LA CRISIS ESPAÑOLA EN LOS INICIOS DEL SIGLO XXI

Pablo de Tarso dijo en su carta a los Corintios:
’y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes” (Corintios 1.15)
Todo individuo que se considere patriota español en nuestro tiempo debe plantearse una cuestión básica: ¿Puede España ser un país soberano? Del mismo modo que si Cristo no resucitó, el Cristianismo no tendría sentido, tampoco tendría sentido el ser patriota si, en realidad, la recuperación de la soberanía es un hecho imposible: Si el pueblo español es incapaz de volver a tomar las riendas de su destino, entonces lo mejor es que cada uno de nosotros dejemos todo ésto y volvamos a nuestras casas pues ningún sentido tendría esforzarse y trabajar en la búsqueda de una meta que es en sí misma imposible.

Lo cierto es que, reflexionando al respecto, a nadie se le escapa que el panorama actual es desolador, y los principios que llaman a la esperanza pocos y menguantes.
Por ello, trataré con estas líneas de realizar un análisis completo de cómo está la situación en nuestro país actualmente, intentando dejar de lado los sentimentalismos en pos de elaborar un informe lo más objetivo y completo posible sobre la actual situación de España. No es mi intención difundir el pesimismo, ni por el contrario exacerbar un optimismo infundado: Busco elaborar un diagnóstico real y útil para tratar de dar la vuelta a la vigente situación.
Trataré la cuestión en dos artículos diferenciados: En este primero expondré en toda su extensión la crisis que vive España y, en el siguiente, recogeré aquellos principios que invitan a tener esperanza en unarecuperación en el medio-largo plazo.
Se establecerá así una contraposición entre una visión sombría, pero realista, del estado actual de la nación; y un mensaje optimista fundado en las posibilidades y capacidades que tiene nuestra nación de resurgir y superar este escollo histórico.


¿Cómo está España a día de hoy?
A día de hoy España a duras penas puede considerarse una nación, así de simple. El término España no evoca nada, es un palabro vacío y sin contenido para gran parte de la población de nuestro país. El término nación es por definición sentimental, es una construcción emocional de un pueblo. Si se deja de sentir, deja de existir la nación. Ésto viene a explicar bastante bien la actual situación que vive el país. De la ausencia de sentimiento patriótico nacen todos los demás problemas: Si hubiese políticos patriotas, España no se encontraría en la situación en la que se encuentra. De haber un pueblo patriota, no tendríamos estos políticos. Ésta es la base fundamental de todos los problemas. Analicemos ahora los diversos males emanados de ella.
¿Es España una nación histórica en ruinas?

Plano político: Disolución en el exterior + Desintegración en el interior
Todas las naciones occidentales se encuentran a día de hoy en grave peligro de desaparición. Pero, dentro de esta dinámica general, no es ninguna exageración afirmar que España es una de las que se encuentra en una situación más precaria: Mientras que nuestros vecinos corren el riesgo de disolverse en espacios geopolíticos de carácter supranacional como la Unión europea, nosotros, además, contamos con el peligro añadido de desintegrarnos en unos nuevos reinos de taifa que harán de la Península ibérica una suerte de mosaico de estados diminutos y ridículos, sustentados sobre redes clientelares mafiosas.
Por tanto, se puede hablar de dos procesos simultáneos que están llevando a la desaparición de la nación española:

1.Disolución en el exterior
Mientras hablamos, se está produciendo la disolución de España en un organismo supranacional de carácter europeo que acabará por suprimir al Estado-nación o, como poco, relegará a sus instituciones a un mero papel administrativo del territorio. Este problema, de vital importancia, es azuzado por los cuatro partidos que a día de hoy se encuentran controlando las cámaras legislativas y el gobierno. Merece la pena rescatar algunas ‘’citas célebres’’ sobre el tema:
El ministro Margallo afirmó de manera totalmente desvergonzada lo siguiente: >> Habrá que ceder cantidades ingentes de soberanía << ¡Como si la soberanía perteneciese a este señor o a los partidos que detentan el poder!
Recientemente otro político en auge también dejó unas líneas para el recuerdo. El señor Albert Rivera reclamaba el siguiente futuro para su hijo:
>> Quiero una España moderna en una Europa sin fronteras. Yo quiero que nuestros hijos puedan decir en un futuro que ellos son de los Estados Unidos de Europa <<
A pesar de estas palabras, no son pocos los que creen que este señor y su partido son
el garante de la unidad española. De nada sirve mantener una nación unida, si posteriormente va a ser fagocitada por una entidad mayor como es la Unión europea.
Hay que recalcar también que TO-DOS los partidos, incluidos los tan ‘’revolucionarios’’ como Podemos, abogan por la continuidad de la Unión europea y por el aumento de las competencias y poderes de ésta en detrimento de los estados-nación tradicionales. Sin ir más lejos, la formación presidida por Pablo Iglesias lamentó el Brexit, lo cual no deja de ser sorprendente.

2.Desintegración en el interior: Las nuevas taifas
Unida a la disolución de España en la Unión europea, tenemos los movimientos disgregadores, que en nuestro país también suponen un peligro manifiesto para la supervivencia de la nación. De hecho, España es posiblemente la zona de Europa donde más fuerza poseen los movimientos independentistas. ¿Cómo es ésto posible? No puede entenderse el auge de las corrientes secesionistas sin el apoyo, la financiación y la legitimación de la que han disfrutado en las últimas décadas. Conviene reseñar que este apoyo, directo o indirecto según la ocasión, ha llegado principalmente desde Madrid y no solo desde grupos afines a la izquierda.
Un ejemplo muy ilustrativo de la potencia que tienen los movimientos disgregadores
en España es la legitimación de las acciones terroristas como arma política, en tanto que a los cabecillas y artífices de los ataques se les ha permitido entrar de manera legal en las instituciones y se han cumplido un gran número de sus exigencias. Otra situación que, lamentablemente, lleva la Marca España, ya que es exclusiva de nuestro país. 
En este proceso de legitimación de criminales históricos juega un papel clave la Ley de Memoria Histórica, ya que con la excusa de la Guerra civil, se busca establecer por ley que todo aquel hiciese frente al Franquismo es, por definición, un luchador por la libertad. El axioma anti-franquista=demócrata es una de las grandes falsedades plenamente establecidas a día de hoy en España.

Por otro lado, no debemos caer en el típico error de pensar que el problema solo está en Cataluña, País Vasco o Galicia: El actual sistema autonómico ha creado una suerte de caciques o señores feudales que, de facto, gobiernan de manera total sobre sus respectivos territorios. No importa que esas élites parásitas tengan proyectos de independencia o no. Lo cierto es que España, a día de hoy, es un país neo-feudal: Son
incomprensibles las gigantescas redes mafiosas que existen en ciertas regiones de España como en Andalucía, sin tener en cuenta que este sistema de organización territorial está pensado especialmente para sostenerlas.
Personalmente opino que, igual que las mafias se reparten zonas de la ciudad para no entrar en conflictos con sus chanchullos, estos políticos se vienen repartiendo sistemáticamente el país para, posteriormente, crear sus redes clientelares y hacer de las regiones sus cotos privados.
A pesar de las aparentes furibundas luchas políticas entre partidos que vemos a diario en los medios, nadie critica el sistema autonómico. Es aparentemente innegociable. Y esto es así porque el devenir de España les importa un bledo: Su objetivo es, básicamente, aumentar estos espacios privados de poder a costa de las demás organizaciones políticas y a costa de todos los españoles que somos los encargados de mantenerlas.
Lo cierto es que la organización autonómica es insostenible, tanto en términos económicos como en términos de unidad nacional. Sin embargo, la actual clase política es, literalmente, incapaz de modificar este escenario ya que su poder depende de las redes de apoyo (Clientelares) sustentadas sobre el propio modelo autonómico.
Igual que en el Cursus honorum los notables romanos debían granjearse los apoyos de diversos personajes para lograr acceder a los puestos clave, los políticos españoles deben hacer lo propio para mantenerse donde están. 
Acuérdense de todo ésto cuando oigan que no hay dinero para las pensiones o cuando se hable de más recortes para evitar la quiebra del estado. Los recortes deberían afectar única y exclusivamente a la clase política y al modelo autonómico que sostiene millones de puestos parásitos.

La nefasta situación en el interior permite y facilita la postración ante el exterior: España es un país que no tiene una política exterior digna de tal nombre. Tal vez la mejor muestra de ésto es la cuestión de Gibraltar: Somos a día de hoy la única nación europea que soporta una colonia en su propio territorio.
Colonia, además, perteneciente a una nación que poseyó en su día el mayor imperio de la historia humana.
Curiosamente Inglaterra no tuvo reparos en abandonar sus posesiones ultramarinas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y sin embargo mantiene aún su control sobre Gibraltar. Este hecho debería hacer reflexionar a los que dicen que es tan solo una ‘’roca’’ y se ríen de los mensajes que abogan por la reunificación con España. No deja de ser curioso como en nuestro país existen grupos anti-imperialistas que se preocupan más por la situación del Sáhara occidental que por tener una colonia de una potencia extranjera en un puto clave de nuestra geografía. El tema gibraltareño realmente daría para un artículo completo.

Todo lo dicho hasta ahora demuestra una clara diferencia muy pocas veces entendida: Una cosa es el Estado y otra cosa es la Nación. En España tenemos un Estado, un gobierno y una clase política que es, de facto, rival de España y que maquina contra su continuidad histórica y su supervivencia. En otras palabras, esta clase política hace peligrar la conservación de la nación.

Plano económico
El absoluto vasallaje de España es especialmente perceptible en la economía. España en el año 1975 era una potencia económica en auge: Crecía a un ritmo considerable,
tenía una industria más que notable y un sector primario capaz de competir a nivel mundial. 
Hoy el panorama es radicalmente distinto: Cerca del 100% del PIB se encuentra ya cubierto por la deuda exterior, la destrucción de la red industrial ha sido brutal y, además, tenemos la obligación de importar productos agrícolas que, antes, producíamos sin ningún tipo de problema. 
En consecuencia, nos hemos convertido en un país de economía casi exclusivamente turística. Nuestra subsistencia depende básicamente del exterior: Si el flujo de turistas decrece, también lo harán los ingresos. Un país turístico es, por definición, un país dependiente.
Y no solo eso, sino que este modelo tan solo genera empleo para ciertos meses al año, lo que supone un tremendo perjuicio para un gran número de personas que tan solo pueden trabajar de manera efectiva en esos periodos. 
Las medidas tomadas desde los ochenta, que deberían haber modernizado el país, han sumido al propio Estado en una ruina económica absoluta que, por supuesto, deben sufragar los españoles a través de unos impuestos cada vez más abusivos. La propia ciudadanía, por supuesto, también se ha visto afectada ya que la reducción de la calidad de vida ha sido una de las consecuencias de la destrucción de trabajo estable (Industria) y el auge de ocupaciones precarias y temporales (Turismo)
Recordemos que los cambios económicos fueron parte de las imposiciones que se nos exigieron desde la Unión europea para poder ingresar en ella. Además, también fueron promocionados por nuestros propios dirigentes en pos de la llamada ‘’Reconversión’’. Reconvertir, por definición, implica convertir algo en otra cosa. Aquí, ese algo se ha convertido en la nada más absoluta.
Los españoles, aparte de las ya citadas autonomías, también tenemos que correr con los gastos de semejante chapuza.
Dentro del plano económico también se puede hablar largo y tendido sobre la total dependencia energética del exterior: España depende tanto de los billetes llegados de fuera como de la corriente eléctrica suministrada por nuestros vecinos. 
¿Acaso hay algo que subraye más la dependencia total del exterior?


-Plano militar
Como no podía ser de otro modo, la falta de soberanía se manifiesta también en la defensa militar del territorio. También aquí pueden observarse abundantes situaciones como poco rocambolescas: Mientras que las fuerzas militares españolas se encuentran esparcidas por medio mundo, nuestra defensa depende de ejércitos extranjeros encuadrados dentro de la OTAN.
Bajo el pseudónimo de ‘’misiones de paz’’ los hombres del ejército se encuentran combatiendo en guerras en las que, desde luego, nada se le ha perdido a España.  Como ha indicado Pio Moa no pocas veces, España debería abandonar o renegociar su situación dentro de la OTAN, ya que es ridículo que, en caso de ataque, tendríamos que batirnos en defensa de Gibraltar. Tan solo un ejército colonial (Cipayo) se batiría en defensa de una colonia extranjera en su propio territorio. 
Por si esto fuera poco, también debe saberse que actualmente nuestras fuerzas marítimas se dedican a recoger inmigrantes ilegales en las costas de África para traerlas directamente hasta la Península. Nuestro propio ejército apoya, de este modo, la inmigración ilegal.
Mientras ocurre todo ésto, Marruecos, el único país que es un enemigo potencial de España con
 reivindicaciones territoriales sobre enclaves de soberanía española, expande y moderniza su ejército, con la inestimable ayuda de algunos de nuestros supuestos aliados. 
Debo reseñar que no debemos centrar la crítica en elementos ajenos a España: Los problemas del país son mayoritariamente culpa de los españoles. Si hubiese una voluntad firme de hacerse respetar y de ser soberanos, los problemas derivados de fuerzas externas a la nación se reducirían considerablemente. No se puede criticar a otras naciones por defender sus intereses mientras nosotros no hacemos lo propio.

-Plano cultural: El auténtico Páramo cultural
La cultural oficial en España, es decir, la que es irradiada desde la televisión y la radio, la que se enseña en las escuelas, la que ocupa las principales tribunas públicas y la que, en conclusión, está inserta mayoritariamente en las mentes de la población, es anti-española. La defensa de la desintegración de España en la Unión Europa, su disolución en los cuasi estados federados que son las autonomías, la Leyenda negra como teoría explicativa de la Historia de España, el rechazo manifiesto de nuestra herencia histórica… Todo ello es defendido y difundido desde los grandes medios de masas y desde la educación pública al conjunto de la ciudadanía. Y ese mensaje, lamentablemente, cala.
Si bien España comparte bastantes problemas cruciales con las naciones europeas vecinas, lo cierto es que en el plano cultural somos nuevamente una excepción: El odio a la propia nación, a la propia comunidad a la que se pertenece y al pasado histórico heredado está muy extendido en nuestro país.
Este principio nefasto explica en gran medida porque ideologías y corrientes
destructivas como el feminismo o la propia nueva izquierda tienen tanto arraigo en España: La base de la cultura oficial es el odio a España, y, a partir de ella, germinan las diversas corrientes que abogan por su aniquilación, bajo el amparo tanto de las instituciones como de los medios de comunicación de masas.
Y vuelvo a repetir: Esta situación es en gran medida apoyada desde las instituciones estatales y desde todas las fuerzas políticas que actualmente tienen representación. Todos los partidos, sin importar su ideología, han hecho suyo el discurso anti-nacional imperante.
En el futuro, si es que sigue existiendo algo a lo que llamar España, convendría estudiar cómo ha sido posible la supervivencia de la nación en una situación tan dramática a todos los niveles durante tanto tiempo.
El notable atraso cultural que se vive en España puede explicarse también en función de lo ya dicho: Del odio a uno mismo, nada elevado y digno de admiración puede surgir. Basta observar las producciones culturales de la actual clase intelectual (Por llamarla de alguna forma) para entenderlo: Transmiten pesimismo, corrupción, decadencia. 
Un claro ejemplo de esto lo tenemos en el cine español, que se divide entre las comedias baratas repletas de chabacanería y los bodrios deprimentes e infumables.
Se habla muchas veces de un supuesto Páramo cultural durante el Franquismo, pero lo
cierto es que jamás se ha encontrado España en una situación tan pobre en el aspecto
cultural e intelectual como en nuestro tiempo: Nuestra cultura está conformada, básicamente, a base de pedazos mal ensamblados de la de países extranjeros. De igual modo, la cultura mundo tiene también un arraigo muy importante. Así, se nos plantea que debemos renunciar a la cultura y tradición españolas para asimilar una cosmovisión global y cosmopolita. En otras palabras, renunciar a lo que somos para convertirnos en correctos ciudadanos del mundo globalizado del siglo XXI. 

La ausencia de una cultura española digna de tal nombre, explica la irrupción de corrientes que deben considerarse peligrosas. Los vacíos provocados por la inexistencia de una cultura propiamente española, son llenados con aportaciones foráneas. 
En el plano historiográfico también se puede observar claramente esta situación: Es habitual que muchos autores profesen un profundo odio a la propia herencia histórica y a la propia idea de España. En consecuencia, la Leyenda negra, desmontada ya hace décadas en las altas esferas académicas, sigue siendo a día de hoy la teoría explicativa y fundamental de la Historia de España, resumida en la tan repetida cita: “De todas las historias de la Historia la más triste es sin duda la de España, porque siempre termina mal’’.
Toda esta situación cultural ha venido generando un ambiente que, sin lugar a dudas, es
capaz de succionar las energías del Pueblo en tanto que el orgullo patrio, el más primario de todos los impulsos, junto con el familiar que por cierto también está en peligro, se encuentra totalmente cercenado.


La implantación de la Leyenda negra como teoría explicativa de la Historia de España junto con el panorama cultural que existe en el país es una tremenda losa sobre el espíritu de las gentes. Si este pueblo se levanta, primero, ha de deshacerse de semejante fardo a nivel espiritual y moral
Como citó acertadamente José Javier Esparza, es increíble como en España ha pervivido cierto sentimiento patriótico sin una clase intelectual sobre la que apoyarse.

-Plano demográfico: Un pueblo en peligro de extinción
Todos los problemas anteriormente citados quedan eclipsados por uno mayor. La mejor muestra del declive, la ruina y la corrupción moral y espiritual que afecta a España es posiblemente su situación demográfica. Este es el problema más grave y al que menos atención se le muestra: España desaparecerá, porque desaparece el Pueblo español. Muchos autores han llamado a esta situación el Invierno demográfico. ¿En qué se basa?
Según las más recientes estadísticas, apenas se tiene 1 hijo por mujer, situación que se prolonga ya desde hace años. De continuar por esta senda llegará, sin tardar mucho, un colapso demográfico a España.
En nuestro mundo economicista esta disyuntiva solo preocupa por la imposibilidad
matemática de continuar pagando las pensiones en el medio plazo: La desaparición de los jóvenes, y por ende de la gente que trabaja y cotiza, hará imposible seguir sosteniendo el actual sistema tributario y asistencial.  Sin embargo, los problemas no son únicamente de índole económica ya que el desplome demográfico del pueblo español, unido a la inmigración masiva (Que gracias a Dios en España es menor que en muchos de los países vecinos) acabará por provocar el reemplazo de la población autóctona por elementos alóctonos. En este futuro hipotético no existiría, desde luego, España: Las naciones son construcciones ideológicas, culturales, sentimentales y emocionales de un pueblo determinado. Destruida la base antropológica que proyecta esa construcción, desaparecerá también ésta de manera irremediable.
Como ya he adelantado, en España se pueden citar incontables situaciones lamentables que pueden llegar a encolerizar a más de uno. Y, sin embargo, la más dramática de todas es ésta: La extinción de los españoles. ¿Qué mejor muestra de la decadencia de un pueblo que su progresiva desaparición?

Otra conclusión que se extrapola de todo esto es que nuestra actual cosmovisión, que desde este medio llamamos Progresismo, es una fuerza dañina y corruptora ya que no solo implica la depravación cultural y moral de las gentes, sino que lleva a la propia degradación y desaparición del pueblo al que afecta. Se puede establecer un paralelismo casi matemático entre ‘’índices de progresismo’’ y descenso de la natalidad: A más progresismo, menores índices de natalidad.
Los españoles estamos preocupados por diversos problemas: Corrupción, paro, descrédito de las fuerzas políticas, separatismos, … Problemas importantes, qué duda cabe. Pero debemos tener en mente que todos esos problemas afectan a un pueblo en vías de extinción. Por ende, nuestra prioridad debe ser lograr la pervivencia de un pueblo al que llamar con todas las letras ‘español’ para, posteriormente, atajar los problemas que le afectan.

-La resistencia: ¿Quedan patriotas?
En fechas recientes hemos podido observar como en la mayoría de los países occidentales han germinado diversos movimientos euroescépticos y de corte patriota. Abogan, básicamente, por remodelar el actual sistema europeo, por la defensa de la nación y por el control migratorio entre otros muchos aspectos. Estas fuerzas políticas han experimentado un espectacular crecimiento en muy poco tiempo y algunas de ellas están cerca de alcanzar el poder en sus respectivos países.
En España, sin embargo, a pesar de encontrarnos en una situación bastante precaria como venimos viendo, el movimiento de resistencia se encuentra aún en sus estadios iniciales: He citado varias veces como las cuatro principales fuerzas políticas son parte del problema y no de la solución. A la espera de las futuras elecciones europeas (2019) y generales (2020), podemos decir que España es de los pocos países occidentales que no cuenta con un movimiento político-social de peso que reivindique el estado-nación, la cultural nacional y tradicional, y el control migratorio.
Dicho esto, no son pocas las encuestas que apuntan a que VOX  será el partido que concentrará gran parte de los votos de la gente descontenta con la penosa situación que vive España a todos los niveles.


En estas líneas he citado los principales problemas que sufre España en nuestro tiempo. Muy posiblemente al lector se le ocurran algunos más, por lo que le ruego que los comparta en los comentarios para hacer de esta entrada un informe aún más preciso.
La muestra más cotidiana de todo lo dicho es el tupido manto de pesimismo que se encuentra cubriendo a la población, incluyendo a aquellos que se autodenominan como patriotas. El sentimiento de fracaso se encuentra muy arraigado en el subconsciente colectivo de los españoles y lo interiorizamos tal vez desde el mismo nacimiento.

Pesimismo estructural y movimientos patriotas
No querría terminar este artículo sin dedicar unas pocas líneas finales a explicar cómo esta desmoralización generalizada influye en el ámbito patriota. Es tal el peso de la visión negativa de España que incluso entre quienes nos definimos abiertamente como patriotas tiene su influencia a nivel inconsciente.
Este curioso fenómeno se deja ver sobre todo en la ausencia de proyectos alternativos para la nación más allá de que España se convierta en un satélite de otras grandes potencias.
En realidad, esta concepción no es más que la Leyenda negra extrapolada al ambiente patriota: España no puede salvarse por sí misma, con lo cual debe arrimarse al Sol que más calienta, variando, depende de a quién se le pregunte, la potencia que habrá de hacer el papel de Astro rey. Como si las fuerzas extranjeras, sean cuales quieran, fuesen a reivindicar los derechos de los españoles. 
Aquí recojo los ejemplos más típicos de este gusto por la satelitización de España:

1-Invasión napoleónica y Guerra de independencia
Son numerosos los autores que defienden que a España le habría ido mejor siguiendo al Emperador Napoleón en los albores del siglo XIX. Ese extraño fetiche por ser un satélite de la gran potencia del momento es tan potente que se mantiene incluso en casos históricos en los que ya sabemos que aquello hubiera sido un fracaso: Napoleón fue derrotado y Europa fue reorganizada por las potencias absolutistas. Y, aun así, los españoles tendríamos que haberle apoyado en pos de una supuesta modernización.
No importa que en España hubiese acuartelados ejércitos extranjeros, que se produjese uno de los mayores espolios y saqueos culturales de la Historia del país, tampoco las continuas profanaciones a lugares sagrados o que los planes trazados desde París establecieran que Francia se anexionaría todos los territorios al norte del Ebro. ¿Qué importa eso en comparación con la llegada de la modernidad? ¿Acaso sabemos lo que significa modernización? Para gran parte de los que argumentan de éste modo, no deja de ser una “palabra comodín” utilizada para todo.
Además, cabe destacar que de haberse consolidado esta supuesta modernización que traía la ocupación napoleónica se hubiese producido una auténtica contradicción en términos: La modernización suponía la implantación del Liberalismo, ideología que aboga por la soberanía nacional. Soberanía nacional que, en ese momento, era inexistente al estar España sometida a una potencia extranjera.
Tampoco parece importar que, en los años previos a la invasión napoleónica a la Península, España era, junto con la propia Francia e Inglaterra, la mayor potencia del planeta con un Imperio en América en extensión (La llamada Segunda conquista de América). España tenía aun un potencial enorme, y, aun así, debía doblegarse ante la nación pujante porque teóricamente eso hubiese sido lo mejor para ella. Me pregunto si la gente que sostiene semejante planteamiento tiene alguna mínima idea de que habría sido de España cuando Napoleón fracasase de manera estrepitosa en Rusia.
Como en España siempre todo es blanco o negro, y las gamas de grises es algo poco manejado, aclaro que este fragmento NO es una apología del Antiguo régimen ni de la figura de Fernando VII. El siglo XIX en España ha sido el más nefasto de su Historia (Aunque en el XXI vamos camino de superarle), pero creo sinceramente que esa centuria no habría mejorado de haber hincado la rodilla ante el francés en los inicios del siglo XIX.

2-España con las potencias aliadas durante la I Guerra mundial
Muchos de los autores que sostienen la tesis de que España hubiese ido mejor de habernos puesto del lado de Napoleón, defienden también la participación de nuestro país en la I Guerra mundial.
No son pocos los autores liberales que reivindican a las figuras históricas que en los tiempos de la Restauración estuvieron a punto de sumir a España en aquel conflicto. El idealizado Azaña fue uno de ellos, curiosamente planteando la alianza con Alemania. Lo cierto es que estos postulados no son más que una nueva muestra del gusto por hacer de España un satélite: Si Francia e Inglaterra van a la guerra, España tiene que ir detrás en pos de la modernización. 

3-¿Putin o Trump?
No debemos pensar que estas explicaciones se limitan a acontecimientos pasados, ya que realmente se extiende hasta nuestros días. Muchas personas con planteamientos euroescépticos creen que la salvación de España pasa porque ésta cambie su pacto de vasallaje de un señor a otro.
Las rencillas de Putin con la Unión europea o el sorprendente ascenso de Trump en Estado Unidos ha hecho que estas corrientes vuelvan a ganar importancia y seguidores: España debe ir detrás de uno u otro personaje.

Lo cierto es que España, lógicamente, debe establecer relaciones y contactos con otros países extranjeros: Ningún país puede estar totalmente aislado. Pero entre esto, y ser un auténtico vasallo de un poder ajeno hay un amplio margen de posturas intermedias. España lo que realmente necesita es una política exterior real, cuya base sea la defensa de los intereses españoles, simple y llanamente. Una vez tengamos claro esto, podremos sentarnos a negociar con cualquiera.
Debemos tener claro que nadie va a defender a España ni a los españoles: Si nosotros no tomamos con determinación la tarea de recuperar nuestra soberanía y, con ella, nuestros derechos, ninguna nación o poder extranjero va a hacerlo por nosotros. He aquí lo que trato de reivindicar en este artículo: Debemos ser los propios españoles los que emprendamos este duro camino. Nadie va a venir a España a poner remedio a todos los problemas del plano político, económico, demográfico, militar y cultural. Nadie lo va a hacer por nosotros.
Empecé este artículo con una anécdota bíblica, con lo cual tal vez lo mejor sea acabar con otra: Tras la muerte de Cristo, sus seguidores se dividieron en dos corrientes. Por un lado, estaban los judeo-cristianos, que creían que Cristo era el Mesías prometido por sus textos sagrados y, por tanto, el Fin del mundo estaba próximo. Por otro lado, estaban los cristianos helenísticos, que combinaron las enseñanzas de Jesús y de sus discípulos con corrientes religiosas que circulaban por el Mediterráneo desde tiempos inmemoriales. Estos segundos no pensaban que su generación iba a vivir el Apocalipsis, así que se pusieron a trabajar y crearon múltiples instituciones y estructuras organizativas.
En menos de un siglo, los judeo-cristianos habían desaparecido de la Historia mientras que los cristianos helenísticos crecieron hasta llegar a ser la religión oficial del Imperio romano, constituyendo la Iglesia católica que pervive hasta hoy. ¿Cuál es la moraleja de esta historia?
Independientemente de tus creencias, lo mejor que puedes hacer es ponerte a trabajar para cambiar aquello que te rodea sin esperar que nada ni nadie, ya sea de este Mundo o del Otro, venga a sacarte las castañas del fuego. Extrapolado a la política, conviene ir abandonando estas posturas mesiánicas que tienen bastantes adeptos y que llevan únicamente a sentarnos y a esperar un Salvador exterior, paro ponernos de una vez por todas manos a la obra. España será salvada por los españoles.





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