ORÍGENES DE ESPAÑA I: LAS TRIBUS PRE-ROMANAS

-Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?

Tras haber comentado en el artículo anterior las explicaciones que se han dado sobre la Nación, haber recogido los errores más extendidos en la actualidad sobre el término y haber propuesto finalmente una posible teoría explicativa, llega el momento de aplicar lo dicho al caso español. Aclaro antes de comenzar que estos artículos no son una historia de España, sino una explicación de cómo surge la nación española: Es lógico que la aparición de la identidad se relacione íntimamente con los hechos históricos, pero el sujeto de análisis es ésta y no los hechos en sí mismos. Aclarado ésto, comencemos.
Nos remontaremos hasta una época remota: La Península Ibérica pre-romana. Casi ningún autor toma como punto de partida esta época lo que personalmente me parece un error: Al no existir en este momento un concepto de España, más allá del puramente geográfico y además utilizado por pueblos foráneos, es precisamente desde donde debemos iniciar nuestra reflexión para comprender así cómo surge una nación desde la relativa nada (En realidad, nada surge desde la nada y mucho menos una identidad nacional)

En otro orden de cosas, hay que recalcar también el gran desconocimiento existente sobre esta época entre el español medio, lo que no impide que sea un periodo histórico que atrae bastante al gran público. Así, en tiempos recientes, hemos visto la difusión de un gran número de obras, normalmente novelas históricas, sobre la cuestión, lo que quizá haya contribuido a aumentar aun más la confusión general.
Otro punto que conviene señalar antes de comenzar y que es de vital importancia es que la historiografía afín a los movimientos independentistas retrocede muchas veces hasta esta misma época para legitimar sus supuestas particularidades nacionales. Ésto es fácilmente visible sobre todo en el caso vasco.
En definitiva, estamos manejando en este texto una época clave de nuestra historia que conviene conocer tanto para entender el surgimiento de España como nación, como para comprender los resortes intelectuales utilizados por sus actuales enemigos.
Hecha esta introducción, expliquemos de manera general el ambiente en la Península ibérica antes de la llegada de las legiones de Roma.

Breve introducción a la España prerromana 
1. Herederos de la Edad del bronce
Los celtas y los íberos no fueron pueblos surgidos de la nada, sino que representan una fase más dentro de la Prehistoria en la Península Ibérica y podemos considerarla además la culminación de ésta ya que se sustenta claramente sobre las culturas previas. Para cimentar esta afirmación, recojo la cita del especialista en los íberos  Rafael Ramos en su obra Los íberos. Imágenes y mitos de Iberia (2017):
>>(Refiriéndose a la población íbera) Se manifiesta con hondas raíces en nuestro pasado y responde a un proceso evolutivo, con plena identidad, que hilvana Prehistoria con Historia Antigua, que sirve de nexo y da personalidad...<< (Página 45)

Podemos observar, además, como durante la mayor parte de la Prehistoria reciente existe en la Península una división territorial entre un eje atlántico-continental y otro mediterráneo.
El primero, estaba influenciado principalmente por las novedades culturales y técnicas del interior del continente europeo (Megalitismo, cultura indoeuropea, celtismo,…); mientras que el segundo se encontraba dentro de una órbita mediterránea recibiendo influencias a través de las vías de comunicación establecidas por este mar, mucho antes de la aparición de los famosos navegantes fenicios y griegos.
En este punto conviene detenerse para profundizar en el caso íbero: Las poblaciones íberas se encontraban plenamente integradas en, lo que podemos llamar, el ambiente mediterráneo: Todas las comunidades de las orillas del Mare Nostrum participaron de unas formas culturales similares que se transmitían por las rutas marítimas existentes. Así, en algo tan importante para un pueblo como la religión, los íberos poseían una serie de fórmulas que eran perfectamente identificables con las de los pueblos con los que se mantenían en contacto: Podemos ver en santuarios y enterramientos íberos figuras como la del grifo, el león, el héroe enfrentándose a la bestia o la esfinge, todas ellas utilizadas por los grupos humanos que habitaban en torno al Mediterráneo.
Las similitudes no se circunscriben únicamente a motivos decorativos o escultóricos, sino que se admitieron mitos y creencias en boga en el área mediterránea: Sirva de ejemplo que en las regiones íberas se practicaron ritos mistéricos, como el culto a Eleusis, y las estaciones del otoño y el invierno se explicaban con el descenso de la Diosa a los infiernos, exactamente igual que en Egipto o Grecia con sus respectivas divinidades. Inanna, Ishtar, Isis, Cibeles, Minerva, Diana Dictina, Proserpina, Ceres, Artemis, Astarté, Afrodita, Deméter,... Diferentes nombres para la misma divinidad feminina cuya visita al Hades provocaba la muerte momentánea de la Naturaleza.
>> Esta diosa, que en las imágenes pintadas sobre soportes cerámicos se representa alada, es la Señora de la ciudad (...) y su hijo, amado y víctima, representado por el toro<< (Página 322)
Los íberos, por tanto, fueron un pueblo plenamente integrado en el ambiente mediterráneo, cosa que los diferenció fuertemente de los celtas. Lo dicho hasta ahora no debe hacernos pensar que aquellos pueblos se limitasen a copiar y reproducir fórmulas externas: Desarrollaron una cultura propia, a pesar de que ésta estuviese influida fuertemente por rasgos externos e inserta en el contexto cultural mediterráneo.
Dicho lo cual, podemos concluir diciendo que la archiconocida diferenciación entre celtas e íberos no es más que otra fase en la evolución de estos dos grandes espacios en los que penetraban las influencias externas desde la más remota Prehistoria. Finalmente, el ascenso del Imperioromano, el gran imperio mediterráneo, homogeneizaría este panorama, aunque no de manera total.


2. Población pre-romana es la base racial 
Esta idea en un tiempo como el actual en el que la palabra raza está maldita puede llegar a suscitar controversias. Lo cierto es que España, a tenor de los mapas genéticos realizados en la actualidad, posee una gran homogeneidad en cuestiones raciales. De haber existido una brecha de tipo racial entre íberos y celtas, ésta podría leerse aún hoy en los mencionados estudios, cosa que no sucede. 
Entonces, ¿De dónde viene la leyenda sobre las diferencias raciales entre íberos y celtas?

2.1 La tradicional confusión entre cultura y raza entre los prehistoriadores: Tradicionalmente se ha venido pensando dentro de los estudios prehistóricos que toda novedad cultural en una determinada zona suponía un cambio de la base antropológica existente a través de una invasión. Así, cambios culturales importantes como pueden ser la llegada del Neolítico a la Península, los Campos de urnas, la indoeuropeización, toda la cultura que rodea a la cerámica campaniforme o la implantación del mundo celta, se achacaban a la entrada masiva de pueblos foráneos en el territorio y la desaparición, o bien la absorción, de los grupos previos.
En la actualidad los nuevos trabajos, sustentados muchas veces sobre novedosos estudios genéticos, desmienten estas teorías de sustitución, consolidándose la idea de la aculturación. De hecho, ya hoy en día existe una clara división dentro de la ciencia histórica entre estos dos marcos explicativos: Las tesis invasionistas, obsoletas, son las que explican el cambio a través de la entrada de población extranjera, y las evolucionistas, que están en boga, las que explican el cambio a partir de la evolución de la cultura local por aculturación.

¿En qué se basan las nuevas explicaciones evolucionistas basadas en la aculturación?
Sostienen básicamente que los cambios culturales se debieron a que las novedades técnicas y/o culturales implementadas por un grupo concreto, se expandían por el continente por rutas comerciales que existían desde muy antiguo, siendo adoptados los cambios por otros pueblos que podían estar muy lejanos. Normalmente, la adopción de la variante se llevaba a cabo con particularidades dentro de cada pueblo, lo que hace que hoy encontremos distintas variedades de un mismo elemento cultural.
Tomemos como ejemplo el caso celta: Es imposible que un pueblo prehistórico como fue el celta tuviese la capacidad demográfica para expandirse por toda Europa y sustituir a todas las poblaciones locales de un espacio tan gigantesco.
Sin embargo, es perfectamente posible que sus novedades de tipo cultural, tales como el uso extendido del hierro o sus particularidades artísticas se expandiesen por las rutas comerciales y por el contacto con otras comunidades. Esta explicación no elimina la posibilidad de que grupos celtas si se desplazasen hasta nuevos territorios llevando su cultura, pero ni de lejos sustituyeron a los pobladores locales.
Este fenómeno es especialmente reseñable en una zona como la Península Ibérica que estaba en una posición muy periférica con respecto a los epicentros culturales de la época, tanto los núcleos originarios celta en Hallstatt (Austria) y La Tènne (Francia), como el griego, en la otra punta del Mediterráneo.

2.2 Diferencias entre íberos y celtas: Aplicando este principio al caso español, podemos afirmar que ambos pueblos eran racialmente muy similares (Sino idénticos). De hecho, las teorías que circularon en el siglo XX sobre el origen africano de los íberos también han caído en desuso ante las novedades metodológicas anteriormente explicadas: La cultura íbera es una evolución clara de las culturas previas existentes en esa zona peninsular y no una cultura nueva traída desde la zona norte africana. Algunos autores apuntan a que la Teoría africanista buscó, en su momento, legitimar la ocupación española del Protectorado de Marruecos.
Podemos afirmar, por tanto, que la diferencia era de tipo cultural: La zona atlántica y centro de la Península recibía sobre todo influencias de las áreas continentales de Europa, fenómeno que ya se producía antes de la aparición de la civilización celta tal y como ya he comentado, mientras que el área mediterránea recibió la influencia de pueblos orientales como los fenicios, los griegos y finalmente los cartagineses lo que les llevó, entre otras cosas, a implementar novedades como una precaria escritura, la moneda, un mayor grado de urbanización,… 
Tampoco debemos olvidar que, si bien 
estos aportes externos fueron importantes, en gran medida tanto los hispanos de la órbita celta como los de la órbita mediterránea estaban fuertemente conectados con las culturas hispanas previas a partir de las cuales evolucionaron tal como ya hemos explicado.
Otro dato que debemos tener en cuenta es que la diferenciación entre celtas e íberos parte de las descripciones en los textos clásicos, a los cuales la arqueología ha hecho correcciones: Si bien se puede seguir hablando de esos dos grandes mundos culturales descritos por los autores grecolatinos, las diferencias internas entre las tribus que los componían eran también notables, presentando una gran heterogeneidad entre unas comunidades y otras.

3.La España pre-romana es la base cultural sobre la que se efectúa la Romanización
La Romanización comenzará el proceso de homogeneización de la Península Ibérica que permitirá, siglos después, poder hablar de una identidad española como tal. No me extenderé más en esta tema ya que será tratado en un futuro artículo.
Mencionar simplemente que el proceso no fue ni mucho menos uniforme sobre el territorio peninsular ya que se realizó sobre la base cultural previa: La zona mediterránea se adaptó mucho más rápidamente al mundo cultural romano en tanto que fue conquistado primero y además venía recibiendo influencias de tipo mediterráneo desde siglos atrás tal como ya hemos comentado. Además, las regiones de los íberos eran las que más interesaba al Imperio ya que era la que proveía de aceite, vino, sal, minerales o materiales cerámicos, exportados durante siglos hacia la metrópoli.
Por el contrario, la zona celta se conquistó más tarde, con mayores dificultades debido a las resistencias militares de aquellas tribus y a la gran diferencia cultural que les separaba de los romanos, además de que el control sobre esta área fue más laxo al despertar menos el interés de los conquistadores.
Esto hace que en la Península sigan existiendo dos grandes zonas culturales si bien es cierto que la Romanización homogeneizó enormemente el panorama anterior.



Las guerras contra Roma como factor unificador
Una hipótesis sostenida por muchos autores dicta que cuando un pueblo se encuentra con un rival externo, la cohesión del pueblo amenazado aumenta. Esta idea fue ya propuesta por los historiadores franceses de la Escuela de Annales, que no dudan en señalar las invasiones a Europa por parte de diversos pueblos durante toda la Edad Media (Sarracenos, magiares y vikingos) como un elemento vital para entender la formación y consolidación de la civilización europea en aquellos años.
¿Sucedió algo parecido en la Península ibérica durante la ocupación romana? Lo cierto es que sí:
La conquista romana, si bien no siempre se produjo por cauces violentos, propició que diversas tribus se unieran frente al invasor. Sin embargo debemos aclarar algo: Aquellas uniones se produjeron entre grupos de tribus concretas, nunca se produjo una alianza a escala ''nacional'' ni mucho menos. Por poner varios ejemplos, tenemos la resistencia lusitana, las guerras contra los celtíberos o las guerras cántabras. 
En estos conflictos, Roma se enfrentó a confederaciones de tribus circunscritas a un espacio concreto, nunca a agrupaciones tribales que pudiesen ser tomadas como antecedentes de algún tipo de sentimiento nacional, como algunos autores han sostenido.
Por ende, se puede concluir diciendo que si bien el avance romano impulsó la unión de ciertas tribus hasta entonces más o menos independientes e incluso enfrentadas entre sí, no es posible sostener que las alianzas forjadas en ese momento constituyeran antecedentes directos de una nación española o de cualquier otra identidad actual.

Las identidades antes de Roma: La Península ibérica tribal
Tras todo lo dicho conviene preguntarse, si no existía idea de Nación española, ¿Cuál era el marco de identidad de estos pueblos?
Podemos afirmar que era de carácter tribal: Su vida se desarrollaba en torno a unos poblados con cierto grado de urbanización en las que convivían un conjunto de familiasEn el caso celta estamos hablando de los castros y en el caso íbero, de auténticas ciudades (Recordar en este punto la fuerte influencia mediterránea)
Algunos autores han propuesto la hipótesis de que tanto íberos como celtas estaban evolucionando hacia una organización política basada en ciudades-estado. Sea como fuere, dicha deriva se vio truncada por la invasión romana. Sus élites políticas dominaban una pequeña región en torno a esos núcleos proto-urbanos.
Existieron los contactos entre tribus, así como con pueblos que habitaban territorios lejanos como podían ser los fenicios con los que comerciaban. Algunas tribus celtas, por ejemplo, ocupaban puntos estratégicos en las rutas comerciales que conectaban el mediterráneo con las Islas del estaño (Islas británicas)

Sabemos bastante poco de la vida de estos pueblos ya que las únicas fuentes de información, a parte de las arqueológicas, son las escritas por autores grecolatinos y por tanto no sabemos lo que estos pueblos pensaban sobre sí mismos, información que resultaría fundamental a la hora de tratar de reconstruir sus marcos de identidad. Por desgracia, la escritura ibérica no ha sido descifrada por el momento.
Se puede afirmar que ninguna identidad actual, ni española, ni vasca, ni catalana, ni de cualquier otra región española, parte desde esta época a pesar de la pervivencia de ciertos elementos pre-romanos como las lenguas vascas (Si, en plural) o festividades de tipo celta como el a rapa das bestas que sigue practicándose en zonas gallegas. Existe una gran diferencia entre la supervivencia de elementos culturales y la exista de auténticas identidades. No me extenderé en esto ya que las falsificaciones históricas al servicio de diferentes proyectos políticos utilizando la España pre-romana será tema para otro artículo centrado en ello.
Para concluir el apartado conviene aplicar el término de nación desarrollado en el artículo anterior a estos pueblos pre-romanos. La definición adaptada al caso es la siguiente: 
1.Idea de pertenencia a un grupo, compartida por una comunidad de personas 2. unidas por una serie de lazos de los que son conscientes y reivindican, apelando al 3. control de manera excluyente de un territorio, tratando de dotarse de 4. estructuras estatales propias y tienen, normalmente,5. referentes histórico-míticos en los que se legitiman.

1. Su comunidad era de tipo tribal, siendo ésta el núcleo en torno al cual giraba toda la vida de los hombres. En algunos casos también podemos hablar de identidades regionales supra-tribales (Englobaban varias tribus) en tanto que existieron confederaciones de clanes unidos por causas excepcionales tal como ya hemos visto o pactos de amistad entre ellas sellados en banquetes con un fuerte componente místico-religioso. 
Por tanto, podemos decir que pueblos que componían el mundo celta o el íbero tenían elementos que los unían y de los que eran conscientes, pero jamás los reivindicaron más que en las ocasiones puntuales citadas. Recordemos, además, que las tribus eran diferentes entre sí en términos culturales a pesar de que continuemos englobándolas en la clásica diferenciación entre celtas e íberos por motivos operativos.

2. Los lazos que les unían también eran de carácter tribal, a destacar los ritos de iniciación o de paso, que marcaban las diferentes fases de la vida de los hombres dentro de su comunidad.
Habría que destacar, por ejemplo, la necesidad de cazar un animal o abatir un enemigo para alcanzar la categoría de hombre con plenos derechos. Estas fases vitales se han mantenido en cierta manera dentro del Catolicismo con los sacramentos que también marcan hitos dentro de la vida de todo miembro de la parroquia.

En gran medida el localismo, fenómeno sociológico por el cual la mayor parte de la población nacía y moría en el ámbito de su localidad comarcal existente en Europa hasta la Revolución industrial, podría llegar a considerarse una reminiscencia del pasado tribal: El desarrollo de la vida de la mayor parte de la población humilde durante toda la Edad Media, Moderna y parte de la Contemporánea se desarrollaba en el seno de una localidad identificable con la citada parroquia donde nacían, crecían, se reproducían y morían. 
Tan solo la llegada de la Revolución de los transportes acabaría con esta situación. Aclaro que esta idea es una hipótesis personal y no me atrevo por el momento a afirmar tajantemente la conexión entre tribu y localidad/ Parroquia.

3. El territorio que reivindicaban respondía básicamente al ocupado por el núcleo proto-urbano y las tierras de alrededor en las que desarrollaban sus labores agrarias. Muy posiblemente este espacio de ocupación fuese de carácter temporal ya que el agotamiento de las tierras obligaría a moverse a las comunidades cada varias décadas.
No sería hasta la llegada de Roma cuando la sedentarización se consolidó de manera definitiva. Por tanto, podemos afirmar que el territorio reclamado no estaba claramente delimitado ni era estable y dependía en gran medida de las necesidades económicas del momento.

4. Las estructuras políticas se basaban en caudillos que gobernaban sobre los núcleos anteriormente explicados, estando apoyados por una casta de guerreros. El principio dinástico aún no estaba establecido con lo que también se puede hablar de inestabilidad en las altas cotas de poder. En este punto conviene hacer un alto para profundizar nuevamente en el caso íbero, ya que evolucionó de un sistema monárquico a otro aristocrático. Nuevamente Rafael Ramos nos lo cuenta así:
>> La sociedad ibérica, que inicialmente tuvo una organización monárquica en la que sus reyes debieron ser considerados al modo oriental como descendientes de los dioses, pasó luego a adquirir carácter heroico, y, consecuentemente, a estar controlada por una aristocracia, formada por quienes se consideraban descendientes del fundador de la ciudad << (Página 55)
No deja de ser curioso el paralelismo con las formas de organización griegas, lo que revela hasta que punto estaban llegando fuertes influencias desde el Egeo.

5. En el mundo pre-romano muy posiblemente las comunidades hispanas no poseyesen referentes históricos al uso, y, en caso de tenerlos, serían prácticamente indistinguibles de los referentes míticos:
Es típico entre las sociedades de este tipo la creencia en un ancestro común del que proviene toda la comunidad. Éste encarnaría grandes virtudes (Héroes) o bien cualidades místicas. En algunas comunidades humanas de religión animista incluso este antepasado podía ser un animal considerado sagrado por la comunidad.
Muy posiblemente fórmulas de este tipo estarían vigentes en los mundos celta e íbero. Un ejemplo claro lo tenemos en la cita recogida de Rafael Ramos: Las aristocracias íberas se consideraban descendientes del fundador de su respectiva ciudad que, tal como ocurría en las poleis griegas, normalmente el personaje tenía más de mito que de realidad. 
Este referente histórico-mítico se identifica principalmente con el linaje particular de cada familia, no con ningún tipo de fórmula nacional. La diferencia es clara con otros ejemplos históricos como serían, por ejemplo, el Rey Arturo para Inglaterra o el Rey David para los hebreos, considerados 'padres de la nación', más que 'padres de linajes'.

¿Qué queda realmente de lo pre-romano hoy día? El neopaganismo y las ''identidades'' celtas
En los tiempos más recientes hemos podido observar, tanto en ambientes patriotas como en no-patriotas, un gran interés por el mundo celta y pagano. Yo que provengo de una zona de ‘’tradición celta’’ soy testigo de la gran cantidad de tatuajes, pintadas en las calles, bisutería en zonas turísticas, representaciones teatrales, … que tienen como motivo el mundo celta.
Ante la caída del nacional-catolicismo como teoría explicativa para los nacionalistas españoles a partir del Concilio Vaticano II muchos han tratado de articular un nuevo patriotismo basándose en el mundo pre-romano y pre-cristiano tal como ya hicieron en su día otras naciones cosa que a mi parecer es una tarea harto complicada en el caso español. Debo puntualizar que para escribir estas líneas me quito la chaqueta de patriota español y me pongo la de historiador: Expongo la realidad, no lo que a mí me hubiera gustado (Dejemos eso de falsificar la Historia a los independentistas)
Apenas queda nada del mundo pre-romano en la España actual, con lo cual presenta serias dificultades rescatar aspectos de aquella cosmovisión.
Y esto no es que lo diga yo, lo dice la Liga Celta, la principal organización encargada de estudiar y custodiar la información sobre los reductos celtas que quedan en la actualidad, la cual rechazó en su día aceptar a Asturias y Galicia como zonas celtas (A pesar de reconocer cierto sustrato cultural) 


La Romanización primero y la cristianización después fueron especialmente potentes en la Península y, por ende, perdió considerables elementos previos. En muchos casos, principios que tomamos por celtas y que muchas personas tratan de rescatar son totalmente inventados a base de reconstrucciones cuanto menos cuestionables desde el punto de vista histórico. Lo cierto es que sabemos más bien poco de la Prehistoria española debido a que las únicas fuentes escritas son las de pueblos foráneos como griegos o romanos y, además, escasas tal y como ya he citado anteriormente.
Del mismo modo, la salida de Roma del territorio allá por el siglo V d.c. no supuso un renacimiento celta como ocurrió por ejemplo en las Islas británicas donde se puede observar un interesantísimo sincretismo religioso entre lo celta y lo cristiano. Este hecho es fácilmente constatable al observar como los enfrentamientos religiosos que se produjeron en la Península en los años finales del Imperio fueron todos ellos entre corrientes cristianas: Baguadas, arrianos, católicos, …
Curiosamente, los elementos paganos, y en gran medida célticos, que quedan en nuestro tiempo vienen transmitidos por el Catolicismo en tanto que de todas las corrientes cristianas fue la que más elementos paganos incluyó, como por ejemplo el Día de Todos los Santos, que coincidía con el día en que los celtas recordaban a sus muertos o la Navidad, en la que se celebraba el renacer del Sol a partir del solsticio de invierno.
Con esto no quiero decir que debamos rechazar el mundo pagano anterior a Roma y a la Cristianización: Ya he comentado que aquellas gentes son en términos antropológicos nuestros ancestros y nuestras raíces más profundas nos conectan indudablemente con ellos. Eso sí, tengamos en cuenta que, en el proceso de conformación de España como nación, ésto es, como identidad común, el mundo céltico y pagano tuvo más bien poco que ver, siendo mucho más importante la base romana y cristiana que será analizada en artículos ulteriores. Hitos como la rebelión de Viriato o la resistencia de Numancia pueden parecernos admirables e interesantes desde el punto de vista histórico, pero tengamos claro que aquellos pueblos no eran españoles en el sentido en que lo entendemos hoy. 


Este artículo ha sido integrado, revisado y ampliado en el libro Una nación llamada España. ¿Quiéres hacerte con él?

En tanto que este artículo no pretende recoger hechos históricos concretos, recomiendo para todo aquel que quiera conocer más sobre la España pre-romana que revise los enlaces que aporto a continuación. En gran medida me han ayudado a redactar el artículo:
-Para ampliar Localismo en la Época contemporánea: España 1790-1900, sociedad y condiciones económicas, de Germán Rueda Hernanz pp: 55-67
-Vídeos:
 El legado celta:

-Programa de Plaza de armas (Ivoox): Paganismo como origen de tradiciones y costumbres
-Vasco-iberismo. Interesante conferencia que viene a completar bastante bien lo dicho sobre el mundo pre-romano. 
Ideas principales:
En Iberia había un único pueblo
La influencia celta es de tipo cultural, no demográfica
o ¿Y qué hay del Euskera? Es una reminiscencia del lenguaje hablado por los íberos en gran parte de la geografía peninsular (NO habría habido lengua celta)
-Vasco-cantabrismo: Un buen ejemplo de la manipulación política actual ejercida sobre los pueblos pre-romanos.




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