BLOQUES GEOPOLÍTICOS: EL ACTUAL (DES)ORDEN MUNDIAL

Durante el siglo XX se constituyeron en nuestro mundo las mayores alianzas político-militares de la Historia. Tras la II Guerra mundial prácticamente el Planeta entero quedó divido entre el bloque capitalista y el comunista, con sus correspondientes organizaciones militares de carácter global: La OTAN y el Pacto de Varsovia. La implosión soviética a partir de 1989 cambió radicalmente el panorama: EEUU prevalecía como la única superpotencia planetaria. Autores como Fukuyama preconizaron que jamás perdería dicho estatus y que la potencia norteamericana serviría para garantizar la paz global y la extensión del liberalismo democrático y capitalista por todas las naciones. Había llegado el Fin de la Historia.
Como confirmando las tesis del filósofo, las potencias capitalistas trataron de expandirse para desarticular la Destrucción mutua asegurada que había preservado la paz durante toda la segunda mitad del siglo XX: Se efectuó una rápida unificación alemana y una gran parte de Europa del este entró en la Unión Europea, posicionándose la OTAN en las mismas fronteras de Rusia.
De igual modo, la Segunda guerra del Golfo parecía confirmar el papel americano como paladín de la justicia planetaria: Estados Unidos, apoyado por la ONU y por toda la comunidad internacional hacía retroceder al teórico villano, Sadam Hussein, expulsándolo de Kuwait.

Sin embargo, la situación comenzaría a cambiar paulatinamente: En Etiopía ya habían surgido las primeras tensiones serias entre los Estados Unidos y la ONU, las cuales se tornaron irreconciliables con motivo de la Guerra de Irak (Tercera guerra del golfo): Estados Unidos no actuaba ya como el gran justiciero global, apoyado por el resto de naciones libres, sino de manera unilateral. Por ello, fue perdiendo su estatus como adalid de la democracia. Del mismo modo, los atentados del 11 de Septiembre marcaron el sepelio de la idea de un mundo enteramente pacificado y custodiado por el invencible poder norteamericano: El mundo unipolar había sido una utopía efímera.
Paralelamente a este proceso, todos los estados del mundo, tanto los que habían formado parte del bloque capitalista como del comunista, comenzaron a forjar nuevas alianzas, muchas de ellas de carácter regional: La desaparición del mundo bipolar obligó a reformular las estrategias de política exterior. Prueba de ello es que las guerras que comenzaron a desatarse no tenían ya a Washington o a Moscú detrás, sino que estaban circunscritas a unos focos concretos, en unos ambientes locales. 
La reformulación de todo el mundo comunista en Europa y Suramérica, el despegue económico de Asia y los últimos ecos de la descolonización en África y Oriente fueron los detonantes de todos estos cambios.
Así, del mundo bipolar se pasó al multipolar, creándose lo que actualmente conocemos como bloques geopolíticos.

Tal vez lo primero que deberíamos preguntarnos es qué es un bloque geopolítico. Podrían definirse del siguiente modo:
Agrupaciones político-económicas de tamaño continental, conformadas por la unión de varios estados-nación que comparten ciertos rasgos culturales comunes (Especialmente religiosos), una población étnicamente similar, intereses e historia compartidos, principios ideológicos básicos y un proyecto de integración política y económica unitario.
No tienen por qué aparecer todas estas condiciones, ya que la clave es el poseer un proyecto económico y político común, pero los anteriores principios citados son también importantes para dar cierta cohesión. El mundo en nuestro tiempo se encuentra fragmentado en espacios de este tipo.
Otra cuestión importante a tratar es el por qué de este nuevo sistema de alianzas. En la Guerra fría el tomar partido por un bloque u otro era prácticamente obligatorio, ante la potencia ideológica, económica y militar de los bandos enfrentados. Sin embargo, ¿Qué sentido tiene crear en la actualidad bloques geopolíticos? 
La implantación del Neoliberalismo (Mercado>Estado) en los países capitalistas y el posterior triunfo de éstos sobre el modelo comunista, llevó al despegue de la
Globalización, que dura hasta hoy. Tal como comentaba en el artículo ¿Qué es la Posmodernidad?a día de hoy todo es global, principalmente la economía. Este nuevo panorama ha provocado que los estados nacionales tradicionales hayan perdido en gran medida el control sobre sus respectivas economías en tanto que éstas no se encuentran ya circunscritas a sus respectivos territorios. En otras palabras, un país aislado tiene pocas capacidades para influir sobre la Economía mundo. Tan solo estados de tamaño continental como China, Brasil, Estados Unidos o Rusia, conservan aun cierta capacidad de maniobra, aunque con dificultades. 
La constitución de bloques geopolíticos permite que una serie de estados que
individualmente no tienen ni voz de voto en el proceso de Globalización, puedan ahora intervenir en ella, aunque sea de manera conjunta. Un ejemplo claro lo tenemos en la Vieja Europa: La creación de un mercado común tiene básicamente este propósito. El establecimiento de pactos y tratados comerciales son los instrumentos para llevar a cabo estos procesos de integración a nivel continental.
Una vez dicho esto conviene saber quiénes son: ¿Qué bloques geopolíticos existen? ¿Dónde están y cuáles son sus características? Podemos afirmar que cada gran espacio cultural se ha venido constituyendo como bloque geopolítico en los últimos años:
1.     Mundo capitalista desarrollado: América del norte, Europa occidental y Oceanía.
2.     El mundo post-soviético: Europa del este
3.     América latina
4.     Oriente: Desde Oriente medio a Asia suroriental
5.     África
6.     Asia emergente: Los tigres asiáticos

Estos cinco espacios, dibujados a grosso modo, se subdividen a su vez en unidades más pequeñas: No deben entenderse como bloques monolíticos.
1. Dentro del mundo capitalista desarrollado podemos encontrar:
1.1 Norte américa: Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA)
1.2 Europa occidental: La Unión europea
1.3 Oceanía: Australia y Nueva Zelanda (APEC)

2. El mundo post-soviético: Está caracterizado por la reaparición de Rusia en el panorama internacional y su intento por recuperar el liderazgo regional sobre las antiguas zonas de dominación soviética. Rusia también ha tenido su importancia fomentando el BRICS:
Alianza entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, las cuatro principales economías emergentes del mundo. Como vemos, un mismo estado puede formar parte de varios bloques geopolíticos, no tienen por qué circunscribirse a una única área de influencia.

3. América latina: Es posiblemente el espacio geopolítico más homogéneo, ya que los pueblos que allí habitan comparten idioma, religión, recursos naturales abundantes,
historia común desde hace siglos, …Y sin embargo se puede hablar de sonoros fracasos económicos en la mayoría de los casos tal como luego veremos. La principal alianza de esta región es la Alianza del Pacífico, que va desde México hasta Chile. También la OPEP tiene presencia en Venezuela y Ecuador.

4. Oriente medio: Unidos con alianzas como la Liga árabe o la OPEP. Los tratados no impiden que se desarrollen de manera continua enfrentamientos militares en la zona.

5. África: El continente africano se encuentra dividido en dos grandes espacios.
5.1 El África negra (Subsahariana), cuyos estados se encuentran integrados en el ECOWAS (Comunidad económica de estados de África occidental) y el SADC (Comunidad de desarrollo del África austral)
5.2 África islámica (África mediterránea), integrada por estados aliados de la Liga árabe y de la OPEP

6. Asia emergente: Países punteros de la Globalización con economías en franco
crecimiento. Incluiría a los excomunistas China o Vietnam y a potencias

tradicionalmente capitalistas como Corea del Sur o Japón. El caso asiático muestra claramente como a través de los lazos de tipo económico se han superado rivalidades históricas e incompatibilidades ideológicas. Esto no implica que no existan también importantes tensiones en la zona. De hecho, la frontera entre las dos coreas es una de las más tensas del mundo.

Tras todo lo dicho, se puede observar como hay bloques geopolíticos que se superponen con otros, como por ejemplo la Liga árabe que une países del espacio africano con los del Oriente próximo, o el BRICS, que liga a una Rusia centrada en Europa del este con naciones del Asia emergente o con Brasil. El actual orden mundial no debe entenderse como un conjunto de regiones claramente diferenciadas entre sí, ya que éstas se encuentran fuertemente interrelacionadas ante el empuje de la Globalización: No son espacios estancos
Hablando de la Globalización, también podemos decir que ésta avanza con ritmos y fórmulas diferentes dependiendo de cada bloque geopolítico: No se está desarrollando el mismo modelo de Globalización en Corea del Sur que en Sudán.

Se entenderá, tras todo lo dicho, que la principal fuerza integradora de estos espacios es la propia Globalización. Sin embargo, como no podía ser de otro modo, se pueden observar fuerzas disgregadoras que tienden a debilitar a estas entidades supranacionales: Tal como ya he comentado existen una serie de rasgos comunes que aportan cohesión, pero también hay otros muchos elementos dentro de cada espacio geopolítico que empujan hacia la disolución. 
Siendo la Globalización la fuerza integradora común, veamos cuales son los factores de desintegración:

1. Mundo capitalista desarrollado: América del norte, Europa occidental y Oceanía.
En este bloque la principal fuerza desintegradora es el nacionalismo (Tildado en los medios de ‘’extrema derecha’’) Aunque con diferencias a ambos lados del charco, en
la mayoría de los países occidentales están creciendo movimientos de orientación patriota que abogan por la recuperación del Estado-nación y, en consecuencia, defienden la desaparición de los grandes espacios geopolíticos, al menos tal como los entendemos hoy. Los diferentes proyectos alternativos van desde la desaparición total de estos espacios hasta su reformulación para que sean respetuosos con la soberanía de cada nación.

2. El mundo post-soviético: Europa del este
Como ya adelanté antes, en Europa del este podemos observar el intento de Rusia de recuperar el liderazgo sobre la otrora zona de influencia soviética. En consecuencia, las principales fuerzas desintegradoras de este espacio vendría a ser el fuerte nacionalismo de los países surgidos de la desintegración de la Unión soviética y de los independizados en Europa del este tras la caída del Telón de acero. La constante tensión con las repúblicas bálticas o los conflictos de Ucrania o Chechenia son la mejor muestra de ésto. Por el contrario, tendríamos el caso de Bielorrusia que se
encuentra firmemente ligada a Moscú. Podemos afirmar que, con mayor o menor fuerza, los movimientos nacionalistas que provocaron la desmembración del bloque soviético en el Viejo continente, continúan hoy presentes, contrapuestos ahora a la influencia rusa.
En este espacio no solo se observan tensiones internas, sino también importantes conflictos entre bloques geopolíticos: En Europa oriental se encuentran contrapuestas la fuerza integradora de la Unión europea, que pretende atraer a las antiguas repúblicas soviéticas a su órbita, y la de Rusia, que trata de hacer lo propio. Paralelamente, los países implicados (Polonia, Hungría, República checa, …) tratan de capear el temporal y han llegado a conformar su propia alianza particular: El grupo Visegrad.
La situación de Europa del este es un buen ejemplo de lo tremendamente complejo que es el modelo de organización mundial actual: Es imposible estudiarlo, como hace más de uno, observando zonas coloreadas en un mapa que vendrían a representar los diferentes bloques, sin entrar al detalle de lo que ocurre en cada región.

3. América latina
Como ya he comentado, América latina es posiblemente el bloque geopolítico más homogéneo de todos y, sin embargo, generalmente no se ha conseguido aprovechar sus increíbles ventajas competitivas. Las fuerzas disgregadoras son las siguientes:
·        Fracaso económico de los estados liberales:
América latina fue a lo largo del siglo XX una de las zonas más ricas del mundo gracias a sus exportaciones y a haber estado alejada de los grandes conflictos militares globales. Sin embargo, la Crisis del petróleo de 1973 afectaría especialmente en esta zona: El endeudamiento estatal creció de manera exponencial. Aquello, provocó que los movimientos subversivos comunistas, apoyados desde la URSS, sufrieran un importante auge: América latina gozaba de una importancia estratégica vital ya que era la retaguardia americana tal como demostraron los incidentes de Cuba.
El desmantelamiento del comunismo parecía que iba a traer, por fin, la paz. En el propio 1989 (Año en el que empieza la caída de la URSS) se celebra el Congreso de Washington, por el cual se formalizan las relaciones entre Estados Unidos y sus vecinos del sur, a la vez que éstos aceptaban una serie de principios neoliberales con el fin de que su deuda fuese renegociada.
Llegaron así los paquetes de reducción del gasto público, la privatización de la explotación de recursos naturales y aumento de los impuestos (Directos e indirectos)
Aquellas medidas provocaron el progresivo deterioro de la calidad de vida en las repúblicas latinoamericanas.
La integración de los estados nación conformando bloques geopolíticos comenzó a partir de este momento. Esta medida se llevó a cabo con la intención de tener mayor capacidad de maniobra en el nuevo mundo globalizado, pero también para tener mayor fuerza negociadora con los acreedores a los que se debía el dinero. La Alianza del pacífico, mencionada antes, data de esta época.
Llegado a este punto podría preguntarse, ¿No sería esto una causa de la INTEGRACIÓN y no de la DESINTEGRACIÓN? Lo cierto es que la pobre situación económica y social espoleó dos movimientos que van a ser, hasta día de hoy, las dos principales fuerzas desintegradoras del mundo suramericano: La revolución bolivariana y el indigenismo.
·        Revolución bolivariana e indigenismo
Sin entrar demasiado en el tema, para lo cual desarrollaré artículos en el futuro, podemos decir que la pésima situación antes descrita provocó el auge de movimientos neo-comunistas e indigenistas que sufrieron un rápido desarrollo. Ambas corrientes estaban fuertemente conectadas: Los líderes de la Revolución bolivariana fueron aupados al poder por las masas indígenas. De este modo, se produjo una fractura en América latina:
El subcontinente quedó dividido entre los estados que adoptaron las nuevas corrientes

de izquierdas y los que se mantuvieron más o menos fieles al neoliberalismo. Paralelamente, se viene produciendo una fuerte división entre las poblaciones indígenas y las euro-descendientes, la cual se produce tanto en el seno de ciertos estados como a escala continental.
Una prueba más de que es imposible hacer que dos pueblos diferentes compartan un mismo proyecto nacional, y en extensión, tampoco el desarrollo de los espacios geopolíticos comunes.

4. Desde Oriente medio al Asia suroriental
Esta otra región también se encuentra azotada por fuerzas disgregadoras que la han convertido en una de las áreas más inestables del Planeta. La abundancia de combustibles fósiles no ha permitido la prosperidad de estos estados, encontrándose muchos de ellos en unos combates prácticamente continuos por alcanzar liderazgos regionales. En Oriente medio las fuerzas desintegradoras se clasifican de la siguiente manera:
·        Escala continental
 A escala continental debemos hablar de la división entre el mundo suní, capitaneado por Arabia saudí, y el Chií, capitaneado por Irán.
Esta situación ha dado lugar a la existencia de dos sub-bloques en continuos enfrentamientos, directos o no, por el liderazgo de esta zona del mundo.
Además, se puede hablar de minorías presentes en todo el territorio al margen de la división Suni-chií que también provocan importantes tensiones: cristianos, judíos, kurdos, …
·        Escala nacional
Dentro de cada estado encontramos también sociedades fuertemente fragmentadas en grupos independientes. Estos grupos se encuadran también dentro de las divisiones explicadas en el punto anterior: Suníes, chíies, cristianos, kurdos, judíos, … Esta situación que existe en cada país es una de las causas de la tremenda inestabilidad existente.
Arabia Saudí e Irán no tratan de extender su influencia a estados concretos, sino a grupos concretos, independientemente del estado en el que éstos se encuentren.
·        Lucha de ideologías
Aun en nuestros días, en Oriente medio podemos observar la contraposición entre dos cosmovisiones antagónicas: El panarabismo y el islamismo. Si bien podemos afirmar que el primero ha sido ya claramente superado, aún se mantiene con dificultad en ciertos países como Siria o Egipto.
El final de la República árabe unida (1961) marcaría el principio del fin del proyecto nacionalista árabe y, paralelamente, el islamismo comenzó a ganar empuje. El enfrentamiento ideológico entre ambos proyectos continúa a día de hoy.
Todo lo dicho sirve para entender la tremenda dificultad para establecer proyectos nacionales conjuntos y, en extensión, también para constituir un bloque geopolítico mínimamente integrado en el área del Próximo oriente.

5. África
En África también podemos encontrar bastantes fuerzas disgregadoras que afectan a los bloques geopolíticos aquí formados. Al margen de la división geográfica establecida por el Sáhara, en África se puede observar un fenómeno similar al de Oriente medio:
Dentro de cada estado existen sociedades independientes de carácter tribal (Con connotaciones religiosas o no) que, a pesar de encontrarse sujetas a una misma administración no conforman una nación ni comparten proyecto nacional alguno. Así, son comunes las luchas fratricidas entre diferentes señores de la guerra que, encabezando a diferentes etnias, tratan de hacerse con el poder. Ante la imposibilidad de crear proyectos nacionales comunes, se vuelve también prácticamente imposible el integrar bloques geopolíticos cohesionados.

6. Asia emergente: Los tigres asiáticos
Asia, junto con Europa, conforman los dos espacios más integrados. Prueba de ello es que en nuestro tiempo los llamados Tigres asiáticos (Las mayores economías del Lejano oriente) estén superando ya a las economías del Viejo mundo e incluso a los
propios Estados Unidos. De hecho, la Globalización tiene uno de sus epicentros en Asia, a día de hoy, la gran fábrica del mundo.
La principal fuerza desintegrado de este espacio se basa en las rivalidades regionales entre China y el resto de potencias, heredadas desde la Guerra fría. Se puede decir que China junto con Corea del Norte, forman un sub-bloque enfrentado a Japón y a Corea del Sur. Sin embargo, también hay otros importantes actores en juego tales como la India o Vietnam, potencias con un papel creciente tanto en Asia como en la propia economía mundo.

Cuadro resumen:
Fuerzas disgregadoras de los bloques geopolíticos actuales
Bloque geopolítico
Fuerza disgregadora
Mundo capitalista desarrollado
·        Nacionalismos y movimientos patriotas que abogan por el mantenimiento del estado-nación
Europa del este
·        Nacionalismo de los países surgidos de la desintegración soviética y de la Europa del este ocupada
América latina
·        Revolución bolivariana
·        Indigenismo
Oriente medio
·        A escala continental:
o   Enfrentamiento entre los bloques liderados por Arabia Saudí (Mundo suní) e Irán (Mundo chií)
o   Contraposición entre el modelo panárabe y el islamista
·        A escala estatal: Etnias independientes y enfrentadas dentro de cada estado-nación
África
·        Etnias independientes y enfrentadas dentro de cada estado-nación
Asia
·        Pugna por liderazgos regionales

Tras todo lo dicho tal vez convendría comenzar a plantearse qué papel juegan los tradicionales estados-nación en esta nueva ordenación mundial y qué futuro puede esperarse de ellos. Hemos podido comprobar cómo estas regiones se encuentran sujetas a dos fuerzas antagónicas: Las integradoras y las disgregadoras. A mayores diferencias y particularidades internas, más potentes serán las corrientes que empujan hacia la desintegración. Por el contrario, cuanta mayor sea la homogeneidad y la uniformidad, más facilidad habrá para consolidar un bloque geopolítico.
Ante este panorama, se puede entender que las diferencias nacionales, y los poderes
estatales basados en éstas (Estados-nación) son un fuerte impedimento en los procesos de cohesión. En Occidente, de hecho, podemos afirmar que es el único elemento que por el momento frena la construcción de una única entidad supranacional.
Por tanto, los estados-nación y las naciones se encuentran en grave peligro de supervivencia de continuarse estas dinámicas. Un claro ejemplo es el ya citado grupo Visegrad: Nos muestra claramente la dicotomía entre un grupo de estados que tratan desesperadamente de mantener su independencia y particularidades propias, y una fuerza supranacional, la Unión europea en este caso, que trata de fagocitarlos. Las naciones se consideran estructuras obsoletas, propias de siglos pasados que deben desaparecer en pos de la cohesión regional de los bloques geopolíticos y en beneficio de un mundo global.

En España, por desgracia, tenemos una clase política en la que este pensamiento es absolutamente imperante. De hecho, el reciente levantamiento independentista en Cataluña ha sido contestada con argumentos de este tipo en vez de con un mensaje patriota español: En vez de defender, con la ciencia histórica en la mano, la españolidad de Cataluña, se ha planteado que la secesión no tiene sentido en tanto que la dinámica actual de Europa y del mundo llevará a un único estado que englobará a las naciones europeas tradicionales, con lo cual, plantear particiones es algo anacrónico.
El propio Albert Rivera, que es por muchos considerado el gran paladín de la unidad española ante la rendición absoluta del Partido Popular, afirmó hace no muchos días:
>>Quiero una España moderna en una Europa sin fronteras. Yo quiero que nuestros hijos puedan decir en un futuro que ellos son de los Estados Unidos de Europa<<
La cita sintetiza muy bien el proceso de disolución de las naciones dentro de los bloques geopolíticos: Son instituciones llamadas a desaparecer en pos de la consolidación de entidad supranacionales que habrán de controlar diferentes mercados de la economía global.
Afortunadamente en gran parte de Europa está naciendo una resistencia a este fenómeno, sin embargo, en España es aun marginal. Por otro lado, todos los partidos, ya sean de derechas, de izquierdas o incluso los secesionistas, apoyan este pensamiento europeísta aunque cada uno con sus paletadas particulares. Nuevamente la actual situación en Cataluña ha dejado perlas dignas de ser estudiadas en un futuro: Ambos contendientes, uno, teóricamente defensor de la unidad nacional, y otro, sosteniendo las supuestas ansías de emancipación de un pueblo, no competían por ver quién era más patriota, sino por ver quién era más progre de los dos. Los unionistas, apelando a la ya citada integración en la UE y argumentando basándose en la Ley como si esta fuese la justificación de España (Y no al revés), y los secesionistas justificándose en el derecho de auto-determinación por democrático y en los amplios apoyos que tendrían en los países vecinos integrados en la Unión. Simplemente dantesco.

Como la situación es particularmente compleja en España y como es, para bien o para mal, el escenario en el que nos movemos, desarrollaré un artículo específico analizando el papel de nuestro país en este nuevo escenario de la política internacional, surgido tras el fin del mundo bipolar.

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