada por bastantes de los países bajo su órbita.
Podemos señalar los años 50 como la década dorada de esta corriente en todo el mundo árabe. Dentro de ese periodo, destacan dos hitos trascendentales que tuvieron lugar en el Egipto de Nasser: La nacionalización del canal de Suez y la constitución de la República Árabe Unida.
La primera de las medidas citadas, fue tomada debido a que el Reino unido y Estados Unidos rechazaron financiar la construcción de la presa de Asuán, una obra faraónica (Nunca mejor dicho) que permitió, cuando finalmente se llevó a término, una considerable producción de energía eléctrica, controlar el irregular caudal del Nilo y mejorar la agricultura. 
La negativa de las potencias anglosajonas, llevó a que Nasser decretase la nacionalización del Canal de Suez (1956). Inglaterra y Francia, las grandes
perjudicadas por la decisión, apoyadas por Israel, ocuparon ese punto estratégico sin demasiada oposición. Sin embargo, Estados Unidos y la Unión Soviética condenaron la intervención occidental y las fuerzas de ocupación abandonaron sus conquistas. Quedaba demostrado ya que las potencias europeas jugaban un papel secundario en la política internacional en comparación con las dos superpotencias de la Guerra fría.
De este modo, Nasser convirtió una estrepitosa derrota militar en un gran éxito diplomático que le proporcionó una enorme popularidad en todo el mundo árabe.
Al año siguiente, en 1958 se produjo el otro gran éxito panárabe: La fusión entre Siria
y Egipto en la República árabe unida, bajo la presidencia del propio Nasser. Parecía el espaldarazo definitivo al programa de unión nacional árabe: Habían derrotado a las potencias que tradicionalmente habían dominado Oriente próximo y dos de los estados más potentes de la zona (Siria y Egipto) se habían unificado conformando un único estado.
Sin embargo, la realidad, que es obstinada, no tardaría en imponerse: Tres años después, en 1961, un golpe de estado por parte de militares sirios proclama nuevamente la independencia de Siria. La República Árabe Unida queda disuelta y el proyecto de unión árabe comienza una lenta agonía que, curiosamente, coincidirá con el deterioro físico del propio Nasser.

Caída del panarabismo
A partir de 1961 podemos hablar ya de crisis dentro del Panarabismo: La disolución de la República Árabe Unida, el estancamiento económico y los conflictos y conspiraciones internas que azotaban el mundo árabe estaban paralizando todas las intenciones de unidad territorial y modernización.
A pesar de que Nasser mantuvo su liderazgo, ya bastante maltrecho, hasta 1970, año de su fallecimiento, lo cierto es que dos fechas marcan el descrédito panárabe: La ya explicada disolución de la RAU (1961) y la estrepitosa derrota contra Israel en la Guerra de los Seis días (1967)
La época de mayor esplendor del Panarabismo había coincidido con la victoria diplomática en el Canal de Suez. Por ende, una nueva victoria, ahora de carácter militar, sobre el enemigo más acérrimo del mundo árabe, Israel, podía devolver a Nasser la credibilidad pérdida durante la década de los 60, además de hacer olvidar el estancamiento económico y el desarrollo de los últimos años. Focalizar la atención en el enemigo exterior, permitiría unir a todos los pueblos árabes bajo la misma bandera. La idea estaba clara: Debía cumplirse la vieja promesa de ''echar a los judíos al mar''.
La grandilocuencia y la beligerancia con la que se irradiaron los discursos en aquel
momento, unido a las altas expectativas puestas en la victoria, hizo que la derrota militar, rubricada en tan solo seis días, fuese un mazazo absoluto sobre Nasser en lo personal y sobre todo el Panarabismo en general.
Tras el fracaso, Nasser dimitió de su cargo momentáneamente, aunque finalmente retiró su renuncia y continuó ocupando puestos de relevancia hasta su fallecimiento.
Si bien muchos estadistas han tratado de retomar el legado de Nasser y de recuperar el liderazgo del mundo árabe, lo cierto es que desde ese momento el Panarabismo ha sido incapaz de recuperarse.
La mayoría de los estados que de un modo u otro trataron de desarrollar el proyecto, se han disuelto en luchas intestinas. Los que no, están dirigidos por dictaduras que a duras penas son capaces de mantener el orden social ante empuje de los radicales islámicos.
La caída del Panarabismo provocó un vacío que fue llenado por otro movimiento en auge: El Islamismo. Si los años 50 fueron los años del nacionalismo árabe modernizador, los 60 y 70 lo serían de los movimientos islamistas que se extenderían no ya por el mundo árabe, sino por todos los ambientes islámicos del Planeta. En futuros textos analizaremos las bases y las causas del auge de esta corriente.

Conclusiones y reflexiones finales entorno al Panarabismo
Con la perspectiva que nos proporciona el tiempo, podemos acercarnos con mayor objetividad a las causas que explican el desmoronamiento de los proyectos nacionalistas. En mi opinión, la causa principal de todas es un principio básico que rige la vida de todos nosotros: Una cosa es la teoría, y otra su aplicación práctica.
Tal como ocurrió con el Marxismo, la teoría trató de imponerse sobre una realidad que la rechazaba, y el resultado no puede ser otro que un desastre: La base del Panarabismo era la creación de un Estado-nación árabe, pero lo cierto es que no existía ninguna nación árabe:
El Imperio otomano estaba basado en el poder de los turcos sobre un abanico muy amplio de pueblos, que en la mayoría de los casos se organizaban de manera más o
menos autónoma basándose en estructuras de tipo tribal. Bajo el epíteto de ‘’árabes’’ se esconden no pocas diferencias culturales, religiosas y antropológicas de tipo regional.
El ‘’tribalismo’’ del Imperio otomano, además, se agudizó con el tiempo fruto de su progresiva pérdida de poder: En numerosos puntos tuvo que transigir y ceder el poder a élites locales que gobernasen las regiones-satélite de la Sublime puerta, como ocurrió con los mamelucos en Egipto.
Las luchas coloniales provocaron el espejismo de que existía ‘’unidad’’ en el mundo árabe, aunque ésta se basaba únicamente en que pueblos diversos se oponían a un enemigo común. Desaparecido ese rival externo y aglutinador, las divergencias de tipo regional hicieron acto de aparición.
Este fenómeno no es exclusivo del mundo árabe: Ocurriría lo mismo en zonas de Asia o África, que se mantuvieron unidas en las luchas por la Descolonización, pero una vez lograda la Independencia, los recién nacidos estados se enzarzaron en conflictos civiles.
El propio Gandhi, que había articulado la lucha anti-colonial en el continente indostánico, fue abatido por un nacionalista hindú.
Este hecho es vital y trascendental, y nos transmite claramente el imperio de la realidad sobre la teoría: No existía una nación árabe a nivel antropológico, y las diferencias regionales eran notables, lo que impedía el desarrollo de un Estado basado en la fórmula europea del Estado-Nación.
Pero, ¿La formación de la RAU y el apoyo notable que cosechó Nasser en el Mundo árabe no es la prueba de que sí existía? Lo cierto es que el apoyo al líder panárabe no se debía en exclusividad a su programa político de unión y, de hecho, cuando más apoyos cosechó fue precisamente cuando se enfrentó a enemigos extranjeros (Europeos o Israel): Nuevamente, los ‘’pueblos árabes’’ se unían ante un rival externo, pero cuando el peligro provocado por éste desaparecía, las tendencias regionalistas volvían a imponerse.
El nivel máximo de popularidad de Nasser coincidió con su victoria diplomática en el Canal de Suez.  En contraposición, la derrota contra el ejército israelí marcaría el inicio del declive: En el momento en el que Nasser pierde ‘’su estrella’’ como paladín del mundo árabe contra los poderes extranjeros, tras la Guerra de los Seis Días, el proyecto panárabe queda prácticamente extinto hasta nuestros días.
No deja de ser curioso como unos territorios que llevaban milenios bajo el control de imperios notables, cuando por primera vez logran una independencia de la que no gozaban desde la noche misma de los tiempos, son incapaces de llevar adelante un proyecto de unidad territorial común.



Artículo anterior:
Introducción al mundo islámico


Continuación
Islamismo

Fuentes y material de ampliación 

BALTA, Paul (1990) El fenómeno islamista, Claves de razón práctica, Madrid

ABU-TARBUSH, José (2007) Del nacionalismo a los islamismos, Universidad de La Laguna, Tenerife


Documental: Grandes batallas de la Historia #11 La guerra de los seis días


 - Ver libros publicados


Recibe en tu e-mail todas las novedades


Comentarios