ORÍGENES DE ESPAÑA IV: LA RECONQUISTA

Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?

En el año 711 d.c., casi 300 años desde la caída del Imperio romano, los musulmanes desembarcan en Algeciras y comienzan la conquista de la Península ibérica. En tan solo siete años, el reino visigodo, uno de los más poderosos de la época 
según las fuentes conservadas, había sido totalmente desintegrado. Para cuando ocurre ésto ocurre, las hordas mahometanas habían infringido ya contundentes derrotas al Imperio bizantino: La Cristiandad había quedado rodeada por la nueva y pujante fe pregonada por Mahoma.
 La conquista musulmana de España no fue más que el colofón al avance islámico por el norte de África, lo que, sumado a la conquista del Oriente próximo y del Imperio persa, suponía una de las expansiones territoriales más impresionantes de la historia, más si cabe teniendo que en cuenta que fue protagonizada por unos pueblos que hasta aquel momento habían sido
comerciantes nómadas afincados en un desierto inhóspito. Finalmente, la victoria de los francos en Poitiers (732) y las sólidas murallas de Constantinopla pusieron freno a la expansión islámica, al menos momentáneamente.

En España, mientras tanto, unos pequeños reductos en forma de precarios reinos habían soportado la tempestad islámica y, desde los refugios montañosos, protagonizarían otro fenómeno no menos espectacular: La Reconquista.
Posiblemente la Reconquista, junto con la Romanización, son los dos fenómenos más importantes de la historia de España, y puede estudiarse desde muy diversas ópticas. Sin embargo, hoy nos centraremos en una muy particular: ¿Cómo afectó la conquista musulmana a la nación española nacida durante el reino visigodo? ¿La dominación islámica supuso su destrucción? ¿Fue realmente la Reconquista una guerra civil? ¿Acaso hubo Reconquista? Trataré de que estas cuestiones, todas ellas relacionadas con la identidad de los pueblos cristianos de aquel tiempo, sean resueltas en las siguientes líneas.

La pérdida de España
La primera tarea que debemos de emprender es retroceder hasta los tiempos de Al-Andalus para preguntarnos por las reacciones que se produjeron como consecuencia de la conquista musulmana. En los tiempos más recientes se ha venido sosteniendo la teoría que niega la existencia de la propia Reconquista como tal y, con ella, también cualquier concepción de España. Para aclarar esta cuestión vayamos a las fuentes básicas:
1.La crónica árabo-bizantina
2.La crónica mozárabe
3.El Tempore Belli
Estas tres fuentes son los principales testimonios escritos que hablan sobre la conquista y, por tanto, los únicos realmente capaces de mostrarnos los sentimientos y las emociones generados por la dominación musulmana. Pasemos, por tanto, a analizarlos.

1.Crónica árabo-bizantina
Esta obra encierra aún hoy bastantes interrogantes, sobre todo en torno al autor: Se manejan varias hipótesis, a destacar que fue escrita por un mozárabe (Cristiano que mantenía su fe y vivía en territorio musulmán) o por un muladí (Hispano convertido al Islam). Sea como fuere, se cree que era una persona afín al poder islámico ya que no se muestra demasiado crítico con los mahometanos al narrar la conquista, si bien es cierto que dice que ‘’no tenían el apoyo de Dios’’. Este texto tiene, en mi opinión, una importancia relativa ya que está centrado, como indica su nombre, en cuestiones del mundo árabe y del imperio romano de Oriente. Tan solo un breve párrafo menciona la conquista del reino visigodo:
>>Hulit obtuvo a continuación el cetro del reino de los sarracenos, según lo que había establecido su padre, sucediendo a éste en el reino. Reina durante nueve años. Fue un varón de una gran sabiduría a la hora de desplegar sus tropas, hasta tal punto que, aun viéndose privado del favor divino, destruyó los ejércitos de casi todos los pueblos vecinos a él. Y debilita especialmente al Imperio romano con continuas incursiones, y a las islas las llevó casi a la extenuación. Sometió con sus conquistas los territorios de la India. Y en las regiones de Occidente, por medio del general de su ejército de nombre Musa invadió y sometió el reino de los godos en Hispania, reino firme y poderoso desde antiguo; y tras echar abajo este reino, hizo a los godos súbditos suyos. Llevando así a cabo prósperamente todas estas guerras, durante el noveno año de su reinado, tras haber sido mostradas ante él riquezas procedentes de todos los pueblos tal y como él lo había imaginado, llegó al final de su vida<<

Como vemos, describe al reino como firme y poderoso, desmintiendo la idea de la
crisis previa a la llegada de los musulmanes. También habla de que se hizo a los visigodos súbditos. Tal como ya he comentado antes, podemos observar la frialdad al hablar de la conquista lo que algunos autores han entendido como una prueba de la opinión favorable del autor hacia los conquistadores.
Si bien esta fuente es importante, apenas nos aporta información sobre qué pensaron o
sintieron los españoles ante la conquista, si bien ese estilo neutro a la hora de narrarla podría indicar indiferencia ante la misma o incluso apoyo. Un ejemplo de ésto en la práctica podrían haber sido los famosos pactos establecidos entre élites hispanas y musulmanas que establecían la conversión al Islam a cambio de mantener las propiedades y una posición social prestigiosa.

2.La crónica mozárabe
Este testimonio sigue siendo a día de hoy la principal fuente para conocer la conquista musulmana de la Península.
Es, además, bastante fiable en tanto que aporta datos contrastados sobre personas, lugares y fechas. Su autoría también ha despertado debates, aunque hay cierto consenso en torno a la idea de que fue un mozárabe, de ahí su nombre.
La narración está totalmente centrada en la conquista y el autor tenía bastante información sobre los invasores, sobre la evolución del reino godo desde Leovigildo y sobre la situación que se vivía en aquel momento, así como sobre las condiciones en las que se libró la famosa batalla de Guadalete.
>>También en Occidente sometió el reino godo asentado en España con una solidez ya tradicional –lograda en casi 350 años, desde su origen y principio en la era 400–, y que desde Leovigildo se había ido extendiendo pacíficamente por toda España durante 140 años hasta llegar a la era 750 en que fue destruido gracias a Muza, general del ejército enviado allí, y hecho tributario<<

Si bien lo dicho hasta ahora es importante, la parte clave para nuestro estudio sería la llamada Deploratio, es decir, el llanto por la pérdida de España.
>> ¿Quién podrá, pues, narrar tan grandes peligros? ¿Quién podrá enumerar desastres tanto naufragio sin puerto? Pues aunque todos sus miembros se convirtiesen en lengua, no podría de ninguna manera la naturaleza humana referir la ruina de España ni tantos ni tan grandes males como ésta soportó<<

Estas líneas son, sin duda alguna,  de importancia capital ya que nos revelan que el reino visigodo no era tan solo un conjunto de instituciones articuladas que componían 
un Estado, sino que existía un auténtico sentimiento de pertenencia a una comunidad concreta. En otras palabras, existía un idea de unidad, y, al quebrarse ésta, se produjo una conmoción importante, tal como nos revelan los lamentos del autor de esta crónica.
Para complementar aún más esta visión tenemos este otro fragmento maldiciendo al invasor:
>>Mientras devastaban España los ya mencionados expedicionarios y ésta se sentía duramente agredida no sólo por la ira del enemigo extranjero, sino también por sus luchas intestinas, el propio Muza (…) atravesando el estrecho de Cádiz penetra en ella, injustamente destrozada desde tiempo atrás y la invade para arruinarla sin compasión alguna<<

Podemos observar claramente como existía una clara idea de comunidad hispano-visigoda y cristiana, que se contraponía a otras comunidades externas, en este caso, a la de los invasores árabes y bereberes. Por tanto, podemos concluir diciendo que, tal como nos demuestra esta fuente, para el 711 existía ya una clara idea de comunidad nacional, sustentada sobre unas bases ya recogidas en el artículo anterior.
3.Tempore Belli
Esta otra fuente complementa a la Crónica mozárabe. Se trata de un himno litúrgico que, nuevamente, lamenta terriblemente la conquista musulmana y las desgracias traídas por éstos a la Península.

¿La conquista musulmana supuso la pérdida de España?
Podemos afirmar, por tanto, que existía un sentimiento de identidad que se vio afectado por la conquista islámica. Partiendo desde esta base conviene pasar a la siguiente cuestión: ¿La conquista musulmana significó, tal como dice la Crónica mozárabe, la pérdida de España?  Para tratar este tema, recordemos la definición de nación que estamos utilizando en esta serie de artículos:
1.Idea de pertenencia a un grupo
2.Compartida por una comunidad de personas
3.Unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican
4.Apelando al control de manera excluyente de un territorio
5.Tratando de dotarse de estructuras estatales propias 
6. Y tienen, normalmente, referentes histórico-míticos en los que se legitiman.

Siendo estos los criterios que tomamos para hablar de nación, ¿La destrucción del reino visigodo supuso la destrucción de España como nación? La respuesta es compleja: SI y NO

1)SI supuso la pérdida de España: El mundo andalusí
La conquista musulmana SÍ que supuso la pérdida de España ya que desvirtuó completamente la realidad sociocultural anterior, al menos en la zona bajo control islámico. Si aplicamos nuestra definición, estos fueron los cambios más sustanciosos:
1.Idea de pertenencia a un grupo
Se perdió la idea de pertenencia a un grupo en gran parte de la población que residía en la península bajo dominio musulmán en tanto que unida a la conversión al Islam llegó un cambio en toda la estructura social anterior y las comunidades existentes, tal como veremos en el siguiente punto.
2.Comunidad de personas
El ‘’sistema de comunidades’’ que existía en la península cambió  completamente:
  • En el mundo visigodo existía una única comunidad hispano-visigoda que era la mayoritaria, forjada principalmente a través del matrimonio mixto. Por debajo y en un estatus jurídico de inferioridad nos encontramos con otros grupos minoritarios como los judíos o los griegos.
  • En Al-Andalus se configuró un sistema de comunidades totalmente nuevo que tenía dos grandes pilares: El Islam y la raza-etnia.
Los musulmanes, teóricamente iguales al ser miembros de la Umma, se jerarquizaban en árabes, bereberes y muladíes (Cristianos convertidos) La conversión no te proporcionaba los mismos derechos de los que disfrutaba un árabe, aunque tu situación
mejoraba en comparación con los no convertidos.
Entre los no convertidos tenemos a los mozárabes (Cristianos que mantuvieron su fe) y a los judíos. Ambos grupos sufrieron situaciones de persecución y tolerancia de manera alterna. Poseían sus propias leyes, vivían en zonas particulares y debían pagar impuestos especiales.
Como podemos observar, el panorama había cambiado completamente. Los mozárabes, única comunidad que mantenía ciertos rasgos previos a la conquista, no eran más que otro grupo presente en Al-Andalus, y, además, se encontraba en un régimen de inferioridad. El resto de hispanos, tanto pueblo llano como élites, se había convertido mayoritariamente al islam (Muladíes) con el fin de mejorar su situación.
3. Los lazos de unión
Como hemos visto la situación cambia radicalmente, generando un nuevo sistema de comunidades. En extensión, podemos afirmar que habían surgido unos nuevos lazos de unión en los que se basaban las comunidades.
Durante el reino visigodo se habían ido conformando unos lazos nacionales que nos permiten hablar de identidad nacional. Ahora, tal y como ya hemos visto en el Punto 2, los lazos de unión se diversifican conformando las diversas comunidades. Debemos destacar nuevamente la religión y la raza como los principales elementos vertebrados de todo el sistema social.
4. Apelando al control de un territorio
Otro punto importante para entender que la nación como identidad había sucumbido, fue que el propio territorio estaba en manos de un poder extranjero tal como ya mencioné, aunque este punto será aclarado a continuación.
También hay que puntualizar que cada una de las anteriores comunidades tenía sus propias zonas en la que normalmente desarrollaban su vida: Los árabes no convivía con los bereberes, sobre todo tras una serie de conflictos acaecidos tras los primeros años de conquista; los muladíes tenían sus propios barrios; así como los judíos o los mozárabes. Tal situación de separación se mantendría también bajo dominio cristiano con las famosas juderías y morerías, lo que nos confirma que nos encontramos ante comunidades con un fuerte sentimiento de identidad propia e independiente.
5. Estructuras estatales propias
La conquista musulmana supuso también la destrucción total de las instituciones estatales visigodas con lo cual los españoles dejaron de tener un estado referencia propio, lo que se unió a la desaparición del concepto de español en el área islámica, tal como hemos visto.
6. Referentes histórico-míticos
La conversión masiva al islam y la aparición de los muladíes como comunidad, supuso también la ruptura con los referentes histórico-míticos en los que se sustentaba la identidad española durante el reino visigodo: La herencia de Roma, tras la aculturación de los germanos y el catolicismo, tras la conversión de Recaredo.
Ambos pilares, desaparecerían en el mundo andalusí y con ellos, gran parte de los antiguos hispanos quedaron desconectados de su pasado. 
De no haber sido por la Reconquista, tanto la cultura latina como la religión cristiana habrían sido totalmente eliminadas tal como ocurrió en el norte de África donde tan solo quedan restos arqueológicos tanto de la herencia romana como del cristianismo.
A raíz de todo lo dicho hasta ahora la conclusión parece clara: La conquista musulmana supuso la destrucción de España como nación-identidad, al menos en el área musulmana.
Maticemos ahora esta afirmación analizando la situación en el área peninsular bajo dominio cristiano.

2) NO supuso la pérdida de España: Los reinos cristianos y españoles
Si bien todo lo dicho en el apartado anterior es cierto, podemos encontrar dos grandes excepciones que nos permiten hablar de la supervivencia de una gran parte de la herencia visigoda: Los reinos cristianos y los mozárabes.
En mi opinión tan solo los reinos cristianos de la Reconquista son los herederos del reino visigodo (Hablando siempre en términos identitarios, recordemos) mientras que los mozárabes simplemente mantienen ciertos elementos de la etapa anterior, pero en ningún caso pueden ser catalogados como poseedores de una identidad nacional, al menos hasta que fueron integrados dentro de los expansivos reinos cristianos.
Los reinos cristianos
Vayamos a la cuestión clave, ¿Son los reinos cristianos la continuación del reino visigodo en términos nacionales? ¿Conformaban, conjuntamente, una nación?
Recuperemos nuestra definición de nación y apliquémosla:
1.Idea de pertenencia a un grupo
2.Compartida por una comunidad de personas
3.Unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican
4.Apelando al control de manera excluyente de un territorio
5.Tratando de dotarse de estructuras estatales propias 
6. Y tienen, normalmente, referentes histórico-míticos en los que se legitiman.

Desentrañemos ahora cada uno de los citados puntos aplicándolos a los reinos hispánicos:
1. Idea de pertenencia a un grupo compartida por una 2. comunidad de personas
Este punto es posiblemente el más conflictivo de todos al tener en cuenta los diversos reinos medievales que existieron, además de los continuos pleitos entre ellos. Sin embargo, la disparidad de estructuras políticas, a pesar de existir y ser importante, no estuvo por encima de otros principios que unían a todos ellos. De hecho, a través de
diferentes epítetos, todos los monarcas se llamaron a sí mismos reyes de España (Regnum Hispaniae, Reges Hispanici, Reges Hispaniae, …) Es decir, la propia teoría política que servía para legitimar el poder de aquellos monarcas se basaba en ser los continuadores del reino de Toledo.
Además, si bien pueden señalarse varias comunidades de tipo regional, todas ellas compartían el principio de pertenencia fundamentado en la idea de un pasado perdido, articulada en torno a lo que se conoce como el Mito del reino perdido. Dicho mito, llega a conectar con la tradición grecolatina a través de la leyenda de la cueva de Hércules en Toledo, que comienza a popularizarse en esta misma época.
Profundizando en la teoría política, conviene citar tres fuentes fundamentales: La Crónica de Albelda (También llamada crónica albeldense), la Crónica de Alfonso III y la Crónica profética. Todas ellas datan del reinado de Alfonso III, siglo IX,
primer monarca que hizo un auténtico esfuerzo por legitimarse en el pasado visigótico.
El primer texto, La Crónica de Albelda (881), pretende recoger una Historia universal: Parte desde Roma, pasando por los reyes godos hasta llegar a la propia monarquía de Alfonso III.  Por su parte, la Crónica de Alfonso III (911), también llamada Crónica rotense, viene a completar y ampliar a la anterior. En ambas, ya se presenta al Reino de Asturias como el heredero de la Monarquía visigótica y a Pelayo como personaje fundamental en dicho tránsito. Muchos de los datos que aparecen, como la propia batalla de Covadonga, se presentan mitificados o exagerados, lo que no resta ni un ápice de valor al texto: Lo importante de la obra no es si fue científica y objetiva, sino los motivos y la intencionalidad que la inspiraron. El objetivo no era otro que reflejar esa idea de continuidad entre el reino perdido y la monarquía asturiana existente en aquel momento.
Por otro lado, la Crónica Profética (883) posee un carácter más religioso que los dos anteriores, pero resulta también imprescindible: Plasma la idea de que la invasión 
mahometana se debe a un castigo divino infringido a los visigodos por sus malas acciones, pero se preconiza también que los cristianos españoles acabarán por recuperar el territorio perdido, reinstaurando la Monarquía visigoda.
Este texto, del 883, está profetizando ya la Reconquista, que no se completaría hasta 5 siglos después.
También la fe católica fue un importante lazo de unión, no ya entre los españoles, sino con la propia civilización europea que se extendía más allá de los Pirineos. Podemos afirmar por tanto que ambos principios, pasado perdido y catolicismo, fueron los grandes catalizadores durante la expansión hacia el sur.
Otro rasgo que debe ser señalado es la conciencia racial: La idea de pertenecer a una comunidad propia e independiente queda totalmente demostrada cuando, una vez conquistado el territorio al islam, se desarrolla el concepto de limpieza de sangre. La conexión con los antepasados o, en otras palabras, con los auténticos españoles, se convierte en un tema capital que se sostenía incluso por encima de la religión: La conversión no te convertía en cristiano viejo. Este principio nos revela el fuerte sentimiento de identidad existente y que, desde luego, no pudo surgir de la nada, sino que debe tener profundas raíces históricas.
Por último, y aunque pueda sonar paradójico, podemos afirmar también que la invasión musulmana fortaleció la idea de pertenencia a una comunidad independiente: El descubrimiento de ‘’El otro’’ (refiriéndome con ésto a un grupo humano diferente) fortalece la identidad propia. Autores franceses de la Escuela de Annales como Lucien Febvre sostuvieron tal idea al tratar de explicar el surgimiento de la Europa occidental: La amenaza musulmana en el sur, la progresiva separación con el imperio bizantino con cuestiones como el Cisma de oriente o las invasiones vikingas desde el norte acabarían por fortalecer la idea de una Europa occidental. Del mismo modo, la Era de los descubrimientos a partir del siglo XV también fortaleció enormemente la idea de Europa. ¿Por qué? Porque ante el descubrimiento y contacto con otros pueblos, la idea de comunidad propia se fortalece, al hacerse claramente palpables las diferencias con el resto pueblos del orbe.
Tales planteamientos son perfectamente extrapolables al caso español: La amenaza de un enemigo común puede ser muchas veces mejor soldador que otros elementos de identidad importantes como la lengua, el pasado compartido o la religión.

3. Unidas por una serie de lazos
Continuado con lo dicho en el apartado anterior habría que señalar la identificación con un pasado perdido, la fe y el combatir a un enemigo común como los principales lazos de unión que unieron a los españoles de aquel tiempo por encima de
las fronteras entro los reinos. Además, pueden señalarse otros como la herencia cultural romana, el mantenimiento de gran parte de la tradición legal visigoda en los reinos cristianos, la cual fue llamada por cierto costumbre de España, o las conexiones con el resto de Europa occidental basadas en la fe católica, ya sea por el Camino de Santiago o en forma de Cruzadas.
En definitiva, existían unos vínculos de unión que se encontraban por encima de las fronteras entre los reinos y de los que, además, eran perfectamente conscientes los españoles de aquella época.

4. Apelando al control de un territorio
La propia Reconquista como fenómeno histórico, es, en sí misma, una reclamación de un territorio histórico. Como es lógico, los reinos cristianos no dominaban la Península, pero sí que apelaron al control del territorio casi desde los primeros instantes. Conviene aclarar que, lógicamente, los primeros monarcas no aspiraban a
retomar todo el territorio perdido, pero desde muy temprano los diferentes reyes se consideraron herederos del reino visigodo y, por extensión, legítimos soberanos del territorio (Alfonso III ya proclama el Reino de Asturias como heredero del Godo 852-910) independientemente de que fuesen conscientes de que ellos jamás verían todo el territorio peninsular bajo su control.

5. Estructura estatales propias
La disparidad de reinos (Estructuras estatales propias) se mantuvo hasta el matrimonio entre Isabel y Fernando que supuso la unión dinástica e incluso más allá porque las instituciones de Castilla y Aragón no se unificaron. A día de hoy, la existencia de varios reinos es el principal argumento para desmentir la idea de España durante la Edad media. Recordemos que la teoría política a través de la cual buscaron legitimarse todos ellos se basaba en investirse como herederos del reino godo.
Además, al contrario de lo que muchos parecen creer, el enlace entre los Reyes Católicos no fue fruto de la casualidad, sino que respondía a una estrategia matrimonial y a un propósito buscado desde tiempos atrás: Unir las dos coronas y reconstruir el reino. Las políticas de ambos monarcas también se encaminaron en ese sentido con la anexión de Granada o de Navarra. Finalmente, el propio Fernando mandaría ser enterrado junto a Isabel, su primera esposa, consciente de junto a quien había protagonizado un reinado que pasaría a la historia.

6. Referentes histórico-míticos
Lo primero que debemos tener en cuenta es que todos los reinos hispanos, tal y como
ya he comentado, se consideraban herederos del reino visigodo, con lo cual todos
compartían un claro referente histórico común.
Además, otro dato clave es que gran parte de los mitos nacionales españoles que perviven hasta hoy nacen en estos momentos: Santiago como capital espiritual, la
resistencia de Pelayo en la caverna de Covadonga, la aparición de la Virgen para decidir batallas en su punto crucial, Santiago Patrón de España, el mito del reino perdido en conexión con la cueva de Hércules en Toledo, ... La España mística surge, en gran medida en estos momentos, revistiendo el combate conjunto contra los musulmanes de un halo de espiritualidad y mística. Un pueblo sin identidad y sin un sentimiento de unión jamás habría desarrollado semejante abanico de relatos y mitificaciones compartido por todos.

En conclusión, podemos señalar claramente la diversidad de reinos como la principal problemática a la hora de aclarar la cuestión de si España sobrevivió, de algún modo, como identidad común tras la destrucción del reino visigodo y la época de dominio musulmán. Sin embargo, debo volver a recalcar que todos monarcas españoles se hacían llamar reyes de España independientemente del título concreto con el que se investían. Con lo cual, partiendo de esta base, podemos afirmar que el principal elemento diferenciador de la época que no fue otro que la diversidad de estados, queda superado por la propia teoría de legitimación del poder de la época, basada en ser heredero del reino de Toledo. Partiendo de esta premisa, el resto de conexiones entre todos los habitantes de la zona peninsular cristiana quedan bastante más claras, a destacar la concepción del territorio peninsular como una tierra propia por derechos históricos, el combate contra el enemigo común o la religión.

Los mozárabes
Por otro lado, tenemos a los mozárabes, hispanos que mantuvieron la fe cristiana bajo dominio musulmán. Tal como ya hemos comentado antes, eran uno de los escalafones más bajos de la sociedad junto a la otra minoría religiosa del momento, los judíos.
Entre otras muchas restricciones, tenían vetado el acceso a cargos de responsabilidad, pagaban impuestos especiales y los hombres no podían casarse con musulmanas. En cambio, los hombres musulmanes sí que podían casarse con mujeres mozárabes ya que el matrimonio suponía el abandono de su fe anterior.
Las restricciones legales muchas veces se transformaron en auténtica violencia física que llevó a ciertas persecuciones y a la proliferación de mártires. Las persecuciones se recrudecieron con la llegada de los almorávides, poseedores de un imperio en África y defensores de una visión muy rigoristas del Islam.
Los mozárabes, por tanto, eran una de las comunidades que pervivió en la zona andalusí, cuya sociedad, recordemos, se estructuraba de la siguiente forma:
1.Árabes, con diferencias internas entre ellos
2.Bereberes, fuerza de coche de los árabes durante la conquista pero relegados después. Hubo enfrentamientos entre ellos
3. Muladíes, cristianos convertidos al Islam que disfrutaban de una mejor situación que las minorías religiosas, pero no eran considerados ciudadanos de plenos derechos.
4. Mozárabes, minoría cristiana
5.Judíos, minoría hebrea.
Podemos decir por tanto que los mozárabes eran una comunidad minoritaria dentro del amplio abanico de grupos que vivían en Al-Andalus.
Una de las principales características que los definió como comunidad independiente fue que fueron los únicos que mantuvieron ciertos elementos del mundo visigodo, a destacar la legislación y la fe católica.
En lo que a la legislación se refiere, mantuvieron bastantes elementos de las leyes emitidas por Leovigildo, que recibiría ahora el nombre de Fuero juzgo. En lo que respecta a la fe, no solo mantuvieron el catolicismo, sino también toda la liturgia mozárabe que se había desarrollado bajo la monarquía de los visigodos.
Siendo esto así, también se podría estudiar el considerarlos miembros de una nación española, pero en mi opinión no fueron tal cosa: Sus modos de vida se entienden mejor considerándolos con una comunidad más dentro del sistema de comunidades musulmán, a pesar de mantener ciertos elementos de época visigoda que fueron los que realmente les concedieron un carácter diferenciatorio.
Además, con la progresiva expansión de los reinos cristianos hacia el sur, algunos mozárabes colaboraron con ellos facilitándoles el avance, lo que pone en tela de juicio las teorías sobre que la Reconquista fue una guerra civil, aunque esa cuestión será tratada más adelante.

Rodrigo Jiménez de Rada: El intelectual que plasmó el proceso
Para confirmar definitivamente todo lo dicho hasta ahora contamos con el testimonio de uno de los grandes intelectuales españoles: Rodrigo Jiménez de Rada.
Su categoría como autor tan solo se equipara al actual desconocimiento sobre su figura. Típico entre los españoles de hoy el olvidar a sus grandes hombres. Trataré, por tanto, de hacerle justicia a través de unas breves líneas.
Rodrigo Jimenez de Rada (1170-1247), natural de Navarra, fue una de las figuras más importantes de la edad media española, no por las armas, sino por las letras. Desde su cargo de arzobispo de Toledo influyó notablemente en la política de dos grandes monarcas castellanos: Alfonso VIII, vencedor en las Navas de Tolosa (1212) y Fernando III, conquistador de Córdova y Sevilla y el encargado de dejar prácticamente vista para sentencia la Reconquista: Tan solo el área granadina quedó en manos del Islam.
Jimenez de Rada se formó en Italia y hablaba varios idiomas, virtudes poco comunes en un hombre de su tiempo. No solo fue consejero de Alfonso VIII sino que, en su nombre, cruzó los Pirineos para pedir ayuda a los otros reinos de Europa y así hacer frente al avance del imperio almohade.
Esta ayuda se materializaría al recibir su campaña militar la categoría de Cruzada concedida por el papa Inocencio III. A pesar de su condición de eclesiástico, participó activamente tanto en la organización de los preparativos militares como en su desarrollo posterior, dejando para la posteridad un diálogo, no sabemos si real o de carácter literario, con el monarca castellano: En un momento en que las fuerzas cristianas flaqueaban, Alfonso VIII le dijo al arzobispo:
-Arzobispo, muramos aquí hoy vos y yo
A lo que el clérigo le respondió:
-De ninguna manera, aquí hoy nos impondremos a nuestros enemigos
En esta contienda en la que a la postre saldrían victoriosos, fue la primera vez en la que se proclamó el grito ''¡Santiago, y cierra España!'' que viene a significar Santiago y carga España.

Dentro de su producción escrita debemos destacar una obra en concreto de su amplio repertorio: Historia de los hechos de España. En ella, el autor resume en un único párrafo todo lo dicho hasta ahora en este artículo:
>>Castilla, Portugal, Navarra y Aragón son independientes, pero partes de un todo superior que es algo más que la geografía o que el eco histórico de lejanas latinidades: una comunidad de sentimientos, de intereses y de cultura. Sólo los que forman esos pueblos españoles tienen derecho a ocupar el suelo peninsular; hijos del mismo padre, cada uno es dueño de una parte de la herencia, pero la herencia debe ser solamente patrimonio de ellos. Todo tercero que ocupe alguna parte y que se apropie de tierra hispana es un usurpador y los cuatro pueblos hermanos deben unirse para expulsarle de los dominios heredados.<<

Estas líneas escritas por Jimenez de Rada en el siglo XIII son la síntesis perfecta de todo lo dicho hasta ahora.
1.>>Castilla, Portugal, Navarra y Aragón<<. Plasma la diversidad de reinos
2.>>Partes de un todo superior<< (…) >>comunidad de sentimientos, de intereses y de cultura<<. Por encima de esa disparidad de estructuras políticas, existe una idea de pertenencia a una comunidad única determinada por los sentimientos, los intereses y la cultura.
3. >>Sólo los que forman esos pueblos españoles tienen derecho a ocupar el suelo peninsular<< y >>Todo tercero que ocupe alguna parte y que se apropie de tierra hispana es un usurpador y los cuatro pueblos hermano deben unirse para expulsarle de los dominios heredados<< Clara referencia a la apelación al control de manera excluyente de un territorio, importante condición que hemos utilizado para poder hablar de nación.
4. >>Hijos del mismo padre>>. Idea de ser los herederos de un pasado perdido.
Estas palabras escritas hace ochocientos años sintetizan perfectamente todo lo dicho hasta ahora en este artículo. 

Todas las referencias a fuentes que hemos citado, nos muestran que existe una evolución clara desde la destrucción del reino visigodo en el siglo VIII hasta los reinos que llevan adelante la Reconquista: La crónica mozárabe, las crónicas de Alfonso III, los textos de Jiménez de Rada,... La identificación de los reinos cristianos reconquistadores con el pasado godo no surge de manera espontánea durante la Reconquista tras una fase de ruptura, sino que existe una clara continuidad y se sigue una evolución lógica desde la misma invasión musulmana.

Otros argumentos para deslegitimar la idea de Reconquista y de nación española
-La cuestión del Norte
Uno de los principales argumentos que se utilizan para sostener que no había una idea de España en tiempos medievales es que la Reconquista comenzó en las montañas del norte. Así, al ser esta zona la menos civilizada de todo el territorio y al ser la que precisamente comenzó la expansión hacia el sur, es imposible que existiese una continuación entre el reino visigodo y los reinos cristianos. Se llega por tanto a la conclusión de que las nuevas estructuras políticas poco tenían que ver con las de origen germánico, lo que desmontaría todo lo dicho hasta ahora en este texto.
A este debate históriográfico yo lo llamo la Cuestión del norte
Lo cierto es que profundizar en este tema es complejo, pues las fuentes escritas escasean, pero negar la existencia de una idea de España en tiempos medievales nos llevaría a elaborar una teoría explicativa que no explica lo que realmente ocurrió. Muchos, con tal de denigrar la historia de España, no tienen reparos en ajustar la realidad a su teoría. Ya lo dijeron los marxistas en el siglo XX: Si la realidad no se ajusta a la teoría, peor para la realidad.
¿Cuál es la respuesta al enigma? Lo primero que debemos tener en cuenta es que nada en la Historia tiene una única causa, todo es multicausal. Por tanto, analicemos las causas que nos llevan a entender porque la Reconquista surgió en el norte y como es posible que aquellos pueblos, teóricamente tan salvajes, se conectaran con el reino visigodo preexistente:

1.El origen del mito de la particularidad norteña
Lo primero que debemos preguntarnos es de donde sale la idea del teórico salvajismo de las regiones del norte. Básicamente podemos encontrar dos grandes fuentes: La historiografía afín al separatismo vasco y ciertas corrientes cántabras o cantabristas.
Ambas tienen como objetivo justificar dos proyectos políticos: Los primeros, la independencia del País vasco y los segundos, defender un teórico ‘’hecho diferencial cántabro’’ que vendría a justificar la existencia de la actual comunidad autónoma de Cantabria. Para llevar a término ambas empresas, se dio a entender que existía en esa zona norte de la Península una serie de pueblos que han conseguido mantener unos rasgos definitorios desde tiempos pre-romanos hasta nuestros días.
Desde luego ambos planteamientos son falsos, pero sí que ha logrado extender la creencia popular de que el norte fue un territorio inhóspito e incontrolado desde el origen de los tiempos. Para desmentirlo debemos tener en cuenta los siguientes principios: 
2.EL norte si fue romanizado.
Toda la Península ibérica sufrió la Romanización. Desde luego, no con la misma
intensidad en todos los puntos, pero su influencia fue total sobre el territorio. En la actual región de Cantabria existen calzadas, ciudades romanas (Julióbriga), restos de estelas, arqueología de importancia, puertos,… Lo mismo puede decirse de Asturias y del País vasco. Da para otro artículo la ‘’manía’’ del actual gobierno vasco de no financiar excavaciones que demuestren presencia romana en su territorio, cuando lo cierto es que a aquella zona, zona celta, los romanos llegaron antes que los vascones (Que fueron los que incorporaron la famosa lengua hablada actualmente)
3. La zona norte si fue conquistada por Leovigildo y controlada posteriormente
En las campañas de Leovigildo se consiguió conquistar todo el norte, independientemente de que, como en tiempos de Roma, el control se efectuase de manera mucho más laxa que en otras zonas. Como prueba de ésto, tenemos que ante el imparable avance musulmán, los nobles visigodos se refugiaron, antes de cruzar las montañas, en Amaya, antigua capital de los cántabros.
Por tanto, tengamos en cuenta que la zona norte fue más romanizada y más dominada por los visigodos que lo que popularmente se cree, lo que explica que pudiese perfectamente haber germinado un estado guiado por unos caudillos que se considerasen herederos del reino anterior.
Además también habría que tener en cuenta lo siguiente:
4. La emigración de los godos al norte
En un relato en el que se entremezcla la leyenda y el mito, se cuenta que con la invasión islámica, muchos nobles visigodos huyeron al norte y, tras perder la ya citada ciudad de Amaya, cruzaron las montañas donde organizarían la última resistencia contra las hordas mahometanas. Allí, encabezados ya por Pelayo, habrían conseguido reunir un precario ejército que habría vencido en la célebre batalla de Covadonga.
Este relato, tras ser filtrado para eliminar los aspectos más literarios y mitificadores, puede ser perfectamente creíble. De hecho, hasta hoy día la explicación de cómo surgió un estado sustentado sobre la idea de España perdida en la zona norte, se ha basado en esta huida desesperada hacia las cordilleras.
Como digo, puede ser tomado por cierto, pero también tengamos en cuenta que, de haber sido la zona norte un territorio inhóspito lleno de salvajes sin civilizar como algunos han dado a entender, los nobles visigodos no habrían huído allí. Y, en caso de hacerlo, muy difícilmente habrían logrado encabezar ningún tipo de revuelta. Para entender el éxodo al norte debe utilizarse el sentido común: Muy posiblemente existiese en aquella zona un sistema de gobierno visigodo que, aunque precario, era mínimante fiable. De hecho, actualmente se sostiene que Pelayo era hijo del duque de aquella zona, es decir, del noble de turno que funcionaba como un delegado del reino en aquella región de la Península.
5. Las condiciones geográficas
La resistencia al dominio musulmán comenzó en el norte porque solo podía comenzar
allí: Lo accidentado del terreno y lo poco que podía ofrecer a los musulmanes al ser una zona tremendamente pobre, llevó a que éstos prestasen poca atención a lo que allí ocurría. De hecho, continuaron su avance hacia el corazón de Europa hasta ser detenidos por Carlos Martel sin esperar a pacificar las cordilleras norteñas.
No debemos estudiar la historia sin tener cuenta el escenario sobre el que esta se desarrolla: Se puede afirmar que las montañas permitieron la salvación de España, la cual se sustentó sobre una casualidad histórica, gracias a la concatenación de una serie de hechos afortunados que bien podría haber ocurrido de otra manera.

-La reconquista como guerra civil
Otro de los grandes argumentos para criticar la existencia de la idea de España en la Edad media es plantear la Reconquista como una guerra civil. Es decir, tanto los andalusíes como los cristianos eran españoles. No deja de ser curioso como muchas personas que plantean que no existe la idea de España en la Edad media, defienden de manera paralela la existencia de dos Españas: La musulmana y la cristiana. Contradicciones de este tipo dan para escribir otra serie de artículos.
En definitiva, debemos tener claro que la Reconquista NO fue una guerra civil.
La presencia musulmana en la Península ha sido un hecho puntual en la historia de España, aunque pueda sonar increíble al considerar que estuvieron ocho siglos. Sin embargo, su llegada cambia totalmente el panorama existente y, tras su expulsión, han dejado una impronta bastante reducida. En otras palabras, no tienen conexiones ni con la España previa ni con la posterior, de ahí su carácter puntual o circunstancial.
Algunos autores como Américo Castro han sostenido tesis contrarias, e incluso algunos grupos de extrema izquierda han catalogado la conquista de Granada como un genocidio. Frente a este tipo de planteamientos, basta con observar las culturas que se desarrollan en el Magreb, a tan solo 15 kilómetros de España, para entender la enorme brecha cultural existente entre ambas regiones, y, en extensión, la muy reducida herencia musulmana que ha quedado en nuestro territorio, que va poco más allá de restos arqueológicos y arquitectura.
En contraposición tenemos a los reinos cristianos, que se legitimaban conectando con el pasado perdido y, al ser los vencedores, protagonizaron la vida y evolución de nuestra nación hasta nuestros días: Conectan con el pasado y con el futuro, hasta nosotros.
Podemos afirmar, por tanto, que no fue una guerra civil entre españoles, ya que los musulmanes (Ni siquiera aquellos que eran racialmente hispánicos como los muladíes) se sentían españoles tal como hemos visto en el apartado sobre el sistema de comunidades en Al-Andalus. No hubo un enfrentamiento entre dos modelos de España, ya que los musulmanes no representaban un modelo ''español''.
De hecho, no podemos hablar de guerra civil ni en el sentido racial, ya que los mozárabes o los muladíes no combatían en aquellas guerras, siendo utilizados normalmente ejércitos bereberes, de mercenarios o de esclavos.
Para ir finalizando, podemos concluir diciendo que los reinos cristianos, todos ellos españoles, fueron una continuación de los reinos visigodos por voluntad propia y, la
fragmentación política no suponía una ruptura en ese sentimiento de identidad común.
La unión de los reyes católicos, también buscada y planeada, acabaría por culminar este proceso con la unión dinástica, lo que daría al comienzo de una de las etapas más brillantes de la historia de España, aunque ese sería tema ya para otro artículo. 
Cita con la historia (Youtube):
-Al-Andalus contra España

-Los inicios de la Reconquista

-Reconquista, ¿Mito o realidad?

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