¿QUÉ ES LA POSMODERNIDAD?

El Patriotismo en nuestro tiempo puede considerarse a todas luces un movimiento antisistema en tanto que se resiste a aceptar gran parte de las consecuencias de la implantación de un Sistema-mundo. Por primera vez en siglos ser patriota no es lo común, sino la excepción: La contracultura del siglo XXI es de carácter nacionalista y tradicional, habiéndose normalizado, en contraposición, una cultura de masas basada en el rechazo a la nación, la defensa de la Aldea global y la eliminación de los lazos de unión heredados. Podemos decir, por tanto, que el patriota medio de una u otra forma y con mayor o menor intensidad, rechaza el sistema imperante en nuestro tiempo ya sea a nivel nacional (Estado) o internacional (Globalización).
El problema principal viene de que hay un alto porcentaje de patriotas que, aun considerándose a sí mismos anti-sistema, no tienen ni la más remota de idea de cómo funciona. Este factor no es una cuestión banal, sino que es el origen de otros muchos problemas que, en conjunto, se encuentran ralentizando la extensión del patriotismo y de un mensaje disidente en España.
Este desconocimiento tiene varios focos de origen: Desde gente que se acerca al patriotismo simplemente por ser parte de un movimiento contrario a la oficialidad (Underground) lo que permite envestirse de un halo de rebeldía, la herencia de posturas y críticas obsoletas, la más pura ignorancia, la consolidación de dogmas inamovibles, la ausencia de capital humano de calidad, … Todos estos factores han contribuido a que nuestra visión de la realidad se haya distorsionado considerablemente.
En tiempos pretéritos el poder tenía un rostro claro: TU gobierno. Había una serie de políticos y dirigentes que poseían un alto grado de responsabilidad frente a la situación personal que cada ciudadano vivía. A día de hoy esa situación ya no existe: Nuestra actual clase política no es más que un escalafón, bastante bajo por cierto, dentro de una estructura de poder global. El poder no tiene rostro reconocible. No hay a ‘’quien echar las culpas’’. Lo que genera, además de incertidumbre y frustración, gran parte del abanico de dudas, errores y teorías de la conspiración citadas.
En definitiva, podemos resumir lo dicho en que una amplia masa de patriotas que se consideran a sí mismos anti-sistema, no saben cómo éste funciona, lo que lleva a que sé que utilice muy a menudo para explicar la actual situación, un pensamiento y una serie de construcciones ideológicas repletas de errores, lagunas, elementos obsoletos y supercherías varias, impropias de todo movimiento que se quiera serio.

Siendo esto el principal problema (En mi personal opinión, claro está) surge la pregunta: ¿Cuál es la solución? En el día de hoy me gustaría hablarles de una disciplina que puede ser muy interesante para entender nuestro mundo, sus raíces, sus mecanismos de funcionamiento y sus futuribles escenarios, y, de paso, permitirá construir por fin un discurso que verdaderamente sirva de crítica y de alternativa a la situación que estamos viviendo. El instrumento que permitirá hacer todo eso no es otro que la Historia del tiempo presente.

Nociones básicas
La Historia del tiempo presente puede definirse como una disciplina historiográfica que se encarga de utilizar los métodos y técnicas de la ciencia histórica para estudiar los tiempos actuales. Es decir, el propio historiador vive los hechos que analiza. Este instrumento puede resultarnos utilísimo para resolver gran parte de las dudas surgidas en torno a cómo funciona hoy día nuestro Mundo y el sistema que lo rige.
Las primeras manifestaciones de Historia del tiempo presente las tenemos en Europa occidental tras el final de la Segunda guerra mundial para tratar de explicar los orígenes del conflicto.
Sin embargo, la auténtica Historia del tiempo presente se centra en explicar el mundo surgido tras la caída del bloque soviético, partiendo de la cuestión de si ese hecho supuso un cambio de era, tal como ocurrió con la caída de Roma, el descubrimiento de América o la Revolución francesa. Aunque esta cuestión continúa a debate, podemos decir que el sujeto de estudio es el mundo post-soviético.

Las raíces de nuestro tiempo
El mundo a partir de 1989 no surge de la nada, sino que posee profundas raíces históricas. La mayoría de los autores coincide en que el tiempo presente, que a partir de ahora llamaremos Posmodernidad por razones que posteriormente explicaré, tiene dos antecedentes claros:
-El periodo de entreguerras hasta la Segunda guerra mundial
-La Guerra fría
El ‘’largo siglo XIX’’ (1789-1914) por tanto, se considera bastante menos influyente en nuestro tiempo que los dos periodos anteriormente citados, si bien tampoco debe entenderse como una época independiente más si cabe teniendo en cuenta que fenómenos trascendentales como el movimiento obrero nacieron en esa centuria.
Finalmente, la caída de la Unión soviética (1989) y el triunfo definitivo de Estados Unidos marcaría el paso de una época a otra. La obra que mejor refleja estos hechos es el ensayo de Fukuyama, ¿Fin de la Historia?, en el que sostiene que, efectivamente, se ha producido un cambio de era y preconizó en su momento ciertos aspectos del futuro siglo XXI, aunque no con demasiado tino. Fukuyama hablaba de que el fin de la lucha ideológica (Capitalismo y democracia contra comunismo) marcaría el final de las guerras e incluso el ‘’avance’’ de la Historia, de ahí el nombre de su ensayo. Entendía que la lucha de ideologías era el motor de la Historia con lo cual tenía una concepción dialéctica similar al marxismo con su lucha de clases: Al desaparecer el comunismo quedaba únicamente el liberalismo como ideología preponderante, sin ninguna otra alternativa, lo que necesariamente habría de ''detener la historia''.
Los fallos en sus predicciones deben dejarse en un segundo plano ya que la idea principal que quiso transmitir es que la Edad contemporánea ha terminado. Y en eso, sí que acertó.
Para entender el cambio de Era sufrido, hay que tener en cuenta que se producen transformaciones trascendentales a todos los niveles: Económico, político y cultural.
En los planos económico y político, se producen cambios drásticos tanto en el bloque soviético como en el capitalista: En el bloque soviético, la propia caída de la URSS es un hecho vital, ya que supone el hundimiento de la doctrina marxista y la desaparición del mundo bipolar. En aquellos instantes nadie sospechaba que aquella superpotencia desaparecería en cuestión de unos pocos años. Tras ella, se fueron desmantelando gran parte de los regímenes afines, quedando el comunismo recluido en escasísimos países tal como podemos ver hoy.
En el mundo capitalista tenemos la mal llamada Revolución conservadora de Reagan y Tacher,
con la que se llevó a cabo la implantación del neoliberalismo que acabaría por suplir al keynesianismo como sistema político-económico del mundo occidental. La crisis del petróleo de 1973 sacó a relucir todos los fallos estructurales presentes en el sistema keynesiano, dando comienzo a su paulatino desmantelamiento.
A día de hoy podemos ver los últimos ecos de este cambio de paradigma: La adopción de todos los partidos políticos de programas neoliberales (De manera reconocida o no) y el hundimiento de la socialdemocracia por todo Occidente, serían las últimas reminiscencias de aquellos sucesos. El mercado y la economía se imponían al Estado, comenzando una paulatina desaparición del control de las instituciones públicas sobre la economía al adquirir ésta dimensiones globales.
En el plano cultural, el principal antecedente del que surge gran parte de las corrientes y estructuras culturales actuales fue el Mayo del 68. Fue a partir de este hito cuando gran parte de las vanguardias culturales actuales comenzaron a imponerse en el mundo occidental.

Características de nuestro tiempo
Siendo éstos los antecedentes, convendría ahora repasar cuales son las características de la Posmodernidad, o si se quiere, de nuestro actual sistema. Estos rasgos hacen que nuestra época sea claramente diferente de las anteriores, lo que ha servido a muchos autores para sostener que efectivamente nos encontramos en otra fase de la historia. Todos estos rasgos han evolucionado en mayor o menor medida desde las raíces anteriormente descritas. Las más importantes son las que siguen:
1.Aceleración del cambio: En nuestro tiempo estamos experimentando cambios acelerados y constantes, sobretodo en el plano tecnológico, aunque no exclusivamente. Al estar inmersos en el proceso apenas lo percibimos, pero nunca se había producido tal cantidad de cambios y en espacios tan breves de tiempo: Antes cada generación vivía una o dos ‘’revoluciones’’ durante su vida. Ahora, los cambios son constantes. Por ejemplo, mis propios padres han vivido la llegada de la televisión, de los móviles, de los ordenadores, de Internet, … Algunos autores han definido a esta sociedad afectada por el cambio constante como ‘’Sociedad líquida’’ (Bauman)
2.Adaptación y extensión del capitalismo: El capitalismo neoliberal ha adaptado y utilizado todos esos cambios acelerados en la economía, la cual además ha adquirido dimensiones globales. El capitalismo ha demostrado ser enormemente flexible para adaptarse a un gran número de contextos diferentes y variables.
  2.1. Comunicaciones: Dentro de las innovaciones destacan las comunicaciones que han permitido una auténtica conexión global como nunca antes.
Éstas tienen un soporte tecnológico, son en tiempo real y de carácter global. Además, son absolutamente vitales para sostener el sistema-mundo, desde la propia Deslocalización a la integración de mercados. Las modernas comunicaciones son la ‘’correa de transmisión’’ de la Globalización.
3.Globalización. La Globalización es sin duda el gran fenómeno de nuestro tiempo. Este proceso recordemos que no es solo económico con la integración de mercados o político con la construcción de bloques geopolíticos sino también cultural, con la implantación de una cultura global. El avance del proceso está llevando a que prácticamente todo sea a escala planetaria: Las comunicaciones, los intercambios, la producción, la cultura, …
Debemos tener en cuenta que, a pesar de la universalidad del fenómeno, éste se aplica con diferentes modelos y ritmos dependiendo del país en concreto.
También conviene tener en cuenta que dada la actual dimensión y consolidación del sistema mundo, un Estado-nación apenas tiene poder de influencia sobre el proceso de Globalización, aunque esta afirmación debería ser matizada. Tan solo estados de tamaño continental, como Estados Unidos, China, Rusia o Brasil tienen cierta capacidad de maniobra. De ahí la idea de integrar estados y economías en espacios geopolíticos. El ejemplo más claro sería la Unión europea.
4.Desarrollo tecnológico constante: Muy relacionado con el Punto 1
5.Sensación de incertidumbre: La desaparición del poder visible y el cambio constante ha llevado a que una gran parte de la población presente cierta frustración ante el desconocimiento de ‘’que va a venir’’. Es una sensación común entre aquellos que viven en la ‘’Sociedad líquida’’ descrita por Baumman.
6.Adaptación de los factores de producción a los cambios: Constantes innovaciones tecnológicas aplicadas a la industria y deslocalización del tejido industrial. Algunos autores sostienen que aplicación de la Revolución tecnológica a la economía ha
supuesto el paso del capitalismo clásico e industrial al capitalismo post-industrial, caracterizado por la economía global, la libre circulación de mercancías, capitales y personas, y la deslocalización industrial buscando los mejores emplazamientos para levantar las fábricas.
Tan solo la poca preparación científica y técnica de ciertos países ha frenado una deslocalización industrial aún mayor. De ahí que países como India se estén esforzando en reducir sus tasas de analfabetismo para recibir aún más fábricas desde Occidente.

¿Por qué lo llamamos Posmodernidad?
Uno de los nombres que más se ha popularizado para denominar a nuestro actual sistema es el de Posmodernidad, aunque muy pocos saben por qué. Esta etiqueta implica que el periodo es posterior a la modernidad (Pos-modernidad). Pues bien, el apelativo se justifica en tanto que ha desaparecido el Paradigma de la modernidad: Desde la Revolución francesa, todas las ideologías habían prometido el Paraíso en la Tierra, constituyéndose muchas veces como auténticas religiones laicas. Los liberales
de todo el mundo creían que, una vez construyeran un sistema guiado por las luces de la Razón (Que en este caso sería la Deidad de esa religión laica), la prosperidad, la riqueza, el arte y el desarrollo se extenderían sin freno alguno. No tardarían demasiado en darse cuenta de lo exageradas de sus predicciones.
El marxismo, posteriormente, adaptó una postura mesiánica similar: En tanto que el comunismo era una ideología científica (Y por tanto irrebatible), la constitución de la Dictadura del proletariado no sería más que la antesala del verdadero comunismo, que era una suerte de Paraíso terrenal. Nuevamente se erró en la adivinación.
Las brutales guerras y tensiones del siglo XX hicieron que estas posturas tan optimistas se redujesen considerablemente especialmente a partir de los horrores de la Primera guerra mundial.
Sin embargo, la propia caída de la URSS también provocó una recuperación de las tesis mesiánicas: Una vez acabado el conflicto, desaparecería el mundo bipolar y
vendría el fin de las guerras, de las tensiones y de las violencias, lo que permitiría la implantación de la paz mundial y, después, el desarrollo para todo el Planeta. La victoria de Estados Unidos en Kuwait sobre Sadam Hussein apoyados por la ONU y toda la comunidad internacional parecía confirmarlo, ya que el teórico villano había sido vencido por ‘’las fuerzas del bien’’.
No tardaría Occidente en despertar de su ensoñación con el atentado sobre las Torres Gemelas y con toda la escala bélica sufrida desde ese momento hasta nuestros días.
En la actualidad, muy pocos creen ya que avanzamos irremediablemente hacia un Paraíso terrenal lo que supone el fin del paradigma de la modernidad: Las ideologías, tan veneradas por muchos, no han creado ningún Edén sobre la tierra.
Conviene matizar que el Cristianismo también sostenía la idea de una Historia lineal que avanzaba hacia un futuro idílico, de hecho, fue el introductor de esa concepción, aunque el Paraíso era trascendente, no terrenal. Por primera vez, en casi 2000 años de Historia una gran mayoría de la gente no cree que vayamos hacia un mundo mejor, ni terrenal ni celestial. Ésto incentiva las frustraciones e incertidumbres ya citadas en las líneas anteriores.

La Globalización. Defensores y detractores.
Como ya he indicado, la Globalización es el fenómeno más importante de nuestra época tanto por extenderse por todo el Globo como por su profundidad en tanto que afecta a prácticamente todas las cosas. Siendo así, cuenta con numerosos defensores, pero también con detractores (Con menor capacidad de hacerse oír, claro está)

-Defensa de la Globalización
Conectando con la concepción mesiánica de la Historia que se recuperó tras la caída de la URSS, muchos creían que precisamente sería la Globalización la fuerza que extendería la prosperidad por todo el Planeta. La implantación del capitalismo llevaría a que todos los pueblos incluidos los del Tercer mundo podrían experimentar un crecimiento similar al de Occidente. Lo cierto es que la economía Mundo crece al 3% pero, ¿Todo es tan idílico como muchos lo pintan?
-Detractores de la Globalización
Muy acertadamente otros autores apuntan a las crisis sucesivas experimentadas en todo el mundo, algo que no ha dejado de ocurrir desde la llegada del propio liberalismo. También apuntan a los ‘’perdedores de la Globalización’’: Hay clases sociales que se ven perjudicadas por el avance de la Globalización. Estas personas van desde los obreros de Occidente hasta los propios países del Tercer mundo. Puede decirse que la Globalización beneficia especialmente a los ‘’ricos’’, independientemente de su nacionalidad.
Puntualizan también una realidad palpable a simple vista: El mundo ‘crece’ al 3% pero no se ‘desarrolla’ al 3%. Una cosa es el crecimiento económico, que no es más que el crecimiento del PIB, y otra el desarrollo económico, marcado por las mejoras en calidad de vida provocadas por ese crecimiento del PIB. En muchos países la economía crece, pero eso no implica una mejora de las condiciones de vida. De hecho, podemos afirmar que en estas décadas el Tercer mundo se ha consolidado. Este fenómeno se está produciendo a día de hoy en España, economía que más crece de la Unión europea pero donde no hay mejora de la calidad de vida, más bien al contrario. No hay porque irse al África para encontrar ejemplos.
Dentro de los detractores de la Globalización destacan las fuerzas identitarias, actualmente en auge, que plantean la recuperación del Estado (Diezmado por el
neoliberalismo) y la defensa de la identidad de los pueblos: Reivindicación de la
particularidad frente a ser un mero número en el proceso de la Globalización. En este sentido, algunos apuntan a que la caída del marxismo y la desaparición del proletario como clase social (Está desapareciendo la identidad en torno al trabajo) han contribuido al fortalecimiento de la identidad nacional. Sobre este tema hablaré en futuros textos.

¿Hay alguien al mando?
Como se comprenderá, la Historia del tiempo presente es una disciplina muy abierta: la Historia normalmente se construye con la amplia perspectiva que te proporciona el tiempo transcurrido, cosa que no ocurre al analizar nuestra propia época. Esto implica que muchas cuestiones clave se encuentren bajo debate. Una de las más importantes es si hay alguien al mando. ¿Quién dirige el sistema mundo?
La idea más extendida y posiblemente la correcta es que el sistema no tenga una cabeza clara, sino que distintas élites económicas pugnan por hacer cumplir sus objetivos propios. No existiría, por tanto, una élite única. Esto puede que no guste a muchos Teóricos de la conspiración, pero la mayoría de las interpretaciones apuntan en esa dirección.
Dicho esto, también es más que posible que estos grupos dispares posean sus propios mecanismos para llegar a acuerdos entre ellos porque en ciertos asuntos se observan el avance progresivo de ‘agendas’. Es decir, en ciertos temas se puede constatar el avance progresivo en una única dirección a través de la consecución de objetivos de manera sucesiva y encadenada.  Por ejemplo, en la destrucción de la familia tradicional se puede observar claramente esa avance progresivo, como si se ascendiesen los peldaños de una escalera: Hace menos de 10 años la unión de parejas homosexuales no se consideraba matrimonio y hubo un fuerte debate social al respecto. Hoy criticar que puedan adoptar hijos es poco menos que una blasfemia que te puede condenar a la muerte civil.
Este ejemplo nos muestra perfectamente como en pocos años han logrado cambiar de manera drástica la mentalidad de millones de personas, y eso se ha conseguido a través de pequeños pasos logrados sucesivamente. La evolución de los argumentos pro-inmigración, desde las justificaciones económicas a las sentimentales-humanitarias, también sería otro ejemplo claro.

El ciberespacio
Otro de los grandes indicadores de que nos encontramos en otra época de la Historia es
la creación de un mundo paralelo al físico: El ciberespacio. Lejos de ser una mera anécdota ha supuesto que en muchos casos ese ‘’otro mundo’’ llegue a suplir al verdadero: Las relaciones virtuales cada vez tienen más peso frente a las físicas, se ha producido un fenómeno de deshumanización. Este nuevo espacio virtual es, además, el principal difusor de la cultura de nuestra época.

La cultura de nuestro tiempo
Hasta ahora no hemos dejado de hablar de ‘’mundo, sistema mundo, Globalización, …’’ Estamos siempre dentro de unos límites geográficos de carácter globales. Con lo cual, aplicar el concepto de cultura a esta realidad es tremendamente complejo: A pesar del avance de la Globalización no se puede hablar propiamente de una única cultura porque a pesar de que el modelo occidental se ha impuesto en gran medida, se aplica de manera diferente en cada zona.
Se debe hablar mejor de grandes espacios culturales, que en gran medida coinciden con los espacios geopolíticos en los que se divide en mundo. Además, dentro de cada país en concreto se pueden encontrar muy diversas subculturas. La conexión de estos espacios a través de la mejora en las comunicaciones y la inmigración masiva ha llevado al tan citado multiculturalismo. Éste se basa también en el relativismo cultural: No hay una cultura superior a otra, sino que todas las culturas pueden considerarse iguales. A esta premisa se le está añadiendo en los últimos tiempos la puntualización de que la cultura europea es inferior o al menos la más bárbara al haber sido creada por pueblos tradicionalmente ‘’guerreros y genocidas’’. En España tenemos sobrados ejemplos de esto: Basta con pensar en la concepción que se está intentando normalizar de la Reconquista o de la colonización americana. 
Este relativismo no se aplica únicamente a los grandes agregados culturales, sino que también tiene su plasmación en todos los individuos, que no se encuentran limitados ya por valores tradicionales o incluso morales.
Puede resumirse en una simple cita: Haz lo quieras. Un buen ejemplo de esta consigna lo tenemos en el arte: La obra depende por entero de la voluntad del autor y es el resultado de su libertad TOTAL. Por ello, podemos ver hoy váteres en galerías de arte.
Se comprenderá que todas estas características de la cultura posmoderna son tremendamente dañinas para el pensamiento patriótico, ya que iguala la cultura propia a la de pueblos ajenos y destaca el interés individual por encima del de ‘el común’, es decir, por encima de tu comunidad. Los movimientos identitarios citados arriba son a día de hoy la única fuerza que se resiste ante este modelo, priorizando la pertenencia a un grupo antes que la individualidad total, además de defender la cultura y la historia propias.
Otro rasgo vital de la cultura de nuestro es que es de masas: Las comunicaciones en tiempo real y a escala mundo, permiten que todo el mundo acceda a la cultura de manera muy sencilla, otro rasgo que es característico de nuestra época: Durante siglos, la cultura ha sido un espacio reservado a las élites. Hoy día las capacidades de los medios audiovisuales permiten que la cultura llegue a prácticamente todo el mundo.
La cultura de masas, sin embargo, no ha surgido en el mundo post-soviético, sino que tiene ya un largo recorrido:
Nacería con la aparición de la radio y se consolidaría con la televisión. Sin embargo, Internet ha hecho que el fenómeno sea mucho más potente: Cualquiera desde cualquier lugar puede acceder con un simple teléfono móvil a toda la información almacenada en el ciberespacio.

Si hablamos de cultura posmoderna debemos señalar claramente Mayo del 68 como el epicentro desde el cual surgió. Aquel acontecimiento comenzó con una revuelta estudiantil protagonizada por grupos de extrema izquierda que rechazaban la sociedad de clases y de consumo. Posteriormente, se unieron a ellos millones de obreros provocando la mayor huelga general de toda la historia de Francia.
Sin embargo, con la perspectiva que nos dan los años, podemos decir que lo más
importante de aquellos altercados no fue la propia conflictividad social, sino los cambios culturales que se experimentaron a partir de entonces: Muchas de las corrientes culturales anti-tradicionales y anti-nacionales que existían en ese momento confluyeron en el Mayo del 68. El movimiento hippie, los beatniks, difusión del rock, feminismo, ecologismo, pacifismo, consumo de drogas y otras sustancias alucinógenas, ...
Todas estas vanguardias habían sido hasta ese momento consideradas marginales en tanto que tal como mencioné arriba, los valores tradicionales aún se mantenían firmes. Sin embargo, a partir de ese momento esa contracultura iría paulatinamente consolidándose hasta llegar a ser, paradójicamente, la oficial
La mayoría de los fenómenos actuales que conforman lo que podemos llamar ‘Progresismo’ como la lucha anti-racista, la revolución sexual, el feminismo, el ecologismo, corrientes alternativas del marxismo clásico como el maoísmo o el modelo cubano confluyeron en las revueltas de Mayo del 68 para, desde ese instante, comenzar a ganar peso hasta su actual preeminencia.
En España estas corrientes no entraron hasta la muerte de Franco, pero cuando lo hicieron fue en forma de un auténtico maremoto. El máximo exponente es posiblemente la Movida madrileña: Ruptura con la tradición, rechazo al régimen que quedaba atrás, revolución sexual, consumo de drogas,...
Otro dato que debe ser resaltado es que la cultura en nuestra época ha adquirido una gran potencia, hasta llegar incluso a determinar la identidad. Ante el abandono de la identidad heredada, de tipo nacional,sobre todo, ésta ha venido a ser sustituida por la pertenencia a grupos o bandas que constituyen auténticas subculturas: la subcultura gótica, la hippie, la feminista, … Todas esas subculturas, en su día underground, constituyen en muchos casos auténticos marcos de identidad para las personas que participan en ellas.
Personalmente opino que la gran expansión de estas tribus urbanas se debe a la combinación entre la desaparición de los marcos de identidad tradicionales basados en la nación, y la necesidad humana de pertenencia a un grupo con el que sentirse protegido y partícipe de un proyecto que trascienda al propio individuo.
Para concluir este apartado, me gustaría poner de manifiesto una realidad un tanto tragicómica: Posiblemente millones de personales celebraron en los años 90 la disolución del bloque soviético, pensando que el mundo iba hacia el futuro más prometedor de toda la Historia humana. Ni siquiera sospechaban que muchas corrientes de izquierdas tal como las citadas, estaban implantándose ya en las mentes de muchos de los habitantes del mundo occidental y, por si esto fuera poco, en el proceso estaba teniendo una especial importancia las universidades de los Estados Unidos, potencia que había logrado la tan celebrada victoria decisiva: Mientras que los soldados estadounidenses caían en las selvas del Vietnam, el Progresismo, también llamado marxismo cultural, se difundía en su propia Patria y también en el resto de Occidente.

Conclusiones
La Historia del tiempo presente es una disciplina relativamente nueva y por ello está abierta:  El estudiar tu propia época entraña importantes dificultades ante la falta de perspectiva histórica y la magnitud del sujeto de estudio, ya que se encarga de analizar el mundo en su conjunto.
Se comprenderá por tanto que en estas breves líneas lo que he pretendido hacer es redactar una pequeña introducción al tema ya que cada elemento citado daría para escribir auténticas tesis doctorales. Por tanto, mi interés estaba más encaminado a poner de manifiesto un problema, el desconocimiento del patriota medio del mundo que rechaza, y proponer una solución, el uso de la Historia del tiempo presente como instrumento de análisis.
Posiblemente a muchos de los lectores se les ocurrirán otras importantes características particulares de nuestro tiempo o puede que no estén de acuerdo con lo aquí expuesto. En ambos casos, les invito a expliquen abiertamente sus propias opiniones tanto en los comentarios de este artículo como en las redes sociales de Identidad española. La Historia del tiempo presente está sujeta a debate, lo que no impide que sea un buen toque de atención para ver hacia donde nos estamos dirigiendo.


Fuentes y material de ampliación 
Bibliografía clave sobre la Historia del tiempo presente:

  1. ARÓSTEGUI, Julio: La historia vivida. Sobre la Historia del Presente, Madrid, Alianza Editorial, 2004
  2. ARÓSTEGUI, Julio y SABORIDO, Jorge: El Tiempo Presente. Un mundo globalmente desordenado, Buenos Aires, Eudeba, 2005.
  3. AVILÉS, Juan y SEPÚLVEDA, Isidro: Historia del mundo actual. De la caída del Muro a la Gran Recesión, Madrid, Síntesis, 2010
  4. VEIGA, Francisco: El desequilibrio como orden. Una historia de la posguerra fría, 1990-2008, Madrid, Alianza Editorial,2009.
  5. CASSASSAS, Jordi (coord.): La construcción del presente. El mundo desde 1848 hasta nuestros días, Barcelona, Ariel, 2005.
  6. FONTANA, Josep: Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945, Barcelona, Pasado y Presente, 2011. 
  7. FUENTES, Juan Francisco y LA PARRA LÓPEZ, Emilio: Historia universal del siglo XX. De la Primera Guerra Mundial al ataque a las Torres Gemelas, Madrid, Síntesis, 2001.
  8. LAMO DE ESPINOSA, Emilio: Bajo puertas de fuego. El nuevo desorden internacional, Madrid, Taurus, 2004.
  9. LACOSTE, Yves: Geopolítica. La larga historia del presente, Madrid, Síntesis, 2009.
  10. MARTÍNEZ RODA, Federico (director): Historia del Mundo Contemporáneo de la revolución a la globalización, Valencia, Tiranto lo Blanc, 2008.
  11. SALVADORI, Massimo L.: Breve historia del siglo XX, Madrid, Alianza Editorial, 2005.
  12. TAIBO ARIAS, Carlos: Globalización liberal y hegemonía de los Estados Unido

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