ORÍGENES DE ESPAÑA III: LA ESPAÑA VISIGODA

-Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?


En el año 476 d.c. el ataque sobre Roma encabezado por Odoacro, rey de Herulos, provocó que el emperador enviase las insignias imperiales a Constantinopla, reconociéndose de facto la soberanía del emperador de Oriente. Este hito marca el final del Imperio romano de Occidente y, con él, de la unidad política de la Europa mediterránea. Ahora, un nuevo panorama político caracterizaría los siglos venideros en el Viejo continente: Los Reinos bárbaros. 

Estos acontecimientos influyeron notablemente en España tal como veremos en este artículo: Continuando con nuestro estudio para tratar de dilucidar cuándo y cómo surge la Nación española, retrocedemos hasta los inicios de la Alta Edad Media, marcados en la Península por la instauración del Reino visigodo.
Vuelvo a recordar que estos textos no son una historia de España, sino una historia de la Nación española, con lo cual recogeré aquellos hechos históricos que considero importantes para explicar y entender el surgimiento de una identidad común, y no tanto una sucesión de acontecimientos concretos.

La llegada de los bárbaros al Imperio y a Hispania
Antes de las famosas invasiones que precipitarían el final de la civilización romana, los pueblos que habitaban al Este del Rhin ya habían tenido su importancia: En más de una ocasión habían penetrado en el Imperio y saqueado algunas provincias, y emperadores como Augusto los habían combatido más allá del Limes.
Sin embargo, desde finales del siglo IV las invasiones (Y migraciones unidas a ellas) comenzaron a tornarse incontenibles y numerosos grupos penetraron y se instalaron por todo el Imperio, cosa que jamás había ocurrido con anterioridad.
En algunas ocasiones este proceso fue violento y en otras los recién llegados establecieron acuerdos con los romanos para servirlos a cambio de tierras (Foedus)
Hispania se vio afectada por estos cambios del mismo modo que el resto del Imperio, aunque los efectos se hicieron notar más tarde al encontrarse la Península en el extremo occidental del mundo conocido y haberse custodiado militarmente los pasos pirinaicos. 
Finalmente, comenzarían las incursiones sobre Hispania, facilitadas por luchas intestinas entre facciones romanas que provocaron que Roncesvalles y otros puntos de acceso a través de las coordilleras quedasen desguarnecidos.
A lo que hoy es España llegaron diversos pueblos bárbaros a partir de los primeros años del siglo V, venidos desde muy diversos puntos y se instalaron en diferentes zonas del territorio. Repasemos sumariamente las características de cada uno de ellos:
Los suevos, pueblo germánico, ocuparon la provincia romana de la Gallaecia. Fueron el único pueblo bárbaro de religión católica que se instaló en Hispania, a pesar de que posteriormente se convertirían al arrianismo por influencia visigoda.
Alcanzan su máximo apogeo en el siglo V, cuando efectuaron una gran 
expansión territorial por vías militares que les llevó a dominar amplias de la fachada atlántica de lo que hoy es Portugal.
Sin embargo, su debilidad demográfica (Eran unos 30.000) y su dispersión por el territorio les llevó a abandonar esas tierras y concentrarse de nuevo en torno a Bracara Augusta (Braga, Portugal) Finalmente, son conquistados en el 585 por Leovigildo e integrados en el Reino visigodo.
Los vándalos, procedentes de Europa central, también ocuparon amplios espacios pensinulares. Se dividían en silingos, situados en la zona del Guadalquivir en la provincia de la Bética, núcleo clave de la otrora Hispania romana; y asdingos que ocuparon zonas del noroeste peninsular, en la Gallaecia, en torno a Asturica y Clunia.
Los alanos, por su parte, procedentes del Caúcaso (No germánicos, por tanto), ocuparon las zonas del interior de la Lusitania y la Cartaginense, extendiéndose por gran parte del centro peninsular.

Tras esta primera irrupción, los romanos tan solo controlaban la provincia de la
Tarraconense. A pesar de que los bárbaros no eran excesivamente numerosos, sus habilidades militares, unidas a la crisis crónica del Imperio les permitió ocupar amplias zonas rurales de Hispania sin mayor oposición que la de ciertos terratenientes y magnates locales. Las ciudades, por lo general, no tuvieron presencia bárbara y se mantuvo cierto control hispano-romano.
Los visigodos, que por aquel entonces se encontraban asentados sobre zonas del sur de la actual Francia, estaban aliados con Roma a través de uno de los citados foedus: Eran los propietarios oficiales de las tierras de Aquitania a cambio de ser una fuerza militar al servicio del convaleciente imperio. De hecho, ya habían combatido junto a las legiones romanas contra Atila en la célebre batalla de los Campos Catalaúnicos.
En virtud del acuerdo, son llamados en el 416 para que penetren en la Península ibérica y retomen los territorios perdidos en nombre de Roma. Sus capacidades militares quedan sobradamente demostradas derrotando a los alanos, que desaparecen como pueblo y son absorbidos por la población local, y a los vándalos, que pasan a África (419) donde se instalan, desapareciendo de manera definitiva del suelo peninsular.
Los romanos vuelven a dominar gran parte de Hispania, mientras que los visigodos son ubicados en Aquitania nuevamente. 
Tras la primera incursión visigoda, tan solo los suevos han conseguido sostenerse y aprovechan la desaparición del resto de agrupaciones tribales para efectuar su expansión territorial más allá del Tajo, ya explicada anteriormente.
Máxima extensión del reino suevo

Estos hechos provocan que los visigodos sean nuevamente llamados al combate: En el 456 cruzan nuevamente los Pirineos y derrotan a los suevos, apresando a su rey Requiario. Las fronteras del reino suevo retroceden nuevamente hasta sus posesiones del noroeste desde las que no volverían a efectuar ataques relevantes hacia el exterior.
Esta vez los visigodos, tal vez conscientes de la fase terminal en la que se encontraba el Imperio, no están dispuestos a retornar sin más a Aquitania, y conquistan amplias zonas, integrándolas en un nuevo reino independiente: El reino de Tortosa (Con capital en Toulouse, Francia) 
Para el 476 (Año que marca el fin del Imperio romano) los visigodos dominan ya Hispania, aunque por el momento el epicentro de su poder estará situado al norte de los Pirineos, en las mismas tierras que los romanos les habían concedido.
No sería hasta la batalla de Vouillé (507) cuando los visigodos, expulsados por los francos de sus posesiones en Aquitania, comienzan a desplazarse hacia Hispania. El reino de Tolosa, ya inexistente, deja paso al Reino de Toledo.
La derrota y posterior cambio político vinieron unidos a unas intensas migraciones de población visigoda: Se calcula que llegaron entre 200.000 y 300.000 visigodos, atendiendo a las fuentes de Procopio de Cesarea, habiendo en ese momento en Hispania entre 5 y 9 millones de Hispanos. Su inferioridad numérica no les impidió erigirse como soberanos de la mayor parte de la Península, a excepción de los territorios suevos y las posesiones bizantinas.
Reino visigodo con capital en Toulouse, antes de la batalla de Vouillé

Los hispano romanos ante la caída del Imperio: Idacio y Orosio
El hundimiento del Imperio romano supuso una auténtica conmoción en la Europa del momento: La creencia de que Roma sería eterna estaba firmemente asentada en las mentes de las gentes de aquel tiempo y se mantuvo tras la instauración del Cristianismo.
En la propia Hispania la inquietud no fue menor que en el resto de las provincias: El mundo conocido por decenas de generaciones se hundía de manera irremediable y el desconocimiento sobre qué vendría después no era menos temido (¿No nos recuerda a nuestro propio tiempo?)
Cabe reseñar que el ambiente en Hispania era ya bastante convulso antes de la llegada de los bárbaros: La excesiva presión fiscal del imperio había provocado que numerosos grupos de campesinos se levantasen contra el poder y formasen bandas que recorrían de manera errante el país. Actuaron predominantemente por el centro y norte de Hispania, y llegaron a saquear el valle del Ebro. Este fenómeno se conoce como movimientos baguádicos y tenía un componente religioso: Estaban inspirados por la herejía cristiana conocida como Priscilianismo que condenaba la riqueza de los grandes señores y defendían la pobreza evangélica como forma de vida. De ahí sus ataques a las propiedades de los grandes terratenientes.

Para conocer esta época tan convulsa contamos con dos grandes cronistas de la época: Idacio y Orosio, dos hispano romanos y grandes intelectuales de aquel tiempo. La visión de uno difiere de la del otro, lo que, contraponiéndolas, nos permite conocer bastante bien como se vivió la entrada de los germanos en Hispania y los estertores finales del Imperio.
-Idacio, obispo de Ichaves (Chaves, Portugal) y natural de la actual Ourense, ha sido durante mucho tiempo la principal fuente para estudiar a los suevos: En su obra Chronicon relata las incursiones germanas en Hispania, criticando duramente a los recién llegados por sus destrucciones y su barbarie. Actualmente sus impresiones han sido objeto de crítica por parte de los historiadores que suavizan el papel destructor de los suevos. Estos autores argumentan que Idacio defendía sus propios intereses al ser representante de los terratenientes ‘’gallegos’’ que se vieron obligados a entregar tierras al nuevo poder imperante.

-Orosio, de la ya citada Bracara augusta (Braga, Portugal) destaca con su obra más
importante Historiae adversus paganos, que pretendió ser una historia universal desde

la óptica cristiana (Universalista y providencialista) en la que pretendía desmentir la idea de que la crisis de Roma se debía a la adopción del Cristianismo. Otra característica importante de su obra es el optimismo en tanto que considera que su tiempo es mejor que las épocas pasadas, lo que le lleva a no ser tan crítico con los recién llegados.



-El Imperio Bizantino en Hispania
Llegados a este punto conviene puntualizar que los hispano romanos mantenían la identidad ya explicada en el artículo anterior y por tanto el final del Imperio romano debió ser un auténtico cataclismo para ellos en tanto que se sentían miembros y participes del mundo que se estaba desintegrando. Además de las fuentes escritas que nos confirman esta realidad, debemos destacar que un gran número de hispanos aceptaron y apoyaron el teórico heredero del poder imperial: El Imperio romano de Oriente. 
Los marcos de identidad de una gran parte de la población local hispana eran los que se habían forjado durante los siglos de control romano. En consecuencia, no debe extrañarnos que aquellas gentes prestasen voluntariamente su apoyo a la entidad política y cultural que continuaba, aunque con ciertos cambios fruto de una mayor influencia griega, las formas y los modos de vida imperiales.
La dominación bizantina sobre territorios hispanos se remonta a mediados del siglo
VI cuando, siguiendo el proyecto de reconstrucción imperial de Justiniano Ise había ocupado gran parte del litoral sur peninsular incluyendo las Baleares. Los antiguos núcleos hispanos más romanizados fueron precisamente los que cayeron bajo control bizantino. Tras la muerte de Justiniano (565) y el estallido de guerras en la zona oriental del Imperio, su poder sobre estos territorios se redujo y los visigodos encabezaron numerosas incursiones sobre el territorio, pero no sería hasta el siglo VII cuando bajo el reinado de Sisebuto se acabó con los últimos reductos bizantinos (620)
El comienzo del retroceso del poder imperial sobre la Península coincidió con los reinados de Leovigildo y Recaredo, además de con un paulatino aumento del apoyo de la población hispana a los monarcas germánicos, en contraposición a épocas previas en las que habían apoyado mayoritariamente a los bizantinos. Este hecho, junto a otros que veremos posteriormente, son un buen ejemplo de la paulatina formación de una identidad española común, independiente de concepciones imperiales e integrando ya tanto a visigodos como a hispanos en una única comunidad.
Máxima extensión de los dominios bizantinos en Hispania

La instauración de una monarquía germánica: De Toulouse a Toledo
Tras la segunda incursión visigoda en Hispania y el hundimiento del Imperio romano, los visigodos, a pesar de controlar la Península, instalan la capital en Tortosa (Toulouse), siendo este núcleo el epicentro de su poder tal como ya he comentado más arriba.
La Península por su parte, aunque controlada nominalmente, gozaba de una gran autonomía siendo las élites hispanas las que controlaban el territorio en la práctica. Esta situación se mantuvo hasta la decisiva derrota de los visigodos contra los francos en el 507 en Vouillé, tras lo cual el poder visigodo pasa a Toledo y con él, gran parte de la población de origen germano en sucesivas oleadas.
Este hecho histórico es sin duda trascental a la hora de entender el surgimiento de una identidad española, pero debemos puntualizar que en este momento aún no se puede hablar de España como Nación en tanto que existían dos pueblos claramente diferenciados en elementos clave, a pesar de que por primera vez existía un Estado independiente del exterior que controlaba gran parte del territorio. Los visigodos en este momento constituían una élite militar y terrateniente que ejercía el poder, pero no existía una identidad común entre hispanos y germanos. 

Reino visigodo, sin identidad española
El traslado de la capital desde Toulouse ha Toledo junto con el desplazamiento de los clanes visigodos a la Península marca el nacimiento del primer Estado que controla la Península ibérica prácticamente en su totalidad y de manera independiente de cualquier poder extranjero.

Sin embargo, debemos recordar que la Nación no es un Estado ni es un territorio concreto, con lo cual, la consolidación de estas instituciones políticas independientes y el control efectivo sobre unas regiones, NO suponen el nacimiento de ninguna identidad española. La Nación, recordemos, es una idea compartida por una comunidad de personas, y este concepto aun no había surgido en el siglo VI.
Para entender correctamente lo expuesto, recojo a continuación en forma de cuadro las enormes diferencias que existían entre las comunidades hispanas y las germánicas en aquel momento:
DIFERENCIAS ENTRE VISIGODOS E HISPANOS
Siglos V al VI
Visigodos
Hispanos
Lengua gótica
Latín y ciertos dialectos pre-romanos
Religión cristiana arriana
Religión cristiano católica
Enterramientos propios y con su propio ritual
Enterramientos propios y con su propio ritual
Ley propia: Código de Eurico
Leyes propias
Tribunales propios
Tribunales propios
El ejército estaba compuesto exclusivamente por visigodos
Los hispanos no podían participar en el ejército del Reino
Habitaban en regiones propias
Habitaban en regiones propias
Tipo de familia: Basada en los vínculos de sangre (Parentesco cognaticio)
Tipo de familia: Basada en la figura del pater familias (Familia como estructura de poder, no biológica)
Élites propias
Élites propias
Estructura de poder: Monarquía germánica
Estructura de poder: Heredada de la época imperial
Cultura cotidiana: Vestimenta, adornos,…
Cultura cotidiana:…

Podemos concluir, a la vista de las diferencias recogidas, que existían dos identidades claramente diferenciadas durante las primeras décadas del reino: La identidad germánica, de las élites político-militares que controlaban el lugar, y la identidad hispana, con fuerte impronta cultural romana y que era compartida por la mayor parte de la población
Debemos puntualizar que esta división se ha realizado a grandes rasgos, variando mucho la situación de unas zonas a otras: La vida de los pueblos de la cornisa cantábrica era totalmente diferente a la de los habitantes de Hispalis (Sevilla) debido a las diferencias en la intensidad de la Romanización

Para entender hasta que punto estaban diferenciadas las dos  comunidades, apliquemos el concepto de Nación que estamos manejando a lo largo de este estudio a cada una de ellas.
1.Idea de pertenencia a un grupo2. compartida por una comunidad de personas 3. unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al 4. control de manera excluyente de un territorio, tratando de 5. dotarse de estructuras estatales propias y tienen, normalmente, 6. referentes histórico-míticos en los que se legitiman.


1.     Idea de pertenencia a un grupo, 2. compartida por una comunidad de personas
Los germanos se consideraban integrantes de un grupo independiente del de la población indígena (Stam: Asamblea de guerreros y hombres libres que constituían una comunidad política) Constituían, de hecho, una élite política y militar que controlaba el territorio.
Las dos comunidades no se mezclaban y los matrimonios mixtos estaban prohibidos: Se mantuvo una Ley del siglo IV que prohibía el matrimonio mixto entre romanos y visigodos, principio que se extendió a la población hispana. Esta norma es posteriormente recogida en el Breviario de Alarico (Se cree que dejó de tener efecto en la práctica antes de su definitiva derogación por Leovigildo con la promulgación del Liber Iudicum)
Así, la vida de uno y otro grupo se desarrollaba en sus propios ambientes. Por ejemplo, los monarcas germánicos, así como los hombres de armas de los que se rodeaban eran elegidos entre los germanos, prueba de su identidad tribal independiente. Los hispanos, por su parte, estaban excluidos de toda esta ritualística en torno al poder regio.
Otra prueba que demuestra este principio es que los hispanos en un primer momento no podían participar en el ejército visigodo. Debemos tener en cuenta que según la concepción de aquel momento, todos los hombres libres y con capacidad de portar armas, debían presentarse a combatir en caso de ser convocados por el Monarca: Era una obligación exclusiva para los hombres con plenos derechos. El que los Hispanos estuviesen excluidos en estos llamamientos indica hasta que punto los visigodos no los consideraban parte de su misma comunidad ni población con plenos derechos.

3.     Unidas por una serie de lazos
Al ser dos comunidades diferentes, los lazos que unían a una y otra también divergían tal como ya hemos visto en el cuadro explicativo anterior. La paulatina integración y homogeneización de estos lazos es lo que, a la larga, permitiría hablar de una única comunidad, si bien es cierto que este proceso se prolongaría durante décadas, perviviendo algunos elementos diferenciadores incluso hasta los años previos a la invasión mahometana.

4.     Controlan de manera excluyente un territorio
Las zonas de control de unos y otros también fueron diferentes: A los visigodos se les concedió unos lotes de tierra (Sors gotica) en los que vivían e instalaban sus aldeas, tal como ya había hecho el Imperio en su momento. Las tierras no concedidas continuaron en manos hispanas, así como las ciudades donde el peso de la población local y de la cultura romana siempre fue mayor, aunque afectado por el proceso de desmantelamiento de la vida urbana asociado al fin del Imperio romano que comentaré más adelante.
La mayor parte de la población visigoda se concentró en el valle medio del Ebro, zona oriental y central de la cuenca del Duero, y en las zonas centrales de la Península en torno a Guadalajara y Toledo.
Este mapa de la distribución de la población popular visigoda fue trazado por Wilhelm Reinhart en 1945 a través del estudio de las necrópolis visigodas. Se puede afirmar, por tanto, que ocupaban diferentes regiones de la Península.
Es importante apuntar que a partir del siglo VII ya no es posible diferenciar los enterramientos visigodos de los hispanos, otra prueba más de su paulatina unión.

5.     Estructuras estatales
A pesar de la existencia de un único poder político encarnado en la Monarquía visigoda, tanto visigodos como hispanos poseían sus propias leyes y tribunales, con lo que no debe extrañarnos que tuviesen también sus estructuras políticas propias a pesar de que el monarca gobernaba sobre todos ellos. En las zonas donde el control real fuese más laxo, los hispanos efectuaban prácticas de autogobierno.
Además, como ya he comentado, muchos hispanos apoyaron al imperio bizantino en su campaña de expansión por el levante mediterráneo al considerarlo un heredero legítimo de Roma.

6.     Referentes histórico-míticos
También los referentes histórico-míticos en los que unos y otros se legitimaban eran también diferentes: Para los hispanos sus referentes eran sobre todo romanos y cristiano-católicos, mientras que los visigodos mantuvieron durante un tiempo estimable sus propios marcos de identidad que ya poseían antes de atravesar el Limes.
Otro gran ejemplo de este fenómeno era la diferencia religiosa que existía entre ellos, en una época en la que la religión comienza a ser un elemento importante de legitimación del poder, lo que se verá traducido en los famosos concilios. Por tanto, es importante reseñar la diferencia entre los arrianos germanos y los católicos hispanos. 

Como vemos, las diferencias eran notables entre ambas poblaciones, lo que nos revela que, a pesar de la importancia que tiene la consolidación de un estado en Toledo y el control ejercido por éste sobre la mayor del territorio peninsular, no implica necesariamente el nacimiento de una Nación.

El nacimiento de España
A partir de esta situación de divergencia prácticamente total, se fueron diluyendo las barreras hasta el surgimiento de una única comunidad y una idea de pertenencia también compartida. Analicemos con mayor profundidad la evolución que permitió ésto:

1. Alianzas matrimoniales entre las élites
Desde la situación explicada anteriormente de diferenciación total entre los dos pueblos se llegó paulatinamente a la unidad. Este proceso fue prolongado y se basó principalmente en un fenómeno de fusión de élites por vía matrimonial: Recordemos que la población visigoda, inferior en número, era predominantemente una élite política y militar a pesar de que había también población humilde. Los hispanos, por su parte, también poseían unas élites propias
Entre estos dos grupos se produjo una unión con el correr de los años, lo que permitiría la conformación de una única comunidad y, en consecuencia, una única identidad. 
El matrimonio mixto fue, en mi opinión, la más importante vía de unión entre estos dos pueblos, por encima de la propia conversión de Recaredo, un tanto sobre dimensionada por los nacional-católicos en el pasado siglo. 
Pero ¿Cómo y por qué se produjo?
La caída del Imperio romano supuso entre otras muchas cosas el hundimiento de la vida urbana y del sistema comercial articulado por ellas. Ciudades como Valencia, de considerable tamaño en Época antigua, perdieron población hasta quedar reducidas al antiguo circo, y otras, como el núcleo urbano situado en el actual Santander, directamente desaparecieron.
 Ahora, la base económica, y con ella la mayor parte de la población, se encontraba en el campo. Por tanto, podemos decir que la posesión de la tierra era lo que marcaba el poder en aquel momento lo que explica en gran medida esta fusión de élites: Tanto los hispanos como los visigodos estuvieron interesados en conformar alianzas matrimoniales con las que consolidar su poder y aumentar sus posesiones agrarias.
Los visigodos contaban con las tierras ocupadas o recibidas cuando llegaron a Hispania, mientras que entre los hispanos existía también una élite terrateniente conformada por señores que controlaban amplias zonas de explotación, así como a un gran número de campesinos que se habían puesto bajo su protección (Patronato) cuando, durante los últimos años del Imperio, los impuestos en las ciudades se habían tornado insoportables.
Muchos autores han denominado este sistema como proto-feudal, ya que por primera aparece un 'Señor' que fundamenta su poder en la posesión de tierras y cuenta con un gran número de personas a su cargo (A pesar de que el rito de vasallaje típico de la Edad media aun no había sido instaurado)
Sea como fuere, estas dos élites comenzaron a efectuar matrimonios estratégicos para consolidar o aumentar este poder basado en la tierra. 
Muchas de estas uniones se produjeron cuando la prohibición del matrimonio mixto seguía vigente: La ley se dejó de aplicar en la práctica antes de su derogación definitiva efectuada por Leovigildo (Liber Iudicum)
Los enlaces no solo supusieron la consolidación de una única comunidad en el sentido étnico del término, sino que también fue una importantísima vía a través de la cual las diferencias culturales comenzaron a desaparecer.

2. La adopción de la herencia romana
Antes de la instauración del reino de Toledo e incluso antes de la llegada de los visigodos a España, éstos comenzaron a estar influidos por la potente cultura greco-latina con la que se topan.
Este proceso, junto a las uniones matrimoniales, es el elemento clave para poder entender el surgimiento de una identidad española.
La aculturación sufrida por la población germánica provocó que comenzasen a compartir una serie de lazos culturales con los hispanos, mientras que el matrimonio mixto, además de potenciar ésto, también permitió la formación de una única comunidad tal como ya he explicado.
Debemos tener en cuenta que la aculturación y adopción de elementos grecolatinos por parte de los visigodos comienza ya con desde su instalación en Aquitania: Su particular Romanización, por tanto, comienza antes de su llegada a Hispania. 
Este hecho, que puede parecer anecdótico, tiene en realidad una gran importancia ya que permitirá que la paulatina fusión entre hispanos y visigodos que acabamos de explicar se produzca con una mayor rapidez al estar ya familiarizados con una serie de fórmulas culturales y modos de vida muy similares a las hispanas.
Aquitania, de hecho, era una de las regiones más romanizadas de la Galia, lo que intensificaría aun más este proceso de aculturación. Concretamente Touluse, la que fue su capital, fue un importantísimo núcleo urbano romano.
El paulatino proceso a través del cual los visigodos reciben la tremenda herencia cultural del Imperio daría para escribir decenas de artículos, tarea que excede los objetivos de este texto. 
Por ello, recogeré a continuación tan solo los hitos más importantes.
1. Unión lingüística a través del latín
2.Unión religiosa a partir de la conversión de Recaredo. Los concilios articulan ahora la vida de ambas comunidades.
3. Junto a la unión religiosa, se produce la unión de rituales funerarios. A partir del siglo VII no hay distinción entre las necrópolis de unos y otros.
4. Unificación legal a partir de Leovigildo (Codex revisus) y mismos tribunales para todos.
5. Adopción de numerosos principios del Derecho romano.
6.El tipo de familia también se homogeneiza a partir del matrimonio mixto, principalmente.
7. Las dos élites se fusionan, creando una sola.
8. Los hispanos entran en el ejército visigodo, lo que indica que son considerados ya miembros de una misma comunidad (Tan solo los hombres y con plenos derechos podían acudir a los llamamientos a las armas)
9. El poder también se homogeneiza y se concentra en torno al monarca el cual, a partir de Leovigildo, adopta elementos imperiales: El propio Leovigildo es el primero que adopta el nombre de Flavio, se coloca una corona y un manto púrpura, y acuña monedas con su efigie.

Debemos puntualizar que el fin de las diferencias no se produce de manera brusca, sino que incluso tras los reinados de los famosos Leovigildo y Recaredo todavía se pueden registrar diferencias entre ambos pueblos. De hecho, la conquista musulmana del 711 fue allanada por la guerra civil desatada entre los arrianos y los católicos en los años previos, lo que demuestra la supervivencia de ciertos elementos de desunión. Como ya comenté en el primer artículo de esta serie la nación no nace en un momento concreto, sino que surge de manera paulatina y por acumulación de "estratos culturales".

Papel de los visigodos en el nacimiento de España
Tras todo lo dicho conviene preguntarse, ¿Qué papel tuvieron realmente los visigodos en el nacimiento de esta identidad común? ¿La encabezaron o simplemente fueron receptores pasivos de la herencia del Imperio?
Los visigodos, efectivamente, llevaron a cabo una serie de acciones cuyas consecuencias, buscadas o no, nos permitirían hablar de una Nación al cabo de unos cuantos siglos. A mi entender, estas son los grandes méritos llevados a cabo por este pueblo en el proceso de nacimiento nacional:
1.Desintegración manu militari de otras entidades estatales que podrían haber permitido, con el tiempo, el surgimiento de ‘’otras naciones’’ en suelo peninsular: Los alanos, los vándalos, los suevos y los bizantinos fueron derrotados por las fuerzas visigodas y, todos ellos de una u otra manera, perdieron su poder de influencia. 
No sabemos lo que habría ocurrido de haberse asentado y consolidado dichos grupos pero posiblemente habrían cambiado bastante la Historia que conocemos.
Conviene puntualizar que la Historia es la que es, con lo cual, de nada sirve elucubrar sobre qué hubiera pasado si los suevos hubiesen persistido en el norte peninsular o si los bizantinos hubiesen consolidado su control sobre el levante. Efectuar un ejercicio de Historia-ficción no es solo pseudocientífico, sino también inútil.
Sea como fuere, las conquistas militares visigodas fueron un factor homogeneizador del territorio clave.

2.La adopción de gran parte de la herencia romana, permitiría a la postre una gran homogeneización cultural y con ella, el surgimiento de una identidad común.

3.La unificación legal efectuada por Leovigildo con el Codex revisus (Primera ley común para visigodos e hispanos) permitiría no solo el matrimonio mixto sino la eliminación de gran parte de las barreras jurídicas existentes entre ambos pueblos.

4.La adopción del Catolicismo: Otro elemento integrador importante fue la adopción
del Catolicismo como religión para los godos llevada a cabo por Recareado. Su padre, Leovigildo, trató de unificar a la península bajo el arrianismo, proyecto en el que fracasó.
Este hecho, más allá de suponer un elemento de unión clave entre las comunidades hispanas y las visigodas, es también imprescindible para entender toda la Historia de España posterior hasta nuestros días, tal como luego comentaré.

5. Proclamación del primer estado independiente que controló la Península y que gobernaría sobre toda la población del lugar, al margen de cualquier otra entidad foránea.

Aun siendo minoritarios, los visigodos cuentan en su haber con estos logros sin los que nos sería imposible hablar de una identidad española común. Puestos a resaltar el papel concreto de los visigodos en el nacimiento de España, conviene remarcar la figura de dos de sus más grandes monarcas: Leovigildo y Recaredo, padre e hijo. Ambos implementaron una serie de políticas recogiendo la herencia anterior y sentarían las bases para la evolución posterior. Si bien se puede destacar el papel de otros reyes, es imprescindible detenerse en estas dos figuras.

-Leovigildo (Reinado entre el 572 y el 586)
De este rey habría que destacar dos obras principalmente: la emisión del Codex revisus, con el que quedarían unificados los códigos legales hispanos y visigodos,
y las conquistas militares que le llevaron a integrar el reino suevo, a someter a las tribus del norte y a hacer retroceder a los bizantinos.
Tanto con las letras como con las armas, este monarca contribuyó enormemente a la unidad entre ambas poblaciones. Además, fue el primer rey visigodo que adoptó símbolos del poder imperial romano tal y como ya he explicado.
También trato de unificar a todos los habitantes de la Península bajo la religión arriana, pero los hispanos no se mostraron muy receptivos a la conversión.

-Recaredo (Reinado entre el 586 y el 601)
Si bien también tuvo que emplear las armas contra los antiguos rivales de su padre, bizantinos y vascones, este monarca pasaría a la historia por su conversión al catolicismo en el año 589 en el III Concilio de Toledo junto con otros nobles visigodos y eclesiásticos arrianos. Siguiendo la tradición germánica, su pueblo se convirtió junto a él.
Así, toda la población quedo unida bajo la fe católica que habría de ser la religión mayoritaria del pueblo español hasta nuestros días. Este acontecimiento no supone una mera anécdota histórica, sino que es uno de los principales elementos vertebradores de la identidad española.
La importancia de este acontecimiento no se dejó sentir únicamente en el plano espiritual, sino también en el civil: Los concilios celebrados en España regían ahora también la vida de los visigodos.
Como mejor muestra de la unión religiosa es el desarrollo de la liturgia hispánica o rito mozárabe, celebrada exclusivamente en España y que pervivió hasta el siglo XI incluso en zonas bajo dominio musulmán. Los españoles no solo compartían una misma fe, sino que fueron capaces de plasmarla en una liturgia propia y exclusiva.
Conviene puntualizar que, si bien la unificación religiosa fue muy importante y un nexo de unión clave entre ambas poblaciones, debemos relativizar el carácter fundacional de la nación que los nacional-católicos le dieron a la conversión de Recaredo: La adopción del catolicismo no puede, por sí misma, explicar la aparición de España. Es un hito más dentro del proceso que acabaría por unificar a hispanos y visigodos, comparable por ejemplo a la igualdad legal, y no debe ser catalogado como el hecho definitorio en sí mismo. Además, no puede entenderse de manera independiente a toda la evolución anterior, ni el desarrollo posterior. En definitiva, la proclamación del Catolicismo es importante pero no puede llevarnos a fechar el nacimiento de España en 589 de manera categórica.

Isidoro de Sevilla: El intelectual que plasmó el proceso
En estos tiempos, España no solo alumbró a monarcas y guerreros, sino también intelectuales. Uno de los más importantes fue San Isidoro de Sevilla (556-636), uno de los autores más leídos durante toda la Edad media en Europa. Su producción es francamente impresionante: Enciclopedias, tratados litúrgicos, historiográficos, astronómicos, teológicos, biografías, … Tal vez la más importante sea su obra Etimologías , una compilación de todo el saber universal desde la antigüedad pagana hasta su propia época.
También fue un gran recuperador de los saberes clásicos y creó una biblioteca en Sevilla para tal misión, reformando además la escuela inaugurada por San Leandro, otro gran sabio de aquella época.
En este caso nos interesa un trabajo concreto: Laudes Hispaniae (624), texto que algunos autores han considerado la primera muestra de nacionalismo español en nuestra literatura. Podríamos pensar que esta aportación no tiene nada que ver con una concepción de España como nación, pero lo cierto es que parte de su pensamiento en este sentido quedó reflejado en sus ideas políticas: Defendió reforzar la monarquía acabando con el regicidio, habitual entre los visigodos, planteando por primera la figura sagrada del monarca, individuo que únicamente puede ser apartado del trono en caso de arbitrariedad o despotismo. Es decir, plantea ya la sacralidad de los monarcas pero también el derecho a la rebelión legítima
Pasando por alto estas otras aportaciones, vayamos directamente al texto que nos compete. Así hablaba de España San Isidoro a principios del siglo VII:

>>Eres, ¡oh España!, la más hermosa de todas las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en sus príncipes, madre de muchos pueblos. Eres con pleno derecho la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz el Oriente y el Occidente. Tú, honra y prez de todo el orbe; tú, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece con exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo.
La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en vacas, llena de fuerza, alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos, frondosa en tus montes, llena de pesca en tus playas. No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta el ardor del sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno, sino que, circundada por ambiente templado, eres con blandos céfiros regalada. Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú. Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado.
Ni Alfeo iguala tus caballos, ni Clitumno tus boyadas, aunque el sagrado Alfeo, coronado de olímpicas palmas, dirija por los espacios sus veloces cuádrigas, y aunque Clitumno inmolara antiguamente en víctimas capitolinas ingentes becerros. No ambicionas los espesos bosques de Etruria, ni admiras los plantíos de palmas de Molorco, ni envidias los carros alados, confiada en tus corceles. Eres fecunda por tus ríos, y graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos; fuente de hermosa raza caballar. Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino.
Eres, pues, ¡oh España!, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos. Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haber alcanzado el triunfo sobre los romanos, te arrebató y te amó, y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas.<<

Tras leer estas líneas podemos observar que gran parte de las alabanzas hacen referencia al clima, la naturaleza o los cultivos, lo que podría llevarnos a pensar en una simple ‘’admiración geográfica’’ hacia el lugar en el que le tocó nacer, describiendo la Península como una especie de Edén ante la acción combinada del medio geográfico y las condiciones climáticas.
Sin embargo, también podemos señalar referencias a pueblos y príncipes: Tierra bendita y siempre feliz en sus príncipes, madre de muchos pueblos; ¡Oh España!, rica de hombres o Abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos.
Del mismo modo también plantea la evolución desde Roma hasta los visigodos como un proceso sin ruptura brusca: Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haber alcanzado el triunfo sobre los romanos, te arrebató y te amó.
Este texto de San Isidoro es desde luego la mejor plasmación escrita del proceso de aculturación por parte de los visigodos así como de la paulatina fusión entre éstos y los hispanos. 

Españoles: Una única idea y una única comunidad
Tras todo lo dicho, toca volver a aplicar nuestra definición de nación para observar como ha evolucionado a lo largo de la monarquía visigoda:
1.Idea de pertenencia a un grupo2. compartida por una comunidad de personas 3. unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al 4. control de manera excluyente de un territorio, tratando de 5. dotarse de estructuras estatales propias y tienen, normalmente, 6. referentes histórico-míticos en los que se legitiman.

1.Idea de pertenencia a un grupo
La idea de pertenencia era ya compartida por todos, tanto hispanos como visigodos: Los primeros entran en el sistema político y jurídico implantado por la monarquía; y los segundos, adoptan gran parte de la cultura hispano-romano que se encontraba en la Península antes de su llegada.
Volviendo a tomar el ejemplo del ejército, los hispanos comienzan a ser convocados a para la batalla por los monarcas, hecho trascendental si tenemos en cuenta que según la tradición germánica tan solo los hombres libres y de plenos derechos podían hacerlo.

2.Compartida por una comunidad de personas
Existe ya una única comunidad incluso en el sentido racial del término, a través del matrimonio mixto.
Una gran muestra de esta concepción de la existencia de una única comunidad es la clara diferenciación con otras comunidades residentes en la Península como los judíos, los griegos o los bizantinos: No solo son conscientes de ser una unidad, sino que se diferencian claramente de otros grupos minoritarios, a los que se les sigue rigiendo con sistemas legales particulares para cada uno de ellos.

3.Unidos por una serie de lazos
Los lazos nacionales que les unían son los que fueron surgiendo a partir de la disolución de las importantes diferencias existentes en un primer momento (Ver cuadro)
Como ya he comentado, la adopción de la cultura greco-latina y cristiana, y el matrimonio mixto, permitiría que las divergencias fuesen paulatinamente disolviéndose para dejar paso a unos lazos comunes a toda la población.


4.Control de manera excluyente de un territorio
Otra de las grandes pistas que nos revelan la existencia de una comunidad con una fuerte idea de pertenencia son los enfrentamientos bélicos contra grupos externos, como pueden ser los levantiscos pueblos del norte, los francos o los reductos bizantinos de la costa. Además, las otras comunidades mencionadas en el Punto 2 poseían su legislación independiente y muchas veces fueron perseguidas como ocurrió con los judíos, lo que revela esa idea del territorio como una posesión propia y excluyente.

5.Estructuras estatales propias
Un único estado controlaba el territorio y gobernaba sobre la comunidad, otro rasgo más del carácter unitario. En este caso, no fue una nación la que se dotó de un estado propio, sino que dos comunidades se unieron poniéndose bajo el amparo de un Estado ya existente como era el visigodo, aunque se transformó notablemente como resultado de la implantación de elementos romanos, como ya he comentado en los cambios implementados por Leovigildo: Se hacia llamar Flavio, acuñó moneda con su efigie, se colocaba la capa púrpura,... No era ya la monarquía bárbara que erigieron en los albores del siglo VI.

6. Referentes histórico-míticos
Los referentes histórico-míticos (o histórico-religiosos en este caso), también sufren un proceso de unión, sobre todo a partir de la adopción de elementos romanos de legitimación del poder y de la religión católica. Toda la península quedaba ya encuadraba bajo un mismo sistema de creencias, las cuales servían para legitimar el poder tal como hemos visto con los Concilios.

Invasión musulmana
Para cuando los musulmanes asaltan la Península ibérica en el 711 podemos hablar de la existencia de una identidad hispana claramente establecida. A pesar de ello aun pervivían ciertos elementos de desunión heredados tal y como ya he comentado anteriormente, como ciertas facciones arrianas que no habían seguido a Recaredo tras su conversión.
En estos años finales del reino visigodo aun se puede rastrear si el origen de un determinado individuo era hispano o visigodo, aunque en la mayoría de los casos esa tarea se torna prácticamente imposible. El mejor ejemplo de ésto es el debate que a día de hoy sigue existiendo en torno a si Pelayo era hispano astur o visigodo.
Sea como fuere, la evolución producida durante el reinado de los visigodos es
imprescindible para entender el surgimiento de la nación española. Desde este

momento, a pesar de la total aniquilación del reino visigodo y la evolución de la cultura española en los siglos siguientes, la base establecida jamás desaparecería, ni siquiera tras la invasión mahometana.

¿Supuso la conquista musulmana la destrucción de la Nación?
Esta cuestión es ciertamente difícil de contestar. Por un lado, podemos afirmar que NO, porque a pesar de la destrucción del ESTADO, la IDEA de identidad común y de Pasado perdido pervivió en los recién nacidos estados del norte. Ya Alfonso III se considera heredero del reino de Toledo y todos los estados futuros también lo creerán así, llamándose a sí mismos reyes de España o de las Españas. Podríamos decir, en conclusión, que el Reino visigodo se convirtió en un referente histórico-mítico para los reinos españoles de la Reconquista (Punto 6 de nuestra definición de Nación)
Por otro lado, también podría decirse que SI supuso la 'destrucción de España', porque la idea de Nación española se perdió en un gran número de españoles que habitaron en zonas de dominación islámica, tanto en muladíes (Cristianos convertidos) como en mozárabes (Cristianos que mantuvieron su fe) ante la aculturación y la adopción de unas nuevas formas de vida. Sin embargo, esta historia es tema que dejaremos para otro artículo.

Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?


Artículos anteriores:
1. Pero, ¿Qué es la Nación?
2. Orígenes de España I: Las tribus pre-romanas
3. Orígenes de España II: La Romanización de Hispania
Continúa la historia de la Nación española:
1. Orígenes de España IV: La Reconquista 

Para ampliar 
La entrada de los bárbaros en Hispania
Matrimonio mixto 
Evolución del ejército visigodo
Cita con la Historia: El nacimiento de España como nación

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