ORÍGENES DE ESPAÑA II: LA ROMANIZACIÓN DE HISPANIA

-Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?

En el año 201 a.c. Aníbal y el general romano Escipión, que a la postre sería conocido como El Africano, acuerdan la rendición de Cartago. La proeza que supuso cruzar los Alpes o la épica victoria en Cannas de los ejércitos norteafricanos no impidieron, a la postre, la victoria total de Roma. Una victoria que, según muchos, cambió la historia de todo Occidente: El mediterráneo quedaba de manera definitiva en manos de una potencia europea. Algunos autores como Pio Moa han denominado esta guerra como una Guerra de destino, reflejando como el conflicto determinó en gran medida toda la historia europea posterior.
El final de este enfrentamiento también marcó el inicio de otro fenómeno que nos interesa más en nuestro estudio: La Romanización de la Península Ibérica. Este proceso, posiblemente uno de los más importantes de nuestra Historia, no supuso de por sí el nacimiento de España como nación, pero sí que sentó unas bases importantes sobre las cuales posteriormente se sostendría dicha identidad.
Vuelvo a recordar que estos artículos NO son una Historia de España, sino una Historia de la Nación española. Por tanto, recogeré aquí aspectos que me parecen claves para el nacimiento de nuestra identidad y no tanto el desarrollo cronológico de unos acontecimientos históricos.
La explicación sobre la importancia de la Romanización se estructurará en los siguientes epígrafes:
-Romanización peninsular: Un proceso heterogéneo
  1. Fases en la conquista
  2. Base cultural previa
  3. Interés romano
-¿En qué influyó la Romanización? 
  1. Territorio
  2. Población
-Identidades en la Península ibérica romana: La pervivencia de lo tribal y los hispanos romanizados

La Romanización peninsular: Un proceso heterogéneo
Lo primero que se debe tener en cuenta al hablar de Romanización en la Península ibérica es que fue un proceso tremendamente heterogéneo: Su aplicación sobre el territorio no produjo una igualación total de las comunidades que allí habitaban y que se encontraban bajo el dominio imperial. Si bien el influjo cultural romano se dejó sentir en toda la Península, éste influyó con muy diversas intensidades en el territorio y generó diversas plasmaciones regionales. Fue principalmente en el Sur y el sureste peninsular donde se consolidaron con mayor fuerza las nuevas formas importadas.
Como ya he adelantado, la implantación y consolidación de los nuevos modos de vida romanos supusieron, a la larga, la base cultural fundamental para poder hablar de una identidad común entre todos los pueblos de España. Por ello conviene aclarar por qué un mismo foco de influencia, que era Roma, no afectó por igual a todo el territorio bajo su control. Para responder a esta cuestión clave en nuestro estudio, debemos atender a tres principios básicos: Las fases en el proceso de conquista militar de la Península ibérica, la base cultural pre-romana y el propio interés de los conquistadores.
Profundicemos en estos principios que acabo de citar:

1. Diferentes fases temporales
El proceso de conquista militar de la Península ibérica se realiza a lo largo de un amplio periodo de tiempo: Desde el año 218 a.c., en que los romanos desembarcan en Ampurias para combatir a los cartagineses, hasta el 19 a.c. cuando las tribus del norte son definitivamente sometidas. Los 200 años que se tarda en conquistar todo el territorio ya supone de por sí un importante factor que explica lo heterogéneo de la Romanización peninsular: Evidentemente, se puede afirmar que cuanto más tiempo estuvo una zona dominada por Roma, más influencias de ésta recibió. No debe extrañarnos, por ejemplo, que Ampurias fuese más romanizada que la Cordillera cantábrica


A pesar de lo dicho, no debemos caer en la simplicidad de creer que el grado de Romanización dependió únicamente del tiempo que cada región estuvo controlada por Roma.
Otros dos factores igualmente determinantes tuvieron una influencia notable: La base antropológica y cultural que los romanos se encontraron; así como el propio interés de los conquistadores.

2. La base cultural previa: Iberos y celtas
Como se puede observar en los mapas, las zonas más romanizadas coinciden con el área cultural ibera. Esto no es una casualidad:

Los íberos llevaban siglos recibiendo influencias de todo tipo desde el mediterráneo y, además, gran parte de sus territorios pasaron directamente a control romano sin ofrecer resistencia una vez fue derrotada Cartago, a pesar de que existieron revueltas de cierta importancia. Por todo ello, se adaptaron fácilmente tanto al nuevo poder hegemónico como a la cultura importada.
Por el contrario, las zonas interiores y atlánticas, de cultura céltica, no habían estado tan influidas por el poderosísimo ambiente mediterráneo y tenían unos rasgos culturales que diferían bastante de los que circulaban por el Mare Nostrum. Esta situación previa hizo que la adopción de los nuevos modos de vida fuese mucho más lenta y menos poderosa que en las regiones íberas.
Podemos concluir afirmando que las bases culturales que los romanos se encontraron en el suelo peninsular fueron absolutamente fundamentales para comprender lo heterogéneo del proceso de Romanización y las diferentes formas en las que ésta se consolidó.

3. El interés de los conquistadores
Uno de los rasgos más característicos de los romanos fue su enorme pragmatismo: Si una zona no tenía ningún interés para ellos, no la ocupaban o bien la controlaban de manera más laxa. Este fenómeno se dio en gran parte de las áreas celtas de la Península: 
Precisamente el área más romanizada fue la que más interés tenía para ellos ya que era parte del mundo mediterráneo, epicentro del poder de Roma, y además era de donde más productos extraían como luego veremos.
Por el contrario, muchas zonas del interior o del norte quedaron sin apenas control ante lo poco que podían aportar al Imperio, si bien es cierto que siempre estuvieron administradas por Roma aunque fuese de manera más débil. 
A pesar de todo lo dicho, debemos tener en cuenta que tanto el control político romano como su influencia cultural afectó a toda la Península ibérica, independientemente del grado de intensidad. 

¿En qué influyó la Romanización?
Conociendo ya las características más importantes de la Romanización peninsular, profundicemos ahora en la importancia que tuvo, analizando los cambios que provocó en dos grandes dimensiones: Sobre el territorio y sobre las personas. 
Esta división es un tanto arbitraria, ya que los cambios sobre el territorio afectan también a las personas, pero es útil y operativa para entender mejor la cuestión. 
Lo importante de estas novedades es que, lejos de ser un cambio puntual en la vida hispana, se mantuvieron en el tiempo incluso tras la caída del propio Imperio. He ahí la grandeza de la obra romana: Cambió totalmente los modos de vida previos, introduciendo una serie de novedades que han perdurado en gran medida hasta nuestros días.

1. Cambios sobre el territorio
Uno de los grandes avances romanos fue la mejora de las comunicaciones que permitieron conectar todo el territorio peninsular, y a éste con el resto del mundo conocido. Por tanto se logró una gran cohesión territorial en la Península a través de las comunicaciones terrestres, las marítimas, las ciudades y la explotación económica. Profundicemos en cada uno de estos ámbitos:

-Comunicaciones terrestres
Si hay una obra romana en Hispania que ha quedado para la posterioridad esa ha sido su increíble red de calzadas que conectó en su día toda la Península.
Este sistema de comunicaciones permitió mitigar las limitaciones impuestas por el medio geográfico y facilitó el desplazamiento de personas, y con éstas, de sus ideas (Como ya comenté, los cambios sobre el territorio afectan también a las personas)
 De no existir una mínima cohesión territorial hubiese sido prácticamente imposible que una persona que viviese en la actual Asturias se sintiese integrante de la misma comunidad que un gaditano o un murciano: La articulación del territorio por esta red de comunicaciones resulta, por tanto, absolutamente imprescindible para el futuro surgimiento de una identidad española común entre los pueblos peninsulares.
La brillantez del trazado de las calzadas es tal que aún hoy muchas de nuestras modernas carreteras van paralelas a ellas como ocurre, por ejemplo, con la Vía de la Plata que conectaba Astorga con Mérida.

-Comunicaciones marítimas
La conquista romana también supuso la entrada total de la Península en el ámbito mediterráneo. Antes de la conquista, los íberos ya pueden ser catalogados como
pueblos mediterráneos; y los celtas, por su parte, también tuvieron contactos con comerciantes venidos del Mare Nostrum. Sin embargo, la conquista de Roma potenciaría mucho más ésta situación previa, integrando no solo el Levante, sino la totalidad del territorio peninsular en ese contexto mediterráneo.
Recordemos que el Mediterráneo no era solo la ‘’autovía’’ de la época, sino también el epicentro cultural por el que circularon gran parte de las corrientes filosóficas, culturales y religiosas de la Antigüedad como por ejemplo la filosofía griega, las religiones mistéricas o el propio Cristianismo.

-Ciudades
Junto a las calzadas, la otra gran obra de creación romana fueron las ciudades. 
Lejos de ser tan solo un núcleo de poblamiento, fueron también vitales para articular y cohesionar el territorio ya que muchas se construyeron en lugares estratégicos, como por ejemplo Zaragoza, que debía conectar el Levante mediterráneo con áreas interiores y atlánticas.También funcionaron como nudos de comunicaciones, en los que se cruzaban las calzadas o en las que se establecieron los puertos.
Por si esto fuera poco, las urbes fueron los principales focos desde los que se difundía la Romanización a las tierras aledañas ya que eran el centro político, económico y cultural de la época, estatus que mantuvieron hasta la decadencia urbana al final del Imperio, marcada por la salida de enormes masas de población hacia los campos. 

-Economía a escala peninsular
Otro hito importante que normalmente pasa desapercibido es que los romanos por primera vez implantaron una economía a escala peninsular, lo que intensificó
también la cohesión de la Península: En gran medida la articulación del territorio basada en calzadas, rutas marítimas y ciudades que acabamos de desentrañar, se estableció para crear una red de comunicaciones por la que fluían los productos que se exportaban a Italia. Por tanto, podemos considerar la economía como otro elemento cohesionador del territorio.
Conviene también resaltar que en muchas zonas se mantuvieron las formas tradicionales de explotación económica, sobre todo en áreas poco romanizadas. Aquí se aprecia el pragmatismo romano citado anteriormente.

2. Cambios sobre las personas
Al tratar este artículo sobre el origen de una identidad española, cobra especial relevancia este segundo epígrafe, en el que analizaremos los cambios que afectaron a la población de la península ibérica y que no solo modificarían los modos de vida heredados de época pre-romana, sino la propia cosmovisión de aquellos pueblos.
Estos cambios son precisamente los que generarían una base cultural que permitiría,
siglos después, hablar de una identidad española común a los pobladores hispanos. Nuevamente debo resaltar que la importancia de estas novedades radica en que han continuado hasta hoy y pueden considerarse los pilares de lo que denominamos Civilización occidentalProfundicemos en las transformaciones más importantes sufridas por la población hispana.

-El latín
La implantación del latín como lengua vehicular en Hispania fue uno de los hitos más importantes dentro del proceso de Romanización: Cuando dicha lengua se consolidó, todos los habitantes de la Península podían comunicarse entre sí, cosa que antes era probablemente imposible, ya que en la España pre-romana no había unidad lingüística, aunque ese es un tema de estudio abierto.
Sea como fuere, el latín se impuso y de él nacerían todas las lenguas peninsulares que continúan hasta hoy día. La única excepción serían las lenguas vascas que muy posiblemente y como ya comenté en el artículo anterior son el último vestigio lingüístico de los tiempos anteriores a Roma.
Tampoco olvidemos que la escritura también fue introducida por los romanos. Es cierto que algunos pueblos íberos poseían escritura (Aun no descifrada, por desgracia) pero la difusión a gran escala se efectuaría bajo control romano. Ambos principios, lengua y escritura, son dos claves para entender la articulación de un pensamiento y una identidad comunes en el territorio de la actual España.

-La filosofía
Como ya comenté en el epígrafe de las Comunicaciones marítimas, la conquista de Hispania también supuso su entrada definitiva en el mundo cultural mediterráneo que también puede ser denominado como greco-latino. Dentro de éste, cobra una especial
importancia la Filosofía en tanto que los romanos recogieron las enseñanzas de los grandes maestros griegos, a las que sumaron las de sus propios autores si bien jamás lograron alcanzar su grandeza.
Hispania recibirá, por tanto, esta brillante herencia a la que por cierto contribuirá con sus propios intelectuales como veremos a continuación. Esta base filosófica continua también hasta nuestros días ya que la filosofía greco-latina ha sido el pilar fundamental de todo el pensamiento occidental posterior.

-El Derecho
Las aportaciones romanas son bastante más reseñables dentro del campo jurídico que del filosófico: Fue aquí donde dejaron una impronta única.
El derecho romano sirvió primero para velar por la convivencia de los ciudadanos romanos de pleno derecho, pero, paralelamente al proceso de conquista, también fue implantándose sobre poblaciones sometidas:
Todos los habitantes de Hispania quedaron regidos por una misma legislación, si bien es cierto que ésta recogía muy diversos estatus, dependiendo de cada individuo, comunidad o ciudad concretas.
Tras la caída de Roma, el derecho romano pervivió en los estados medievales combinado con el germánico. Estos dos pilares son aun hoy la base del derecho occidental especialmente en las ramas de derecho privado, penal, público y administrativo.

-La religión: Sincretismo primero, Cristianismo después
El tema de la religión en el Imperio romano ha provocado auténticos ríos de tinta. Por ejemplos, las políticas de Constantino el Grande en torno a la legalización y promoción del Cristianismo es uno de los temas historiográficos más tratados en la actualidad.
A grandes rasgos y resumiendo mucho, podemos decir que la influencia religiosa de Roma en Hispania pasa por dos etapas claramente diferenciadas: La etapa pagana y la etapa cristiana.
Durante la etapa pagana se puede hablar de una pervivencia de las religiones pre-romanas, de tal modo, que gran parte de la población continuó adorando a los mismos dioses que antes de la llegada de los conquistadores. De hecho, algunos autores romanos trataron de identificar su panteón con el de otros pueblos extranjeros.
También se producían fenómenos de sincretismo, basados en la adopción de las divinidades extranjeras al panteón propio. Ésto se daba ya en el ambiente mediterráneo antes de la llegada de Roma, ya que por el Mare Nostrum circulaban todo tipo de corrientes religiosas y cultos llegados desde el Oriente.
Tal es el caso de las religiones mistéricas, las cuales ya eran practicadas por los íberos antes de ser conquistados por Roma. Podemos decir por tanto, que los fenómenos de sincretismo religioso son anteriores a la colonización romana y continuaron tras producirse ésta.
El mejor ejemplo de estas ''fusiones'' entre cultos ya en época romana son algunas estelas encontradas en Hispania, muchas de las cuales eran de estilo romano y estaban escritas en latín, pero estaban dedicadas a divinidades locales.


El nacimiento y expansión del Cristianismo cambió todo el panorama anterior: La base doctrinal del Cristianismo es la afirmación de un único Dios, por tanto todo el sistema basado en el sincretismo y la adopción o aceptación de ritos extranjeros se vino abajo. La fijación de la Nueva fe como religión oficial fue paulatinamente eliminando los ritos previos, aunque ese proceso se prolongó mucho en el tiempo, conviviendo durante siglos el Cristianismo con cultos paganos previos extendidos por toda Europa.
Finalmente llegamos a los años finales del Imperio, cuando encontramos en Hispania varias corrientes religiosas pero todas ellas de base cristiana, como son el Catolicismo, el Priscilianismo y el Arrianismo, este último traído por los visigodos. Paralelamente algunos autores apuntan a prácticas paganas en ambientes rurales y/o apartados, aunque ya con un carácter bastante marginal en comparación con la pujante nueva fe. Sea como fuere, el empuje del Cristianismo provocaría a la larga que toda la población peninsular acabase inserta bajo una misma religión. Este lento proceso comenzaría cuando Hispania era aun una provincia romana, culminando con la célebre conversión de Recaredo (587 d.c.)

-Administración territorial
La cohesión territorial que hemos comentado antes se vio traducida también en la administración del territorio implementada por Roma basada en provincias.
Si bien es cierto que este sistema no perdura hasta nuestros días, sí que fue utilizado en gran medida por los visigodos tal y como veremos en futuros artículos. Por ejemplo, el sistema fiscal perviviría, aunque con cambios, una vez instaurado el reino germánico. Por tanto también se puede hablar aquí de continuidad.


Tras todo lo dicho podemos afirmar que la influencia romana fue muy potente tanto por su extensión geográfica, ya que afectó a toda la Península, como por los elementos que modificó, desarrollando una serie de lazos que unirían a toda la población ibérica y que, con el desarrollo de los siglos, permitiría hablar de una identidad común. 
La articulación de personas y del territorio resultó, por tanto, absolutamente fundamental: La fragmentación que caracterizaba a las tribus anteriores, había dejado paso a un contexto totalmente diferente, con numerosos elementos comunes a todos los habitantes de la futura España.
La tesis es clara: Sin Romanización no habría habido España, al menos no tal y como la conocemos hoy día.

Identidades en la Península ibérica romana
Lo primero que hay que tener en cuenta al hablar de identidades en la Hispania romana, es la convivencia que se produjo entre las identidades tribales,ya explicada en el artículo anterior, y la implantación de unos nuevos modos de vida de tipo romano en las regiones más estrechamente controladas y aculturizadas por el Imperio. Entre estos dos polos, que podemos considerar opuestos, existía una infinidad de puntos intermedios que dependían principalmente del grado de Romanización de cada zona y cada comunidad concretas.
Analicemos más en profundidad ambos contextos diferenciados:

La Romanización afectó profundamente a las identidades existentes en la Península ibérica si bien es cierto que se puede hablar de una pervivencia de las comunidades tribales ya explicábamos en el artículo anterior: Una gran parte de la población continuó viviendo en pequeñas comunidades clánicas, muchas de ellas con gran autonomía y manteniendo sus modos de vida tradicionales, aunque siempre bajo el poder de Roma.
Esto fue posible porque la Romanización fue un proceso paulatino y prolongado en el tiempo, con lo cual, el proceso de transformación fue lento y pausado. Además, también tiene su importancia el pragmatismo romano: No había una voluntad de aculturizar a la población local de manera forzada si no existía necesidad imperiosa de ello.
Dicho ésto hay que puntualizar que la influencia llegó a toda la Península, pero no precisamente por el interés romano en civilizar, sino por la potencia de su cultura (Recordar el ejemplo de las estelas de estilo romano con divinidades locales).
Podemos decir por tanto que, aunque con cambios, una gran parte de las identidades pre-romanas subsistirían a lo largo del Imperio aunque irían paulatinamente transformándose. Para los primeros siglos de la era Cristiana los modos de vida tribal solo subsistirían en zonas marginales del Norte, y, aun así, esos grupos también sufrieron importantes cambios fruto de la influencias de la metrópoli.
Llegados a este punto conviene aclarar varias tergiversaciones históricas que se han distribuido tanto por algunos ambientes patriotas españoles, como por otros afines a los nacionalismos periféricos: La conquista romana de la Península fue total y el proceso de aculturación afectó a todo el territorio independientemente de la intensidad. Es bastante común, sobre toda en la zona Norte donde tengo la suerte de vivir, oír alguna que otra versión sobre la irreductibilidad de aquellos pueblos ante el poder de Roma.
Un ejemplo claro son algunos sectores del nacionalismo vasco que sostienen que las tribus de la zona nunca fueron conquistadas por ningún poder externo: Ni romanos, ni visigodos, ni musulmanes,... La falsedad de este argumentario se vuelve todavía más flagrante al tener en cuenta que los vascones, tribu de la cual parte el actual euskera, ni siquiera habitaban en el actual País vasco, sino en zonas del Pirineo. Los pueblos que ocupaban la zona eran, en realidad, de cultura céltica.
En los anexos finales aportaré más información a este respecto.

-Los hispanos romanizados: El ejemplo de pensadores y emperadores
El mejor ejemplo del cambio de paradigma que supuso la Romanización así como de la enorme influencia que tuvo sobre la población ibérica fue la aparición de personajes hispanos que resultarían claves para el mundo romano y que lo influirían notablemente: Los hispanos aportarían al Imperio filósofos, pensadores, poetas e incluso emperadores.
Su simple existencia nos revela como poco dos datos importantes: Primero, la plena integración de parte de la población hispana en el mundo romano en tanto que, partiendo de su cultura, fueron capaces de contribuir a ella con aportaciones propias; y segundo, un fenómeno de fusión de élites entre hispanos y romanos llegados al lugar. En este punto conviene aclarar que los itálicos desplazados a la zona fueron pocos, constituyendo una élite política y económica que controlaba el territorio. Estos delegados de Roma, si se les quiere llamar así, se unieron en numerosas ocasiones con élites locales tal y como acabo de comentar. (Conviene repasar la aclaración del artículo anterior señalando la diferencia entre cultura y raza)
Destacan especialmente autores como Marcial, Quintiliano, Séneca, Moderato de Gades, Lucano o Pomponio Mela en el plano intelectual, y , Teodosio, Trajano o Adriano, que llegaron a ser emperadores. Sus aportaciones fueron importantísimas a campos tan diversos como la pedogía, la filosofía, la lírica, la geografía y por supuesto la política.  No es ninguna casualidad que todos ellos proviniesen de los núcleos más romanizados de la Península, principio que viene a confirmar lo dicho: Los modos de vida de los pobladores locales se modificaron enormemente con la Romanización, hecho que es principalmente perceptible precisamente en las zonas que recibieron esta influencia con más fuerza. Analicemos en mayor profundidad la procedencia de estos personajes:
-El poeta Marcial de Bílbilis, actual Calatayud. Curiosamente, ha llegado hasta nuestros días uno de sus textos, en los que alude a su condición de celtíbero en una discusión con otro autor.
-El geógrafo Pomponio Mela, de Algeciras. Curiosamente hace una descripción del mundo empezando y acabando por la Península Ibérica.
-El pedagogo Quintiliano, de Calahorra, La Rioja
-El filósofo Moderato de Gades, de Cádiz.
-El poeta Lucano, de Córdova.
- Los emperadores Trajano y Adriano de Itálica (Sevilla) mientras que Teodosio era de Coca (Segovia), siendo posiblemente esta la zona menos romanizada de todas las citadas.
A la luz de lo dicho, podemos afirmar que provenían de las zonas donde la influencia cultural romana tuvo una mayor potencia.

¿Eran españoles?
Las importantes aportaciones de los autores citados a la cultura universal, han llevado a muchos querer identificarlos como españoles, dotándoles de una identidad que ni siquiera existía en ese momento. Ocurre como con el mundo pagano: ''Lo romano'' atrae bastante en la actualidad,

lo que ha llevado a un gran número de tergiversaciones históricas de cara a sustentar fantasías de todo tipo.
Estos personajes no pueden definirse como españoles en tanto que esa identidad ni siquiera estaba planteada, lo que no resta ni un ápice de valor a sus aportaciones. Únicamente sería aceptable denominarlos como españoles si aludiésemos a España como punto geográfico en el que nacieron y habitaron.
Su importancia para nuestro estudio radica especialmente en que son el mejor ejemplo de hasta qué punto la Romanización caló en la Península: Los romanos introdujeron una cultura nueva en suelo peninsular, a partir de lo cual algunos hispanos fueran capaces, partiendo desde esa base foránea, de aportar innovaciones.
Para analizar la cuestión sobre la españolidad de estos autores, recojamos de nuevo nuestra definición de nación y apliquémosla al caso de estos hispanos para corroborar de nuevo lo diferente que era su identidad de lo que nosotros entendemos por españoles:
1. Idea de pertenencia a un grupocompartida por una comunidad de personas 2. unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al 3. control de manera excluyente de un territorio, tratando de dotarse de 4. estructuras estatales propias y tienen, normalmente,5. referentes histórico-míticos en los que se legitiman.

 1.Idea de pertenencia a un grupo, compartida por una comunidad.
La comunidad de la que se sentían miembros es en la mayoría de los casos un misterio ya que no dejaron un testimonio escrito concreto sobre ello. Sin embargo, podemos afirmar que no se sentían en ningún caso miembros de una comunidad hispana, independiente del Imperio.
En este apartado cobra importancia Marcial, el cual reivindica su pasado celtíbero en una discusión con otro autor corintio, asociando características propias de la hombría y la virilidad a dicha herencia pre-romana. Este ejemplo demuestra como incluso cuando algunos hispanos romanizados reivindican a sus ancestros, recordaban a las comunidades tribales anteriores a Roma, muy diferente a cualquier elemento asociado a la españolidad tal y como lo entendemos hoy.

2. Unidos por una serie de lazos
Los lazos más importantes por estos hispanos no eran de carácter nacional, sino imperial:
Hablaban el latín, se movieron por el mediterráneo, estudiaron la filosofía greco-latina a la que posteriormente contribuyeron, consideraban a Roma la capital del mundo, tenían un modo de vida romano, … 

En definitiva, eran personajes plenamente integrados en el contexto de su tiempo que no era otro que el Imperio.

3. Control de un territorio y 4. creación de un estado.
Jamás consideraron a Roma un cuerpo extraño o un poder invasor, sino la legítima soberana de Hispania. No había un deseo de ruptura con el Imperio porque estaban convencidos de estar participando en un mismo proyecto.
En extensión, ni siquiera se planteó la creación de un Estado propio que representase la identidad hispana porque como ya he comentado ésta ni siquiera existía.

5. Referentes históricos en los que se legitiman
En tanto que no se cuestionaba la soberanía romana sobre el territorio, tampoco se necesitó buscar unos referentes que los diferenciasen de la metrópoli. Roma y su civilización eran para estos autores suficiente justificación.

Queda claro por tanto que estos brillantes autores pueden catalogarse como hispanos, por su procedencia geográfica; o hispano-romanos, si contásemos la cultura en la que estaban insertos, pero no españoles en el actual sentido nacional del término.

Esta situación se mantendría durante siglos hasta la aparición de dos nuevas fuerzas que cambiarían, tal como hizo Roma en su día, el curso de la Humanidad: El Cristianismo y las invasiones bárbaras. El primero, sufrió una expansión espectacular en muy pocos años, debido a la expansión que realizó gracias al completo sistema de comunicaciones a escala mediterránea implementado por Roma, pasando de ser una religión perseguida, a la oficial del Imperio (Constatino lo legaliza en el 313 d.c. y Teodosio le hace religión oficial en el 380 d.c.). 
Las invasiones, por su parte, irrumpirían como una auténtica marea sobre un Imperio sumido ya en una crisis irreversible, destruyendo la unidad política del mediterráneo y constituyéndose reinos independientes que, a la postre, serían claves para poder hablar de naciones.
Sin embargo, la herencia romana jamás desapareció: Sus aportaciones han constituido en gran medida la base cultural, filosófica y jurídica de todo el mundo occidental. De hecho, el propio Cristianismo católico construyó gran parte de su doctrina y de su organización interna valiéndose de elementos griegos, romanos y paganos. Por su parte, los bárbaros que destruyeron políticamente al Imperio, acabarían adoptando gran parte de su cultura a lo largo de las décadas siguientes. Aunque esa historia es tema ya para otro artículo.



Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?


Artículos anteriores
1. Pero, ¿Qué es la Nación?
2. Orígenes de España I: Las tribus pre-romanas

Continúa la historia de la nación española
1. Orígenes de España III: La España visigoda
2. Orígenes de España IV: La Reconquista

Para ampliar
-Programas de radio en Ivoox muy completos sobre la civilización romana
-La conquista y posterior romanización de Cantabria. Un buen ejemplo de que la influencia romana llegó hasta los puntos más recónditos de la Península:

-Ampliación de los autores citados:
Teodosio 

-Vasco-cantabrismo y manipulación del pasado prerromano y de la conquista:

- Ver libros publicados

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